MERCOSUR: EL ZOO DE CRISTAL

 

9 de agosto de 2006

Por Ricardo A Romano


Reunida en Córdoba el mes pasado, la dirigencia del Mercosur demostró haber olvidado cuál es la finalidad de una integración regional.

Del mismo modo que las posibilidades de realización de un individuo son mayores en el marco de una comunidad que progresa, las perspectivas de crecimiento de un país se ven potenciadas –o comprometidas- por el contexto regional en el que debe actuar.


La regionalización está a la orden del día mundial desde que la década de los 90 trajo la aceleración del proceso de globalización. La mayoría de las naciones han comprendido que la integración con sus vecinos es la mejor respuesta a ese desafío. El indispensable incremento de la productividad para una competencia cada vez más generalizada está estrechamente vinculado a una economía de escala; la previsibilidad y la estabilidad, resultantes del establecimiento de reglas de juego compartidas, son elementos fundamentales para atraer inversiones productivas; finalmente, el consenso político que se logre da mayor peso a la región respecto de cada país individualmente considerado e incrementa las posibilidades de intervenir y de hacerse oír en los foros y organismos internacionales donde se compone la decisión mundial.

Ahora bien, una integración regional en serio es una tarea de largo aliento, en la que se avanza paso a paso, consolidando cada etapa antes de lanzarse a la siguiente. El ritmo puede variar, habrá momentos de aceleración alternados con otros de pausa, pero algo está claro: la grandilocuencia es enemiga de los logros. Tenemos una experiencia reciente: en diciembre de 2004, el improvisado lanzamiento de una Comunidad Sudamericana de la que ya nadie se acuerda. No se crea un espacio de convivencia común entre naciones con pases de magia.

La grandilocuencia genera escepticismo. Por eso a nadie debe sorprender que, tras la Cumbre de Presidentes del Mercosur en Córdoba, los países serios prefieran concentrarse en iniciativas bilaterales. Pero el escepticismo no embarga sólo a los protagonistas de la integración: también a los espectadores. El mundo entero toma nota. Si alguien duda de que así sea, basta ver la repercusión que tuvo, por ejemplo, la sanción de la ley de superpoderes por el Parlamento argentino. The Economist informó que “el Congreso argentino votó la cesión al Ejecutivo del derecho de alterar el presupuesto nacional como le parezca, siempre que el monto total del mismo no se modifique. La decisión fortalece los ya robustos poderes del presidente a expensas de la débil legislatura”.


Si Santucho viviera...

En la reunión de Córdoba no estuvieron en la agenda los temas que debían estar: las políticas de largo plazo, la hoja de ruta de una integración consensuada, los acuerdos que permitan afrontar unidos los desafíos del mundo globalizado, potenciando sus oportunidades y minimizando sus acechanzas. Por el contrario, lo que estuvo a la orden del día fue la desmesura: un Banco del Sur sacado de la galera -por eso de inmediato Brasil expresó su desacuerdo-, un parlamento regional que sólo será decorativo en un bloque que aún no ha sido capaz de ceder facultades a estructuras supranacionales, un ejército sudamericano y, como corolario, el grito de guerra al capitalismo que Chávez lanzó de Córdoba al mundo: “Socialismo o barbarie”. Consigna peligrosa ya que la gente puede llegar a preferir lo segundo, como lo demuestran muchos cubanos que desafían al mar para huir del régimen comunista.

El comandante bolivariano lo había dicho al llegar: “Mañana vamos a vivir otro Cordobazo”. Y se confirmó una vez más aquella ley que a Marx le fue inspirada por la distancia que mediaba entre Napoleón Bonaparte y su sobrino: “La Historia se repite. La primera vez como tragedia. La segunda vez como farsa".

Seguramente fue por eso que la consigna setentista “si Evita viviera sería montonera” fue aggiornada por Enrique Gorriarán Merlo, organizador del cordobazo bolivariano: “si Santucho viviera sería pingüino”.

