9 de agosto de 2006
Por Ricardo A Romano
Reunida en Córdoba el mes pasado, la dirigencia del Mercosur demostró haber
olvidado cuál es la finalidad de una integración regional.
Del mismo modo que las posibilidades de realización de un individuo son mayores
en el marco de una comunidad que progresa, las perspectivas de crecimiento de un
país se ven potenciadas –o comprometidas- por el contexto regional en el que
debe actuar.
La regionalización está a la orden del día mundial desde que la década de los
90 trajo la aceleración del proceso de globalización. La mayoría de las naciones
han comprendido que la integración con sus vecinos es la mejor respuesta a ese
desafío. El indispensable incremento de la productividad para una competencia
cada vez más generalizada está estrechamente vinculado a una economía de escala;
la previsibilidad y la estabilidad, resultantes del establecimiento de reglas de
juego compartidas, son elementos fundamentales para atraer inversiones
productivas; finalmente, el consenso político que se logre da mayor peso a la
región respecto de cada país individualmente considerado e incrementa las
posibilidades de intervenir y de hacerse oír en los foros y organismos
internacionales donde se compone la decisión mundial.
Ahora bien, una integración regional en serio es una tarea de largo
aliento, en la que se avanza paso a paso, consolidando cada etapa antes de
lanzarse a la siguiente. El ritmo puede variar, habrá momentos de aceleración
alternados con otros de pausa, pero algo está claro: la grandilocuencia es
enemiga de los logros. Tenemos una experiencia reciente: en diciembre de
2004, el improvisado lanzamiento de una Comunidad Sudamericana de la que ya
nadie se acuerda. No se crea un espacio de convivencia común entre naciones con
pases de magia.
La grandilocuencia genera escepticismo. Por eso a nadie debe sorprender que,
tras la Cumbre de Presidentes del Mercosur en Córdoba, los países serios
prefieran concentrarse en iniciativas bilaterales. Pero el escepticismo no
embarga sólo a los protagonistas de la integración: también a los espectadores.
El mundo entero toma nota. Si alguien duda de que así sea, basta ver la
repercusión que tuvo, por ejemplo, la sanción de la ley de superpoderes por el
Parlamento argentino. The Economist informó que “el Congreso argentino votó
la cesión al Ejecutivo del derecho de alterar el presupuesto nacional como le
parezca, siempre que el monto total del mismo no se modifique. La decisión
fortalece los ya robustos poderes del presidente a expensas de la débil
legislatura”.
En la reunión de Córdoba no estuvieron en la agenda los temas que debían
estar: las políticas de largo plazo, la hoja de ruta de una integración
consensuada, los acuerdos que permitan afrontar unidos los desafíos del mundo
globalizado, potenciando sus oportunidades y minimizando sus acechanzas. Por el
contrario, lo que estuvo a la orden del día fue la desmesura: un Banco
del Sur sacado de la galera -por eso de inmediato Brasil expresó su desacuerdo-,
un parlamento regional que sólo será decorativo en un bloque que aún no ha sido
capaz de ceder facultades a estructuras supranacionales, un ejército
sudamericano y, como corolario, el grito de guerra al capitalismo que Chávez
lanzó de Córdoba al mundo: “Socialismo o barbarie”. Consigna peligrosa ya
que la gente puede llegar a preferir lo segundo, como lo demuestran muchos
cubanos que desafían al mar para huir del régimen comunista.
El comandante bolivariano lo había dicho al llegar: “Mañana vamos a vivir
otro Cordobazo”. Y se confirmó una vez más aquella ley que a Marx le fue
inspirada por la distancia que mediaba entre Napoleón Bonaparte y su sobrino:
“La Historia se repite. La primera vez como tragedia. La segunda vez como farsa".
Seguramente fue por eso que la consigna setentista “si Evita viviera sería
montonera” fue aggiornada por Enrique Gorriarán Merlo, organizador del
cordobazo bolivariano: “si Santucho viviera sería pingüino”.
