Julio de 2006
Por Rodrigo Alarcón Bohle (*) - Desde Santiago
"Goodbye América Latina..."
Claudia Fuentes, Investigadora de FLACSO.
Título de la publicación homónima, 2005.

"Relaciones rociadas con nafta" versaba en la semana un titular de Página 12
para referirse al "trance" actual de la relación chileno-argentina. Lo más
intrigante es que, como nunca antes (al menos desde la recuperación de la
democracia en ambas naciones), las decisiones que toma el gobierno argentino
se tornan socialmente bastante impopulares al otro lado de la cordillera,
llevando todo el peso y las críticas contra el gobierno chileno por su
supuesta actitud "blanda", casi ingenua, con la singular Argentina del señor Kirchner.
Y es que ese afán de integración, que hasta ahora tanto ha caracterizado la
relación entre los dos países, y que con tanta voluntad ha impulsado La
Moneda hasta ahora, parece que definitivamente comienza a desilusionar a La
Moneda, que ve cómo esas declaraciones de hermandad y buena voluntad parecen
no tener ningún efecto integrador en la dura y triste realidad. En términos
simples, en Chile se acentúa cada vez más la idea de que se habla de
integración, pero Argentina no respeta los acuerdos y atenta contra la
misma.
Esos desencuentros se vienen generando so intentos de hacerlos pasar 'low
profile' desde hace ya unos años, cuando el aumento del consumo interno de
gas natural en Argentina acentuó una solapada escasez en la cuenca del
Neuquén y por ende obligó a reducir los envíos del mismo a Chile, que a
comienzos de esta década comenzó a expandir con mayor fuerza su economía,
generando también una mayor demanda del hidrocarburo, del cual la Argentina
es el principal proveedor. No obstante, los problemas comenzaron a
evidenciarse aún más cuando el gobierno de Bolivia, entonces a cargo del verborreico Carlos Mesa, firmó un contrato con el gobierno de Néstor
Kirchner para la provisión de gas del altiplano a una tarifa preferencial,
paradójicamente el mismo tipo de acuerdo pactado entre entre Menem y Frei
Ruiz-Tagle en los noventa para la exportación del etéreo combustible a
través de la cordillera.
Sin embargo, en el caso de la rúbrica sellada entre Mesa y Kirchner surgía
un elemento adicional: la directa alusión a un tercero hasta entonces
exitoso y fácilmente extorsionable, por su gran dependencia energética y su
casi insulzo afán de buen vecino "con guita", en la búsqueda de
reivindicaciones históricas inmortalizadas en los acordes del "Lamento
Boliviano" y convertidas ya en un eterno vía crucis... eterno porque nunca
va a terminar, por cierto.
Surgía así el "candado" a la provisión argentina para "ninguna molécula de
ese gas sea vendida a Chile", clásula aceptada sin reparos por Kirchner.
Quién hubiese imaginado unos años antes que un presidente boliviano llegaría
a imponer condiciones a Buenos Aires.... Soberbio.
Con todo, el gas llegó y el gobierno argentino, haciendo gala de su gran
confiabilidad en la suscripción de acuerdos y estricta observancia de los
tratados y la palabra empeñada, lo exportó de todas formas a Chile, en medio
de impredecibles flujos que subían y bajaban de volumen sólo en sintonía con
las encuestas que indicaban si el señor K estaba más arriba o más abajo en
nivel de aprobación social.
Luego Bolivia, también muy observante de los tratados internacionales, con
Evo Morales ya a la cabeza pidió modificar ese acuerdo con Buenos Aires y
subir un precio del gas que consideraba injusto. Argentina accedió una vez
más y el re-acuerdo se re-firmó en Buenos Aires. Una modificación bilateral
para un tratado bilateral. El único problema -a saber, inaudito- era que el
excedente de lo pre-arcordado por Argentina sería cargado a la tarifa que
paga el "buen vecino con guita" por el gas que compra al otro lado de la
cordillera. Evento predecible, pero no en un país donde prima la
inamovilidad del derecho internacional y que basa sus relaciones en el
supuesto de que los demás también lo observan, aunque la historia diga otra
cosa.
Así estaba de tensa la situación, con el aumento del costo marginal que
Chile pagaba por el gas argentino que, una vez más, "en aras la integración"
la Ministra de Minería y Energía de 'la copia feliz del edén', Karen
Poniachik, viajó a Buenos Aires a "imponerse" oficialmente del aumento de
precio. "Chile no va a negociar nada a Argentina" aseguró. "La reunión sólo
pretende que se informe de los detalles del aumento y de las consecuencias
directas en la provisión de gas" se planteaba en La Moneda.