La comedia representada por Fidel y su ahijado venezolano pudo haber distraído transitoriamente la atención de la verdadera marcha del Mercosur pero la realidad es que, mientras en el campus de la Universidad de Córdoba se cantaban loas a la hermandad latinoamericana, Tabaré Vázquez formulaba una propuesta de diálogo que ni siquiera fue respondida; Julio De Vido le hacía a Michelle Bachelet promesas que no cumpliría; Kirchner y Fidel se mostraban mutuamente ofendidos; Brasil todavía no había resuelto su diferendo por el gas con Bolivia; Paraguay aceptaba a regañadientes apoyar la candidatura de Venezuela al Consejo de Seguridad de la ONU y esperaba vanamente una solución a su deuda por Yaciretá; Evo Morales abreviaba su visita mientras que su vicepresidente, Alvaro García Linera, aparecía en la pantalla de la CNN para explicar, desde USA donde se encontraba en gira oficial, que Estados Unidos es "un aliado estratégico” para su país; la Asamblea de Gualeguaychú, bendecida por el canciller Taiana, anunciaba un boicot al turismo en Uruguay; este país volvía a la carga con su intención de firmar un tratado de libre comercio con Washington; y Lula no podía disimular su malhumor por el histrionismo chavista.

Frente a estos resultados, cuesta entender a qué se refiere Kirchner cuando dice que “Chávez trabaja con voluntad para la integración de América, siempre lo he visto trabajar para la integración, tuvo actitudes muy dignas y solidarias con Argentina, con el tema energético, con inversiones. Los argentinos debemos estar muy agradecidos con el presidente Chávez”.

Coherente con la idea de integración que se desprende de estas definiciones, decidió no asistir a la asunción del nuevo presidente peruano. Sería bueno que Kirchner, siempre dispuesto a acusar a la oposición de defender intereses sectoriales, explique cuál es el interés general y permanente de la Argentina que él defendió al desairar al mandatario de un país que se solidarizó con nosotros durante el conflicto de Malvinas –y no de palabra, como Chávez- y que tiene inscripto en su Constitución el deber de defender la soberanía de la Argentina. Es natural que quien ha elegido como madre a Hebe de Bonafini, olvide que con los peruanos compartimos un mismo padre espiritual: José de San Martín.

Aportando a la optimista versión oficial sobre la última Cumbre del Mercosur, un columnista de Página 12 destacó “la presencia de Venezuela” como “un factor de reequilibrio (?!) entre la Argentina y Brasil”. Y se congratuló porque el Mercosur acentuó “su perfil social, político y cultural junto al económico, definido como un espacio para el bienestar y el crecimiento dentro de una comunidad política y productiva”. Esto no es más que palabrerío, muy al tono con el risible diagnóstico de la resucitación de un Mercosur cuya extinción era –según los referentes K y los medios de comunicación aceitados- un diagnóstico de la “derecha”, fantasma siempre invocado para justificar cualquier tropiezo oficial.

Esta distorsionada versión de los hechos fue sustentada por el nuevo “comandante” de la revolución continental y flamante vocero del bloque, Hugo Chávez, en una de sus parrafadas en Córdoba: “El Mercosur entró en una etapa crítica luego de nacer en 1991, bajo la influencia del neoliberalismo”. Si hubo una época en la cual el Mercosur cumplió su objetivo fue en los 90, cuando la integración regional funcionó como polo de atracción de inversiones de las que todavía sacan provecho los críticos de esa década. Curiosamente, los problemas empezaron cuando llegaron a los gobiernos de los países sudamericanos fuerzas políticas enamoradas de la retórica de la integración pero poco conscientes de lo que ella significa realmente. El resultado está a la vista y si el Mercosur tuvo por objeto potenciar las posibilidades de todos los países que lo integran, la presencia de Hugo Chávez va en sentido contrario de ese objetivo pues apunta a convertirlo en mera caja de resonancia mundial de sus delirios. Por eso, apenas concluida la Cumbre, se tomó un avión para aterrizar en Bielorrusia, último reducto del comunismo europeo oriental. "Debemos hacer realidad la consigna de Lenin sobre el carácter inaceptable de la explotación del hombre por el hombre”, declaró Chávez desde un país con el cual Venezuela tiene un intercambio comercial tan elevado como de.... 16 millones de dólares.

Página 12 tituló en tapa: “La llegada de Fidel se transformó en el verdadero punto de partida de la cumbre del Mercosur”. Efectivamente, la medida de la degradación del Mercosur estuvo dada por el protagonismo que tuvo en Córdoba Fidel (mi único heredero es Raúl) Castro. La comedia del Cordobazo se completó con Hebe de Bonafini compartiendo el palco con un aliado de la dictadura que asesinó a sus hijos. Y una visita a la casa donde Ernesto Guevara pasó su infancia, por parte del comandante que lo envió a su misión imposible y suicida, pues no había lugar en Cuba para dos carismáticos.

