NO HAY SUPERPODERES EN LA HAYA

Julio de 2006

Por Edgardo Arrivillaga


Como era previsible la Argentina fue derrotada en la Haya por 14 votos y prácticamente se trato de un fallo unánime si tenemos en cuenta que la presidente del tribunal es británica- alma ecologista hacia la periferia en el fondo -y el solitario voto a favor es de un juez de origen argentino.

De nada sirvió el embarramiento de cancha propuesto por el cavallista Jorge Arguello, los contactos secretos con el grupo ING vía las oficinas de Alieto Guadagni, las sutiles presiones sobre Máxima Zorreigueta para que a su vez hiciese valer su presunta influencia en los medios jurídicos europeos, mientras al mismo tiempo se consumaba la maniobra de chantaje y amenazas de cárcel sobre el viejo enemigo, Alfredo Martínez de Hoz.

Nada de eso sirvió simplemente porque la Argentina equivocó, una vez mas, la estrategia.

En verdad toda esta payasada, adornada con las carnes todavía sin faenar de la señorita Carrozo podía haber tenido un mínimo de seriedad si el país hubiese apuntado a una lucha de perfil bajo dejando de lado las puebladas, las causas patrióticas, la malvinización de la cosa y las intransigencias obsesivas que son la característica ortodoxamente auto derrotista de la cancillería.

Hubiese sido mucho mas eficaz el dialogo reservado, apuntando a lo que los propios juristas uruguayos y argentinos reconocen como principios en gestación del derecho a largo plazo que vislumbre los daños precautorios.

Es la matríz de un derecho que esta por verse y se encuentra en un punto de incipiente enfoque doctrinario, no obstante tal vez tenga futuro en la medida en que se articule con la globalización territorial y esto tampoco parece ser exactamente lo mejor para los intereses argentinos si no se resuelve a encarar el desarrollo.

Estamos implantando mojones conceptuales, con la cuestión ecológica, que terminaran por estrechar el lazo en nuestra propia garganta.

Pero analizando retrospectivamente la cosa, así y solo tal vez así y en un clima de cenáculo masónico reservado la Argentina hubiese podido extender su esquema económico de sobreprotección ligeramente parasitario y autista, (la crisis financiera no nos afecta exactamente en el mismo día que afecta a todos los mercados por la situacion en medioriente porque somos una isla impositiva a contramano y en cortocircuito con la organización del mundo)- también hacia la preservación del ecosistema a muy largo plazo.

Es el único punto honestamente favorable que La Haya reconoció al país, asumiendo que si, que es cierto, que cada año caen 17.000 meteoritos lanzados por la NASA al espacio y vuelven velozmente a la tierra y que es cierto tal vez, imprevistamente, uno de ellos puede caer sobre una zona urbana provocando una catástrofe misilistica inesperada.

Pero solo tal vez y eso no detendrá la carrera y dominio del espacio en modo alguno.

¿Pero es que alguien seriamente podía imaginar una solución diferente a lo acordado?

El propio Alfonsin, que liquido el asunto Beagle después de la larguísima negociación tramposa y turística de Moncayo destinada simplemente a ganar tiempo y evitar la guerra con Chile, había aconsejado que se obviase el tribunal. Pero el presidente socialfascista ágrafo-no hay ningún Ciano o Gentile sutil a su lado - es un rustico que simplemente desprecia los consejos profesionales sabedor de que en la Argentina de hoy no solo es falso el Viejo Mandamiento : no solo de pan vive el hombre, sino que rige contradialecticamente el apotegma fatalmente premonitorio de los populismos en derrota.

Solo de pan vive el hombre. Los que piensan de manera diferente son invitados al repliegue o a ser criminalizados explícitamente.

Pero lo más complicado que tiene una mentira es simplemente que se la crea quien la formula.

La Argentina es, para la mayoría de los países una geografía con un tango nostálgico de inevitables perdedores que viola los principios jurídicos fundamentales, donde las normas no son seguras, y Uruguay país de tradición socialdemócrata británica es exactamente todo lo contrario. Por lo tanto, para

comenzar, la historia de ambos países predisponía realidades diferentes. Vendedores de autos usados en mal estado creamos un inverosímil ámbito administrativo de Medio Ambiente con otra joven de Gualeguaychu que milita en Greenpeace hace solo muy pocos días. Populismo de salón bien adornado, pero demasiado flamante.

Y las presuntas contradicciones uruguayas con respecto al río, enfatizadas por los juristas argentinos no son tales.

En 1972 la Argentina era un contrapeso eficaz y competitivo del Brasil y el Uruguay fungía como factor equilibrante y por lo tanto nos apoyó en nuestra imaginaria guerra por las represas. Recuerdan... cuando la Mesopotamia quedaría sepultada bajo las aguas simplemente porque un abnegado agente secreto brasileño habría decidido en soledad inundar media Argentina con una simple vuelta de tuerca ?

Hasta se dieron conferencias y se pagaron campañas mientras el Brasil avanzaba militar industrial, tecnológicamente y luego todo ese nacionalismo de cuarto menguante, de barricada libresca, quedó sepultado por la relación de fuerzas establecida por la realidad económica y naturalmente el Brasil no hizo ninguna tontería de esa naturaleza.

Se quedo con la industria argentina, que se mudó de país y nada mas.

Hoy la Argentina es irrelevante frente al Brasil y naturalmente el Uruguay se desentiende del problema regional hacia su vecino de enfrente, busca su propia industrialización, sus intereses y el factor contaminante que aun esta por verse es analizado como un simple riesgo del desarrollo. Y el ecosistema en peligro, un problema para el futuro.

La Argentina, por su parte, compró un escenario prospectivo imaginado por Greenpeace y sus amigos, y básicamente se lanzó en una feroz operación sobre la opinión pública destinada a impulsar el intento de reelección de Jorge Busti como gobernador de Entre Ríos como si este espécimen intrascendente tuviese alguna relevancia en los asuntos del mundo real.

O en La Haya.

Esto se hizo al precio de casi interrumpir relaciones diplomáticas con Uruguay, convocar al insólito general Bendini para que desenterrase un plan de operaciones táctico operacional sobre la zona y casi romper con uno de los socios históricos del MERCOSUR en beneficio de ese extraño coronel Kadafy del subdesarrollo sudamericano que se llama Hugo Chávez Frías.

También, y no debemos olvidarlo en beneficio de los intereses británicos en la zona que ahora cuentan con estribos sólidos en Chile, Uruguay y Malvinas. Y le hemos dado una buena ayuda a los kelpers que simplemente dirán que el paraguas militar británico es indispensable porque somos los irresponsables de siempre. Escasamente confiables. Y peligrosos.

Todo este increíble circo argentino fue llevado a un ámbito europeo en donde todavía no se sabe muy bien como neutralizar la lejana catástrofe de Chernobyl, se ignora cuanta radiación esta instilando el sepultado submarino atómico Kurks en el Báltico y ninguna ciudad razonable permitiría una realidad genuina y potencialmente dañina como la del Riachuelo empastado con la densidad de metales pesados, cercana a sus puertas.

Se otorgan créditos reales, en el mundo real, para que países como Ucrania resuelvan aceleradamente sus problemas de contaminación.

Es que allá, en La Haya, simplemente no rigen los superpoderes.
 

 


 

Portada