Septiembre de 2006
Por Bill 0’Rites
Dentro del revuelo mediático causado por la fastuosa y poco fructífera gira de
Néstor I y su corte
y la condena de un viejo por delitos que un testigo que no testificó lo acusaría
de haber cometido hace treinta y pico
de años, pasó desapercibida una noticia realmente importante.
El viernes la Argentina habría quedado desconectada de la Red Internacional de
Investigación y Desarrollo, la llamada Internet II, que provee comunicaciones a
90 megabytes (la banda ancha comercial provee .5 a un 1 Mb) entre universidades
y centros de investigación. La Red mantenía conectados a nuestros científicos
con el mundo al permitir el intercambio y trabajo conjunto con investigadores
situados en otros países a un nivel que sería imposible a través de la banda
ancha normal.
Para imaginarse lo que significa
para la ciencia argentina perder esa conexión, piense lo que es
para cualquier persona interesada en el mundo la conexión a Internet por
banda ancha y lo que cambió nuestra vida al tenerla.
Y quedó desconectada porque nuestro país, por segundo año consecutivo, no pagó
su cuota de 150.000 euros a la Cooperación Latinoamericana de Redes
Avanzadas (CLARA) que la administra.
Pero claro está, el tan meneado superávit se usa para conseguir votos,
ya sea otorgando planes Trabajar o Jefes a los colaboradores, entregando dinero a los
gobernadores e intendentes amigos o disimulando a fuerza de subsidios la
inflación y la crisis energética provocadas por la inoperancia de nuestros
gobernantes. O para tomar unas vacaciones en Nueva York con la familia y amigos. No es para usarlo en pavadas.
Soñemos un instante: ¿no sería lindo tener un gobierno?
