Agosto de 2006
Por Horacio Calderon (*)
El 10 de agosto pasado y teniendo como principal escenario el conflicto entre
Israel y Líbano, el mundo despertó con la noticia de que la policía británica
había logrado desbaratar una serie de ataques terroristas masivos y simultáneos,
que iban a ser lanzados de manera sincronizada contra aviones en vuelo desde
aeropuertos del Reino Unido a distintos destinos dentro de los Estados Unidos de
Norteamérica.
La táctica a ser utilizada en esta oportunidad por los terroristas -tal vez
perfeccionada pero no nueva, dados los intentos anteriores registrados-
consistía en volar una cantidad indeterminada de aviones mediante la utilización
de explosivos líquidos activados por atacantes suicidas mediante disparadores
electrónicos o químicos cerca de puntos vitales de las aeronaves comerciales.
El anuncio del descubrimiento y neutralización de los ataques terroristas a ser
desencadenados presumiblemente el 16 o tal vez 22 de agosto pasado -esta última
fecha convertida al calendario musulmán encierra un enorme simbolismo para los
musulmanes- fue simultáneo a la detención en Inglaterra de un grupo de personas
que según las autoridades de Scotland Yard estaban directamente involucradas en
la serie de atentados. De haberse concretado dichos ataques según los planes
previstos, hubieran podido costar la vida de miles de personas, igualando o
superando el número de muertos y desaparecidos en EE.UU., como consecuencia de
los atentados masivos del 11 de septiembre de 2001.
Si bien Al-Qaeda (Central) y otros grupos terroristas afiliados han utilizado
con frecuencia los números 7, 9 y 11 -los cuáles encierran en sí un profundo
contenido- para lanzar sus ataques, la fecha arriba sugerida del día 22 de
agosto aparecía como la más apropiada para dotar a una catástrofe semejante de
una enorme carga simbólica, dado que coincide con uno de los aniversarios
religiosos más importantes en la vida de Mahoma: la fiesta de Lailat al-Miraj,
que significa “La Noche de la Ascensión”. Según la tradición islámica su profeta
fue transportado durante un vuelo nocturno desde La Meca a Jerusalén, montado en
un animal llamado Buraq, que significa rayo o blancura cegadora. Precisamente en
el lugar del descenso de Mahoma fue levantada la llamada “Mezquita de la Roca”,
situada en la ciudad de Jerusalén.
La conversión de fechas del 22 de agosto de 2006 -con una pequeña probabilidad
de un día de error- concuerda con el 27 del mes musulmán de Rajab de 1427.
Pasado ya el emblemático día 11 -no considerado por los investigadores
británicos ni paquistaníes como la fecha exacta de ataque- cabía especular que
la tentativa podría coincidir con el aniversario de dicha fiesta sagrada..
A partir de la difusión de los acontecimientos que tenían como centro a los
aeropuertos británicos -que generaron un monumental colapso en los vuelos
internacionales y una psicosis generalizada y fastidio en los pasajeros- la
guerra que estaba desarrollándose en el Líbano desapareció del foco de los casi
todas las grandes cadenas noticiosas, al punto que fue una misión casi imposible
obtener durante horas informaciones concretas sobre lo que estaba aconteciendo
en el seno de la ONU y en los campos de batalla en el Líbano.
Sorpresa mundial, caos, estupor, dudas y teorías conspirativas de toda índole
fueron los principales elementos en casi todas las mesas de análisis de los
medios de comunicación.
La sombra del lugarteniente de Osama Bin Laden y segunda figura de importancia
de la red Al-Qaeda, Dr. Ayman Al-Zahuahiri -cuya última y breve aparición
mediática había sido poco tiempo atrás y con motivo de la guerra en el Líbano-
resulta de particular importancia para arriesgar un análisis y determinar el
grado de compromiso y participación de ese movimiento terrorista en el complot
abortado. El citado médico de origen egipcio, conocido como “Dr. Muerte”, suele
en ciertos casos y con sus declaraciones ir delante en tiempo a hechos como el
que acabaría de abortarse en el Reino Unido y Paquistán, al margen de que
durante los últimos tiempo la ejecución de atentados ha estado a cargo de
organizaciones afiliadas a Al-Qaeda y no de la que específicamente está liderada
por Osama Bin Laden.