La comedia representada por Fidel y su ahijado venezolano pudo haber distraído
transitoriamente la atención de la verdadera marcha del Mercosur pero la
realidad es que, mientras en el campus de la Universidad de Córdoba se cantaban
loas a la hermandad latinoamericana, Tabaré Vázquez formulaba una propuesta de
diálogo que ni siquiera fue respondida; Julio De Vido le hacía a Michelle
Bachelet promesas que no cumpliría; Kirchner y Fidel se mostraban mutuamente
ofendidos; Brasil todavía no había resuelto su diferendo por el gas con Bolivia;
Paraguay aceptaba a regañadientes apoyar la candidatura de Venezuela al Consejo
de Seguridad de la ONU y esperaba vanamente una solución a su deuda por Yaciretá;
Evo Morales abreviaba su visita mientras que su vicepresidente, Alvaro García
Linera, aparecía en la pantalla de la CNN para explicar, desde USA donde se
encontraba en gira oficial, que Estados Unidos es "un aliado estratégico”
para su país; la Asamblea de Gualeguaychú, bendecida por el canciller Taiana,
anunciaba un boicot al turismo en Uruguay; este país volvía a la carga con su
intención de firmar un tratado de libre comercio con Washington; y Lula no podía
disimular su malhumor por el histrionismo chavista.
Frente a estos resultados, cuesta entender a qué se refiere Kirchner cuando dice
que “Chávez trabaja con voluntad para la integración de América, siempre lo
he visto trabajar para la integración, tuvo actitudes muy dignas y solidarias
con Argentina, con el tema energético, con inversiones. Los argentinos debemos
estar muy agradecidos con el presidente Chávez”.
Coherente con la idea de integración que se desprende de estas definiciones,
decidió no asistir a la asunción del nuevo presidente peruano. Sería bueno que
Kirchner, siempre dispuesto a acusar a la oposición de defender intereses
sectoriales, explique cuál es el interés general y permanente de la Argentina
que él defendió al desairar al mandatario de un país que se solidarizó con
nosotros durante el conflicto de Malvinas –y no de palabra, como Chávez- y
que tiene inscripto en su Constitución el deber de defender la soberanía de la
Argentina. Es natural que quien ha elegido como madre a Hebe de Bonafini, olvide
que con los peruanos compartimos un mismo padre espiritual: José de San Martín.
Aportando a la optimista versión oficial sobre la última Cumbre del Mercosur, un
columnista de Página 12 destacó “la presencia de Venezuela” como “un
factor de reequilibrio (?!) entre la Argentina y Brasil”. Y se congratuló
porque el Mercosur acentuó “su perfil social, político y cultural junto al
económico, definido como un espacio para el bienestar y el crecimiento dentro de
una comunidad política y productiva”. Esto no es más que palabrerío, muy al
tono con el risible diagnóstico de la resucitación de un Mercosur cuya extinción
era –según los referentes K y los medios de comunicación aceitados- un
diagnóstico de la “derecha”, fantasma siempre invocado para justificar cualquier
tropiezo oficial.
Esta distorsionada versión de los hechos fue sustentada por el nuevo
“comandante” de la revolución continental y flamante vocero del bloque, Hugo
Chávez, en una de sus parrafadas en Córdoba: “El Mercosur entró en una etapa
crítica luego de nacer en 1991, bajo la influencia del neoliberalismo”. Si
hubo una época en la cual el Mercosur cumplió su objetivo fue en los 90, cuando
la integración regional funcionó como polo de atracción de inversiones de las
que todavía sacan provecho los críticos de esa década. Curiosamente, los
problemas empezaron cuando llegaron a los gobiernos de los países sudamericanos
fuerzas políticas enamoradas de la retórica de la integración pero poco
conscientes de lo que ella significa realmente. El resultado está a la vista y
si el Mercosur tuvo por objeto potenciar las posibilidades de todos los países
que lo integran, la presencia de Hugo Chávez va en sentido contrario de ese
objetivo pues apunta a convertirlo en mera caja de resonancia mundial de sus
delirios. Por eso, apenas concluida la Cumbre, se tomó un avión para aterrizar
en Bielorrusia, último reducto del comunismo europeo oriental. "Debemos hacer
realidad la consigna de Lenin sobre el carácter inaceptable de la explotación
del hombre por el hombre”, declaró Chávez desde un país con el cual
Venezuela tiene un intercambio comercial tan elevado como de.... 16 millones de
dólares.
