EL PADRE DE PLAZA DE MAYO QUE ASUSTA AL GOBIERNO

 

Agosto de 2006

Por Ricardo A. Romano


"Siempre tuve cierta idea de la Francia"
Memorias de Charles De Gaulle

" Siempre tuve cierta idea de Santa Cruz"
¿Kirchner?


El Presidente necesitó tres años y tres meses para tomar nota de que la inseguridad es un problema en la Argentina. Su reacción sin embargo fue efectista y mediática. Además de buscar chivos expiatorios, la campaña de desarme lanzada es un disparate, no porque no sea deseable que los particulares no porten armas -que hoy suceda lo contrario es un signo de nuestra degradación como sociedad- sino porque el contexto es de una altísima violencia delictiva y una absoluta inoperancia oficial para ponerle fin. ¿Acaso los delincuentes se desarmarán voluntariamente? ¿Acaso la inseguridad se debe a que los civiles se arman?

Para colmo, el disparador de la inquietud de la más alta autoridad del Estado no fue el diario padecimiento de los argentinos por este flagelo, sino una encuesta que indica que la inseguridad preocupa mucho a la gente y, más todavía, la perspectiva de una nueva marcha que esta vez no eludirá la Plaza de Mayo. El reclamo llega por fin a donde corresponde que se formule en primer término.

Juan Carlos Blumberg, por su parte, tuvo que recorrer un largo camino, de abril de 2004 hasta aquí, para convencerse de que el Gobierno nacional no tiene capacidad ni voluntad para solucionar este problema. En efecto, a cualquier persona de bien le resulta difícil creer que quien acumula atribuciones, compra voluntades y concentra poder y recursos casi obsesivamente, no lo haga con el fin de dar respuesta a los problemas más acuciantes del país. Entretanto, el acercamiento oficial al ingeniero sólo tuvo por objetivo deslegitimarlo y restarle capacidad de convocatoria; y ello con relativo éxito. Pero la realidad es terca. La inseguridad no es un invento de la prensa y sus dolorosas manifestaciones, sumadas al empecinamiento del oficialismo en no hacerse cargo del problema, volvieron a colocar a Blumberg en primera línea.


El Presidente que no tiene miedo

Asustado por la perspectiva de una plaza llena, el Presidente que no tiene miedo repartió culpas a diestra y siniestra. Y reprendió a sus colaboradores como si éstos hubiesen incumplido directivas suyas sobre el tema. El reto, además, fue público, muestra de la lealtad que profesa a los suyos. La culpa sería de la Policía y de las fuerzas de seguridad, no de quien las conduce. Y Aníbal Fernández apreció al fin la inutilidad de sus desmesurados elogios a la Primera Dama: “el cuadro más importante de la política argentina de los últimos 50 años” (sic).

El diario oficial cae en otro ridículo al denunciar que “Blumberg quiere sitiar (sic) la Casa de Gobierno con una movilización de rubios bien educados”. Dicho esto en defensa de un Gobierno que sitia con piqueteros a empresas con las cuales tiene conflictos, a un ex Presidente al que debe su entronizamiento o bien a gobernadores cuya reticencia a sumarse a su amigable concertación le resulta intolerable.

La Asociación de Magistrados y Funcionarios de la Justicia Nacional expresó su preocupación por “las agresiones, los insultos y las amenazas” que reciben los jueces por parte de grupos de presión y señaló que esto sucede porque se ha instalado la “sensación de que las cosas se logran sólo por la fuerza”. Allí están los ejemplos de Luis D’Elía y Hugo Moyano. Es el clima K.

El humorista Alberto Fernández dice que la de Blumberg “será una marcha más, no nos preocupa”. Debe ser por eso que mandan al frente al inimputable D’Elía. Y a Hebe de Bonafini, la insultadora oficial. Que el Gobierno no se haga cargo de proteger la vida de la gente, ya es costumbre. Que promueva el enfrentamiento entre argentinos es algo de una gravedad incalificable. Ni hablar de la amenaza velada del Jefe de Gabinete: “Que cada uno se haga responsable de lo que hace”.