La idea de publicar el presente boletín no surgió para abordar lo públicamente
conocido o lo que comúnmente se dice, sino analizar los antecedentes y
propósitos de quienes habrían ideado y planificado la serie de ataques
coordinados contra aviones en vuelo y, a partir de ello, trazar las líneas de lo
que podría convertirse en una suerte de macabra competencia entre las dos
principales ejes enfrentados del movimiento yihadista con alcance global:
No resultaría comprensible la rivalidad existente entre ambos ejes
mencionados, si dejaran de abordarse las raíces de esa grave y casi insalvable
división en el seno del Islam, nacida poco tiempo después de la muerte de Mahoma
en el siglo VII de la Era Cristiana, y que persiste hasta el presente.
Los sunnitas reivindican las décadas posteriores a la muerte de Mahoma y el
reinado de los califas ortodoxos o “bien guiados” -los rashidun- que
fueron Abu Bakr, Omar, Uthman y Alí.
La Sunna es el conjunto de aforismos de Mahoma, fuente principal del derecho
musulmán.
Los chiítas siguen la figura de Alí, yerno de Mahoma y último de los califas
rashidun e intentan acercar su figura a la de su suegro y “profeta” para los
musulmanes. Esta rama saca su nombre de la transformación fonética de Chiat
Alí (“Seguidores de Alí”) que se enfrentará a una guerra civil de la que
surge la escisión con la rama sunní del Islam, que perdurará hasta nuestros
días.
Luego del asesinato de Alí en 661, su nieto Hussein tuvo un protagonismo
esencial en la historia del chiísmo, siendo también venerado por los seguidores
de esta rama del Islam, que tienen su zona más sagrada en Irak entre las
ciudades de Kufa y Kerbala, visitadas hace años por quien escribe estas líneas.
No resulta ocioso destacar, a la luz de la situación en Irak y de la explosiva
situación en este país, que los chiítas cuentan con el sesenta por ciento de la
población, mientras que Irán es, a su vez, el único Estado chiíta del Islam.
El proyecto del Hizballah de constituir en el Líbano un Estado espejo similar al
de Irán, arroja luz y una explicación irrefutable a las relaciones estratégicas
entre ambos actores, en cuanto al origen, desarrollo y proyecciones del presente
conflicto con el Estado de Israel.
Los esfuerzos de diversos pensadores y precursores del yihadismo moderno -tanto
sunnitas como chiítas- destinados a unificar y concentrar las bases populares de
las distintas ramas y la miríada de sectas del Islam en torno a un liderazgo
espiritual, político y militar exclusivo, han fracasado hasta el presente.
Incluso algunos intentos en esa dirección por parte del Dr. Ayman Al-Zahuahiri,
tendientes a aplacar al asesinado líder del yihadismo sunnita en Irak, Abu Musab
Al-Zarqawi -responsable de numerosos asesinatos masivos contra blancos chiítas-
arrojaron resultados negativos e incluso después de su muerte las matanzas entre
miembros de ambas ramas del Islam han llevado a ese país al borde de la guerra
civil.
Sunnitas y chiítas respetan como fuentes a la Sunna, a los hadices (hechos de
Mahoma) y a las sentencias de las autoridades religiosas o fiqhs, que
constituyen la jurisprudencia.
Las diferencias cultuales, litúrgicas y doctrinarias históricas entre ambas
ramas del Islam, constituyen profundas grietas; tal vez un profundo e insalvable
abismo que impide al Islam presentarse en un frente indivisible.
Los sunnitas carecen de un clero que esté formalmente establecido.
Los chiítas, por el contrario, cuentan sí con un clero integrado por un
jerarquía piramidal -que es intermediaria entre el creyente y Dios (Alá)- hecho
que permite a los ayatolá y a los grados religiosos inferiores tener un
formidable poder político y social, como se ha visto en el caso de Irán.
Para los sunnitas “Hay un solo Dios y Mahoma es su Profeta”, mientras que los
chiítas dicen “Dios, Mahoma y Alí”.
