CUBA: LA REVOLUCIÓN ES UN SUEÑO ETERNO

 

Agosto de 2006

Por Edgardo Arrivillaga

 

La mayor parte de los analistas internacionales están ensayando desde hace algunas horas las variables sucesorias en el caso cubano y en general revelan un optimismo desmesurado porque toman como parámetros
extrapolables dos modelos de sucesión muy lejanos de la realidad cubana.


Uno de ellos es el de la dictadura blanca de Francisco Franco en 1975.


El otro, el desmantelamiento del imperio soviético por la paciente obra de Gorbatchov, que en verdad ya había empezado con Andropov, periodo transicional que abarca varios años para terminar en el golpe de mano de Boris Yeltsin, un comunista devenido ultraliberal y mafioso y luego la llegada de Putin quien fue inicialmente su primer ministro.


Estas analogías son deseables en términos de cómodas cuotas hacia la democracia, difíciles de trasladar a la realidad cubana.


El modelo español ya había comenzado a ejecutarse en vida de Franco por vía de dos movimientos muy simples y, a la vez, revolucionarios. La restauración plena del poder simbólico y militar de la Casa de los Borbones, corporizada en Juan Carlos I, preparado para el mando mediante una educación que lo hizo cursar las tres escuelas de armas en un curso acelerado hecho para un hombre solo. Para un rey. Fué el modelo Windsor
trasladado a España.


Esto le permitió liquidar el levantamiento por derecha de Tejero gracias a las divisiones blindadas de Albacete y al tiempo cobijar al socialismo democrático atlantista como fuerza de alternativa, todo ello coexistiendo con un sistema parlamentario -las Cortes -sin mayores sobresaltos.


Previamente existió consenso en nombrar a un primer ministro transicional -Adolfo Suárez -que no venía de la Luna sino del secretariado de la Falange Española,el partido del régimen pero al tiempo el sector mas cercano a la democracia cristiana europea.


La operación arrumbó a Blas Piñar y a los herederos de Dolores Ibarruri.

Y tanto en el caso español como en el ruso las dos sucesiones se daban en el terreno de juego europeo. Es decir del hemisferio norte. Obviedad condicionante y fatalmente estabilizadora.


En el caso soviético la sucesión imperial se daba en el marco de una superpotencia con intereses mundiales, dominio sobre múltiples países, con una alianza internacional dotada de poder nuclear como para reducir la civilización a un estadio cercano a la Edad de Piedra, el equilibrante pacto militar de Varsovia, un sistema económico homogéneo el COMECON y una nomenklatura bastante mas lejos emocionalmente de la revolución de
octubre de 1917 que lo que esta la cubana del moncadismo o la toma de La Habana en el año nuevo de 1958.


Los comunistas de la dirigencia soviética eran disciplinados halcones de cetrería imperial inficionados de la geopolítica conservadora del desaparecido imperio austro-húngaro con su cabeza en Viena.


Lucidez incomparable si la cotejamos con lo que puede ser la lucha por el poder modelo Beirut en el Caribe o en cualquier país árabe y que podría asemejarse extrañamente al modelo de salida de la crisis cubana.

La situación actual de Cuba se parece a un ejercicio teórico en el cual la URSS hubiese ensayado su apertura en los meses inmediatamente posteriores a la muerte de Stalin -la figura mas parecida a Fidel Castro en
sus distintas variables -y no a la transición bastante ordenada que sucedió a la muerte y desplazamiento tanto de Andropòv como de Gorbatchov.

En verdad era casi inevitable en aquellos años que los soviéticos fueran prolijos dentro de su propia crisis.


La URSS era el segundo eje del poder mundial en desequilibrio, su cabeza se encontraba en Europa y no en una isla perdida en el Caribe y tanto el ejercito como la KGB tenían una incuestionable conciencia de su
propia responsabilidad y a la véz necesidad física de supervivencia. Los días de cenizas y diamantes vividos en Polonia habían demostrado que la dureza y el continuismo del imperio eran simplemente inviables. La presencia de Juan Pablo II en el Vaticano acentuaba esta inviabilidad.


El caso cubano es absolutamente diferente. No tiene responsabilidades mundiales desde sus violentas aventuras expansivas en América Latina, Sudamérica, Angola y Mozambique y si bien existe un sector aperturista que se encuentra entre los poderes
relacionados con el mundo internacionalizado globalizado - los servicios secretos y la cancilleria - la lucha por la sucesión puede parecerse dramáticamente a la de Ceausescu y su mujer Elena, que enfrentó en Timisoara al ejercito repentinamente neoliberal con la Securitates socialfascista del régimen provocando una masacre cercana a los cinco mil muertos.


