
Agosto de 2006
Varios funcionarios vieron marcadamente preocupado a Néstor Kirchner por la tensión con la presidenta de Chile, Michelle Bachelet, y eso lo llevó a responderle en el acto con una carta que el propio presidente argentino calificó de “afectuosa”.
Los textos de las cartas intercambiadas entre Kirchner y Bachelet no se conocen,
pero Kirchner mantuvo en la suya el espíritu de que la Argentina no quería hacer
negocios con Chile ni ser agresivo, sino compensar la fuerte suba del precio del
gas boliviano.
¿Por qué se cambió la promesa verbal de un precio, que luego se aumentó en la
escritura de la correspondiente resolución?
Según el gobierno argentino, hubo dos causas. Una se refiere a la nula
interconexión entre los distintos ministerios de la Argentina.
El precio anunciado por Kirchner a Bachelet en Córdoba lo había fijado Julio De
Vido, que es el encargado de importar gas boliviano y exportar gas argentino a
Chile.
Había, sin embargo, un problema impositivo, un aspecto de la administración que
depende del Ministerio de Economía.
El 20 por ciento del gas que se exporta a Chile sale de Tierra del Fuego y no
puede ser gravado con ningún impuesto a la exportación, porque lo comprende la
ley de promoción industrial.
A su vez, el gobierno de Evo Morales condicionó que cualquier negociación de su
país debía ser con la empresa estatal argentina Enarsa, y se negó a hacerlo con
los empresarios privados.
Por esa razón, Enarsa (que sólo cumple funciones de papeleos cuando le compra el
gas a Bolivia y se lo entrega a empresas privadas) debe pagar IVA y luego no lo
recupera en su integridad.
Tantas sumas y restas significaban que la Argentina no recuperaba, de sus ventas
a Chile, todo lo que le pagaba a Bolivia.
El gobierno chileno duda que Evo Morales haya puesto como condición negociar
sólo con Enarsa y sospecha, más bien, que se trata de una política de Kirchner
para impulsar a la compañía energética que él creó.
De todos modos, Kirchner le hizo decir a Bachelet que el gas argentino que sale
de Tierra del Fuego (unos 3 millones de metros cúbicos por día) es recibido en
Chile, en frontera, a menos de un dólar por millón de BTU.
Ese gas se lo usa en Chile, exclusivamente, para producir metanol. “Pagan 100
millones de dólares a la Argentina y venden metanol por 650 millones de
dólares”, suele decir Kirchner, que tiene la información de que los empresarios
que exportan desde la Argentina son los mismos que producen metanol en Chile.
Sea como fuere, la carta de Kirchner debió ser respetuosa porque Bachelet cambió
su discurso anterior, que era muy duro. Sus últimas declaraciones públicas
fueron más conciliadoras.
Antes, Bachelet llegó a decirle a José Luis Machinea, que dirige la Cepal desde
Santiago de Chile, que estaba “indignada” con la Argentina.
Aún cuando fueran ciertas las razones que expone el gobierno argentino, lo que
no se explica es por qué Kirchner no le anticipó a Bachelet que se vio obligado
a cambiar su promesa verbal de Córdoba.
Ese mínimo gesto hubiera resuelto gran parte del problema.
El presidente Néstor Kirchner aseguró en la intimidad que está dispuesto a hacer dentro de poco una oferta a los bonistas argentinos en default que quedaron voluntariamente fuera del canje.
La votación del miércoles último en el BID lo llevó a la comprobación de que el
mundo seguirá siendo hostil con la Argentina mientras existan unos 20 mil
millones de dólares en default.
Casi todos los países del G7, con la única excepción de Francia, votaron en el
BID contra un crédito a la Argentina para una línea de electricidad en el norte
del país.
Ni aún en los peores momentos de la crisis de hace cuatro años, el G7 se mostró
tan monolítico a la hora de sancionar a la Argentina.
Aunque no se dieron las razones oficiales, lo cierto es que la información con
cuenta el gobierno es que esa votación se debió a la intensa presión de los
bonistas en default ante los gobiernos de sus países.
El gobierno norteamericano, que otras veces moderó la posición del G7 a favor de
la Argentina, esta vez se sumó a las críticas.
Sucede que Washington tenía antes una herramienta de presión a través del Fondo
Monetario Internacional, para resolver la situación de la deuda en default, pero
éste ha dejado de ser útil desde que la Argentina no necesita más programas con
el organismo.
También deben incluirse razones políticas en el giro de Washington. Al gobierno
de Bush no le preocupó tanto la visita de Fidel Castro a Córdoba (porque lo
consideran en la etapa final y estéril de su larga gestión), sino la cercanía de
Kirchner con Hugo Chávez, convertido en el principal adversario regional de
Washington.
