LA MARCHA DE BLUMBERG CONVIRTIÓ A LOS MILITANTES POR LOS DERECHOS HUMANOS EN SÍMBOLOS DEL AYER

 

Septiembre de 2006

Por Gabriela Pousa*


A diferencia de lo que afirman muchos analistas, la última marcha convocada por el Ingeniero Juan Carlos Blumberg despierta más interrogantes que respuestas. Creer que a partir del jueves 31 de Agosto, la sociedad argentina es otra es harto peligroso. Considerar la masiva concurrencia a la Plaza de Mayo (sin que medien dádivas, ni operasen punteros políticos, ni se reparta “choripan”) como el final del “jardín de infantes” de la ciudadanía es olvidar un devenir social signado por la emoción más que por la razón. Sin embargo, esto no es óbice para reconocer que la convocatoria fue exitosa, si por exitosa se entiende, no el número de personas sino que no haya intervenido ningún aparato político para su armado, y “el día después”…

El silencio de la dirigencia, el “ninguneo” al reclamo, el descrédito a la intención y las recientes declaraciones de los funcionarios (León Arslanian, Aníbal Fernández, Luis D’Elía) le otorgan a la marcha su razón de ser más allá del reclamo por la falta de seguridad. Sino el 100%, el 99,99% de los argentinos sabemos que la movilización social, en la Argentina, no cambia nada pero sí modifica el panorama. No fueron, por ejemplo, las marchas blandiendo cacerolas en el 2001 las que derrocaron el gobierno de Fernando De la Rúa. Fue menester que detrás de estas cayera la economía, se urdieran tramas complejas, actuara el engranaje político, se negociaran apoyos y traficaran influencias... Basta analizar cómo es posible que un pueblo necesite alimentarse gracias a “saqueos” de 24 ó 48 horas, y tras ese lapso, todo vuelva a la normalidad como por arte de magia. Es poco serio. Tan poco serio como creer que Néstor Kirchner dejará de ser quién es porque asistimos masivamente a la Plaza de Mayo pidiendo seguridad.

No basta con que algo suceda sino que, salvaguardando la erosión del tiempo, siga sucediendo. De allí que este “después” tenga, quizás, más trascendencia que la movilización en si misma. La marcha fue un buen efecto. Desconcertó al gobierno. Lo enfrentó al espejo. Le dejó ver su propia fragilidad y su impericia para gobernar. Sin embargo, no es el jefe de Estado un hombre que se sorprenda con el fracaso. El asombro y la sorpresa a veces estimulan positivamente. A Néstor Kirchner, por el contrario, el fracaso lo enfurece. Y enfurecidos no pensamos… Cuidado.

Hoy, los argentinos estamos más inseguros que una semana atrás. Estamos en manos de un gobierno enfurecido. Aceptando esta premisa, toda reacción es posible. Habrá manotazos de ahogado de todo tinte y color. La simplificación oficial le endilga a la “derecha” su ira. Si acaso hasta ahora, las afrentas a las Fuerzas Armadas y a todo aquello que pueda relacionarse con la mitología conservadora o liberal fueron sistemáticas, de aquí en más podrán ser también virulentas. Lo cierto es que “alguien” tiene que pagar… Juan Carlos Blumberg perdió con su hijo, la vulnerabilidad. Lo soporta todo y más. Ese es el talón de Aquiles de Kirchner: un enemigo (proclamado por sí mismo) a quienes las acusaciones, las persecuciones, las amenazas, los aprietes, etc., no lo espantan ni cercenan…

Era fácil “pegarle” a Carlos Menem, más fácil aún es pelearse con Raúl Alfonsín y discutir que hacían hace 30 años en vez de analizar, por ejemplo, qué hará el país en el 2010. Gobernar el ayer no tiene complejidades. Gobernar el mañana abre un abanico de posibilidades que no se quieren ni se saben ver. Menos aún manejar. El gobierno quedó obnubilado con la foto de la Plaza de Mayo del pasado jueves. A partir de allí, puede que no cambie la agenda del Presidente pero tampoco su manera de ser.

Lo que se le ha transfigurado al primer mandatario es el escenario. Ya no necesita crearse enemigos falsos, tiene el adversario frente a él. Y el adversario no es Juan Carlos Blumberg. El adversario es la realidad tal cual es. Un porcentaje de la ciudadanía que no comparte el “modus operandi” del kirchnerismo ni está dispuesto a sostener un gobierno sin futuro y sin presente también. Y un dato nada despreciable para el Ejecutivo: un porcentaje de la sociedad que, ante un liderazgo, deja la pasividad… Por eso, el Presidente se esmera en dividir, en polarizar no a la oposición sino a la mismísima sociedad: abortistas versus no abortistas, pro israelitas versus libaneses, militares versus civiles, derechistas versus progresistas, demonios injustificados versus santificados non sanctos…, piqueteros versus ciudadanos. Y ahora, según la lectura que el oficialismo hace de la marcha a Plaza de Mayo, clase media versus inseguros bajo índices de miseria o de pobreza. Lo que no gusta, y hasta asusta, es que todos puedan unirse aunque sea en un reclamo.

