AMIA
 

Octubre de 2006

Por Edgardo Arrivillaga

 

No se sabe muy bien si el pedido de arresto de casi toda la cúpula de gobierno de la Republica Islámica de Irán gobernante en 1994 es una sutil maniobra del gobierno destinada a tomar distancia de Chávez -el aliado estratégico de Teherán en la región -y a la vez demonizar a los gobiernos argentinos que actuaron entre 1994 y el 2003 por su inacción o se trata de un maniobra de política interna hecha con la liviandad autodestructiva que caracteriza a la actual administración y que ya le hizo crear casi un casus belli ecologista con el Uruguay, empantanarse en una extraña dialéctica destructiva entre Bolivia, Chile y el Brasil por el petróleo y el gas, finalmente casi desbaratar al MERCOSUR con su apoyo al chavismo militante en su versión mas infantil y declamatoria.


Es probable que la realidad se conozca de forma precisa por la derivación internacional del asunto mas que por sus intérpretes y explicadores locales. En ese sentido hay que confiar mas en la simplificación para amas de casa mascadoras de pochoclo de la CNN que en el pesado centimetraje explicativo que ya podemos anticipar en Horacio Vertvistky.

 

Independientemente de sus objetivos reales la jugada de la justicia argentina apunta al núcleo del poder iraní en las áreas centrales de ese país que esta compuesto por las fuerzas armadas, el complejo militar y sus servicios secretos.Todas ellas dominadas firmemente por los
ayatollahs después de la revolución que volteo al Sha y estableció un nuevo factor de poder en el Golfo Pérsico.

Observadores tal vez demasiado sutiles y casi todos ellos argentinos sostienen que la apuesta tiene el visto bueno americano. Esto implicaría tácitamente que la Argentina acompañaría la operación de desgastar a Irán en vísperas de un nuevo escenario en Irak, como
resultado de una estimación americana impulsada por el ala dura republicana, que propone una escalada militar por medio de ataques aéreos que reposicionarían al pueblo detrás de una presidencia desgastada.


Bush, el Joven, volvería a la carga intentando recuperar la iniciativa en política exterior por medio del envio de otros cien mil hombres al teatro de operaciones iraquí y - tal vez - un bombardeo táctico sobre Irán que, según algunos, tendría un contradictorio y extraño y dialécticamente evanescente efecto apaciguador.


Sobre todo si uno esta dispuesto a cargar con las consecuencias, los muertos y los desastres electorales del asunto.


No es el caso argentino donde nadie se atreve todavía a cargar con los heridos de la quinta de San Vicente donde el gobierno demostró hasta el hartazgo que ese 17 de octubre kirchnerista no era exactamente San Perón.

Otra posibilidad, mas municipal y de entre nous, es que la presidencia argentina se haya manejado con los criterios locales de la intendencia de Lomas de Zamora o de Santa Cruz erigida en comando sociopolítico del universo.


En ese caso podemos imaginar un análisis situacional en el cual Zanini o Kunkel o Aníbal o el otro o alguien similar habrá conjeturado que de todos modos el gobierno al cual la Argentina pide cuentas por el atentado a la Amia es "otro gobierno "ya que no es el mismo gobierno iraní
de 1994.

 

Esta simpleza -efectivamente un gobierno del 2006 no es el mismo del 1994 en ninguna parte del mundo salvo en Corea y esos lugares altamente estables que junta a gente como el gobernador misionero y candidato a
Strossner diminuto Carlos Rovira, con Anastasio Somoza - y que encaja perfectamente con el discurso analítico limitado de los megafones locales y que implica a la vez ignorar con rigor la constante estratégica del régimen de los ayatollahs iraníes que, desembarazado del esquema socialdemócrata de Bani Sard, exiliado en Francia disfrazado de mujer hace mas de dos décadas, mantiene una línea congruentemente nacionalista en los términos
del juego de la Gran Persia.


Línea que se traduce en una articulación militar y diplomática que consiste en contener a Irak, mejorar sus relaciones con Londres, enfrentar y/o colaborar alternativamente con Israel o Turquía frente al mundo árabe y un antinorteamericanismo fundacional solo
compensado por la relación ambigua con los británicos.

El desarrollo del poder nuclear autonómico persa con el cual la Argentina colaboro durante el proceso militar surgido en 1976 forma parte de esos objetivos que tienen la coherencia, la permanencia y la incisiva persistencia de los países que juegan al poder real y no exactamente a quedar bien con el discurso progresista políticamente correcto de la vidriera internacional de turno.


Últimamente las embajadas iraníes recibieron instrucciones de mejorar la imagen nacional en el exterior.


Hace solo unos pocos días el encargado de negocios iraní intervino en un panel en la universidad de Buenos Aires debatiendo curiosamente con intelectuales de
prestigio en la izquierda nacional, como Alejandro Horowitz. Y en definitiva ,en esta suma de curiosidades, la jugada del gobierno de Buenos Aires es una incógnita abierta aunque ya podemos suponer que seria verdaderamente una ilusión kirchnerista pensar que las masas iraníes, impulsadas por los ayatollahs, se abalanzaran con entusiasmo a las calles a los gritos de "creemos en Ala y en la justicia argentina ".

 


 

Portada