Agosto de 2006
Un conocido analista político revela algunos aspectos interesantes de la interna de la Iglesia de Roma con la Iglesia argentina, las relaciones de convergencia y competencia entre Macri y Lavagna, aliados en su posición anti K, divergentes en sus propuestas políticas: Macri aspira a ser un Uribe argentino o tal vez un Berlusconi, en tanto que Lavagna no oculta sus simpatías por un centro progresista que escondería eufemísticamente un proyecto socialdemócrata, en donde ya se perciben los aspectos republicanos pero queda por establecer el encuadre social. También se revelan aspectos relacionados con el desplazamiento del embajador español en la Argentina y la amenaza de la crisis energética que sin eufemismos acota los tiempos electorales argentinos. La energía marcará los ciclos republicanos y no a la inversa y el largo toque de queda y su lógica condicionante comienza a sentirse en ese aspecto.
El gobierno de Néstor Kírchner volvió a analizar el adelantamiento de las
elecciones presidenciales del próximo año. En caso de adelantarse, los comicios
se realizarían en los meses de marzo o abril de 2007.
Sin embargo, hasta ahora prevalece la tesis de que el debate –y el previsible
escándalo político- por el adelantamiento será más costoso en términos políticos
que la conservación de la fecha fijada para octubre.
En rigor, los análisis sobre un eventual adelantamiento de los comicios comenzó
cuando el gobierno tuvo información de que la crisis energética en ciernes
podría producirse –o tener efectos severos- antes de octubre.
El secretario de Energía, Daniel Cameron, viene anticipándole a Kirchner (en los
pocos encuentros a solas que tienen entre ellos) que la crisis energética no
está bajo control, que las reservas del país han cruzado la línea roja y que su
estallido depende más de las condiciones climatológicas que de otra cosa.
La opinión de Cameron fue siempre rebatida por el ministro de Planificación,
Julio De Vido, que prefiere inundar al presidente de buenas noticias.
Lo incontrastable es que algunos sectores empresarios empezaron ya a tomar
decisiones propias, que incluyeron una merma por voluntad propia del consumo
industrial en un 10 por ciento.
Esto sucedió con los empresarios industriales de Córdoba, donde se encuentra
gran parte del parque industrial argentino, y se explica en la voluntad de los
hombres de negocios de postergar el estallido de la crisis energética.
Inversores extranjeros, sobre todo de origen francés y español, decidieron
postergar sus inversiones en la Argentina asustados por las pocas reservas
energéticas del país.
De todos modos, los que analizaron el adelantamiento de las elecciones prevén
que el impacto de la crisis energética podría sentirse directamente en la
sociedad (por la necesidad de cortes de luz y gas) o, indirectamente, por la
marcha de la economía si los cortes se aplicaran al sector industrial.
Otro elemento que se incorporó a esos análisis fue la conveniencia de restarle
tiempo al armado de una sólida candidatura opositora, sea ésta la de Roberto
Lavagna o la de Mauricio Macri.
En el otro lado de la balanza se colocó el necesario escándalo que sucederá si
el gobierno enviara al Congreso (como deberá hacerlo si decidiera el
adelantamiento) un proyecto para modificar la llamada “ley Duhalde”, que
estableció el final del mandato de Kirchner para diciembre del próximo año.
Las elecciones en marzo sólo serían posibles si el mandato de Kirchner terminara
en mayo del próximo año, cuando cumpla los cuatro años constitucionales de
gobierno.
La Corte Suprema de Justicia ya le hizo saber al gobierno que declararía
inconstitucional un llamado a elecciones en marzo para concluir el mandato en
diciembre.
En la reciente reunión de la mesa directiva de la Conferencia Episcopal
Argentina, la máxima conducción de la Iglesia Católica argentina decidió apoyar
la candidatura a convencional del obispo Joaquín Piña, como principal líder de
la oposición en Misiones, para oponerse a la reforma constitucional que
habilitaría otro mandato al gobernador Carlos Rovira.
Piña ya tenía el “aval” del cardenal Jorge Bergoglio, pero no se conocía aún la
opinión del resto de los obispos.
Hay que subrayar el término “aval” y no “autorización”, porque sólo el Papa
puede autorizar a los obispos, que dependen directamente del Vaticano en lo
formal, aunque la opinión de un cardenal argentino sea decisiva en la definición
política.
La aclaración viene a cuento porque dos actuales jerarcas del Vaticano (que ya
están despidiéndose de sus cargos), el secretario de Estado, Angelo Sodano, y el
substituto de la Santa Sede, el arzobispo argentino Sandri (virtual ministro del
Interior del Vaticano), se oponen a una exposición política tan contundente como
la de Piña.
Bergoglio considera adversarios suyos a Sodano y Sandri, pero tiene una relación
directa con el Papa Benedicto XVI.
Nada se dijo públicamente sobre la candidatura de Piña durante las 48 horas de
reunión de la mesa ejecutiva.
En los obispos primó la tesis de que Piña debía enfrentar al kirchnerista
Rovira, pero convinieron también que la Iglesia no podía aparecer, como
institución, participando de una elección, en la que siempre son posibles la
derrota y la victoria.
“La Iglesia no puede perder una elección”, resumió uno de los obispos.
Los obispos están convencidos por intuición o por información (o por las dos
cosas al mismo tiempo) que el actual rosario de reformas constitucionales
provinciales terminará en una reforma de la Constitución nacional.
Aseguran que Kirchner convocaría a una Asamblea Constituyente (mediante un
plebiscito si no contara con los dos tercios de la cada cámara del Congreso) en
los sesenta días posteriores a una aplastante victoria electoral en el año
próximo.