A los jóvenes de hoy podríamos disculparlos por la ignorancia de una etapa que no vivieron. Pero la ceguera ideológica de los setentistas –hoy muchachones de cincuenta o sesenta- es imperdonable. Kezia McKeague, investigadora del Centro para la Apertura y el Desarrollo de América Latina, recuerda el respaldo diplomático que le brindó la Unión Soviética y todo el bloque de países comunistas a la dictadura argentina de 1976. Y señala que ello fue especialmente evidente en 1979 cuando la comisión de Derechos Humanos de la ONU estuvo a punto de sancionar al gobierno argentino por su política represiva y esa condena fue evitada gracias al apoyo crucial y muy activo de.... ¡Cuba! El entonces embajador argentino en Ginebra, recuerda que las relaciones diplomáticas entre el régimen de Videla y el de Castro eran “óptimas” y “extremadamente cercanas”. La autora del informe se pregunta, con toda lógica: “¿Por qué un régimen comunista –el cubano- apoyó a una junta militar fervientemente represiva cuyo principal objetivo era eliminar la subversión de izquierda?”. Pero su respuesta es ingenua: “Ambos gobiernos violaban los derechos humanos de sus ciudadanos”.

La realidad es que, en el contexto del sistema de dominación bifronte de la Guerra Fría, Fidel Castro convirtió a los cubanos, con el argumento de liberarlos de un imperio, en mercenarios de otro. El tema era que no se cortara el suministro de trigo argentino a Rusia. Punto. No existe imperio bueno e imperio malo. La división del trabajo que Moscú le impuso a La Habana no tenía nada que envidiarle al colonialismo del siglo XIX. Por eso Cuba no fue industrializada. Por eso, como en otro tiempo los cipayos al servicio del Imperio Británico, los cubanos debían derramar su sangre en el Congo, en Angola, en Bolivia o en cualquier otro escenario donde los rusos estuvieran enfrentando los intereses norteamericanos sin poder hacerlo directamente por el riesgo de desatar una guerra nuclear.

 

La gran superchería

Huber Matos, uno de los jefes de la revolución cubana que luego cayó en desgracia y sufrió persecución y cárcel, afirma; “No creo que Raúl (Castro) pueda ni siquiera completar meses en el poder cuando quede completamente solo”. Sí, eso es lo que indica la lógica. Pero la lógica también indicaba, a principios de los 90, que Fidel tenía muy pocas posibilidades de supervivencia luego del desmembramiento de la URSS. Allí sigue sin embargo y no falta el ingenuo que alabe su “coraje” e “intransigencia” frente al “imperio”.

Horacio Verbitsky, que no es ingenuo, ha definido recientemente a Fidel Castro como “el líder anciano que durante décadas de soledad sostuvo sin desmayos el decoro americano frente a Estados Unidos”. ¿Soledad? Hasta la caída del Muro de Berlín, la isla estuvo sostenida por Moscú. Hoy, Cuba mantiene relaciones diplomáticas con casi todas las naciones del planeta. Los tiempos del bloqueo económico y político, cuando era un enclave soviético en el Caribe, están bien terminados.

Sobre Cuba no pesa ningún bloqueo, excepto el interno, es decir, la prohibición a todo cubano de circular libremente, expresarse políticamente, disentir, etc. Existe sí un embargo comercial de EEUU que prácticamente ningún otro país del mundo respeta. Para que se entienda la diferencia, bloqueo es lo que sufrió Irak en los 90, cuando no podía comerciar libremente con prácticamente ningún país y debía limitarse a un trueque de petróleo por alimentos y medicinas, arbitrado por la ONU. Cuba, en cambio, puede comerciar hoy con casi todo el mundo y recibe inversiones extranjeras con un régimen por demás liberal en cuanto a repatriación de ganancias, curioso en un país que aún se define comunista. Más aún, el de Cuba es un embargo muy raro ya que no evita que uno de los países al que más le compra actualmente sea... ¡EEUU! La mayoría de los norteamericanos (sean turistas, inversores o comerciantes) desconoce el embargo dictado por su gobierno, y está bien que así sea.

La misma superchería del enfrentamiento con el imperio es asumida por Hugo Chávez, el verdadero heredero de Fidel. Este último se preguntó en Córdoba, si su par venezolano hubiese sido derrocado, “¿adónde iría todo ese petróleo? A Estados Unidos”. Pero, ¿adónde cree que va ahora?

