Julio de 2006
Por Rodrigo Alarcón Bohle - Desde Santiago
"Estamos retomando la conciencia, la verdadera conciencia de la Patria Grande. Sin esa conciencia no habría futuro posible..."
Hugo "libertador" Chávez
Presidente de Venezuela
Córdoba, julio de 2006
La Cumbre del Mercosur realizada en Córdoba acentuó los sinsabores de Chile como
miembro asociado al bloque regional. Era imposible que la agenda de la
Presidenta Bachelet en la cita no fuera ocupada por los temas que cruzan la
política chilena y su relación con países vecinos como Argentina y Bolivia, la
que está cruzada las desaveniencias en el tema energético y la forma
imprevisible con que el gobierno argentino maneja la situación, a tal punto que
en Chile ya se habla de la "crisis" con Argentina.
Y es que pese a todas las políticas de integración que quieran tener ambas
naciones, junto a otras inclusive, deben pasar necesariamente por el respeto
mutuo y la demostración con hechos concretos -no con meras declaraciones de
buena voluntad- que Chile y cualquier otro país puede confiar en la Argentina.
Esa condición hoy no existe. Existió en algún momento, pero se esfumó. Y el
resultado de la conducta oscilante de Argentina en virtud de otro tipo de
intereses lo han alejado y están poniendo en serio riesgo la relación de mutua
confianza que estaba arraigándose en ambas naciones y de la cual los dos países
tienen -aún- la oportunidad de resultar muy favorecidos de una relación de mutua
conveniencia.
El traspaso a Chile del costo extra que la Argentina deberá cancelarle a Bolivia
por el gas que le compra y el reciente "bombazo" que significó para Chile la
implantación de un impuesto adicional en los precios a los combustibles para
extranjeros en las zonas fronterizas argentinas, para que éstos paguen en esas
zonas tarifas similares (más altas) a las que tienen esos combustibles en sus
respectivos países, fue para Chile la confirmación de que la integración
binacional y las políticas tendientes a ella, en realidad no lo eran tanto. Y
esa visión no es sólo la del Gobierno chileno, sino una impresión que ya se está
cristalizando en la población en general.
Cabe preguntarse entonces: ¿En realidad a la Argentina le interesa
mantener una relación fluida y estrecha con Chile o le es más atractivo ser la
punta de rieles del eje La Habana-Caracas-La Paz? Solapadamente es esa la
pregunta que busca contestarse pronto Chile para orientar sus relaciones
exteriores con la región de la manera más previsible, aceptando la realidad si
es que efectivamente el país se está quedando literalmente solo en el Cono Sur,
en la medida que no se concrete una relación más estrecha con Perú. Ello porque
pese a lo promisorio que pueda resultar las afinidades con el Gobierno de Alan
García, para Chile no es muy diferente que la que mantiene con Argentina:
Totalmente dependiente de los gobiernos de turno y no de políticas de Estado
efectivas y estables en el tiempo.
Más aún cuando el señor García deberá probar ante el pueblo peruano que
efectivamente aprovechará esta "segunda oportunidad" y no caerá presa de la
guerrilla que nuevamente emerge como un riesgo bastante probable y que de
paso -en el peor de los escenarios- a un derrocamiento y al ascenso al poder de
cualquiera de los Humala o de cualquiera peor que busque revanchismos
históricos y reivindicaciones territoriales, idea que ya rondaba en las mentes
nacionalistas antes de las elecciones peruanas. En la medida en que todas esas
hipótesis vecinales sena superadas, Chile seguirá auto-flagelándose
solitariamente sin tener una aliado confiable en la región, ni siquiera para su
aspecto más crítico, como es la provisión energética.
Y nótese que Brasil no ha sido mencionado porque merece un tratamiento aparte.
