DEL ANTISEMITISMO AL ANTICATOLICISMO

 

Septiembre de 2006

Por Alberto Buela


Luego de terminada la primera parte de nuestro artículo La conmoción de una cita -editada en www. Harrymagazine.com con el titulo "Iglesia : ¿terminando el consenso como metodología de acción?" nos llega la información del diario digital Forum Libertas en donde se afirma que tanto la cadena inglesa BBC como los diarios New York Times (EEUU) y The Guardian (Inglaterra) participaron en la tergiversación del texto pontificio, su difusión en el mundo islámico y el exacerbamiento de los ánimos de los sectores musulmanes más radicales. Su papel fue "como gasolina al fuego musulmán", asegura el informativo. Tras destacar que para los medios informativos seculares como eclesiales, el discurso del Papa no tuvo mayor relevancia por su carácter esencialmente académico, consideró que "la BBC empezó el alboroto mundial". Así el jueves 14, la cadena BBC de repente empieza a difundir un informe en árabe, turco, parsi (la lengua persa de Irán), urdu (hablado en Pakistán) y malayo, con el título: El discurso del Papa excita la ira musulmana.

Esto es una prueba evidente que los poderes mundiales indirectos, sobre todo en el ámbito de los mass media llevan adelante una política informativa anticatólica. No en vano el más significativo analista metapolítico católico, Vittorio Messori pudo afirmar hace ya dos años que: en nuestra época el anticatolicismo ha reemplazado al antisemitismo.

Las interpretaciones marxistas de esta conmovedora cita como es el caso de nuestro amigo el profesor panameño Moisés Chong Marín en el sentido que la Iglesia funciona en sintonía con el imperialismo caen por su propio peso. Las versiones marxistas como las de otro amigo, el geólogo Néstor Gorokosky, que explica las agresiones anticristianas en países musulmanes porque los cristianos son los imperialistas, ya que no hay ningún Estado musulmán que lo sea, se caen también con esta información fidedigna.

Por otro lado las interpretaciones progresistas, socialdemócratas y anticristianas, sostienen- con cita o sin cita siempre lo mismo, que: “de que se queja el Papa si la Iglesia expandió en América el cristianismo con la espada matando a los indios” (un autor llegó a escribir que fueron 120 millones los que mató, cuando nuestro viejo profesor de la UBA en historia de América I, don Angel Rosemblat, nada sospechoso de cristiano, se aburrió de probar que la población precolombina debía estimarse entre 12 a 13 millones de almas).

Una vez más aparece la versión anglo-holandesa de la leyenda negra. Y ante esto no se puede decir nada. Salvo recordar lo que afirma el mexicano Carlos Pereyra, el primer autor revisionista de la historia de América: “La historia oficial de la conquista, colonización e independencia de Hispanoamérica debe ser reescrita, porque lo que se enseña actualmente es una mentira a designio contra España, la Iglesia católica y, fundamentalmente, contra los americanos, a fin de que extrañados de nosotros mismos, el imperialismo anglosajón nos domine más fácilmente”.

Finalmente, llama la atención el silencio de la jerarquía eclesiástica y su falta de apoyo hermenéutico a la cita del Papa y su reacción. Le han soltado la mano. Y si alguna opinión hemos escuchado estuvo al lado de la interpretación liberal (ej. La Nación diario) en el sentido que: la cita del Papa fue inadecuada e inoportuna. Como si el Papa fuera monseñor Basiotto. Un verdadero renunciamiento. Su táctica es siempre la de las gallinas en el gallinero de mi madre cuando de chico las azotábamos con la gomera: la de la gallina distraída que nunca se defiende sino que pega la vuelta cacareando.

Estas fueron las principales interpretaciones que se volcaron a los medios, con las que nosotros disentimos, por lo que estamos obligados a exponer la nuestra.

Vayamos al grano:

Las citas no son neutras, cuando se las hace es o para avalar lo que decimos o para criticar otra postura, y esto último hizo el Papa, por más que ahora diga que no. Y si ahora pide disculpas es signo de debilidad.

La manipulación de sus dichos por parte de los poderes indirectos para crear una situación de conflicto con el mundo musulmán, muestra que también la Iglesia es instrumentada por la hidra del imperialismo.

En definitiva, la BBC y el New York Time meten a la Iglesia en el zafarrancho iniciado por Bush con el bombardeo de Irak y terminado por Israel con el bombardeo indiscriminado al Líbano.