Página 12 tituló en tapa: “La llegada de Fidel se transformó en el verdadero
punto de partida de la cumbre del Mercosur”. Efectivamente, la medida de la
degradación del Mercosur estuvo dada por el protagonismo que tuvo en Córdoba
Fidel (mi único heredero es Raúl) Castro. La comedia del Cordobazo se completó
con Hebe de Bonafini compartiendo el palco con un aliado de la dictadura que
asesinó a sus hijos. Y una visita a la casa donde Ernesto Guevara pasó su
infancia, por parte del comandante que lo envió a su misión imposible y suicida,
pues no había lugar en Cuba para dos carismáticos.
A los jóvenes de hoy podríamos disculparlos por la ignorancia de una etapa que
no vivieron. Pero la ceguera ideológica de los setentistas –hoy muchachones de
cincuenta o sesenta- es imperdonable. Kezia McKeague, investigadora del Centro
para la Apertura y el Desarrollo de América Latina, recuerda el respaldo
diplomático que le brindó la Unión Soviética y todo el bloque de países
comunistas a la dictadura argentina de 1976. Y señala que ello fue especialmente
evidente en 1979 cuando la comisión de Derechos Humanos de la ONU estuvo a punto
de sancionar al gobierno argentino por su política represiva y esa condena fue
evitada gracias al apoyo crucial y muy activo de.... ¡Cuba! El entonces
embajador argentino en Ginebra, recuerda que las relaciones diplomáticas entre
el régimen de Videla y el de Castro eran “óptimas” y “extremadamente
cercanas”. La autora del informe se pregunta, con toda lógica: “¿Por qué
un régimen comunista –el cubano- apoyó a una junta militar fervientemente
represiva cuyo principal objetivo era eliminar la subversión de izquierda?”.
Pero su respuesta es ingenua: “Ambos gobiernos violaban los derechos humanos
de sus ciudadanos”.
La realidad es que, en el contexto del sistema de dominación bifronte de la
Guerra Fría, Fidel Castro convirtió a los cubanos, con el argumento de
liberarlos de un imperio, en mercenarios de otro. El tema era que no se cortara
el suministro de trigo argentino a Rusia. Punto. No existe imperio bueno e
imperio malo. La división del trabajo que Moscú le impuso a La Habana no tenía
nada que envidiarle al colonialismo del siglo XIX. Por eso Cuba no fue
industrializada. Por eso, como en otro tiempo los cipayos al servicio del
Imperio Británico, los cubanos debían derramar su sangre en el Congo, en Angola,
en Bolivia o en cualquier otro escenario donde los rusos estuvieran enfrentando
los intereses norteamericanos sin poder hacerlo directamente por el riesgo de
desatar una guerra nuclear.
Huber Matos, uno de los jefes de la revolución cubana que luego cayó en
desgracia y sufrió persecución y cárcel, afirma; “No creo que Raúl
(Castro) pueda ni siquiera completar meses en el poder cuando quede
completamente solo”. Sí, eso es lo que indica la lógica. Pero la lógica
también indicaba, a principios de los 90, que Fidel tenía muy pocas
posibilidades de supervivencia luego del desmembramiento de la URSS. Allí sigue
sin embargo y no falta el ingenuo que alabe su “coraje” e
“intransigencia” frente al “imperio”.