Porque el constante ascenso del poder regional de Chávez y por inercia del
matusalénico Fidel sobre los países del Cono Sur -de lo cual el beneplácito
argentino es gravitante- en desmedro de la influencia brasileña, está
concretando los escenarios que antes eran una probabilidad preocupante: la
instauración de caudillismos populistas de izquierdas dialécticas y excluyentes
de inspiración neo-sesentera, pero al más puro estilo bananero de la época.
Esa influencia creciente de Hugo Chávez sobre la región es preocupante, toda vez
que resta poder suficiente al principal aliado de Chile en la región -léase
Brasil- como para relegar a segundo plano a un eje democrático regional
serio que ha dado cuenta de que la única manera de orientarse a un desarrollo
sustentable en el tiempo es la real y no retórica inserción en el mundo con las
reglas del juego previamente establecidas; no aislándose de él, ni menos irse
verborreicamente en su contra.
Y ello no porque se teman acciones enérgicas en contra de esos populismos de
parte del norte. Tanto peor. Porque una región así simplemente no será tomada en
cuenta en el concierto internacional, salvo las naciones que sí decidan
integrarse al mundo contemporáneo, sacando provecho de la globalización.
Respetando todas las asimetrías posibles y ganando credibilidad. Generando
riqueza y fomentando políticas para su eficaz distribución, no quitándosela a
los que la tienen ni ahuyentando a los que la generan.
No obstante pareciera que hoy son éstas las políticas que cada día ganan más
adeptos en el Mercosur y con los cuales Chile debe y deberá seguir negociando en
pos de obtener cuando menos un respeto por las reglas del juego. Ni pensar en
Chile abastecido energéticamente por sus vecinos y en la observancia de los
tratados. Más bien todo lo contrario.
Fue eso lo que intentó sondear la Presidenta Bachelet en Córdoba. Primero
manifestar el malestar de Chile ante Kirchner por el precio del gas y por el
aumento del valor de los combustibles a extranjeros, algo que afecta
directamente a los chilenos que viajan a Argentina en las zonas fronterizas.
Luego, palpar en terreno las evidentes diferencias del bloque y el antagonismo
claro de dos posturas ante el desarrollo: una a la chileno-brasileña y otra a la
cubano-venezolana. En concreto, Bachelet no llegó a Chile con ninguna solución
de parte de Argentina. El gas sigue igual, aunque según Kirchner se mantendrá un
flujo constante y la nafta para chilenos, brasileños y paraguayos seguirá siendo
más cara.
Ello generó molestia en el espectro político chileno. Las críticas a la actitud
argentina y a la posición de La Moneda al respecto surgieron tanto de sectores
oficialistas como de oposición. El senador Roberto Muñoz, del concertacionista
PPD, sostuvo que los escasos resultados obtenidos por Bachelet durante la
reunión con Néstor Kirchner "reafirman la línea que mantiene ese país, de
interpretar unilateralmente el protocolo gasífero bilateral (...) La reunión
Kirchner-Bachelet nos dejó en el mismo lugar donde estábamos hace algunas
semanas", interpretó.
La misma visión tuvo el senador de la UDI Juan Antonio Coloma, el que en su
calidad de miembro de la comisión de Relaciones Exteriores aseveró que el
Gobierno no cumplió los objetivos en su visita a Argentina. "No siento que pueda
ser calificado como un viaje satisfactorio, porque los grandes desafíos eran
convencer al presidente Kirchner de que cumpliera con los acuerdos
internacionales en materia de cantidad y precio de gas a exportar a Chile y para
ser francos seguimos igual porque el precio va a subir y el recorte va a hacerse
efectivo".
Agregó que "lo que sucede acá es que cuando en materia internacional o de la
vida, cuando uno entiende una cosa y el otro entiende otra, es probable que lo
que se derive no sea con la claridad y transparencia adecuadas", explicó
Coloma.
