Agosto de 2006
Por Rodrigo Alarcón Bohle (*)- Desde Santiago
"Chile asigna una alta prioridad a la Asociación con la Comunidad Andina dentro
del marco de la integración de la región y especialmente, como plataforma hacia
la cuenca del Pacífico", fueron las palabras de la Presidenta de Chile, Michelle
Bachelet luego de los recientes (aunque esperables) acercamientos con los países
que integran el pacto regional, entre otros, con el Perú de Alan García, Ecuador
(aliado de revés tradicional como contrapeso al norte peruano) y recientemente
la Colombia del reelecto Uribe, quien espera pronto calmar la situación interna
para lanzarse de lleno a seguir los pasos de Chile en el contexto internacional
multilateralista.
Los pasos del nuevo acercamiento con la CAN (de la que Chile fue socio fundador
en 1969) se iniciaron precisamente durante las negociaciones de un TLC con
Colombia y se acentuaron durante la visita de Bachelet a ese país para la nueva
toma de juramento de Alvaro Uribe como presidente. El inicio de este
acercamiento era a todas luces previsible, dada la situación en Stand by en la
que se encuentra su asociación "estratégica" con la Argentina y los roces
diplomáticos por el alza del precios del gas y las naftas para extranjeros en
zonas fronterizas de suelo argentino.
Colombia, Bolivia, Ecuador y Perú solicitaron formalmente a Chile que se
incorpore como miembro asociado al acuerdo, en un paso que permitiría sumar una
de las economías más estables de latinoamérica al más antiguo bloque comercial
del hemisferio.
"Es un alto honor dirigirnos (...) para expresarle el vivo interés de los países
miembros de la Comunidad Andina para que la hermana República de Chile concrete
su expresada aspiración de profundizar su relación con este organismo de
integración subregional a través de su incorporación como miembro asociado",
declararon los cuatro miembros en una carta dirigida a Bachelet.
La solicitud efectuada a la Mandataria chilena se produce meses después de la
intempestiva salida de Venezuela de la CAN, en protesta por las negociaciones de
Colombia y Perú para firmar un Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos.
Precisamente este último puede ser uno de los motivos por los cuales puede
resultar un tanto más útil, para actuar dentro de la CAN y particularmente con
Colombia, como una suerte de contención a la creciente influencia que está
ejerciendo Hugo Chávez sobre la región, desplazando a un lugar poco grato al
tradicional liderazgo brasileño en Sudamérica.
Si acepta la solicitud Chile, economía que parece seguir siendo la más estable y
transparente de América Latina, se uniría a Argentina, Brasil, Paraguay y
Uruguay como miembro asociado, un paso crucial hacia la formación de un
mercado común sudamericano paralelo al Mercosur, o que bien termine por competir
directamente con éste, ya bastante mermado, politizado y desacreditado con la "chavización"
del más importante bloque regional. Se trata entonces de capitalizar rápida y
sagazmente la ruptura venezolana con la CAN como una enorme beneficio político,
más que como una pérdida.
Ya varias voces se han manifestado a favor de esta re-inclusión, pensando en que
un mercado común sudamericano (quizás paralelo al Mercosur o bien -bajo ciertas
precondiciones- en asociación o como parte de éste) diversificaría el
intercambio comercial de esta parte del hemisferio, fuertemente inclinado hacia
Estados Unidos.
La carta fue firmada por los presidentes de Colombia, Alvaro Uribe; de Perú,
Alan García; y de Ecuador, Alfredo Palacio, así como por el vicepresidente de
Bolivia, Alvaro García.
Valga recordar que Chile abandonó la CAN en 1976, durante el régimen militar
de Augusto Pinochet, debido a "incompatibilidades" entre su política económica y
las iniciativas "integradoras" del organismo regional, que entonces no se
condecían para nada con las profundas reformas neoliberales aplicadas por Chile
en su economía -supervisadas in situ por el mismo Milton Friedman- ni mucho
menos con la entonces incipiente búsqueda chilena de nuevos y mayores mercados
de ultramar, mucho más confiables que las economías vecinas, literlamente
acribilladas por las dictaduras regionales que no fueron acompañadas por
reformas sistémicas de fondo y que estaban abocadas a la extinción de la
guerrilla y la lucha anticomunista sostenida únicamente por el apoyo -a veces
expreso y otras solapado- de Washington.
No obstante, en virtud a estos renovados acercamientos, primero con Perú, luego
Ecuador y ahora Colombia, el canciller Alejandro Foxley aseguró que Chile está
interesado en fortalecer esa integración regional a través de ese subpacto y de
la Corporación Andina de Fomento (CAF), el principal fondo común subregional.
