Todavía se esperan los resultados de la última jugada de Hugo
Chávez en las ambigua relación que mantiene con Chile (y al
revés también). Esta semana y en forma sorpresiva, aunque pedida
por amplios sectores políticos chilenos, el presidente caraqueño
llamó a consulta a su embajador en el país de la estrella
solitaria, Víctor Delgado, luego de que el gobierno de Michelle
Bachelet exigiera enérgicamente -y de manera inusitada- una
explicación sobre los dichos del diplomático y ex coronel de la
Fuerza Aérea de Venezuela, quien la semana pasada criticó de
manera directa y a la Democracia Cristiana chilena, planteando
que ese partido apoyó el golpe de Estado contra Chávez el 2002,
de la misma forma que apoyaron el golpe de estado contra
Salvador Allende en Chile en 1973.
El mandatario venezolano dijo que por ahora el llamado al
embajador Delgado es para "conversar", aunque calificó al
diplomático como "un hombre serio y caballero".
"He indicado al canciller (Nicolás Maduro) que llame a nuestro
embajador en Santiago para conversar con él. Es la única
decisión que he tomado hasta ahora. He estado leyendo las
declaraciones de nuestro embajador, este buen hombre es un
hombre serio, muy respetuoso, un caballero", dijo Chávez en
Caracas. Agregó que "como hay unas implicaciones acerca de lo
que él ha dicho, lo mejor es llamarlo para conversar con él".
Y la verdad es que fueron bastantes las "implicaciones"
generadas por el embajador Delgado en Santiago. Ningún ciudadano
común y corriente saldría bien parado de un ataque casi personal
a través de los medios contra uno de los partidos más fuertes de
la Concertación gobernante en Chile, y mucho menos lo haría un
embajador extranjero, precisamente por ser el representante de
otro estado, e "interferir" en cuestiones internas de Chile.
Suficiente se había hablado y discutido ya en las corrientes
antichavistas latinoamericanas sobre las constantes injerencias
del
Petroquijote del Orinoco en las discusiones internas
de México, Perú, Bolivia, Colombia, Ecuador y algunos estados
atomizados de Centroamérica. Faltaba Chile, ese país ícono del
tipo de desarrollo económico, político y social pleno de
libertades civiles y derecho a disentir, que Chávez NO quiere
para la ya conceptual Unión de Repúblicas Socialistas del Sur;
como él mismo ha planteado: la nueva URSS.
Ciertamente era difícil de explicar el por qué el venezolano se
había abstenido de hacer de Chile el blanco de sus ataques de
verborrea ideológica, en circunstancias que este largo país
austral representa la peor amenaza ideológica y práctica a los
intereses de la Venezuela chavista.
Y transitando más hacia
un extremos hipotético, no son gratuitos los anuncios de que
Chávez instalará una serie de bases militares en Bolivia (la
piedra en el zapato de Chile), lo que ya ha generado discusiones
con Paraguay.
Pero llevando los dichos del embajador Delgado a la mera praxis
política, sus dichos fueron la mejor ayuda que le pudo haber
dado a Chile para distender el flanco externo, ante la
indefinición que inútilmente ha alargado Michelle Bachelet en
torno al voto por el representante latinoamericano en el Consejo
de Seguridad. Ahora, si Chile quiere votar por Guatemala, o
bien, abstenerse, puede hacerlo justificadamente. La decisión
última será siempre de la hermética doctora Bachelet, aunque la
opción más fácil y corta es evidente, más aún luego de que Perú
anunció oficialmente su abstención.
Molestia
El canciller Alejandro Foxley, ciertamente por el sólo hecho
de ser democratacristiano, aprovechó la coyuntura creada para
tomarse el asunto de manera casi personal. Por ello reiteró que
la molestia del Gobierno tras el impasse con el embajador
Delgado fue un hecho grave.
Foxley pidió remitirse al comunicado que Chile envió al palacio
de Miraflores donde se solicita que se tomen las "medidas
adecuadas" para zanjar el conflicto, en lo cual hay consenso de
casi todos los sectores en Chile, excluyéndose sólo algunos
representantes díscolos del PS y el Partido Comunista. Delgado
debe ser retirado en el más breve plazo.
"El gobierno no va a hacer ningún comentario sobre esa materia
porque lo que teníamos que decir ya lo dijimos en una
declaración que hizo la Cancillería, en la que se señala el
malestar de Chile con la situación que se produjo e insinúa la
forma de remediarlo", agregó Foxley.
A pesar de Chávez de llamar a consulta a su embajador apareció
repentinamente, la acción claramente no cumplía con los deseos
de La Moneda, que aunque no solicitó específicamente el retiro
del diplomático, sí dejó entrever qué significaban esas
"decisiones adecuadas" esperables.
"Si ustedes releen la declaración que hizo el gobierno sobre
esta materia van a entender los pasos que sería lógico que se
tomaran para que esta situación se resuelva adecuadamente",
apuntó Foxley.
Mientras Víctor Delgado salía de madrugada con destino al
aeropuerto Arturo Merino Benítez, en Caracas el ministro de
Relaciones Exteriores de Venezuela, Nicolás Maduro, aseguró que
el interés de su gobierno es conservar las buenas relaciones con
Chile. "Ratificamos nuestro deseo de tener buenas relaciones con
la Presidenta de Chile, Michelle Bachelet" manifestó, agregando
respecto a Delgado que "se le llamó a consulta y apenas llegue a
Caracas vamos a recibirlo para iniciar las conversaciones".
Maduro subrayó que su país siempre ha estado interesado en tener
una relación "especial" con Chile, al que definió como un pueblo
"luchador" por la "democracia".
Claro está que el concepto de democracia ha de ser en la
percepción chavista un ideologismo vinculante bastante especial.
Preguntémosle a los venezolanos, si don Hugo lo permite.