El Presidente que no tiene miedo, le teme pues a Blumberg y a su capacidad de convocatoria. Le teme a la gente. Por eso intenta descalificarlo diciendo que él no haría campaña con esto. Más le vale, pues sería una campaña en contra.

El Gobierno al que la marcha no preocupa se encarga de prohibir la difusión de la misma en los estadios de fútbol a través de una Subsecretaría de Seguridad en Espectáculos Futbolísticos que, como vemos, no cumple la función para la cual fue creada: poner fin a la violencia en las canchas.

El inefable Adolfo Pérez Esquivel destacó “la decisión política del Gobierno nacional y de algunas provincias, no todas, de fortalecer las instituciones de las fuerzas de seguridad y el rol que éstas deben cumplir”. Debe estar hablando de otro país porque aquí sucede exactamente lo contrario. Y el Gobierno tiene además mala suerte ya que el caso del tirador serial de Belgrano, por ejemplo, lo resolvió de casualidad un agente exonerado en las purgas a repetición del Ministro de Seguridad bonaerense, León Arslanian.

Una cosa es reconocer que los elevados índices de desocupación e indigencia son factores que inciden en el incremento de la delincuencia. Otra muy diferente es concluir por ello que todo delincuente es una suerte de justiciero social merecedor de comprensión y de protección. De impunidad, en suma. Además de una peligrosa identificación entre pobres y delincuentes, si esta teoría fuese cierta, las únicas víctimas de la violencia criminal serían los ricos. ¿Acaso era rico el trabajador arrojado de un tren tras el robo de un celular? ¿Era rico el dueño de la parrilla de Colegiales asesinado junto a uno de sus hijos? ¿Son ricos los jubilados víctimas de robos y golpizas? Eso parecen creer Luis D’Elía y las demás buenas almas que se arrogan la representación de los humildes cuya suerte les preocupa en realidad muy poco. Cuando la conocen.

 

Eje del mal

Al fin lo logró. El éxito acaba de coronar los denodados esfuerzos de Hugo Chávez por hacer que Venezuela ingrese al “Eje del Mal” trazado por los norteamericanos. El 19 de agosto Washington anunció el nombramiento en la CIA de un “Director especial para sus operaciones de inteligencia en Cuba y Venezuela”, cargo que ya existe para otros países a los que considera integrantes de una constelación de “malvados”. Hay que reconocer que el venezolano ha trabajado para esto con constancia: giras internacionales disparatadas, insultos a granel al Presidente de Estados Unidos, siembra de la discordia en América del Sur, intromisión en asuntos de otros países, carrera armamentista, etc.

Para que se entienda el alcance de la decisión: desde ahora un miembro del Mercosur integra el Eje del Mal. Kirchner lo hizo. Y no es gratis. La principal afición del venezolano es atraer innecesariamente la atención de Estados Unidos. O, si se prefiere, darle excusas a los sectores más belicistas de ese país -adeptos a la doctrina de la guerra preventiva- para cualquier iniciativa tutelar en la zona.

La capacidad de daño al país de la diplomacia kirchnerista –promotora del ingreso de Chávez al bloque regional- no tiene límite. Parecen haber olvidado que, luego del 11 de septiembre, trascendió que en ciertos ámbitos de toma de decisión en aquel país se consideró incluso la posibilidad de replicar los ataques a las Torres Gemelas con alguna medida en la Triple Frontera entre Brasil, Argentina y Paraguay. Y si alguien se pregunta qué tendrá que ver una cosa con la otra, pues allí está el boy scout Hugo Chávez siempre listo para dar la justificación: invita a Hamas a una gira por países del Cono Sur como si él fuese el dueño de casa; anuncia que visitará Corea del Norte en el mismo momento en que ésta realiza ensayos nucleares; retira su Embajador y amenaza romper relaciones diplomáticas con Israel por la invasión al Líbano, cosa que no hizo con USA por la invasión a Irak…..