Los obispos creen que las instituciones argentinas saldrán muy perjudicadas de
una reforma hecha por Kirchner.
Temen además que en la eventual reforma se le abra las puertas a cuestiones muy
sensibles para la Iglesia, como el aborto.
Los matices entre moderados y fervientes antikirchneristas son ya casi
imperceptibles en la Iglesia, porque la mayoría de los obispos se encolumna en
una posición muy crítica a la gestión del presidente.
En verdad, la posición del cardenal Bergoglio, de intransigente independencia de
la Iglesia con respecto del gobierno, refleja la opinión mayoritaria de los
obispos.
En realidad, son muy frecuentes y francos los mensajes entre Roberto Lavagna
y Mauricio Macri con miras a las elecciones del próximo año.
El diputado macrista Eugenio Burzaco y el operador lavagnista Alberto Coto son
los habitual interlocutores, aunque Burzaco suele verlo a Lavagna directamente
en el estudio del ex ministro, sobre la peatonal de Diagonal Norte.
El último mensaje de Macri a Lavagna fue contundente en que ambos debían impedir
otro mandato de Kirchner, pero no le anticipó nada sobre cuáles debían ser los
procedimientos.
Lavagna asegura que la candidatura de los dos sería una fiesta para Kirchner
porque dividiría el voto antikirchnerista
Macri dice no saber todavía qué es más conveniente: si las dos candidaturas o
una sola para forzar a Kirchner a una segunda vuelta.
Lavagna le respondió con el ejemplo de Hugo Chávez: “La oposición de Venezuela
fue fragmentada en la última elección presidencial y sólo ahora se percató de
que debía unirse. Quizá ya sea tarde”.
Macri tiene razón, en cambio, cuando reclama como condición para analizar
cualquier alternativa que Lavagna se proclame candidato formal a la Presidencia.
"Caeríamos en el ridículo si yo me bajara (o analizara hacerlo) y Lavagna
proclamara luego que nunca fue candidato a presidente”, señala Macri.
La irresolución formal de Lavagna (sólo formal, porque en la intimidad se mueve
y habla como candidato) es lo que también impulsó, más que cualquier otra cosa,
la reunión de 200 dirigentes peronistas bonaerenses con el ex ministro.
“Había que hacer un gesto y tenía que aparecer Lavagna como virtual candidato,
porque todos preguntaban si será candidato o no”, dijo el ex presidente de la
Cámara de Diputados Eduardo Camaño, el principal operador territorial de Lavagna.
De cualquier manera, será difícil convencerlo a Macri de que él deberá renunciar
a la candidatura para sostener la de Lavagna (y peleando la jefatura del
gobierno de la ciudad) cuando el presidente de Boca tiene mejores mediciones
presidenciales en las encuestas que el ex ministro.
El lavagnismo argumenta que su líder no es candidato aún y que por eso la gente
común no lo ve como eventual presidente.
En tal caso, las dos candidaturas, la de Macri y la de Lavagna, deberán convivir
un tiempo para establecer luego quién de los dos tiene mayor envergadura en la
sociedad.
El gobierno de Néstor Kirchner no fue ajeno al relevo del embajador de España
en la Argentina, Carmelo Angulo Barturen, a quien la administración local
vinculó siempre con la defensa de las empresas españolas de servicios públicos.
Es difícil que un embajador extranjero no se preocupe por la situación de las
empresas de su país, sobre todo cuando Kirchner sigue sin cumplir ninguna de las
promesas que hizo en el reciente viaje a Madrid, en junio pasado.
Tanto la situación de las empresas de gas como las de autopistas y de
electricidad esperan decisiones prometidas por Kirchner, que nunca llegan a
materializarse aunque se avanza sólo en el aspecto burocrático.
Es significativo, sin embargo, que haya prevalecido la tesis de Rodríguez
Zapatero de que es mejor tratar a Kirchner con algodones que enfrentarlo.
Mucho mejor le fue a los franceses cuando el presidente Jacques Chirac respaldó
a su embajador en la Argentina, Francis Lott, y decidió no pisar Buenos Aires
durante una gira que lo llevó por Brasilia y Santiago de Chile.
En el acto, Kirchner se ocupó de reconstruir la relación con el gobierno
francés, resolvió varios problemas irresueltos de empresas francesas y les
ofreció nuevos negocios a inversores de Francia.
Angulo Barturen decidió pedir el relevo cuando vio que ya no tenía espacio en el
gobierno de Kirchner para influir en las decisiones argentinas sobre las
empresas españolas.
El gobierno argentino recibió la noticia con regocijo y Rodríguez Zapatero, al
revés de Chirac, no hizo nada para retener a Angulo Barturen en la embajada,
aunque lo designará seguramente en otra embajada, más importante que la de
Buenos Aires, o en un alto cargo en el Ministerio de Exteriores de España.
En el fondo, a Kirchner nunca le gustó Angulo Barturen porque tenía juego propio
en la política argentina.
Desde su crucial gestión al frente de la delegación de las Naciones Unidas en
Buenos Aires, Angulo Barturen conocía a todos los dirigentes políticos,
empresarios y sindicales nacionales y a gran parte de los principales
periodistas argentinos.
Ese juego propio molestó siempre a Kirchner, que prefiere a los embajadores
extranjeros encerrados en una burbuja y con el monopolio de la información
extranjera en manos de su gobierno.
De todos modos, el embajador argentino en Madrid, Carlos Bettini, participó
también activamente de las conspiraciones contra Angulo Barturen.
Bettini receló siempre del embajador saliente de España, porque éste informaba
puntual y detalladamente al gobierno español de la situación de las empresas de
ese país, que Bettini trataba de maquillar en Madrid.

