Agosto de 2006
La respuesta podría amenazar, incluso, con un retiro de embajadores si la
retórica y la acción del gobierno argentino resultaran muy agresivas para el
gobierno de Tony Blair.
Blair está especialmente decepcionado con Kirchner porque fue el líder
británico el primero que llamó al presidente argentino no bien fue elegido y
lo invitó a Londres a una reunión de líderes progresistas del mundo.
Kirchner aceptó la invitación y tuvo la oportunidad de codearse por primera vez con varios líderes europeos, pero lo sorprendió a Blair con un duro planteo sobre las islas Malvinas en una reunión bilateral.
Kirchner nunca volvió a tener un gesto de acercamiento con Blair.
Una crispada relación con Londres podría enturbiar la relación de la
Argentina con la mayoría de los países europeos. Gran Bretaña es un miembro
destacado de la Unión Europea, aunque sea uno de los pocos países que no
adoptó el euro aún.
No debe olvidarse que Menem decidió reanudar relaciones con Londres cuando la Unión Europea le hizo saber que ése era un paso ineludible para una relación normal con el resto de Europa.
Pero es cierto que el juego de Menem, como el de Alfonsín y el de la propia Junta Militar en su primera etapa contemplaba como una prioridad el desarrollo de una política exterior relacionada con el mundo. El fascismo ágrafo de la presidencia argentina se desentiende del asunto porque el juego es exactamente el inverso. Cerrar al país, convertir a sus ciudadanos en una simple manada de rehenes con necesidades básicas medianamente satisfechas y perpetuarse en un poder político nomenklaturista ritualmente consolidado electoralmente por un par de lustros mas o menos. Una versión ligth de modelo de partido único.
Pero las excrecencias mentales de las kirchnereadas y su entorno patético no pueden imaginar algo mejor. Hasta que, como siempre ocurre en política, simplemente el consenso comprado invierta la carga de la prueba.
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