La transición cubana ya empezó. Está ocurriendo a la vista de todos y la trasmiten por televisión los propios cubanos para que nadie tenga dudas. En la entrevista hospitalaria entre un Castro postrado y un Chávez rozagante, ambos de camisa roja, sólo faltaba la transfusión de sangre. Evo Morales dijo hace poco: “Ahora tenemos otro comandante, el compañero Hugo Chávez, tenemos dos comandantes de las fuerzas libertarias de América, diga lo que diga el imperio”. ¡Pero si eso es justamente lo que dice el imperio! Le critican al bolivariano hasta su visita a La Habana. Lo que le permite a éste denunciar que “están organizando un plan para diciembre o antes de diciembre”. Sí, el plan de campaña de su reelección.

Ya sabemos entonces qué provecho saca Chávez de sus andanzas mundiales. Lo que también sabemos es el perjuicio que le traerán al Mercosur. “El Mercosur está perdiendo su esencia”, declaró recientemente Fernando Cardoso, el ex Presidente del Brasil. “Se ha vuelto más político y menos integracionista. Esa no fue la idea inicial del Mercosur. No fue concebido como un organismo en contra del ALCA, sino como un modo de organizarnos para tener una negociación mejor con los Estados Unidos y con Europa. No para no hacer. [Hoy] no estamos haciendo la integración económica”. Compárense estas declaraciones con las de Chacho Álvarez: “No es lo mismo el Mercosur de los 90, esencialmente comercial, que el de ahora en el que se habla de desarrollo productivo, social y energético”. Sí, esa es la diferencia: en el Mercosur de hoy “se habla” mucho y no se hace nada. Igual que este frepasista hoy kirchnerista en su paso por la función pública.


Pericia diplomática

Es curioso. Néstor Kirchner hizo trascender que no enviará tropas al Líbano por temor a que la Argentina se vea implicada en un conflicto ajeno. Mientras tanto Hugo Chávez nos involucra con sus iniciativas en todos los temas calientes del planeta: Medio Oriente, terrorismo, armas nucleares…

El Gobierno no quiere comprometerse a través de las Naciones Unidas pero no le teme al compromiso que implica la cercanía con Chávez.

La misión de la ONU que garantizará el cumplimiento del cese del fuego en el sur del Líbano estará dirigida por algún miembro de la Unión europea. El argumento pseudo oficial para no sumar tropas es que “Hezbollah está acusado de ser uno de los principales responsables de los atentados en Buenos Aires”. Pero, según las propias autoridades israelíes, no hay pruebas de esto. “El atentado a la AMIA no pudo ser comprobado como directamente ligado al Hezbollah. A mi entender, la posibilidad de que Hezbollah realice un atentado masivo en la Argentina, es muy bajo”, dijo recientemente Daniel Arditti, jefe de la oficina antiterrorista de Israel. Del mismo modo, cuando el Gobierno argentino pidió a Londres la extradición del ex Embajador iraní en Buenos Aires, Inglaterra no la concedió. El problema entonces no es la supuesta implicación de uno de los sectores en pugna en un conflicto sino la sobreactuación de un Gobierno irresponsable.

Ante las críticas que le formularon en el acto de recordación del atentado de la AMIA, Kirchner se defendió diciendo: “Yo no tengo la culpa (...) Yo estaba en Santa Cruz”. ¿Acaso la culpa la tuvo el Estado argentino? El parece creerlo así pues recordó que “en marzo de 2005, el Estado nacional reconoció su responsabilidad por la violación del derecho a la vida e integridad física”. Kirchner se atribuyó entonces el derecho de incriminar al Estado argentino en un atentado del cual fue víctima, pero luego, cuando no cumplió la promesa hecha a los paraguayos de condonar su deuda por Yaciretá, se justificó diciendo: “¿en condición de qué puedo yo venir a condonar una deuda a favor del Estado?”.