Horacio Verbitsky, que no es ingenuo, ha definido recientemente a Fidel
Castro como “el líder anciano que durante décadas de soledad sostuvo sin
desmayos el decoro americano frente a Estados Unidos”. ¿Soledad? Hasta la
caída del Muro de Berlín, la isla estuvo sostenida por Moscú. Hoy, Cuba mantiene
relaciones diplomáticas con casi todas las naciones del planeta. Los tiempos del
bloqueo económico y político, cuando era un enclave soviético en el Caribe,
están bien terminados.
Sobre Cuba no pesa ningún bloqueo, excepto el interno, es decir, la
prohibición a todo cubano de circular libremente, expresarse políticamente,
disentir, etc. Existe sí un embargo comercial de EEUU que
prácticamente ningún otro país del mundo respeta. Para que se entienda la
diferencia, bloqueo es lo que sufrió Irak en los 90, cuando no podía comerciar
libremente con prácticamente ningún país y debía limitarse a un trueque de
petróleo por alimentos y medicinas, arbitrado por la ONU. Cuba, en cambio, puede
comerciar hoy con casi todo el mundo y recibe inversiones extranjeras con un
régimen por demás liberal en cuanto a repatriación de ganancias, curioso en un
país que aún se define comunista. Más aún, el de Cuba es un embargo muy raro ya
que no evita que uno de los países al que más le compra actualmente sea... ¡EEUU!
La mayoría de los norteamericanos (sean turistas, inversores o comerciantes)
desconoce el embargo dictado por su gobierno, y está bien que así sea.
La misma superchería del enfrentamiento con el imperio es asumida por Hugo
Chávez, el verdadero heredero de Fidel. Este último se preguntó en Córdoba, si
su par venezolano hubiese sido derrocado, “¿adónde iría todo ese
petróleo? A Estados Unidos”. Pero, ¿adónde cree que va ahora?
Por otra parte, no le faltaron a Cuba en estos años manos tendidas. Su
Santidad Juan Pablo II visitó ese país –algo que ni el mismo Castro hubiera
soñado jamás- con un mensaje fraternal: que Cuba se abra al mundo y que el mundo
se abra a Cuba. El mundo se ha abierto a Cuba, pero no hubo contrapartida. La
Unión Europea ha volcado inversiones y subsidios en la isla con gran
generosidad. Pero la paciencia se le terminó frente a un líder máximo emperrado
en seguir manteniendo a los cubanos en estado de letargo político. Los
fusilamientos del año 2003 fueron la gota que rebasó ese vaso.
Sólo un necio puede no darse cuenta de que Fidel necesita el embargo para
justificar la concentración del poder y su negativa a conceder libertades en
Cuba (de prensa, de opinión, de asociación, etc, están todas conculcadas). El
escritor franco argelino Albert Camus (que era de izquierda y militó en el PC
hasta que lo echaron por criticar a Stalin) decía: "Las tiranías dicen
siempre que son provisionales. Se nos explica que hay una gran diferencia entre
la tiranía reaccionaria y la progresista. Habría así campos de concentración que
van en el sentido de la historia (...) Si la tiranía, incluso progresista, dura
más de una generación, ella significa para millones de hombres una vida de
esclavos y nada más". Para los cubanos, la tiranía progresista ya ha durado
más de una generación. ¿Qué clase de revolución es la que, a 50 años de su
éxito, todavía necesita derramar sangre de cubanos para mantenerse? Si la
revolución está tan arraigada y los cubanos son tan fidelistas, ¿cuál es el
problema de que haya apertura política?
La única razón es que Fidel cumple un rol en el orden mundial. La verdad sobre
su supervivencia la expresó con toda claridad el líder polaco Lech Walesa,
cuando responsabilizó a Estados Unidos por “mantener a Cuba como un museo
del marxismo leninismo”.
