Agosto de 2006
Por Horacio Calderón *
Fuentes en Medio Oriente dignas de todo crédito vinculadas a la República
Islámica de Irán y a su Comisión de Energía Atómica (CEA), han dejado trascender
que esta institución oficial ha dado instrucciones precisas para intentar la
reanudación de negociaciones con la Argentina -que se suponen deberían ser
secretas-, con el objeto de intentar la transferencia de tecnología, la
provisión de dióxido de uranio (se utiliza en la fabricación de los elementos
combustibles para las centrales nucleares) y, eventualmente, la contratación de
científicos y especialistas de nuestro país para formar un grupo gerenciador de
proyectos en el sector, en lo que también hay precedentes.
A Irán se ha sumado también Siria, en una maniobra que parece sinceramente
concertada entre ambos países, tal vez con el acompañamiento de Cuba y
Venezuela, y que puede consistir en una operación no sólo tendiente a procurar
tecnología, material, productos y servicios como los arriba indicados, sino
también orientada a desestabilizar las ya deterioradas relaciones de los Estados
Unidos de Norteamérica.
Ambas informaciones podrían ser fácilmente verificadas por los medios de
comunicación, si requirieran a la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) el
nombre del personal iraní y sirio que visitó sectores dependientes de esa
institución hace poco tiempo y razones de su presencia, más allá de que el
motivo real pueda aparecer encubierto bajo un pueril pretexto y que incluso eso
sea desconocido por nuestras autoridades. Resulta a todas luces obvio que tales
visitas se han hecho para interiorizarse y actualizarse sobre los progresos
logrados por la Argentina en materia nuclear durante el largo período que abarca
una década y media desde que fueron interrumpidas las negociaciones.
Las aspiraciones de Irán en cuanto a realizar operaciones con instituciones
oficiales y privadas vinculadas al sector nuclear de la Argentina son de antigua
data y fueron interrumpidas abruptamente por el Gobierno del ex Presidente
Carlos Saúl Menem.
No pocos expertos en Medio Oriente y especialistas en contraterrorismo -entre
quienes se incluye este analista- han coincidido en que el daño causado a Irán
por la rescisión de contratos y la interrupción de toda operación en materia
nuclear, fue una de las causas que generaron la decisión de ese país de ordenar
a sus válidos terroristas del Hizballah libanés que atacaran blancos en la
Argentina, prestando además en el caso de la AMIA la apoyatura de inteligencia
preoperacional y logística necesarios para que esta segunda agresión pudiera
concretarse.
Conectada al incumplimiento de promesas del citado ex Presidente Carlos S. Menem
durante la campaña electoral de 1989 se encuentra la República Árabe Siria, que
como es de público conocimiento había requerido al entonces primer mandatario
argentino la provisión de un reactor nuclear, quien contestó afirmativamente el
pedido y luego canceló tal proyecto sin brindar explicación alguna.
Es lógico suponer que haya existido un conocimiento previo por parte del
Gobierno de Siria, y sobre todo de su entonces Presidente, Hafez Al-Assad, de
que la Argentina era uno de los nuevos blancos designados por las organizaciones
terroristas islamistas chiítas dependientes e inspiradas por Irán. Solamente
quienes desconocen el complejo proceso de toma de decisiones que involucran a
Estados con organizaciones y grupos terroristas, pueden negar que brazos armados
del Hizballah atentarían contra un país gobernado por un mandatario de origen
árabe y sirio sin la aquiescencia del fallecido mandatario de Siria y su círculo
íntimo, además de otros actores involucrados.
Ello explica además las maniobras de encubrimiento posteriores al atentado
contra la AMIA por parte de algunos miembros del círculo íntimo de Carlos Saúl
Menem, como asimismo que las mafias existentes en la Triple Frontera, conectadas
tanto a Irán como a Siria y al Hizballah en operaciones de terrorismo,
narcotráfico y lavado de dinero, hayan podido prestar un importante apoyo
logístico a las células de ataque, incluyendo el lanzado contra la Embajada de
Israel en 1992.
Cabe en este momento preguntarse si las operaciones de acercamiento a la CNEA de
la Argentina por parte de Irán y de Siria, se basan realmente en un interés real
en obtener acuerdos de cooperación en el campo de la energía nuclear con nuestro
país o, por el contrario, estos dos países se han unido a Venezuela y Cuba en la
conformación de un frente político internacional de desafío y confrontación a
los EE.UU., en un campo de tan altísima sensibilidad en este momento, y se
proponen sumar a la Argentina a dicho frente.
Si Irán y Siria pensaran seriamente que una negociación de esa naturaleza con la
Argentina tendría un final adecuado a sus pretensiones, ello constituiría un
tremendo error de discernimiento. Además, si nuestro país alentara dichas
pretensiones y luego no pudiera cumplirlas, quedaría nuevamente expuesto a
terribles represalias, como ocurrió ya en 1992 y 1994.
Asimismo, resulta harto sospechoso que tales intentos de acercamiento se
realicen en momentos en que la causa AMIA ha ingresado en una nueva y definitiva
etapa, lo cuál a las hipótesis aquí vertidas habría que agregarles el potencial
"incentivo" que Irán podría ofrecer para distraer una vez más el curso de las
investigaciones, como sucedió en la aún no probada versión del testigo "C", el
disidente iraní Abolghasem Mesbahi.
Si por el contrario todo formara parte de una maniobra política y la Argentina
quedara de alguna manera involucrada o bajo sospecha de realizar tratativas en
el campo nuclear con Siria, Irán e incluso Venezuela, el daño de las relaciones
del actual Gobierno con los EE.UU. y Europa sería realmente altísimo e
irreparable.
Llaman la atención asimismo las crecientes relaciones políticas y comerciales
que existen en este momento entre Venezuela, Cuba e Irán, que se han
materializado con visitas de delegaciones de este último país a La Habana y
Caracas en las últimas semanas.
Si bien resulta prematuro e imprudente acusar sin pruebas al Presidente Hugo
Chávez de alentar el acercamiento de Irán y Siria a la Argentina en materia
nuclear, es lógico deducir que si nuestro país está dispuesto a desafiar a los
EE.UU. en el caso de Venezuela, sea por afinidad política, sea por necesidad
económica para hacer frente a pagos de la deuda externa, tal vez las autoridades
iraníes, quienes disponen de enormes recursos financieros a su disposición para
proyectos especiales, hayan tomado debida nota de que una multimillonaria suma
de dinero podría convencer al Presidente Néstor Kirchner de acceder a sus
demandas.
El Gobierno Nacional debe tener una muy clara posición pública sobre este
delicado asunto, sin perjuicio de que las decisiones que pueda tomar en el
sector nuclear deberían estar determinadas por la defensa de nuestros intereses
nacionales, que no pasan tanto por complacer a poderosos terceros, como los
EE.UU., sino en alejar a la República Argentina de ciertos actores de la arena
internacional, que han tenido y siguen teniendo una estrecha relación con
organizaciones terroristas y criminales internacionales, que han dejado una
huella sangrienta en nuestro país y en el mundo.
*Especialista en Medio Oriente. - Experto en Contraterrorismo.
