
Septiembre de 2006
Por Edgardo Arrivillaga
Durante la ultima noche de velas de Blumberg descolló el discurso del joven
rabino Bergman, hombre que según algunos analistas políticos mantiene una fina
sintonía con el cardenal Bergoglio no solo en el contexto del dialogo
interreligioso sino de las decisiones políticas.
Telerman, recientemente, recibió una prueba concluyente del asunto. Le pidió a
Bergoglio el nombre de un hombre eficaz para la cultura y esperó. Luego
Bergoglio lo llamó y le dio ese nombre. Era el de un judío, un intelectual
casualmente amigo de Bergman. En verdad se lo había sugerido el mismo Bergman.
Tanta coherencia interreligiosa en el ex capellán de Guardia de Hierro no debe
asombrarnos. Fue la orga mas cercana a las posiciones de Israel y a la marina de
guerra argentina al mismo tiempo en los duros años de plomo.
Otros abonaban en sectores cercanos a los montoneros, eran algo ultramontanos y
veían escasas diferencias entre Camilo Torres Mario Alberto Firmenich o
Francisco Franco.Y otros como Horacio Vertvitsky fueron los yabranes literarios
de algún sector que incursiona en el cielo alto pero tangible. El cielo de este
lado del cielo.
Pero lo nuevo de Bergman no es solo que habló con la vehemencia que lo aleja de
los egiptos disociadores estigmatizados por los Testamentos.
Habló desde la oposición de una minoría que ha dejado de serlo. Un viejo cuerpo
extraño e inasimilable dentro del país que ha pasado a constituir un elemento
fundamental en la Argentina pluralista. Una Argentina que ya no se refleja en el
crisol racial alberdiano de los comienzos del siglo XX sino que se pronuncia
mediante el vitraux de la multiplicidad que ilumina las vacilantes certezas
dinámicas del siglo XXI.
Que sectores de la DAIA o de la AMIA hayan salido a despegarse del rabino no
debe sorprendernos.
Bergman tiene solo 44 años. Habla desde una posición de judío argentino
integrado. Es la opinión religiosa de un argentino exactamente igual a los otros
que reclama seguridad. La seguridad que pese a las opiniones prefabricadas de
Tibiletti y otros funcionarios peronistas funcionales en su momento al
alfonsinismo y al balzismo -es decir a Londres para ser claros - poco tiene que
ver con una política de clase sino que esta instituyendo y acompañando la
verdadera mixtura que une a gente tan diferente como Blumberg, Binnner, Carrio ,
Macri, Lavagna, López Murphy.
Y a los miles de votantes que son centro-derechistas, socialdemócratas,
peronistas anti K .
Si la oposición necesitaba consensuar una política de Estado allí donde el
gobierno no solo no la tiene sino que se confabula contra ella, porque no tiene
resuelta su propia interna con sus autojustificantes credenciales
revolucionarias del pasado la gente como Bergman, definitivamente otra
generación - marca que no solo el Proceso ha pasado a la historia.
Los montoneros administrativistas también.
Bergman no creyó necesario referirse a la Shoa ni a Auschwitz ni a las matanzas
en Europa Central. Hablo de las matanzas diarias de la puerta de al lado.
Del barrio de al lado y de las plazas impregnadas de la ígnea luminiscencia de
las jeringas que brillan como cazabobos contenedores de Sida e histoplasmosis en
la oscuridad.
Y habló de los derechos humanos sin la ideología rentada de los derechos humanos
sino como alternativas de derecho que no son exactamente de izquierda o de
derecha. No tienen como opción la banalidad pasiva de los fumadores o de los no
fumadores.
Tampoco el paganismo intrínseco de la Bonafini, admiradora de Bin Ladem y de los
atentados que cubrieron de cadáveres los centros de Nueva York, Madrid y
Londres.
Son esenciales.
Y luego Bergman dijo que no se podía caer en la fantasía amenazante de una
monarquía constitucional y que una fuerte dosis de republicanismo militante
todavía le estaba faltando a la Argentina.
Por ese razonamiento de argentino judío y no solo de judío que habita en la
Argentina, el gobierno y los pandilleros rentados no se bancan a Bergman.
Bergman toco duro en la carne del nihilismo administrativo cuando retocó las
palabras del himno, trocando libertad por el tríptico sonoro de tres veces
seguridad.
Y con eso metió una bomba profunda en la epidermis complaciente y fatalista del
sistema.
Y las marchas de Blumberg son referéndum espontáneos de la gente común.
La que no es entrevistada por Pagina12 porque la Pagina prefiere analizar la
opinión disecada de algún intelectual extraño que bucea sobre la costra de la
marginalidad como elemento estético, lo que Orwell llamaba la "fascinación por
el barro " ,sin siquiera atreverse a conocerla.
Por simple temor a infectarse.
