SAN VICENTE NO ERA WOODSTOCK
 

Octubre de 2006

Por Edgardo Arrivillaga

 

Dentro de muy poco tiempo algunos argentinos comenzarán a sentir nostalgia de la Triple A.
Los que vivimos el asunto lo recordamos y el fenómeno paramilitar de acción y reacción, causa y consecuencia, con bandas que se enmascaraban detrás de la sigla se correspondía con las surtidas formaciones especiales que se disputaban la llamada " vanguardia revolucionaria" del país.


Queriendo matar al propio Perón.


Ayer de alguna forma lo consiguieron. Perón murió la primera vez como teniente general en servicio activo. Fue velado en el Congreso, con algunos intervalos en los que la gente salía del recinto y se le inyectaba
formol para mantener en buen aspecto el cuerpo y sus viejos adversarios, como Ricardo Balbín, le rendían honores Despedían al conciliador, al personaje descarnado que había entendido que el privilegio de la victoria en toda confrontación nacional es buscar simplemente la aceptación del adversario para juntos construir la Nación y reproponer el tejido, la textura de una historia perpetua que supera a los hombres.Y  a los partidos.


Escuela de partido, escuela de cuadros, en el mundo tercermundista el Partido significaba simplemente "conducción eficaz del Estado."


Pero eran todas sociedades en guerra. Perón en 1972 había abandonado ya todas las seducciones tercermundistas porque los 18 años de vida europea lo habían revitalizado de una forma no prevista para muchos de sus seguidores y adversarios.


No le eran necesarias. Había enviado a De Gaulle y a Andreotti la Constitución argentina de 1949 que inspiró al francés una formula asociativa entre el capital y el trabajo, documento que hoy esta en su museo, en Paris
Era un mundo serio el que traía Perón con su proyecto inconcluso y fracasado y básicamente de primer mundo. Proyecto en el cual la libertad de maniobra en la esfera internacional no implicaba la totalización haciaadentro sino una transposición de alternativas sustitutivas. Pactos yacuerdos.


Un mundo en el cual las brusquedades habían quedado olvidadas porque estampillaban un anticartesianismo que se oponía a la canalización institucional de los fantasmas que venían atravesando el país desde 1953 en adelante.
Era el mundo de Oberdan Sallustro y las inversiones productivas a quien los jóvenes asesinaron para favorecer curiosamente a las inversiones americanas. ¿Smata de la mano del capitalismo?


Gracias al ERP.


Y a Revelli Beaumont.


Perón no murió como peronista sino como estadista. Y su reapropiación en los términos de la raquítica dialéctica peronista de caja y barras bravas del presente es lo que jibariza dramáticamente su conversión de la justicia
social al republicanismo activo de sus últimos años como formula generadora.


Traer a Perón al pasado de Perón, para unificar a los kirchneristas antiperonistas debilitados por Blumberg y el secuestro y probable asesinato de López, con los duhaldistas entregados solo provisoriamente al oficialismo, fue una pésima operación política y los resultados constituyen una historia de antagonismos todavía en proceso de realización


En palabras simples, un enfrentamiento que recién comienza.

 

Si no se entiende el carácter postperonista del ultimo Perón seguiremos pensando en términos fetichistas y la candidatura del peronismo para la democracia republicana siempre quedara postergada en beneficio del
predominio secular del carisma unilateral y reduccionista. La falta de democracia interna del partido-movimiento es consecuencia directa de la misma fantasía. Que se proyecta sobre toda la sociedad.


Sin entender que no hay reunificación sin diferencia.

Ayer la pornografía seudo peronista desatada por el kirchnerismo y las pandillas sindicales destrozaron la imagen del ultimo Perón y el ascenso a los extremos arrasó con la razonada sensatez que había legado a
seguidores y enemigos.


La segunda muerte de Perón fue infinitamente peor que la primera y la acción directa y antipolítica de las barras bravas se adueño irónicamente pero sin gracia alguna de la situación.


El marchito Antonio Cafiero, sin reflejos pero mucho mas valiente que Kirchner, tiene razón al sostener que sesenta heridos es una cifra discreta, casi insignificante, si la comparamos con los 900 atentados mortales al
año que soportamos entre 1969 y 1979, en la Argentina. Pero estamos hablando de cosas que ocurrieron hace 30 años. La sociedad cambio. Las comunicaciones cambiaron, hoy el país se mide en los simples términos de seguridad, crecimiento, justicia. Y la seguridad tiene que ver con el control, la cultura y los sistemas políticos equilibrantes. Y la seguridad no se delega a los amigos, a la cultura de la aldea. Simplemente se la pone en
marcha como un mecanismo social de preservación y nada mas.