Están induciendo la respuesta musulmana para que se pelee con la Iglesia y el Papa, para pasar ellos a un segundo plano.

La Iglesia desde el punto de vista profano está liquidada, puede vivir de las migajas de la diócesis de Nueva York. No hay en el mundo ni un solo Estado confesionalmente católico, cuando si hay veintisiete Estados Musulmanes y un Estado Judío. No hay en el mundo ni siquiera un solo gobernante existencialmente católico, eso sí, hay muchos que lo son formalmente. No hay ninguna política católica de ningún organismo internacional. Y entonces ¿con cuantas divisiones cuenta el Papa?, preguntó Pepe Stalin y siguió masacrando ucranianos a diestra y siniestra hasta que se cansó.

El mundo es esto que tenemos y no lo que queremos emocionalmente que sea. Si vinculamos al imperialismo con el sometimiento de las naciones pobres estamos todos de acuerdo, pero cuando lo vinculamos al sometimiento de la Iglesia, nos dicen que la Iglesia es imperialista. ¿Quién fue el único poder que se opuso a la guerra de Irak?. No fue acaso el viejo Papa Juan Pablo II. ¿Quién se opuso a la guerra en Centroamérica? No fue acaso el obispo Romero, a quien asesinaron con un tiro en plena misa. Acaso no afirmó Noam Chomsky en innumerables trabajos que la Iglesia católica fue quien enfrentó a los Estados Unidos en la guerra centroamericana.

Seguro que saltará algún buey corneta que dirá, ¿pero Benedicto XVI no es ni Juan Pablo ni Romero?. Idiota, es la Iglesia, dijo Clinton. Pues la Iglesia desde el punto de vista profano fue definida por el gran Maldonado (y varios siglos después por Carl Schmitt) como complexio oppositorum (conjunto de opuestos) con lo cual quiso decir que hay de todo, tanto para un zurcido como para un fregado. Hay de todo y para todos los gustos y tendencias.

El mundo musulmán no anda con tantas sutilezas, la Iglesia, los yanquis e Israel son lo mismo en el mensaje cultural y político de los ulemas (maestros de escuela), que son la verdadera fuente del fanatismo. Por el contrario la sabiduría de los sufies (los santos y místicos musulmanes) no se la tiene en cuenta ni políticamente, ni en los programas culturales de los Estados musulmanes.

Hace ya unos años conocí una polémica entre dos buenos pensadores el español Ernesto Milá y el italiano Claudio Mutti en donde éste pinta magistralmente la riqueza cultural del Islam a lo que el español le responde que, literariamente todo ello es cierto, pero que él, preso en las cárceles de París junto a militantes islámicos, pudo recoger el principio: obedecemos estas leyes hasta que podamos cambiarlas por las nuestras. La relación con el mundo musulmán no es libresca ni ilustrada sino política y de poder. No hay tercera vía ni término medio. Y esto lo ha visto muy bien Bandieri en su artículo Cuando el diálogo es puro verso.

Nosotros no somos quienes para dar consejos y menos a una entidad bimilenaria como la Iglesia, pero ésta se tiene que plantear claramente como disidente al orden mundial. Obsérvese que decimos disidente y no opuesta, pues la oposición suele quedarse en la negación de aquello a lo que se opone, en tanto que la disidencia quiere decir que propone otro sentido (etimológicamente diV  =bis= dos u otro, y sensus= sentido). Tiene que dejar de lado la definición que le asignara el progresismo católico con Guzmán Carriquirry como institución del consenso, para transformase en institución del disenso al orden constituido, al statu quo reinante.

Tiene que volver a su mensaje claro y distinto de consejo evangélico: sea vuestro idioma si, sí, no, no.

Retomar la metodología de la conversión individual y personal dejando de lado el método de los discursos colectivos que son para gloria del pastor y no ad maior gloria Dei.

Finalmente la conmoción de esta cita papal no se produce como dice uno de mis mejores amigos (guardo su nombre): “citar a un Emperador bizantino hoy día cuando los yanquis asesinan chicos en Irak y los israelíes tiran bombas racimos y de fósforo en el Líbano, es un grave error, es hacer el caldo gordo al atlantismo”.

No, la conmoción de la cita se produce porque los mass media han buscado implicar a la Iglesia en una lucha a la que se opuso desde el comienzo.
 


 

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