Hasta aquí con los antecedentes básicos -ciertamente los hay más complejos- para
comprender algunas de las raíces que conducen al mortal enfrentamiento actual
entre sunnitas y chiítas en Irak y países como Paquistán y Afganistán.
El Ayatolá Ruholá Jomeini (1902-1989), líder y guía supremo de la revolución
islámica que tomó el poder en Irán en 1979, dio un enorme impulso al movimiento
yihadista mundial. Numerosos pensadores sunnitas se inspiraron en sus métodos.
Además, tanto los ideólogos de Al-Qaeda como muchos otros que le son afines (tal
el caso del pensador sudanés Hassan Al Turabi), han buscado desde un principio
superar las enormes barreras que separan a las principales ramas del Islam.
La enorme gravitación del fallecido líder religioso iraní, eclipsó a las
organizaciones de la rama sunnita de toda participación en el yihadismo regional
y global, hasta que después de la finalización de la guerra en Afganistán
comienza el crecimiento vertiginoso y casi hegemónico de Al-Qaeda en el
escenario global, bajo el liderazgo de Osama Bin Laden, que luego de una
prolongada serie de acciones terroristas, culmina en los ataques de 2001 en
EE.UU.
El movimiento sunnita extremista en expansión bajo el liderazgo de Al-Qaeda,
logró eclipsar y desplazar así a Irán y a los sectores extremistas del chiísmo
del impresionante protagonismo adquirido a partir de la Revolución iraní
encabezada por el ayatolá Ruhollah Jomeini.
La organización de Osama Bin Laden -al igual que el Irán del ayatolá Jomeini, de
Alí Jamenei y de Mahmoud Ahmadinejad- ha adoptado como principal arma terrorista
el atacante suicida, frecuentemente utilizada en el marco de la guerra
asimétrica que libra para plasmar la fundación de su soñado califato islamista.
Los ataques sistemáticos del gobierno norteamericano y sus aliados contra la
cúpula y cuadros intermedios de Al-Qaeda durante los últimos años, redujo su
capacidad para lanzar atentados como los del 11 de septiembre de 2001 e incluso
algunos de menor impacto como los perpetrados en Kenia y Tanzania en 1998.
Sin embargo, la reducción de la capacidad operacional de la organización
liderada por Osama Bin Laden, fue acompañada en paralelo por el crecimiento de
una enorme cantidad de grupos yihadistas que recogían sus banderas y adoptaban
sus estrategias y principales tácticas operacionales, convirtiendo a Al-Qaeda en
un movimiento terrorista sin una estructura piramidal, pero con una importante y
peligrosa capacidad para organizar y ejecutar atentados en numerosos países del
mundo. Sobre todo, a partir del reclutamiento de ciudadanos europeos nacidos en
países como Gran Bretaña y que constituyen una nueva y peligrosa camada de
potenciales voluntarios suicidas.
La realidad es otra en este momento, porque el eje persa-libanés y el dúo
Mahmoud Ahmadinejad/Hassan Nasrallah, han desplazado nuevamente el centro de
gravedad del yihadismo global -incluyendo la atención y admirador de las “masas”
musulmanas- a la órbita de los sectores más duros de la rama chiíta del Islam.
La dificultad para operar en la arena global por parte de Osama Bin Laden,
acompañada por el crecimiento de la influencia regional y global de Irán
-incluyendo Irak- y el éxito de las acciones del Hizballah en Líbano, han
convertido a Al-Qaeda (Central) en una empresa de difusión de videos
amenazadores que solo concreta atentados gracias a organizaciones y grupos
simpatizantes, que toman sus banderas y accionan en su nombre, utilizado como un
verdadero “franchising” del terror.
La reciente y amenazadora aparición del Dr. Ayman Al-Zahuahiri -arriba
mencionada- no hacía presumir otra cosa que la proximidad de nuevas acciones
terroristas de magnitud, que permitieran mantener las posiciones ganadas durante
casi quince años.
Es en ese contexto que debe leerse el por qué y tal vez también quiénes y en qué
medida se encuentran detrás de los atentados que fueron aparentemente
neutralizados el pasado 10 de agosto.
(*)Experto en Medio Oriente y África del Norte
- Especialista en Contraterrorismo