Nada logró el Presidente con su exageración demagógica en el tema AMIA. Debería aprender la lección. E imitar el ejemplo de los líderes de esa colectividad que, cuando él hizo referencia al “contubernio de algunos dirigentes de la comunidad judía con el gobierno menemista”, le respondieron: “no podemos acordar con que hubo un contubernio entre la dirigencia comunitaria y algunos de los poderes del Estado”. Es decir, defendieron el interés permanente de su comunidad, interés que en el caso argentino él no duda en comprometer a cambio de un rédito fugaz.

Faltan palabras para calificar la “habilidad” diplomática de este Gobierno que primero involucra al Estado argentino en un atentado y luego no manda fuerzas de paz, logrando así quedar mal con todos: con los árabes, con los judíos, con la ONU (no fue Washington quien hizo la solicitud, sino Naciones Unidas), con la Unión Europea (autora de la resolución de cese del fuego y que dirigirá a los Cascos Azules en esta misión), etc.

De paso, por supuesto, se da el gusto de evitar que las Fuerzas Armadas argentinas participen de una misión que las pueda prestigiar.


Alineación

Luego de haber incriminado al Estado argentino, participar de las fuerzas de paz implicaría proteger a la Argentina y sacarla de la circunstancia que, producto de la desidia y el oportunismo, nos transformó en un blanco de disputa entre sectores en pugna en Medio Oriente. Si atribuían responsabilidad a Carlos Menem por lo sucedido en el 92 y 94, esto es mucho más irresponsable. El Gobierno incrimina sin fundamentos y, simultáneamente, no participa de una fuerza de paz en una región en conflicto. Esta conducta nos convierte de hecho en un “tercer campo” –un ring- de los actores en disputa en Medio Oriente en el mismo momento en que Estados Unidos incluye a un país del Mercosur en el Eje del Mal.

Las declaraciones del referente de Hezbollah en el sentido de que reciben fondos desde Argentina, el anuncio de una gira por Sudamérica, la inclusión de Venezuela en el Eje del Mal…. Es evidente que hay países que no quieren que América Latina esté excluida del conflicto.

También Cuba fue sumada al club de los malos. ¿A quién quieren engañar? El único mal que hace Fidel es a los propios cubanos. Y lo de Venezuela es para el libro Guiness de los récords: es el primer caso en que un país promueve a otro como miembro de un “eje del mal” siendo éste su principal proveedor de petróleo. Y el otro, es el primer denunciante de un imperialismo al cual abastece de combustible para su “política imperial”.

En conclusión, la negativa de Kirchner a integrar las fuerzas de paz de la ONU es la institucionalización de nuestro divorcio del mundo.

La no alineación que los setentistas redescubren hoy era una política que tenía sentido en el contexto de la guerra fría. Pero para muchos, vale aclarar, fue sólo el disfraz de una alineación con la potencia que era considerada el imperio bueno o el menos malo. Hoy la única alineación que tiene sentido para los intereses de una Nación es la multipolaridad, es decir, lo contrario a lo que hace el Gobierno actual, enfrentado con el planeta.

En general, los países utilizan las buenas maneras para el diálogo público y reservan la firmeza para el diálogo privado, que es el verdadero ámbito de defensa de los intereses permanentes. Es más, una cosa hace posible la otra. La cortesía pública habilita la intransigencia privada. Lo formal suaviza lo real. Permite negociar sin peleas innecesarias. Permite decir “no” sin ofender.

El “estilo K” es justamente lo contrario. “Los comportamientos de Kirchner desconcertaron a Bush", dice Joaquín Morales Solá. "Hubo cordiales reuniones bilaterales seguidas de encendidas arengas públicas contra Washington”. En público, un maleducado. En privado, se regala.

Kirchner no falla.

Deja siempre inerme a la Argentina en el plano internacional pues la enfrenta al mundo, así como en el plano interno la deja inerme ante la inseguridad pues no defiende en modo alguno la vida de los argentinos.
 

 


 

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