Por otra parte, no le faltaron a Cuba en estos años manos tendidas. Su Santidad Juan Pablo II visitó ese país –algo que ni el mismo Castro hubiera soñado jamás- con un mensaje fraternal: que Cuba se abra al mundo y que el mundo se abra a Cuba. El mundo se ha abierto a Cuba, pero no hubo contrapartida. La Unión Europea ha volcado inversiones y subsidios en la isla con gran generosidad. Pero la paciencia se le terminó frente a un líder máximo emperrado en seguir manteniendo a los cubanos en estado de letargo político. Los fusilamientos del año 2003 fueron la gota que rebasó ese vaso.

Sólo un necio puede no darse cuenta de que Fidel necesita el embargo para justificar la concentración del poder y su negativa a conceder libertades en Cuba (de prensa, de opinión, de asociación, etc, están todas conculcadas). El escritor franco argelino Albert Camus (que era de izquierda y militó en el PC hasta que lo echaron por criticar a Stalin) decía: "Las tiranías dicen siempre que son provisionales. Se nos explica que hay una gran diferencia entre la tiranía reaccionaria y la progresista. Habría así campos de concentración que van en el sentido de la historia (...) Si la tiranía, incluso progresista, dura más de una generación, ella significa para millones de hombres una vida de esclavos y nada más". Para los cubanos, la tiranía progresista ya ha durado más de una generación. ¿Qué clase de revolución es la que, a 50 años de su éxito, todavía necesita derramar sangre de cubanos para mantenerse? Si la revolución está tan arraigada y los cubanos son tan fidelistas, ¿cuál es el problema de que haya apertura política?

La única razón es que Fidel cumple un rol en el orden mundial. La verdad sobre su supervivencia la expresó con toda claridad el líder polaco Lech Walesa, cuando responsabilizó a Estados Unidos por “mantener a Cuba como un museo del marxismo leninismo”.

Demostrando que la ceguera ideológica no es sólo de izquierda, en su habitual columna del Miami Herald, Andrés Oppenheimer formuló algunas recomendaciones a George Bush respecto de Cuba: “Mantenga un perfil bajo. No haga declaraciones agresivas que pudieran ayudar al régimen cubano a perpetuar el mito de que Cuba está a punto de ser invadida militarmente (...) La manera más eficaz de acelerar una transición a la democracia sería que EEUU diga lo menos posible o no diga nada”. Consejos muy sensatos, pues está claro que la apertura, que hubiese sido letal para Fidel, lo sería mucho más para su hermano. Pero el autor no se pregunta por qué no se ha seguido con Cuba ese camino de sensatez, considerando que, como él dice, las agresiones verbales y el bloqueo son el combustible del régimen autoritario.

Es muy posible entonces que haya que volver a tenderle una mano al pueblo cubano, no sea cosa que, pese a sostener lo contrario, haya quienes prefieran ayudar a Raúl Castro a mantenerse como continuador de una tiranía autárquica que sirva de mal ejemplo o de contra ejemplo al mundo. En palabras de Walesa, de “museo”. Esa sería la única chance del “heredero” dinástico de mantenerse en el poder.
 

“Chantismo”

La misma ignorancia y el mismo desinterés por cuestiones estratégicas que el kirchnerismo exhibe en materia de política exterior guían su desempeño en lo interno.

Es por ello que no ha imaginado ni consensuado ninguna solución de fondo a los problemas del país mientras que la prepotencia tiñe tanto las relaciones internacionales como las internas.

El administrador apostólico de la diócesis de La Rioja, Roberto Queirolo, describió con crudeza la situación de extorsión que viven las provincias argentinas, al señalar que “lacras” como la “pobreza” y la “desigualdad de oportunidades” son posibles “cuando se premia el apoyo partidario más que la responsabilidad y capacidad para gestionar la cosa pública o cuando la facción política está por encima del bien común”. Y lo ejemplificó con el caso de La Rioja,: “Se nos dijo persistentemente que para que nuestras necesidades fueran atendidas, debíamos someternos a los requerimientos del signo gobernante en el nivel nacional. Había que borrar de la escena política al incómodo referente local, entonces el favor de lo alto se concretaría en generosas dádivas”. Y concluyó preguntándose: “¿Quién o quiénes creen tener el derecho de humillarnos de tal forma?”.

El espacio de la dignidad lo ocupó esta vez también Hermes Binner, ex intendente socialista de Rosario, al defender a un diputado de su partido, cuestionado por asistir a una misa “por la reconciliación nacional”, mala palabra en el diccionario K. “Yo acepto lo que hizo Zancada porque hay que conocer la esencia del catolicismo para saber lo que significa el perdón”.

