PERONISTAS CONTRA LA PRIVATIZACIÓN DE DIOS

 

Octubre de 2006


"El rasgo definitorio de la verdad es que merece la pena sufrir por ella. El evangelista debe ser un matir en el sentido profundo del termino. Si no esta dispuesto a serlo ,no debería poner la mano sobre el arado "
Cardenal Ratzinger, hoy Benedicto XVI
.


El documento que transcribimos tiene tres ejes cardinales. El apoyo al Papa en momentos en que los católicos argentinos sufren los embates de una gestión que confunde los equilibrios políticos en la provincia de Misiones con la situación de los católicos en el país y algo mucho peor, la confrontación entre el Islamismo fundamentalista y las tendencias laico-progresistas y panteístas que apoya tácitamente el gobierno del Frente para la Victoria. Tendencias que, como en un juego de dados trucados, lo hacen coincidir objetivamente con las posiciones anticatólicas del extremismo musulmán y casi por el mismo motivo preanuncian confrontativamente una derivación inesperada hacia la idolatría del Estado o del mito revolucionario de la primera Revolución Francesa.
Pero ya en el siglo XXI. Marcadamente a destiempo.


Al PRI mexicano le ocurrió lo mismo, pero hace ochenta años aproximadamente.


Es cierto que la primera línea de Kirchner no tiene cerebro para tanto. Pero el mito fundacional de los Derechos Humanos como bandera laica,l a consagración del presidente hacia las madres de los Desaparecidos y la consagración de los funcionarios hacia el Presidente hacen suponer lo peor.


Y en ese campo el juego totalitarismo -antitotalitarismo permanece sustancialmente abierto.


El segundo aspecto consiste en revitalizar el dialogo interreligioso para evitar caer en la demagogia unilateral.
 

En último lugar pero no menos importante un signo hacia la ortodoxia al solicitar en el plan de trabajo que se nos ha hecho conocer y adjuntamos el nombramiento de un capellán para la agrupación.


El objetivo es atrayente ya que a caballo de las declaraciones de Benedicto XVI sobre el mundo musulmán y sus reacciones de intolerancia armada los tradicionales sectores herederos de Boff y la Teología de la Liberación están reformulando la democratización vaticana sin entender muy bien el cuerpo de la Iglesia que no es exactamente una empresa tayloriana sino algo mucho mas complejo.


Probablemente este sea el momento de mayor inviabilidad para una reforma católica en el sentido anglicano del término. Solo aportaría mayor confusión y aniquilaría cierta verticalidad que preserva a los católicos, justamente, de fundamentalismos incontrolables que tramarían reacciones fuera de toda ortodoxia.


La crisis entre el mundo católico y el fundamentalismo islámico cierra las opciones tipo Elmer Guntry y consolida al catolicismo cotidiano, popular, arraigado.


Los sucesores de Boff no tienen juego, ni dogmático ni político, en estos tiempos. Y el problema de la castidad sacerdotal es un tema absolutamente menor frente a la violencia metaforizada contra los católicos que encuentra al gobierno argentino exactamente del lado de los anticatólicos.


Por motivos varios, de historia, de origen, de torpeza mansa, de simple oportunismo electoral. En verdad no se le puede pedir a Aníbal el Africano que conozca los vericuetos del Concilio Lateranense -1512-1517 ni el Concilio de Trento que fue la respuesta sutil y asimiladora a la Reforma Protestante. Pero al menos se le puede exigir que se aleje de esa palabra tan añeja y criolla. Simplemente que no sea tan indiscretamente, provisoriamente, pelotudo.


Vamos al documento.


Católicos, argentinos y peronistas

En el mundo y, como no podía ser de otra manera, también en la Argentina , vivimos una nueva época en la que se expande una tendencia a que los compromisos que se asumen sean escasos, efímeros y cambiantes y a que las identidades que se expresan resulten frágiles, equívocas y mutables.