Demostrando que la ceguera ideológica no es sólo de izquierda, en su habitual
columna del Miami Herald, Andrés Oppenheimer formuló algunas recomendaciones a
George Bush respecto de Cuba: “Mantenga un perfil bajo. No haga declaraciones
agresivas que pudieran ayudar al régimen cubano a perpetuar el mito de que Cuba
está a punto de ser invadida militarmente (...) La manera más eficaz de acelerar
una transición a la democracia sería que EEUU diga lo menos posible o no diga
nada”. Consejos muy sensatos, pues está claro que la apertura, que hubiese
sido letal para Fidel, lo sería mucho más para su hermano. Pero el autor no se
pregunta por qué no se ha seguido con Cuba ese camino de sensatez, considerando
que, como él dice, las agresiones verbales y el bloqueo son el combustible del
régimen autoritario.
Es muy posible entonces que haya que volver a tenderle una mano al pueblo
cubano, no sea cosa que, pese a sostener lo contrario, haya quienes prefieran
ayudar a Raúl Castro a mantenerse como continuador de una tiranía autárquica que
sirva de mal ejemplo o de contra ejemplo al mundo. En palabras de Walesa, de
“museo”. Esa sería la única chance del “heredero” dinástico de
mantenerse en el poder.
La misma ignorancia y el mismo desinterés por cuestiones estratégicas que el
kirchnerismo exhibe en materia de política exterior guían su desempeño en lo
interno.
Es por ello que no ha imaginado ni consensuado ninguna solución de fondo a los
problemas del país mientras que la prepotencia tiñe tanto las relaciones
internacionales como las internas.
El administrador apostólico de la diócesis de La Rioja, Roberto Queirolo,
describió con crudeza la situación de extorsión que viven las provincias
argentinas, al señalar que “lacras” como la “pobreza” y la
“desigualdad de oportunidades” son posibles “cuando se premia el apoyo
partidario más que la responsabilidad y capacidad para gestionar la cosa pública
o cuando la facción política está por encima del bien común”. Y lo
ejemplificó con el caso de La Rioja,: “Se nos dijo persistentemente que para
que nuestras necesidades fueran atendidas, debíamos someternos a los
requerimientos del signo gobernante en el nivel nacional. Había que borrar de la
escena política al incómodo referente local, entonces el favor de lo alto se
concretaría en generosas dádivas”. Y concluyó preguntándose: “¿Quién o
quiénes creen tener el derecho de humillarnos de tal forma?”.
El espacio de la dignidad lo ocupó esta vez también Hermes Binner, ex intendente
socialista de Rosario, al defender a un diputado de su partido, cuestionado por
asistir a una misa “por la reconciliación nacional”, mala palabra en el
diccionario K. “Yo acepto lo que hizo Zancada porque hay que conocer la
esencia del catolicismo para saber lo que significa el perdón”.
Y en cuanto a soluciones de fondo, el titular de la cartera de Educación acaba
de presentar pomposamente los resultados de una encuesta -como si ésta hubiese
sido necesaria - para saber que la gente quiere una educación de calidad, que
ofrezca a todos las mismas posibilidades. El ministro anunció además que se
propone fijar la obligatoriedad de la escuela secundaria, sin explicar qué
medios se arbitrarán para que esto sea posible. Es como cuando incrementó el
número de días de clase obligatorios para 2005 con el resultado de que ese año,
¡70% de los alumnos no pudo completar los 180 días de clase establecidos!
El “chantismo” no se limita a lo educativo, desde ya. La falta de previsibilidad
en materia energética puede derivar en que la Argentina deba volver a importar
petróleo liviano en el corto plazo, perdiendo así el autoabastecimiento logrado
desde 1992.
El ex ministro de Economía de Kirchner, que debe saber de lo que habla, se
refirió recientemente al “capitalismo de amigos”. En efecto, tal es el criterio
que rige la política “productivista” del gobierno y en particular la obra
pública. Ejemplo de esto es el “tren bala” entre Rosario y Buenos Aires. ¿Tiene
sentido una inversión de casi 1000 millones de dólares en un tren de pasajeros
que no será rentable cuando el campo, que hoy lidera la recuperación económica,
necesitaría para potenciar su productividad una mejora del sistema de
transportes: trenes de carga, caminos rurales, rutas?