Pero aun allí la lucha tenía que ser corta y decisiva porque se daba en el extremo oriental de Europa, pero Europa al fin. Y Rumania no podía quedar en posición de debilidad frente a sus enemigos históricos, los húngaros,
griegos y turcos que jaqueaban sus puertas. Tampoco esto ocurre en Cuba, ya que su enemigo histórico es todavía Estados Unidos- enfrentamiento ficcional que jamás tendrá lugar -y posee peligrosas condiciones de
insularidad que la asemejan mas a Haití o Jamaica que a los Balcanes.

 

Por eso mismo la posibilidad del enfrentamiento entre sectores militares, milicias populares y fuerzas de seguridad esta presente como una amenaza concreta y los ejemplos internacionales no sirven de mucho para escogitar el modelo exacto de sucesión. Si bien la idea de los progrom entre stalinistas y trotskistas durante la guerra civil española sobrevuelan agoreramente cualquier intento de análisis de la realidad cubana.

Curiosamente ninguno de los analistas argentinos ha pensado en una sucesión bastante compleja que hemos vivido en el propio país y que no se dio en el transito negociado entre el Proceso militar argentino cerrado en 1982 y el retorno a la democracia de los partidos en 1983.


Se dio unos años antes. Exactamente en 1974 cuando la muerte de Perón desató una miniguerra civil dentro del peronismo entre los partidarios de la concepción revolucionaria socialista armada - los Montoneros y sus amigos - la derecha peronista,ya entonces apoyada por sectores militares nacionalistas que optaban por la solución menor y que culminó en una larga represión y posterior dictadura que no solo no logró abatir la
contradicción esencial entre liberales y nacionalistas, sino que simplemente la incorporó, convirtiendo al monolitismo militar en una fantasía sostenida por una territorialización administrativa, una guerra antisubversiva victoriosa y nada mas.


Si esto ocurrió en la Argentina, un país con una cultura democrática superiora la cubana y que jamás padeció un gobierno continuado de mas de cincuenta años con un adoctrinamiento de pensamiento unívoco, porque debemos esperar que las fuerzas revolucionarias de partido único militarizado cubanas con intereses económicos que van desde el turismo, las empresas del Estado y el trafico de drogas controlado por el Ejercito no degenere en tiempos duros, difíciles y violentos para la sociedad cubana, con una violencia que no se dará en los edulcorados términos de los derechos humanos, eso queda para los montoneros envejecidos en la Argentina, sino en la dureza planteada por la sucesión abierta del Mito revolucionario.

Con todos los intereses que lo rodean y lo trascienden introyectados en una sociedad que no conoce otra cosa desde hace mas de tres generaciones.


Si agregamos a todo esto la dialéctica venezolana que probablemente intentara promover por vía de la subvención económica petrolera a un grupo militar de coroneles jóvenes chavistas -serán los verdaderos herederos de Fidel Castro- la amable transición hacia la democracia en Cuba esta lejos de constituir un desenlace matemáticamente exacto.


Una vez que se establezca la muerte de Castro-la lucha por el poder ya circula solapadamente en la Habana según los informes públicos- el régimen deberá darse una solución transicional que no significa el pasaje a la
blanda democracia matizada con daikiris y música del Tropicana.

El primer objetivo de poder político y militar cubano consiste en que el partido y los resortes administrativos que dejan los hermanos Castro no se esterilicen en un archipiélago de zonas de influencia, grupos armados, grupos de tareas de stalinistas y socialdemócratas recién acuñados creando una situación explosiva a solo pocas horas de Miami y de Caracas de forma simultanea.
 

El MERCOSUR, si existiera, tendría un rol estabilizador que jugar.

 

Aunque esto depende mas del Brasil que del Paraguay, Buenos Aires o Montevideo. Pero el factor tiempo favorece a los coroneles chavistas y a la audaz geopolítica venezolana.


Y la Cumbre de los No Alienados prevista para diciembre define el factor estratégico y limitante a la vez.


La revolución como sueño eterno puede sobrevivirse a si misma por un tiempo largo en la misma Cuba.


Irremediable desazón para los optimistas.

 


 

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