"No es una medida discriminatoria" aseguró entonces la ministra Poniachik,
"debido a que este impuesto también se va a aplicar a Brasil y Uruguay. La
secretaria de Estado agregó que tanto las autoridades chilenas como
argentinas tienen la "mejor voluntad" para encontrar una fórmula, y evitar
así, que la eventual alza afecte negativamente "el bolsillo" del consumidor
nacional. "Hay que estar tranquilos porque estamos trabajando (...) para
evitar un impacto nefasto par el consumidor chileno".
No pasó una semana de la reunión celebrada en Buenos Aires entre Poniachik y
de Vido, cuando el ministro de Energía de Néstor Kirchner, Daniel Cameron,
informaba que habrá un precio diferencial de la gasolina para los vehículos
con patente extranjera -incluida la de nacionalidad chilena-, que compren el
combustible en Argentina, lo que a su jucio, se trata de "una medida de
simetría" que apunta a igualar los valores con los países vecinos.
"En general, los vehículos están entrando al país con tanques adicionales y
de repente daría la impresión de que se está estableciendo un comercio de
hormiga de combustible. Las fronteras con más problemas, por su extensión,
son las de Brasil y Chile", argumentaba Cameron.
El Gobierno chileno no lo quería creer, o bien sabía que no convenía
asegurarlo ante la opinión pública justo cuando Michelle Bachelet bajaba en
las encuestas. "No es una información oficial que tenga el Gobierno,
solamente mi primera reacción es doble: primero entiendo que es una medida
de carácter doméstico y eso están en su derecho de aplicarla; y lo segundo,
sí, ojalá que eso no tenga un impacto en el turismo chileno que va a
Argentina tanto en vacaciones de invierno como para el 18 de septiembre",
sostenía tempranamente el vocero del Gobierno, Ricardo Lagos Weber.
Pero la confirmación de la otra vez contridictoria oscilación argentina no
tardó en llegar. Fue entonces que el mismo canciller Alejandro Foxley
calificó de "discriminatoria" la medida anunciada por el gobierno de
Kirchner.
Foxley sentenció que "ésto sería una discriminación que no veríamos como un
gesto particularmente integracionista, desde el punto de vista de
Argentina".
El canciller señaló inclusive que la medida le parece contradictoria con el
mensaje de integración bilateral que "repetidamente" ha marcado las
conversaciones entre los presidentes de ambos países, Néstor Kirchner y
Michelle Bachelet. Indicó que el Gobierno analizará la situación y el texto
para ver las acciones a seguir en el corto plazo, sin precisar si se
recurrirá a instancias como la Organización Mundial del Comercio para
solicitar su intervención.
Pero fue la misma presidenta Bachelet la que dejó ver la seriedad con la que
Chile estaba tomando el tema, como si fuese una medida directamente en
contra del país. La mandataria calificó el aumento del precio de los
combustibles como una medida incomprensible. "Esa medida no nos parece
comprensible, no nos parece que apunta a la mayor integración, será materia
que conversaremos entonces con los distintos presidentes para mirar cómo
avanzamos más bien en mayor integración y podemos no tener medidas como ésta
que realmente atentan contra una mayor integración", sostuvo.
Bachelet se refirió a la próxima reunión del Mercosur que se realizará los
próximos 20 y 21 del presente en Córdoba, donde estarán presentes los Jefes
de Estado integrantes plenos de la organización: Argentina, Uruguay,
Paraguay, Brasil y ahora la "democrática" Venezuela chavista,
más los miembros honorarios, como Chile y Bolivia.
Bachelet reiteró que como Gobierno hará "todo lo que corresponde hacer al
respecto, entendiendo que los países pueden tomar 'decisiones internas' pero
eso no justifica una medida que lesiona los afanes de integración de la
región".
La Mandataria salía a apagar así el incendio que había estallado sobre el
gas y al nafta entre dos países que hasta entonces parecían haber alcanzado
niveles enviables de entendimiento. Las críticas de la derecha chilena
cayeron entonces sin piedad alguna. El emplazamiento de la UDI al Gobierno
fue a "ponerse de una vez los pantalones" para enfrentar la situación con
Argentina.
El senador gremialista Pablo Longueira sostuvo que ante las restricciones de
gas de Argentina y el anuncio de que los vehículos con patente chilena
pagarán más caro el combustible, "el Gobierno debería tomar acciones más
decididas y enérgicas, como por ejemplo, protestar ante organismos
internacionales o imponer sanciones económicas".
