Julio de 2006
Por Eduardo Basz (*)
"Estilo es la concordancia entre Ley y Expresión.El que quiera tener estilo
deberá tener ambas cosas,Ley y Expresión."
Michael,por Joseph Goebbels,1927
Esta sugestiva investigación del contexto que rodea al uso de Internet en Cuba
recuerda las horas mas oscurecidas del régimen soviético, en donde un permiso de
conducir, la tenencia de una simple maquina de escribir o el acceso a un
mimeógrafo eran proyectos quiméricos sin autorización del Partido -Estado.
El diputado argentino Osvaldo Nemirovsci, titular de la Comisión de
Comunicaciones y kirchnerista medular colecciona desde hace tiempo proyectos
para reglamentar la actividad de Internet en la Argentina.
El legislador, partidario de salvarnos del filisteísmo globalizador en la Web
tiene su óptica.
Y sus amigos
Dedicado lector de Ignacio Ramonet, revisita intelectualmente las desgastadas
tesis del equilibrio de la información hacia el tercermundismo militante que
propugnaba Sean Mc Bride en sus informes, financiados por la UNESCO, en los años
ochenta.
Informes en los que colaboraba gente próxima a la plaza coronel Fabián. En
ángulo con la rue Santiago Liniers que no fue un héroe termidoriano aunque allá
no se recuerde muy bien el asunto. Ni quién era exactamente Liniers.
Nemirovsci sabe muy bien de que se trata la cosa. Pero en Cuba.
Ocurre que uno de sus guías de ruta en la vida política estaba emparentado con
el desplazamiento y tráfico ilegal de cubanos y cubanas hacia Miami, vía Buenos
Aires.
Lamentablemente la corriente ilegal en favor de la” huida hacia la democracia”
mediante el desprendido pago de dólares convertibles que se blanqueaban en pesos
en la Argentina del uno a uno, a Argentina excusada de visa de entradas al
imperio central, no convenció demasiado al régimen de Fidel y nuestro anónimo
héroe, requerido por INTERPOL, terminó encarcelado en una desagradable prisión
argentina. Tres años al menos.
Se negó, algo desatinadamente, a purgar su condena en las educativas cárceles
cubanas que curan de forma definitiva.
Cinco estrellas de verdad.
También, tenía un temor igualmente inexplicable a ser extraditado hacia Miami.
Ya que de igual forma y con una óptica increíblemente injusta para los obtusos
americanos ,el asunto tenía más sabor al color del dinero que a las improbables
hazañas argentinas en beneficio de la resistencia invisible .La resistencia
cubana.
Alpha 66 en los 90.
Pero algunos no borramos de la memoria las obras de beneficencia.
No relegamos a los Wallemberg ,a los Schindler locales.
Veamos los antídotos cubanos contra el cybermundo.
Strategicos
En Cuba, la desinformación es una cuestión de Estado. Por eso no debe
sorprendernos que haya gente dispuesta a morir por Internet, como el periodista
independiente Guillermo Fariñas Gómez, quien desde enero viene realizando
sucesivas huelgas de hambre que lo han llevado a un punto de desintegración
corporal. Empezó cuando el gobierno le bloqueó su e-mail para
que no enviara más notas al exterior. Luego extendió su reclamo a una apertura
de Internet a toda la sociedad La solidaridad vino, fundamentalmente, de las ONG
checa Hombre en Apuros, la eslovaca Pontis Foundation y Reporteros sin
Fronteras, que ya lo tenía catalogado a Fidel como uno de los grandes enemigos
de Internet, sólo comparable con los clérigos iraníes. Antes, en los
allanamientos los policías secuestraban libros, periódicos, documentos, ahora
prestan atención a otros objetos: notebooks, impresoras, fax, fotocopiadoras.
Incluso el director de una biblioteca independiente fue acusado de cometer el
delito de "receptación" por tener un equipo de fax. Le allanaron la casa y todos
los días debe
presentarse en la comisaría para verificar que no abandonó el municipio. Más
complicada aún es la situación de los disidentes que pasan el umbral de
editar páginas web en servidores del exterior: son "mercenarios al servicio del
imperio". Cuba ingresó al siglo XXI peleada con las tecnologías de la época.
Constituida por los mitos del nacionalismo anglófobo latinoamericano,
la nomenklatura cubana percibió la emergencia de Internet como una molestia y un
peligro. Les parece revelador que la mayoría de las páginas web estén
en inglés o que en Manhattan haya más computadoras que en África. Hasta les
desagrada el nombre: prefieren llamarla "servicio puúblico de valor agregado de
telecomunicaciones". En diciembre del 2000, el principal líder sindical opositor
se convirtió en el primer cyberdisidente cubano en ser arrestado por publicar un
artículo en una web de Miami. Estuvo en una celda de castigo durante 10 meses:
no tuvo contacto con ningún otro detenido, la cama se la ponían a las 6 de la
tarde y se la sacaban a las 6 de la mañana, su mujer podía visitarlo cada tres
semanas. Al principio lo condenaron por la "difusión de noticias falsas que
comprometen el prestigio y el crédito del Estado cubano" con "manifiesta
intención de colaborar con una potencia extranjera". Luego, las acusaciones
fueron reclasificadas como "difamación de las instituciones, organizaciones,
héroes y mártires". Hace poco fueron expulsados de la universidad varios
estudiantes de informática que habían
formado un chat sobre Cuba.