Sin adelantar un juicio de valor acerca de esa tendencia, parece evidente que una de las condiciones necesarias para establecer relaciones sanas y mutuamente enriquecedoras con otro, es haber alcanzado un discernimiento claro y sólido acerca de la propia identidad y así asumir compromisos múltiples, firmes y duraderos de vinculación.


Si esto es una verdad general, resulta especialmente cierto en la actual situación de la Argentina , tan crispada por enfrentamientos, reproches y acusaciones entrecruzadas, que oscurecen la perspectiva de hacer de nuestro país un destino común en lo universal.
Esos desencuentros y la pobreza del diálogo entre argentinos se agregan a la primacía de la volatilidad y de lo instantáneo que son características de esta nueva época y esa convergencia contribuye a trabar la formulación, la concertación y la puesta en marcha de un proyecto nacional.


Formular, convenir y poner en marcha ese proyecto nacional que exprese lo que los argentinos hemos de hacer para ser lo que queremos ser, entre otras condiciones, requiere una aceptación profunda, amplia y sincera del hecho que las diferencias que existen entre nosotros son valores que nos enriquecen, en tanto seamos capaces de construir una unidad en la diversidad, que nada tiene que ver con una monótona uniformidad.


Avanzar en ese proyecto nacional también presupone que prime una extendida actitud social sustentada en la fe, en la esperanza y en la caridad, que nos lleve a estar dispuestos a preparar la tierra, plantar la semilla, regarla y abonarla, aún sabiendo que no seremos nosotros quienes van a consumir los frutos, como lo hicieron quienes, mediante su esfuerzo y su trabajo, nos legaron una tierra de bendición que todavía no tiene la prosperidad y la paz que nos debemos.


En esa perspectiva y aceptando a priori que, conforme los parámetros predominantes en la opinión pública de estos tiempos, pueda ser “políticamente incorrecto”; tomamos el compromiso de asumir públicamente nuestra identidad religiosa, nacional y política, que es la que determina que seamos quienes somos, dado que lograr la integración de los argentinos en la armonía de la diversidad sólo será posible en la medida en que seamos capaces de discernir, afirmar y expresar cada uno su propia identidad.


Es por eso que nos definimos católicos, argentinos y peronistas, una triple vertiente que se unifica al definir nuestra identidad personal y el modo en que vivimos las relaciones con nosotros mismos, con las demás personas, con las cosas y la naturaleza y con Dios, que son los sistemas de vinculación que nos hacen ser como somos.


Situados en nuestra firme identidad de católicos, asumimos una actitud de diálogo, respeto y amor hacia todas las personas, sea cual fuere la religión que profesen o sea que no profesen ninguna, buscando así cumplir el mandamiento que nos dejó Jesús: “amaos unos a otros como yo los amé”.


Situados en nuestra firme identidad de argentinos, asumimos una actitud de vinculación fraterna con todas las naciones y pueblos del mundo, convencidos de que, como dijera Charles Péguy, “el nacionalismo es al patriotismo, lo que la superstición a la fe religiosa”.


Situados en nuestra firme identidad de peronistas, asumimos una actitud de apertura hacia todos los que tengan otra identidad política o no tengan ninguna específica, reconociendo que “la felicidad del pueblo y la grandeza de la Patria ”, objetivos trascendentes del peronismo, son compartidos por toda persona de bien y sólo pueden alcanzarse con el concurso de todos.


o En tanto que católicos, argentinos y peronistas sentimos un deber librar batalla por la plena vigencia para todos de la posibilidad de ejercer en plenitud los derechos naturales a la vida, a la libertad y a la propiedad, que son el fundamento necesario de todos los derechos humanos.


o En tanto que católicos, argentinos y peronistas pugnamos por que los conflictos que son permanentes e inevitables en las relaciones entre los argentinos y de los argentinos con todos los países y pueblos del mundo, se resuelvan en todos los casos por medios pacíficos y que nunca y en ninguna circunstancia se apele a la violencia para dirimir las disputas propias de la vida en comunidad entre personas y pueblos diferentes.