"Hoy, está llegando la mitad del gas de lo que estaba estipulado y los que
pagan las consecuencias son los consumidores. "¿Qué estamos esperando para
protestar?¿qué hayan más restricciones? Me parece que el gobierno debe
buscar alguna forma de manifestar su molestia", sentenció el parlamentario. Longueira aseguró que el país está en condiciones de explorar necesariamente
otras posibilidades de abastecimiento energético, como es el caso de la
energía nuclear.
La Presidenta se limitó a pedirle al gremialismo que fuese más propositivo
porque aseguró desconocer alguna recomendación de esta colectividad para
hacer frente al impasse bilateral.
Pero las críticas arreciaban inlcuso al interior del mismo oficialismo, a
tal punto que el presidente de la Comisión de Minería y Energía, Jaime Mulet,
de la Democracia Cristiana, calificó como "inaceptable, torpe e ineficiente"
la medida de Argentina de establecer un "precio diferencial" en el
combustible para vehiculos extranjeros, lo que, afirmó, "afecta el proceso
de integración iniciado por el ex presidente Eduardo Frei".
El presidente de la comisión aseguró que la medida "constituye un escenario
preocupante, la gota que rebasó el vaso, la verdad es que estamos frente a
una situación muy complicada en lo comercial y que, obviamente, puede
derivar en complicaciones políticas".
Daniel Cameron, explicaba en la Argentina que el alza en las zonas
fronterizas para los vehículos extranjeros pretende "asegurar el
abastecimiento interno". Ello porque en Chile, el litro de gasolina cuesta
aproximadamente 1,22 dólares (660 pesos chilenos), mientras en Argentina el
precio equivale a unos 0,6 dólares.
La prensa se hizo eco entonces de lo que parecía una medida impopular
incluso en las zonas fronterizas de la Argentina, como Salta, San Juan,
Mendoza, Neuquén, Bariloche, Río Turbio o Río Gallegos. De hecho, la
ministra de Turismo de la provincia de Mendoza, Mariana Juri, señaló que "no
es una medida conveniente si queremos fomentar al turismo" y prefirió
guardar su opinión para "cuando tengamos más información al respecto".
Y es que la novedad surgía precisamente cuando Mendoza espera un importante
flujo de visitantes chilenos, con motivo de las vacaciones escolares que en
el país de la estrella solitaria comenzarán esta semana.
Por su parte, los dueños de estaciones de servicio adheridos a la Federación
de Empresarios de Combustibles de la República Argentina (FECRA) analizarían
posibles medidas de fuerza en apoyo de sus demandas para que se reduzcan los
impuestos que se aplican a las naftas, a fin de "recuperar rentabilidad".
La presidenta de la Federación, Rosario Sica, advirtió inclusive que si el
Gobierno no responde a sus demandas, se hará "un paro de cierta importancia"
que durará "como mínimo 24 horas y se realizaría en todo el país". La
empresaria, en diálogo con radio Continental, dijo que "hoy va a haber una
reunión importante, con gente del interior del país, para evaluar cómos e va
a enfocar definitivamente" su pedido de reducción de las tasas que se
aplican a los combustibles.
"Lo último que haremos será un paro de cierta importancia, si es que los
funcionarios del Gobierno no nos responden", señaló, tras destacar que los
expendedores "no queremos perjudicar al consumidor" pero se impone una
modificación, dijo, en las tasas que en el caso de Ingresos Brutos alcanza
"casi el 50 por ciento del valor del litro de nafta".
¿Qué deberá esperar Chile entonces de la relación de integración con su frontera más extensa? Por lo pronto, sin duda que la idea rectora del Gobierno de Michelle Bachelet en política exterior, el acercamiento hacia los países de la Región, deberá ser, cuando menos, revisado. Se deberán comenzar a asumir las realidades políticas del entorno más directo y dejar de lado las declaraciones de buenas intenciones o, al menos, no basar una estrategia de Estado en zonas críticas del desarrollo nacional a ellas. A priori, dejar tanto en la Argentina, como en otros "socios estratégicos" una premisa clara, inamovible y hacerla respetar: Pacta sund servanda. Aunque sea por honor, lo pactado obliga.
(*) Periodista. Licenciado en Comunicación Social de la
Universidad Católica de la Santísima Concepción, Chile. Corresponsal de
Ejército aprobado en el Comando de Operaciones Terrestres del Ejército de
Chile, con asiento en la ciudad de Concepción. Fue redactor del diario La
Hora, en Santiago. Actualmente es editor periodístico de Agencia Informativa
Orbe, en la capital chilena.