Es bastante infructífero que Moyano o el ex cabo de la Gendarmería Nacional, Gerardo Martinez, hoy a cargo de la UOCRA, traten de hacer guiños autosatisfactorios hacia la justicia para hacer un pase largo de pelota.


Ellos han sido funcionales a los aprietes contra los supermercados, a los escraches varios contra enemigos políticos de coyuntura y junto con los D'Elia conforman la barra brava activista y anacrónicamente strasseriana
del régimen. Su peor cara. Son los Farinacci sin Mussolini y sin proyecto, aunque los retornos de las comisiones por las obras monumentales y distribucionismo elemental los envuelven como una borrachera de niños perdidos en una alegre y terrorífica noche de Halloween.


Resulta también inútil y artificioso que otros, como Martín García, busquen explicaciones auto punitivas que enlazan la escaramuza de las barras bravas sindicales con los fusilamientos de Valle y Cogorno o los dos
levantamientos militares que sufrió el peronismo entre 1951 y 1955. O la intentona de Chávez por quedarse en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.


El imperialismo americano o británico o la desestabilización nada tienen que ver con los pequeños asesinatos argentinos que todos cometemos.


Esta es una larga marcha al Far West que no solo no termina. Recién empieza. Y es solo nuestra.


Los sindicatos explican el enfrentamiento como una alegre estudiantina intersindical por los ART que perjudican a la gente de Martínez -la Construcción - y estaría fogoneada por Moyano y su asesor jurídico, Recalde. Otra explicación sutilmente rebuscada pero solo comprensible para escuetos mogólicos que hacen parecer el enfrentamiento intersindical a una inesperada crisis de nervios en un equipo femenino de esgrima.


El país volvió a la democracia en 1983, fecha lejanísima si tenemos en cuenta que la URSS se desmanteló entre 1985 y 1989 y que la Argentina ya tuvo un gobierno como el de Menen, nutrido por gente como Kirchner y sus aliados montoneros, gobierno que tuvo, eventualmente y en lo político una sensibilidad casi alvearista.


Aunque esa impronta a muchos, actualmente, no guste.
Y huelga aclarar que la Argentina no es el único país violento, feo, desdichado del mundo.


Pero si es el país que con cierta insistencia confunde a sus mitos históricos con sus realidades actuales.


Esta debilidad argentina por los mausoleos, el de Rosas, Evita, Perón, la imbécil discusión en torno al carácter masónico de San Martín son el signo de una debilidad profunda con respecto a la identidad.


Solo gente muy insegura puede seguir combatiendo por la cercanía a un féretro o por guiños seudopolíticos destinados a marcar la cancha en términos futboleros.


Si agregamos a esto la cocaína y el alcohol que corría fuerte en la quinta de San Vicente, en un lugar en donde los intelectuales y hippies de Woodstook y los cultores del cine francés no abundaban demasiado el resultado era dramático, nefasto, previsible.


La responsabilidad de lo que paso es estrictamente de la Presidencia de la Nación y de su permanente incapacidad para organizar en términos solidarios a la sociedad argentina del presente.


Encaramada sobre la base de una conflictualidad que la ha llevado sistemáticamente a enfrentar a los peronistas del pasado, a los militares, a la policía, al Uruguay, finalmente a la Iglesia, la presidencia recoge la zarza ardiente que sembró en los últimos años de gobierno con
discurso gótico.


El discurso tramposo del Guasón. El discurso tramposo de un personaje que hace coincidir el análisis del ADN de Peron casi con la fecha nacional del homenaje. ¿Casualidad? ¿Independencia audaz de la justicia argentina ?

 

Es el simple discurso táctico de Kirchner, envenenado de tenebrosas cruzadas punitivas, pero que ignora casi todo de energía, de justicia, seguridad y defensa, y que deja una manifestación como la del 17 de octubre en manos de improvisadas barras bravas sindicales y que carece del elemental coraje para tomar un helicóptero y presentarse en medio de piedras y enfrentamientos para envolverlos con la fuerza de su investidura, y que no merece ser el presidente que construye torcido
poder vicario con la permanente excomunión política de la otra mitad del
país.


Kirchner, tiene menos coraje físico y moral que la insuficiente Isabel Perón, dato que a partir de hoy habrá que tener en cuenta como un diagnostico algo serio y peligroso.


Lo cierto es que el 17 de octubre del 2006 lo mataron de verdad a Perón.


De una forma menos digna que su muerte real. Logrando espectacularmente el objetivo del Canal Volver.


Volver a los setenta.


¿No era exactamente eso lo que querían ?


¿Y ahora, que van a hacer ?

 


 

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