Foxley señaló que "la presencia de Chile, en el sector andino y la asociación
con todos estos países está marchando a toda velocidad, la vamos impulsar con
mucha fuerza en las próximas semanas y ya estamos teniendo resultados muy
positivos".
El canciller chileno explicó que Bachelet está enviado "un mensaje fuerte en el
sentido de que América del Sur tiene un destino muy promisorio si une fuerzas y
mira hacia el mercado que más se expande en el mundo, más rápido, más dinámico,
más creativo, del Asia".
Foxley confirmó la reunión en privado que tuvo con el presidente de la
Corporación Andina de Fomento (CAF), Enrique García. "Nos han invitado a que
formemos parte como asociados de la Corporación Andina de Fomento...(y) va a ir
una misión de la CAF pronto a Chile".
Quizás por eso es que quien más interés mostró por la eventual incorporación de
Chile fue Alan García. Mostrando un explícito interés por el consistente aporte
monetario que supuestamente hará el país de la estrella solitaria a la CAF, el
mandatario peruano en su versión 2.0 declaró que Chile dará su primer paso en su
camino de regreso a la Comunidad Andina (CAN) con el aporte de "cientos de
millones de dólares" a la Corporación Andina de Fomento, el brazo
financiero del bloque.
Chile "cumplirá el primer paso de su acercamiento y se integrará con un aporte a
la Corporación Andina de Fomento (CAF) depositando cientos de millones de
dólares en esa corporación andina que pertenece al área nuestra", manifestó
García en el Palacio de Gobierno limeño.
La CAF, que financia proyectos públicos y privados de sus accionistas,
tiene como principales socios a los países que integran la CAN y otras doce
naciones como miembros adherentes.
Mientras tanto y sobre la invitación a formar parte del pacto, el canciller
chileno lanzó la posta al altiplano, para que Bolivia se pronuncie a nivel
oficial del asunto. "Se tienen que poner de acuerdo todos los países que hoy son
miembros de la Comunidad Andina de Naciones, para hacer una invitación conjunta,
y particularmente (debe hacerla) el presidente pro tempore, Evo Morales".
Foxley también confirmó mientras permanecía en Quito que el 23 y 24 de agosto
viajará a Lima para firmar un Tratado de Libre Comercio con Perú, al tiempo que
aprovechará la ocasión de informar a las autoridades del recién asumido gobierno
de Alan García sobre la disposición de Chile de unirse a la CAN como país
asociado.
Anticipándose a ese encuentro es que García dió por hecho la incorporación de
Chile y la "cascada de millones" que significa para la CAF contar con un nuevo
miembro tan "solvente". El reelecto presidente peruano adelantó también que los
ministros de Exteriores se reunirán el 23 y 24 de agosto para definir si se
aplica arancel cero al comercio andino-chileno, y la participación chilena en
organismos como la Corporación Andina de Fomento.
El secretario general de la CAN, Alfredo Fuentes, destacó la invitación formal
que hicieron a Chile para reincorporarse como miembro asociado, y señaló que es
un "primer paso" para hacer realidad la aspiración de contar nuevamente con la
participación uno de los países fundadores de la CAN.
Al destacar el significado político y económico del reingreso de Chile a la CAN,
Fuentes manifestó que no sólo permitirá proyectar un sentido geopolítico de
la Comunidad Andina y fortalecer y profundizar la integración subregional,
sino que hará posible avanzar más rápidamente en la construcción de la Comunidad
Sudamericana de Naciones y proyectarse hacia la región Asia Pacífico,
como pretende Chile.
Una vez formalizada la voluntad de las partes de concretar esta asociación y
después de la respuesta positiva de Michelle Bachelet, corresponde sólo analizar
los detalles de la incorporación en coordinación con ese nuevo Chile promotor
del desarrollo latinoamericanista liberal.
¿Se gesta un nuevo bluff sudamericano avalado -una vez más- por ese loco afán de
buena voluntad y vecindad de Chile? Para saberlo, bastará sólo con esperar a la
pronta aparición de las reivindicaciones territoriales, económicas y políticas
de siempre; a una baja en las encuestas de apoyo de cualquiera de los
presidentes miembros; o bien, a un cambio de gobierno -y, por ende, de modelo
económico- de los que en el Macondo regional son más comunes que un TLC.
(*) Periodista. Licenciado en Comunicación Social de la Universidad
Católica de la Santísima Concepción, Chile. Corresponsal de Ejército aprobado en
el Comando de Operaciones Terrestres del Ejército de Chile, con asiento en la
ciudad de Concepción. Fue redactor del diario La Hora, en Santiago. Actualmente
es editor periodístico de Agencia Informativa Orbe, en la capital chilena.