Lo cierto es que las encuestas resultaron en menos de 24 horas obsoletas. La “política” de derechos humanos oficial se redujo a lo que es: símbolos del ayer que ni siquiera acompañaron el peor error del Presidente, es decir, la contra marcha de Luis D’Elía. Negar el sello oficial de aquella es inútil. El retrato de Miguel Dante Dovena, el diputado “Cuto” Moreno, Carlos Kunkel y Dante Gullo parados detrás del orador sepultaron la posibilidad de negar que el gobierno avalara el dislate del piquetero-funcionario (o funcional…) Sí se nos ratificó que hay una nueva fuerza de choque preparada. Aceptado el mensaje, lo que viene, viene con ese sello. No podemos esperar sensatez, menos aún coraje.

Analizar la marcha con los parámetros de las especulaciones sobre el papel que Blumberg tendrá en el PRO o en otro espectro político como lanzan muchos periodistas e incluso algunos funcionarios es faltarle el respeto a la gente. Esa misma que concurrió sin saber todavía a quién ha de votar, quizás porque no se siente todavía identificada con ningún referente. Y además, no hay candidatos… Todos han optado por la intriga o por el silencio que evidencia la soledad: ya sea por no poder convocar avales o por los aprietes que el gobierno hace para que éstos no se consoliden con fuerza.

Claro que, a esta desarticulación de la oposición, el kirchnerismo no ofrece una alternativa muy distintiva. La Casa de Gobierno es un hervidero. Todos se miran de reojo y nadie se va de su despacho dejando un cajón siquiera abierto… Sólo se unifican ante el vacío de la impotencia.

Y es que, así se pare a Omar Chabán para que recite, en vivo y en directo, los nombres de quienes encendieron las bengalas en Cromagnon, o se enfoque a Mario Pontaquarto mostrando en un púlpito el portafolio con las coimas para repartir en el Senado, o se consiga un pasajero detenido ante las cámaras de TV con dinamita en la mano o encuentren un avión manejado por un analfabeto…, no parecen poder sopesar el efecto de la marcha y del “después” con singular silencio. Habrá, para la polémica, detenciones, pasillos de tribunales para ignotos y encumbrados, habrá cortinas de humo a granel para cubrir tapas de papel, pero esperar un cambio en la gestión de gobierno es inútil después de tres años y medio de incapacidad manifiesta para “hacer”. Para ello habrá que votar en vez de marchar y hacerlo con los ojos abiertos: ¿será mucho pedirle a un pueblo manipulado desde hace tantos años?

El crecimiento económico que le regaló una bonanza inusual al Ejecutivo no parece servir demasiado si el país no puede proyectarse ni siquiera un año más, hacia adelante. “De acá al 2007 puede pasar cualquier cosa” dicen los analistas y es que un análisis puede sostenerse si hay regla mínimas de juego y no puras variables. De allí que la Argentina haya caído en competitividad en la encuesta anual a empresarios del Foro de Davos por la crisis institucional. La “república” se redujo a Balcarce 50.

Por Balcarce 50 pasa la inseguridad, no la política que se implementará para paliarla sino el “contra-ataque” a la “derecha” que fue a la Plaza… Por Balcarce 50 pasa el modo como se contendrá a la Iglesia si al misionero Juan Piña se le suman más voces como la del Arzobispo Luis Villalba, en Tucumán. Por Balcarce 50 pasan los subsidios a repartir para que los servicios públicos no mermen antes de que las urnas se cierren. Por Balcarce 50 pasan los números de teléfonos “pinchados” para saber donde apretar si la crítica aumenta. Por Balcarce 50 pasa la interna santafesina y se cotiza Agustín Rossi en detrimento de Rafael Bielsa, los santafesinos no cuentan.

Por Balcarce 50 pasa la ficha para que José Pampuro se erija candidato en la provincia de Buenos Aires aunque con algunas “cajas” subalternas para otros interesados, de manera de controlar el escenario… Por Balcarce 50 pasa la lista (no las causas) de uniformados que tendrán que “saludar” en lo sucesivo al juez Daniel Rafecas.

¿Por qué será que, en la Argentina, siempre hay un magistrado que sirve para tapa de revista?

Por Balcarce 50 pasa el libreto de la obra que se está montando para mantener a la ciudadanía mirando a otro lado. Mirando, por ejemplo, una película como si en un país en serio pudiera un film advertir al gobierno que algo falla en materia de seguridad aérea. Funcional, claro está, al momento y para denostar un poco más las FFAA pero poco creíble ya que el proyecto data de hace tiempo y nada se había hecho al respecto, ni siquiera investigar que todo cuánto se dice sea cierto.

Por Balcarce 50, sin embargo, no pasa el petitorio de Juan Carlos Blumberg… “No nos estamos ocupando de Blumberg”, dijo Aníbal Fernández (ya nos habíamos dado cuenta) pero pasa, en cambio, el sobre para las encuestas donde los porcentajes tienen que dar lo pactado. Y pasan los índices adulterados, por eso “La delincuencia está bajando”.

En definitiva, la República Argentina tiene ya “unidad básica” y se domicilia en Balcarce 50 donde “todo pasa”. Lo triste es que quienes están allá, no adviertan que ellos también son pasajeros del avión en emergencia… La única y vital diferencia con la tan promocionada película es que, en la Argentina, a veces, la sociedad anónima deja de ser tal y adquiere definida identidad.


(*) Analista Política. Lic. en Comunicación Social (Universidad del Salvador) Master en Economía y Ciencias Políticas (ESEADE) Queda prohibida su reproducción total o parcial sin mención de la fuente.
 


 

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