Agosto de 2006
Por Gerardo José González
Hijo de gallegos.
La condición insular de Cuba es un determinante esencial de su historia.
Por ella España la mantuvo, como a las Filipinas, hasta fin del siglo.
Por lo mismo, Castro ganó su pequeña guerra contra Batista y resistió la
invasión de Cochinos.
Y cuando los rusos la convirtieron en un portamisiles terrestre pegado a la
costa este norteamericana, hubieron de levantarlo, bajo amenaza de voladura
atómica.
Por ser isla Haití fue la primera colonia en independizarse.
Y la mente va hacia la rubia Albión, cabeza del mayor imperio moderno, frente a
la cual Hitler nunca aceptó planes serios de invasión.
La experiencia castrista fue un fracaso total. Es uno de los países más pobres
del continente.
Ernesto Guevara Lynch es un doble fracaso.
La exportación del modelo revolucionario cubano,
sustentado en envejecidas teorías trotskistas, recibió el repudio unánime y formal de los países integrantes de la OEA, hecho que no se suele mencionar. Además, de la aniquilación de todos los intentos guerrilleros basados en el modelo cubano. Brasil, Argentina, Chile, Uruguay, Paraguay, Bolivia, Venezuela, Ecuador, destruyeron a las guerrillas en su momento. En Colombia envejecieron en territorios sin incidencia económica o social.
En Perú son un residuo minúsculo. Y en México son una protesta más bien
ecológica e indigenista.
Los pueblos de Iberoamérica lo saben.
Solo entreveo para Cuba, a la muerte de Fidel, un debilitamiento del tipo
soviético, porque gobiernan los gerontes de la revolución.
Y es sabido que los gerontes castran siempre a sus hijos, valga el parecido lacaniano.
Notas relacionadas :
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Cuba: la revolución es un sueño eterno