El anuncio del plan ganadero oficial es una película que ya vimos. Cuando en
abril de 2004, Juan Carlos Blumberg llenó la plaza del Congreso de ciudadanos
desesperados por el incremento de la violencia delictiva, Gustavo Béliz,
entonces ministro de Justicia y Seguridad, presentó un pomposo plan cuyos
resultados podemos seguir esperando. Ahora, cuando el campo realiza uno de los
paros más contundentes de que se tenga memoria desde la década del 80, el
gobierno presenta un plan que, como el de seguridad, es un compilado de
objetivos que nadie sabe cómo se cumplirán. Como dijo Luciano Miguens en la
Rural “ningún plan será exitoso si no está basado en reglas claras y
permanentes” . Ni hablar del consenso que, en este caso, no existió, pues el
Gobierno elaboró el plan en solitario, entre gallos y medianoche. Por eso el
presidente de la Sociedad Rural también señaló que “sentarse a hablar no es
traicionar mandatos ni resignar principios”.
En concreto, el gobierno sólo da respuestas de circunstancia y deja que el
rencor le nuble la visión. La mejor prueba de esto es que, no conforme con no
asistir él a la inauguración de la Exposición Rural, este año Kirchner no
permitió que asistiese ningún miembro de su Gabinete. Además, ni Jorge Obeid ni
Felipe Solá, gobernadores de las dos provincias más ganaderas del país, se
dignaron a recibir a los productores agropecuarios para entablar un diálogo.
Javier Ordoqui, dirigente rural bonaerense, le reclamó a Solá, que “deje de
hacer de cuenta que no existimos.” Debe ser por esto, y por las cuentas
provinciales en rojo, que ese gobernador quiere ser reelecto.
El resultado de la necedad y la improvisación es que las oportunidades que el
mercado mundial está brindando, por ejemplo a los países productores de carne,
han sido aprovechadas de modo muy dispar: la suma de las exportaciones de
Brasil, Uruguay y Argentina representa nada menos que el 40% del total mundial.
Pero mientras que en los últimos años, las exportaciones de Argentina crecieron
un 49%, las de Uruguay lo hicieron un 179% y las de Brasil un 270%. Esto prueba
que, como dijo Monseñor Roberto Rodríguez, “vamos avanzando porque Dios y el
campo nos ayudan”.
De 1999 a la fecha, 362 policías fueron asesinados en el país. Y, ante el
recrudecimiento de la violencia delictiva en las últimas semanas, el Ministro
del área balbucea explicaciones: "Se trata de delitos de menor cuantía [y]
hay un montón de delitos (que se denuncian) que no son reales, que son o
autorrobos [¡sic!] o cosas que estamos estudiando”.
Ambos planes, el de seguridad de ayer y el ganadero de hoy, fueron respuestas de
compromiso de un Gobierno que no considera que sea parte de su responsabilidad
el solucionar los problemas y contribuir a consolidar una recuperación que, como
dijo el citado Obispo Rodríguez, debemos a Dios y al campo.
El único plan que el Gobierno cumple es el de inversión cero. A eso apunta por
ejemplo la bendición oficial a los cortes de rutas y de pasos fronterizos
internacionales, otro detalle del que se notificará el mundo entero: el Gobierno
de un país en serio justifica que sus ciudadanos interrumpan el tránsito en una
frontera en nombre de “la libertad de expresión”.
Y para aportar a la imprevisibilidad política, un amante de la firma de decretos
como Kirchner, se resiste a disipar dudas sobre la fecha de las elecciones,
sometiendo una vez más la institucionalidad a sus conveniencias personales.
“El problema de los déficits gemelos en la Argentina fue reemplazado por
otro, que es la falta de competitividad y de inversiones”, señaló Mario
Blejer, ex presidente del Banco central. Y Carlos Tramutola, asesor en
inversiones y planeamiento estratégico, opinó que “los problemas de la
Argentina se solucionan sólo y nada más que con inversión” para lo cual son
necesarias “grandes y sólidas políticas de Estado, aquellas en las que los
referentes y autoridades principales del sector público y del sector privado,
políticos, empresarios, sindicalistas, concuerden algunos lineamientos básicos a
muy largo plazo que no sean motivo de cambio pendular de gobierno a gobierno”.