Y en cuanto a soluciones de fondo, el titular de la cartera de Educación acaba de presentar pomposamente los resultados de una encuesta -como si ésta hubiese sido necesaria - para saber que la gente quiere una educación de calidad, que ofrezca a todos las mismas posibilidades. El ministro anunció además que se propone fijar la obligatoriedad de la escuela secundaria, sin explicar qué medios se arbitrarán para que esto sea posible. Es como cuando incrementó el número de días de clase obligatorios para 2005 con el resultado de que ese año, ¡70% de los alumnos no pudo completar los 180 días de clase establecidos!

El “chantismo” no se limita a lo educativo, desde ya. La falta de previsibilidad en materia energética puede derivar en que la Argentina deba volver a importar petróleo liviano en el corto plazo, perdiendo así el autoabastecimiento logrado desde 1992.

El ex ministro de Economía de Kirchner, que debe saber de lo que habla, se refirió recientemente al “capitalismo de amigos”. En efecto, tal es el criterio que rige la política “productivista” del gobierno y en particular la obra pública. Ejemplo de esto es el “tren bala” entre Rosario y Buenos Aires. ¿Tiene sentido una inversión de casi 1000 millones de dólares en un tren de pasajeros que no será rentable cuando el campo, que hoy lidera la recuperación económica, necesitaría para potenciar su productividad una mejora del sistema de transportes: trenes de carga, caminos rurales, rutas?

El anuncio del plan ganadero oficial es una película que ya vimos. Cuando en abril de 2004, Juan Carlos Blumberg llenó la plaza del Congreso de ciudadanos desesperados por el incremento de la violencia delictiva, Gustavo Béliz, entonces ministro de Justicia y Seguridad, presentó un pomposo plan cuyos resultados podemos seguir esperando. Ahora, cuando el campo realiza uno de los paros más contundentes de que se tenga memoria desde la década del 80, el gobierno presenta un plan que, como el de seguridad, es un compilado de objetivos que nadie sabe cómo se cumplirán. Como dijo Luciano Miguens en la Rural “ningún plan será exitoso si no está basado en reglas claras y permanentes” . Ni hablar del consenso que, en este caso, no existió, pues el Gobierno elaboró el plan en solitario, entre gallos y medianoche. Por eso el presidente de la Sociedad Rural también señaló que “sentarse a hablar no es traicionar mandatos ni resignar principios”.

En concreto, el gobierno sólo da respuestas de circunstancia y deja que el rencor le nuble la visión. La mejor prueba de esto es que, no conforme con no asistir él a la inauguración de la Exposición Rural, este año Kirchner no permitió que asistiese ningún miembro de su Gabinete. Además, ni Jorge Obeid ni Felipe Solá, gobernadores de las dos provincias más ganaderas del país, se dignaron a recibir a los productores agropecuarios para entablar un diálogo. Javier Ordoqui, dirigente rural bonaerense, le reclamó a Solá, que “deje de hacer de cuenta que no existimos.” Debe ser por esto, y por las cuentas provinciales en rojo, que ese gobernador quiere ser reelecto.

El resultado de la necedad y la improvisación es que las oportunidades que el mercado mundial está brindando, por ejemplo a los países productores de carne, han sido aprovechadas de modo muy dispar: la suma de las exportaciones de Brasil, Uruguay y Argentina representa nada menos que el 40% del total mundial. Pero mientras que en los últimos años, las exportaciones de Argentina crecieron un 49%, las de Uruguay lo hicieron un 179% y las de Brasil un 270%. Esto prueba que, como dijo Monseñor Roberto Rodríguez, “vamos avanzando porque Dios y el campo nos ayudan”.

De 1999 a la fecha, 362 policías fueron asesinados en el país. Y, ante el recrudecimiento de la violencia delictiva en las últimas semanas, el Ministro del área balbucea explicaciones: "Se trata de delitos de menor cuantía [y] hay un montón de delitos (que se denuncian) que no son reales, que son o autorrobos [¡sic!] o cosas que estamos estudiando”.

Ambos planes, el de seguridad de ayer y el ganadero de hoy, fueron respuestas de compromiso de un Gobierno que no considera que sea parte de su responsabilidad el solucionar los problemas y contribuir a consolidar una recuperación que, como dijo el citado Obispo Rodríguez, debemos a Dios y al campo.

El único plan que el Gobierno cumple es el de inversión cero. A eso apunta por ejemplo la bendición oficial a los cortes de rutas y de pasos fronterizos internacionales, otro detalle del que se notificará el mundo entero: el Gobierno de un país en serio justifica que sus ciudadanos interrumpan el tránsito en una frontera en nombre de “la libertad de expresión”.