En este mismo tema el senador Víctor Pérez, también gremialista, agregó
que "es evidente que los problemas que teníamos antes de la visita de la
Presidenta a Córdoba siguen exactamente igual. A mí me llama la atención el
esfuerzo que se hace por comprender a los argentinos, pero los intereses del
país sin duda se defienden de otra manera, conversando y negociando, pero
logrando los objetivos y acá el Gobierno no lo ha hecho porque tenemos menos gas
y más caro", finalizó.
La cumbre se realizó también horas después de que Bolivia y Chile iniciaron
un diálogo que se dijo sería "sin condiciones", que podría llevarlos a resolver
no sólo la cuestión de la salida al mar para el país altiplánico, sino también
cuestiones comerciales y energéticas, según dijo el mismo Evo Morales.
El gobernante indígena expresó su confianza en el diálogo con Chile al regresar
de Córdoba, donde se reunió con la señora Bachelet.
"Siento que empieza otra historia entre Bolivia y Chile", dijo Morales, quien
señaló que este nuevo ciclo comenzó en realidad en enero pasado, cuando el
entonces Presidente chileno, Ricardo Lagos, hizo una histórica visita a La Paz
para su asunción presidencial.
Morales destacó el compromiso de Bachelet con "una agenda de 13 puntos donde
está incluido el tema del mar", para el diálogo entre los dos países.
"No están condicionados esta agenda ni los resultados; esperamos que el avance
de las reuniones pueda permitir soluciones a temas pendientes con Chile (...)
Entiendo que esta nueva relación que quiere Bolivia podrá permitirnos buscar
soluciones en temas comerciales, en temas históricos y en temas energéticos",
agregó.
La declaración del "confiable" mandatario estuvo en línea con lo que dijo
Bachelet el viernes en Córdoba, quien pareció despejar el camino para un
eventual acuerdo sobre energía, que abriría el mercado chileno para el abundante
gas natural boliviano, o para electricidad generada con el gas. Un
abastecimiento muy confiable, seguramente.
Sin embargo, el acercamiento eventual entre Chile y Bolivia fue visto con cierta
desconfianza, toda vez que volvió a salir al tapete la palabra "soberanía". No
obstante ello, el Gobierno dejó en claro de inmediato que en cualquier proceso
de diálogo ni ese concepto ni su titular están en discusión.
¿Seguirá pensando igual entonces el señor Morales una vez que se de cuenta de
que,en efecto, jamás logrará llevar a Chile a discutir una salida "soberana" al
mar? ¿Seguirá disponible la propuesta de vender gas o electricidad o será usado
como una mera herramienta de extorsión?
Como sea, gracias a Cuba, Venezuela, Bolivia y ahora Argentina, se avecina un
cuando menos complejo panorama regional para Chile. este deberá ser enfrentado
con gran pragmatismo por parte del Gobierno de Bachelet, olvidándose de una vez
por todas de las "buenas intenciones" a la hora de negociar y y pactar acuerdos,
porque a la postre sólo quedan en eso: buenas intenciones, pero letra muerta.
Siempre primarán los intereses propios, eso es legítimo derecho de cada nación,
y la realidad indica que ya es hora de que Chile también los haga valer.
Todo ello mientras el presidente de Venezuela, antes de iniciar su viaje "en
defensa del Mundo" en busca de la democracia en los países 'democráticos'
de la ex órbita soviética, como Bielorrusia -su primera escala- señaló
que la cumbre del Mercosur realizada en Argentina tiene "gran significación"
para Caracas, y aseguró que hay un "renacimiento" de América Latina... Dios
nos libre.
A menos que el bloque se transforme en una increíble ONG venezolana.
(*) Periodista. Licenciado en Comunicación Social de la Universidad
Católica de la Santísima Concepción, Chile. Corresponsal de Ejército aprobado en
el Comando de Operaciones Terrestres del Ejército de Chile, con asiento en la
ciudad de Concepción. Fue redactor del diario La Hora, en Santiago. Actualmente
es editor periodístico de Agencia Informativa Orbe, en la capital chilena.