El apoyo de Francia fue adelantado en estas páginas y es consecuencias de una
nueva actitud de Kirchner con el gobierno de Chirac: le ofreció nuevos negocios
a empresarios franceses (como el tren rápido entre la Capital, Rosario y
Córdoba) y le facilitó varias gestiones a la petrolera francesa Total.
Por el contrario, Kirchner esperaba mayor comprensión de Italia desde que Romano
Prodi gobierna en Roma. Ha intercambiado varios mensajes con el nuevo gobierno
italiano.
No obstante, la posición de Kirchner sigue siendo, por ahora, “no molestar a
Prodi”, que cuenta con una pequeña mayoría parlamentaria, integrada por algunos
legisladores italo-argentinos.
Entre aquellos mensajes con Prodi, hubo algunos referidos precisamente a los
bonistas en default. Italia tiene la mayor cantidad de bonistas que no entraron
al canje.
Kirchner no dirá nada sobre su futura propuesta a los bonistas en default y su
discurso público seguirá siendo de intransigencia, aunque la oferta ya se está
elaborando.
El caso del voto de México en el BID, que fue también contra la Argentina, tiene
dos lecturas: una asegura que correspondió a una revancha del presidente Vicente
Fox por la actitud de Kirchner con él en la cumbre americana de Mar del Plata,
que fue bastante despectiva.
La otra corresponde al propio Kirchner, que asegura que Fox no le perdonó que no
haya reconocido hasta ahora el ajustado triunfo electoral de Felipe Calderón, el
heredero de Fox en México.
Kirchner justificó que no podía reconocer lo que todavía no había reconocido la
junta electoral mexicana.
De todos modos, en la votación en el BID se vio claramente que la Cancillería
argentina ha dejado de existir y que el Ministerio de Economía hace muy pocos
trabajos fuera del país.
Es probable que cuando Kirchner tome nota de esta situación (y, al parecer, la
está tomando) culpe de la situación a los ministros, Jorge Taiana y Felisa
Miceli, y no a su manera de conducir el gobierno ni a las prioridades internas
de su gestión.
Solá, como Napoleón Solo
Néstor Kirchner se cuida de cualquier palabra o gesto que pudieran incomodar al gobernador de Buenos Aires, Felipe Solá, pero lo cierto es que está muy molesto desde que éste decidió lanzar la posibilidad de una reelección que, según su lectura lineal, la Constitución provincial se la niega.
Felipe Solá tiene aún cierto predicamento en sectores del peronismo bonaerense,
no como para imponer una decisión, pero sí como para obstaculizar cualquier
otra.
De hecho, ya anticipó que se opondrá terminantemente a la candidatura a
gobernador de Aníbal Fernández, porque lo considera inadecuado para ocupar ese
cargo.
Tampoco le gusta José Pampuro, sobre todo porque el actual presidente
provisional del Senado no tiene muchas adhesiones en las encuestas.
Pero este último argumento es rebatido por el kirchnerismo con la afirmación de
que las elecciones bonaerenses las ganará el propio Kirchner.
Tanto Aníbal Fernández como Pampuro le reclamaron a Kirchner que la maniobra de
Solá está deteriorando sus imágenes como futuros candidatos.
“No quiero ser el candidato muleto porque no estaba el mejor candidato”, le dijo
Pampuro al propio presidente.
A Kirchner lo incomodan esos problemas políticos disparados por la idea de
Felipe Solá y prevé, además, que el escándalo político será intenso cuando el
gobernador presente oficialmente su candidatura, requisito indispensable para
que la trate la justicia.
Ni la Junta Electoral de la provincia ni la Corte Suprema de Justicia pueden
tratar un caso en abstracto.
Felipe Solá está molesto, a su vez, porque cree que ha hecho mucho por Kirchner
y que éste no le devolvió nunca ningún favor.
Encima, ahora se habla de su sucesión pero jamás se menciona cuál será el futuro
político del actual gobernador de Buenos Aires.
Fuentes inmejorables de la Cámara de Senadores confirmaron que los senadores Miguel Pichetto y Rubén Marín hicieron en los últimos días gestiones entre el gobierno y el ex presidente Carlos Menem, también senador.
Pichetto y Marín fueron menemistas fanáticos en su tiempo y tenían una relación
buena y frecuente con Menem cuando éste era presidente.
Tales mensajes llegaron a oídos del ex ministro Roberto Lavagna y fue lo que
disparó a éste a denunciar una operación política contra él, de parte del
gobierno, asociándolo con Menem.
En rigor, la información que se tiene en el Senado se limita a que se negoció
con Menem para que éste presentara su candidatura presidencial en 2007 y que el
ex presidente pidió que no se lo molestara más en la justicia.
A Kirchner le conviene que existan muchas candidaturas opositoras y Menem quiere
volver a ser un político respetable y respetado.
En el Senado no hay constancia, en cambio, de que esa negociación haya incluido
un apoyo de Menem a Lavagna, como denunció éste.