Lo concreto es que "el primer territorio libre de América" se conectó tarde y
mal. Según datos de la ONU, hay 9 internautas cada 1.000 habitantes, mientras en
Haití hay 18, en Namibia 24, en Swazilandia y Gabón 26. Como en
tantas otras cosas, se lo atribuyen al bloqueo. Pero desde un principio, el
régimen se ocupó de garantizar el carácter selectivo del acceso a Internet.
A partir del anhelo de una franja de la sociedad cubana de poder navegar en el
ciberespacio surgió el mercado negro de passwords. Es pequeño pero bien
organizado. Se maneja por relaciones y previo pago. Todas las noches, miles de
jóvenes universitarios se conectan de manera subterránea con Internet. Incautan
passwords de empresas nacionales o extranjeras que los usan en el
horario diurno. El dealer cubano vende la mercancía a unos 40 o 60 dólares
mensuales, algo así como 6 sueldos. El pacto es no abrir el correo del titular.
Esta actividad no pasó desapercibida. Y en el 2001 fue creada la Agencia de
Control y Supervisión, adscripta al Ministerio de la Informática, para perseguir
a quienes hacen "un uso indebido de las redes". Fueron identificados (y
sancionados) quienes "utilizaban cuentas de correos que no les pertenecían".
Cuba se conectó a Internet en 1994. Desde entonces, el régimen se ha esforzado
por tener todo bajo control mediante una sucesión de resoluciones y decretos,
algunos opuestos entre sí, pero con una marca propia: es una legislación fuera
de época. Como si se tratara de una novela de Orwell o Huxley, en la isla del
Caballo hay sólo dos servidores y como anota Reporteros sin Fronteras "todo el
tráfico de Internet está centralizado en una única máquina en la que se efectúa
la censura, a través de filtros. Los periódicos oficiales Granma, Juventud
Rebelde o Trabajadores y la agencia nacional Prensa Latina tienen todos su sitio
en Internet. El régimen cubano censura pero también utiliza la Net para difundir
su propaganda". Una particularidad cubana es que las personas no tienen acceso a
la red sino las
empresas y las instituciones "de mayor relevancia" tal como quedo establecido a
partir del Decreto 209 de 1996. El Ministerio de la Informática y las
Comunicaciones definió los protocolos de seguridad para
"minimizar los riesgos que presuponen la conexión de cualquier entidad a una red
externa, al establecer una vía desde la cual pueden ser penetrados desde el
mundo exterior". También deja en claro que las agencias gubernamentales que
quieran conectarse deberán cumplir con "el requisito sine qua non" de presentar
"la documentación que den constancia de la aprobación por parte de los jefes de
los organismos a los que pertenecen". En las empresas el password lo manejan los
directivos pero incluso las firmas exportadoras tienen un acceso restringido a
Internet y deben conformarse con el e-mail.
Esta manía por el control total también los abarca. "Los sitios web cubanos que
ofrezcan servicios de correo electrónico, no podrán implementar la creación de
cuentas de forma automática a personas naturales o jurídicas que no se
encuentran debidamente autorizadas, asimismo los sitios que ofrezcan servicios
de chat deberán garantizar que las personas que solo tienen
aprobado el acceso a la navegación nacional, no puedan hacer uso del servicio de
chat internacional". Las cadenas transnacionales de hoteles cuentan con salas de
Internet para sus clientes. Pero en toda La Habana hay sólo dos cibercafés, uno
es de la Unión de Artistas y Escritores. Se llama El Aleph. Los intelectuales
orgánicos tienen acceso gratuito al servicio de mensajería y a Intranet, una red
nacional. Recién a partir de setiembre del 2001 a los cubanos les fue concedida
la gracia de acceder a un servicio de correo electrónico pero nacional, sin
posibilidad de entrar en la web. Una
tarjeta de acceso limitado cuesta el equivalente de 5 euros cada 4 horas (el
salario medio es de 16 euros). Las tarjetas tienen el nombre y apellido del
usuario, con sus principales datos personales. El proveedor puede leer los
mensajes (antes de ser enviados o recibidos) por eso son tan frecuentes los
retrasos de varios días o extravíos. Si una persona quisiera acceder a Internet
deberá presentar "una razón valida" y firmar un contrato de utilización. Peor
todavía: el Ministerio de Comercio Interior tiene expresamente prohibida la
venta a particulares de "computadoras, impresoras, fotocopiadoras, fax y todos
los demás instrumentos de impresión masiva".
Comprar un modem es un acto subversivo. Esta idea fija por el control de la
información convive con una situación de descontrol total del comercio
electrónico, donde hay sitios operados por corporaciones transnacionales en
servidores externos que en combinación con empresas estatales cubanas hacen
negocios dentro de la isla. Otra situación similar son las tarjetas
electrónicas. El Banco Central se encargó de reglamentar el uso de las emitidas
por bancos cubanos, pero respecto de las emitidas por bancos extranjeros no hay
ninguna regulación. En la política y la economía de
Internet está condensada la realidad real de los sistemas sociales.
Periodista, escritor.