Un informe del Banco Mundial señala que en 2007 América Latina seguirá siendo la
región del mundo en desarrollo que menos crecerá, en comparación con África,
Medio Oriente, Asia y Europa del Este. “América Latina no logra que los
inversionistas locales y extranjeros pongan su dinero en la región, mientras que
otros países emergentes están alcanzando tasas de inversión mucho más altas”,
dijo Paulo Leme, director general para mercados emergentes del banco de
inversión Goldman Sachs.
En consecuencia, una de las responsabilidades de la hora es, en lo interno, la
de construir el puente político que nos permita transitar de un capitalismo de
amigos a un capitalismo al servicio de una economía eficiente, competitiva y
solidaria; y, en lo externo, retomar el camino de una integración que le
devuelva protagonismo y atractivo al bloque regional.
En San Cayetano, donde miles de argentinos se congregaron para pedir trabajo, el
padre Gerardo Castellano, señaló: "Cuando los funcionarios dicen que el país
está mejor, la gente se pregunta de quién están hablando, porque ellos no
consiguen trabajo, van a un hospital y no se sienten escuchados o, cuando
necesitan justicia, no la encuentran”.
Pero el gobierno no está sólo distraído en lo interno. El mundo asiste hoy
conmocionado a un nuevo estallido bélico en Medio Oriente. Puede parecer lejano,
pero el escenario internacional es uno sólo y ese conflicto tendrá consecuencias
para todos.
En este marco, el gobierno del Brasil reaccionó con dureza a la iniciativa de
algunos parlamentarios norteamericanos que se disponen a solicitarle a George
Bush la creación de una “fuerza de tareas” para la lucha contra el terrorismo en
áreas “sensibles” del continente como la Triple Frontera donde, según ellos,
“Hezbollah mantiene una red de financiamiento y reclutamiento” . En tanto,
absorbida por la pelea con Uruguay, la cancillería argentina todavía no se
pronunció oficialmente sobre el tema. Más aún, una de las autoras del
proyecto le señaló al diario Clarín que “nosotros informamos al Gobierno
argentino sobre esta resolución. Nunca hubo una objeción”. Y no olvidemos
que la muy setentista Felisa Miceli firmó sin chistar un acuerdo con el Tesoro
norteamericano para establecer “una unidad de transparencia comercial”
con el mismo fin: vigilar las transacciones financieras en esa zona.
Los problemas irresueltos en lo interno y las acechanzas externas marcan el
imperativo de trabajar por una Argentina integrada a sí misma y al mundo.
Esto, lamentablemente, no forma parte de las preocupaciones oficiales. Néstor
Kirchner acaba de criticar a los “dirigentes de la política argentina que
dicen que acá la reconciliación es un elemento central para reconstruir la
sociedad”. El resentimiento y la diatriba hacia el pasado siguen siendo la
excusa favorita de la inoperancia presente.
La lucha por el poder en el seno de Estados Unidos llegó a los límites de hacer
coincidir, por ejemplo, a Horacio Verbitsky y al CELS con Hugo Chávez en una
observación común respecto del conflicto de Medio Oriente. Sin embargo, no hay
discusión interna en esta potencia respecto de hacer responsable a la Triple
Frontera ni más ni menos que de la financiación de una de las organizaciones que
participan del conflicto de Medio Oriente.
Por ello, los argentinos debemos estar más unidos que nunca y fraternalmente
integrados a nuestros vecinos, pues, como dijo el Cardenal Jorge Bergoglio, “felices
si nos oponemos al odio y al permanente enfrentamiento, porque no queremos el
caos y el desorden que nos dejan rehenes de los imperios”.
