Octubre de 2006
El quinto congreso internacional de los ordinariatos militares (obispados
castrenses) del mundo, que se celebro en el Vaticano del 23 al 27 de octubre,
tuvo por objetivo ofrecer una ayuda espiritual a los miembros de las fuerzas
armadas más adecuada a los tiempos actuales. Los vicariatos castrenses ha sido
esenciales para mantener aggiornada a la iglesia católica en materia de la
evolución del pensamiento militar. Esto fue decisivo entre 1960 y 1985 en
América Latina, periodo en el que se concentró la mayor cantidad de gobiernos
militares en el área. También la iglesia juega un rol importante en África, Asia
y Medio Oriente a través de los capellanes militares de países europeos
católicos con importantes colonias en el pasado.
Jugó un rol importante en el proceso de descolonización y las transiciones
políticas que se fueron sucediendo en los países que conformaban las colonias
soviéticas en Europa.
En el caso argentino hay una fuerte embestida de sectores gubernamentales contra
la institución misma del vicariato castrense. Intelectualmente fogonea la
maniobra Horacio Vertbisky con el objetivo de quitar poder a la iglesia católica
y a la vez fomentar un modelo militar consustanciado con la doctrina de los
Derechos Humanos pero vistos desde la óptica tenuemente izquierdista y
genuinamente plutocrática que encarna el hijo del autor de "Villa Miseria
también es América."
La Presidencia argentina también esta zambulléndose con cierta irresponsabilidad
en los problemas religiosos por simples motivos de coyuntura electoral.
Básicamente el caso Misiones, la exhumación del atentado de la Amia simplemente
evaluando que el rabino Bergman es uno de los mas filosos opositores del
gobierno y queriendo operar sobre las iglesias desde la posición de un
desdentado vendedor de amuletos en una desvencijada estación de trenes de la
provincia de Buenos Aires.
En eso el loperrezguismo de las sectas modelo ANAEL, hay gente en el gobierno
que las apoyaba en su momento, conjuga sincréticamente con el militantismo
kirchnerista.
Uno de los objetivos del encuentro, convocado por la Congregación para los
Obispos, ha sido el de aplicar, según las circunstancias actuales, la
constitución apostólica «Spirituali militum curae», publicada por Juan Pablo II
el 21 de abril de 1986, cuando el mundo estaba todavía en la guerra fría.
«En realidad, desde aquellas últimas décadas, el escenario mundial ha cambiado
ulteriormente. Por este motivo, el documento pontificio, a pesar de que conserva
plena actualidad, pues la orientación pastoral de la Iglesia no cambia, necesita
ser adaptarse más a las necesidades del momento actual», reconoció este jueves
el Papa al encontrarse con los obispos y capellanes castrenses.
Tradicionalmente la asistencia religiosa a los ejércitos, regulada por una
normativa eclesial y una reglamentación civil, se ha realizado a través de una
estructura eclesial: el vicariato castrense. Éste se transformó, en virtud de la
constitución «Spirituali Militum Curae», en ordinariato castrense u obispado
castrense.
Los «ordinariatos castrenses» son una parte del pueblo de Dios, que es confiada
al cuidado pastoral de un «ordinario», un obispo, que goza de todos los derechos
de los obispos diocesanos y tiene sus mismas obligaciones, con la cooperación de
su presbiterio.
La jurisdicción del ordinario castrense es personal, se ejerce sobre las
personas pertenecientes al ordinariato, aún cuando se encuentren fuera de las
fronteras de la nación.
El «ordinario castrense» puede erigir un seminario propio, promover a sus
alumnos a las sagradas órdenes en el ordinariato e incardinar en él a otros
clérigos. Depende directamente de la Congregación vaticana para los Obispos. Y
está obligado a la visita «ad limina» como los obispos «territoriales».
El congreso, que fue inaugurado por del cardenal Giovanni Battista Re, prefecto
de la Congregación para los Obispos, concluyo el viernes con una misa en la
basílica de San Pedro presidida por el cardenal Tarcisio Bertone, secretario de
Estado.