o En tanto que católicos, argentinos y peronistas propiciamos que imperen la justicia social, la libertad económica y la soberanía política en nuestra Argentina y en el mundo entero, entendiendo que ese es el camino para construir la globalización de la solidaridad y la civilización del amor.

o En tanto que católicos, argentinos y peronistas pensamos y obramos para que en nuestra cultura vuelvan a tener vigencia los valores que inducen a respetar las leyes que deben ser acordes al derecho natural, siguiendo aquello de “dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios” que nos enseñó Jesucristo y aquello de “dentro de la ley todo, fuera de la ley nada” que prescribía el general Perón.


o En tanto que católicos, argentinos y peronistas alzamos como banderas irrenunciables la búsqueda de una restauración moral que garantice la defensa de la vida humana desde la concepción hasta la muerte natural y la defensa de la familia, basada en el matrimonio de varón y mujer y en la gestación, cuidado, educación y amor a los hijos.


o En tanto que católicos, argentinos y peronistas trabajamos para que se establezca un auténtico federalismo que, conforme al principio de subsidiariedad, devuelva a las regiones, provincias y municipios argentinos los derechos reales a gobernarse y las posibilidades materiales de hacerlo efectivamente
o En tanto que católicos, argentinos y peronistas promovemos que a todas las organizaciones libres del pueblo se les reconozca el derecho de desarrollar su acción autónoma en el marco de una comunidad organizada y que puedan ejercer ese derecho en forma plena y efectiva, convencidos de que la imprescindible reconstrucción del tejido solidario de la sociedad argentina requiere apoyarse en tres ámbitos fundamentales: la familia, el barrio y el trabajo.


o En tanto que católicos, argentinos y peronistas queremos que nuestra Patria sienta como destino propio la construcción del continentalismo y del universalismo, abiertos a la vinculación y los aportes de todos los países del mundo, pero sin olvidar que la Argentina es el hogar.


Albanese, Pascual

Ayala, Maria

Buela, Alberto

Calviño, Luis Fernando

Carboni, Ana Maria

Lapegna, Victor Eduardo

Prieto, Carlos R.

Zunini, Enrique A.
 

El plan de trabajo

A la precedente declaración fundacional de la corriente de pensamiento y acción que integramos quienes la firmamos y que está abierta a todos los que quieran sumarse a ella, la difundiremos con tanta amplitud como nos sea posible.


Queremos aprovechar esta oportunidad para hacer expresa nuestra incondicional adhesión y obediencia Su Santidad, Benedicto XVI y nuestra plena identificación con todos los términos de la espléndida clase que diera en la Universidad de Ratisbona, en ocasión de su reciente visita a Baviera (Alemania).


Por último, queremos dar cuenta de que, entre las actividades que nos proponemos llevar a cabo en el futuro inmediato, se incluyen las siguientes:
Promover encuentros y diálogos con quienes profesen otras religiones (cristianos no católicos, judíos y musulmanes), en la perspectiva de reinstalar una dimensión espiritual en la política nacional y promover iniciativas unificadas que muestren que no nos resignamos a la tendencia actual de “privatizar” a Dios, expulsándolo de la vida pública y queriendo encerrarlo exclusivamente en el ámbito de lo privado.
Realizar un seminario en el que podamos discernir las coincidencias y también las eventuales diferencias entre la Doctrina Social de la Iglesia y la Doctrina Justicialista.
 

Participar en el Congreso de Evangelización de la Cultura que ha de realizarse en noviembre próximo en la Pontificia Universidad Católica de la Ciudad de Buenos Aires.


Solicitar de Su Eminencia Reverendísima, Cardenal Jorge Mario Bergoglio, quiera designar a un sacerdote para brindar dirección espiritual a nuestra corriente, obrando como su capellán.


Aportar y promover acciones en defensa de la vida, de la paz y de la familia; de la justicia social, la libertad económica y la soberanía política.


 


 

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