Septiembre de 2006
Por Edgardo Arrivillaga
Realmente importa poco saber cuanta gente fue a la Plaza de Mayo iluminada por
las velas con la liturgia blumgberiana tradicional y cierto clima de familia que
amortiguaba los ecos amenazantes que venían de la otra.
En realidad la lectura política de la plaza de Blumberg, la real –la otra era
una simple rejunte digno de Marat Sade entre D´Elia, el agente secreto mas
acreditado del país: el Canca Gullo y el cansado montonero Kunkel, este último
con el aire absorto de haberse equivocado y de desear estar en otra parte.
Y en verdad la plaza chica fue un error y como en una metaforizada expresión de
lo que puede ser una elección en la Capital Federal la plaza republicana,l a
Plaza de Mayo, expresó con saludable energía lo que puede ser el elector común,
simple y sensato que no se preocupa tanto de la secta Moon. Ni le interesa
tampoco mucho de las contingencias del imperio del mal contra los diversos ejes
del mal –como recalcó D Élia hasta el hartazgo -sino que simplemente quiere
jueces que juzguen, leyes ejecutoras y funcionales y que la clase media y la
clase baja no se conviertan en blancos de tiro para el lumpenaje marginal
reciclado a la insuperable actividad que no tributa impuestos directos.
Blumberg demostró una vez mas que no es un político y probablemente ese sea su
punto de fuerza. Tiene cierta genuina candidez, como un Adán arrojado
bruscamente a ese Jurasico en donde se apiñan el ojo frio de los profesionales,
el generoso manantial de la droga que se esparce como una sustancia fría y
exterminadora en la provincia de Buenos Aires y el cauto análisis mafioso de los
apostadores de profesión.
Manager o candidatos a serlo no le faltan. Casi podemos decir que le sobran pero
el hombre tiene ese aspecto de inesperado challenger que va poniendo por tierra
a sus rivales casi sin percibirlo.
El indiscutible perdedor de la noche mágica de ayer fue el gobierno y los
múltiples Strasser de Kirchner que como D Elia sobreactuaron.
Y ya se sabe que cuando Kirchner hace de Kirchner y sus subalternos siguen el
juego kirchnerista el riesgo de catástrofe es significativamente mayor.
Cultivan algo funesto y dramático y suicida a la vez: un discurso
antiimperialista de barricada dirigido a estudiantes universitarios que no han
terminado de recibirse o a gente que lo hizo pero hace ya más de treinta años.
El gobierno quiso desconocer a Blumberg sin lograrlo y pretendió asustar a la
clase media de la Capital y del primer cinturón de la provincia sin conseguirlo
tampoco.
Por el contrario, el emergente Blumberg sigue siendo un sintético vehiculo
expresivo que la potencia y los acentos parareligiosos le dan ese aspecto de
minucioso Ghandi argentino que da por tierra con las interpretaciones de Feimman
sobré Nietzsche, los rubios blancos y todas esas disquisiciones de los
espantapájaros estructuralistas refugiados en Pagina 12.
Blumberg como hombre del Báltico y el recalca ese origen -así como las
mutilaciones sufridas por su familia a manos de los rusos comunistas y los
alemanes hitleristas- tiene la virtud de reinterpretar el discurso de un país de
familias, de gente laboriosa y con cierta expectativa que nos retrotrae a los
años sesenta.
Sus manifestaciones son manifestaciones de gente crédula, algo ucrónica y
probablemente eso sea lo que golpea con más fuerza en la neurona disecada de la
clase política.
Ellos ya no pueden tener eso. Apenas comprar un sucedáneo con algunas
subvenciones y una sarta de promesas inevitablemente falsificadas.
Cuando la gente se desconcentraba, desfilaba delante de los edificios
amurallados y barricados por rejas de doble empalizada: la Side, el Ministerio
del Interior, la Casa de Gobierno, algunos miraban hacia adentro en un muda
interrogación sin respuesta.
“Ellos son los que están enrejados" musitaba una pareja mientras los movicones
comunicaban a las familias que todo estaba bien y de paso preguntaban con
absoluta tranquilidad como se encontraba el perro, los chicos mas chicos o los
muy ancianos que no habían podido concurrir.
La plaza estaba luminosa, limpia, correcta .
La clase media media había ganado la partida.
El gobierno esta sicológicamente a un paso de perder las elecciones en la
Capital y algo peor se avizora en las cifras de los analistas: el 65 por ciento
de la imagen positiva de este hombre se encuentra también en las clases mas
empobrecidas de la provincia de Buenos Aires.
Y con un poco de oficio el ingeniero podría hacer penetrar su arenga con vasos
comunicantes transversales y multidireccionales a la vez.
D'Elia con su improvisación algo payasesca y sobreactuada ha espantado a la
clase media en la Capital y Blumberg puede, a su vez, recuperar a la clase mas
disfuncional, la postergada
El clima de que “se vayan todos" al parecer no ha concluido.
Tiene una retaguardia compacta y las divisiones endogámicas de los partidos
tradicionales enfrentados en un juego de masacre desatado irresponsablemente
desde el poder cristalizan la consolidación del fenómeno.