Y para aportar a la imprevisibilidad política, un amante de la firma de decretos como Kirchner, se resiste a disipar dudas sobre la fecha de las elecciones, sometiendo una vez más la institucionalidad a sus conveniencias personales.


Rehenes

“El problema de los déficits gemelos en la Argentina fue reemplazado por otro, que es la falta de competitividad y de inversiones”, señaló Mario Blejer, ex presidente del Banco central. Y Carlos Tramutola, asesor en inversiones y planeamiento estratégico, opinó que “los problemas de la Argentina se solucionan sólo y nada más que con inversión” para lo cual son necesarias “grandes y sólidas políticas de Estado, aquellas en las que los referentes y autoridades principales del sector público y del sector privado, políticos, empresarios, sindicalistas, concuerden algunos lineamientos básicos a muy largo plazo que no sean motivo de cambio pendular de gobierno a gobierno”.

Un informe del Banco Mundial señala que en 2007 América Latina seguirá siendo la región del mundo en desarrollo que menos crecerá, en comparación con África, Medio Oriente, Asia y Europa del Este. “América Latina no logra que los inversionistas locales y extranjeros pongan su dinero en la región, mientras que otros países emergentes están alcanzando tasas de inversión mucho más altas”, dijo Paulo Leme, director general para mercados emergentes del banco de inversión Goldman Sachs.

En consecuencia, una de las responsabilidades de la hora es, en lo interno, la de construir el puente político que nos permita transitar de un capitalismo de amigos a un capitalismo al servicio de una economía eficiente, competitiva y solidaria; y, en lo externo, retomar el camino de una integración que le devuelva protagonismo y atractivo al bloque regional.

En San Cayetano, donde miles de argentinos se congregaron para pedir trabajo, el padre Gerardo Castellano, señaló: "Cuando los funcionarios dicen que el país está mejor, la gente se pregunta de quién están hablando, porque ellos no consiguen trabajo, van a un hospital y no se sienten escuchados o, cuando necesitan justicia, no la encuentran”.

Pero el gobierno no está sólo distraído en lo interno. El mundo asiste hoy conmocionado a un nuevo estallido bélico en Medio Oriente. Puede parecer lejano, pero el escenario internacional es uno sólo y ese conflicto tendrá consecuencias para todos.

En este marco, el gobierno del Brasil reaccionó con dureza a la iniciativa de algunos parlamentarios norteamericanos que se disponen a solicitarle a George Bush la creación de una “fuerza de tareas” para la lucha contra el terrorismo en áreas “sensibles” del continente como la Triple Frontera donde, según ellos, “Hezbollah mantiene una red de financiamiento y reclutamiento” . En tanto, absorbida por la pelea con Uruguay, la cancillería argentina todavía no se pronunció oficialmente sobre el tema. Más aún, una de las autoras del proyecto le señaló al diario Clarín que “nosotros informamos al Gobierno argentino sobre esta resolución. Nunca hubo una objeción”. Y no olvidemos que la muy setentista Felisa Miceli firmó sin chistar un acuerdo con el Tesoro norteamericano para establecer “una unidad de transparencia comercial” con el mismo fin: vigilar las transacciones financieras en esa zona.

Los problemas irresueltos en lo interno y las acechanzas externas marcan el imperativo de trabajar por una Argentina integrada a sí misma y al mundo. Esto, lamentablemente, no forma parte de las preocupaciones oficiales. Néstor Kirchner acaba de criticar a los “dirigentes de la política argentina que dicen que acá la reconciliación es un elemento central para reconstruir la sociedad”. El resentimiento y la diatriba hacia el pasado siguen siendo la excusa favorita de la inoperancia presente.

La lucha por el poder en el seno de Estados Unidos llegó a los límites de hacer coincidir, por ejemplo, a Horacio Verbitsky y al CELS con Hugo Chávez en una observación común respecto del conflicto de Medio Oriente. Sin embargo, no hay discusión interna en esta potencia respecto de hacer responsable a la Triple Frontera ni más ni menos que de la financiación de una de las organizaciones que participan del conflicto de Medio Oriente.

Por ello, los argentinos debemos estar más unidos que nunca y fraternalmente integrados a nuestros vecinos, pues, como dijo el Cardenal Jorge Bergoglio, “felices si nos oponemos al odio y al permanente enfrentamiento, porque no queremos el caos y el desorden que nos dejan rehenes de los imperios”.
 


 

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