
Noviembre de 2006
Por Edgardo Arrivillaga
Todavía no sabemos quien esta colaborando con Eduardo Duhalde en la redacción de sus memorias políticas-bastante exhaustivas ya que consumirían dos tomos o al menos así se dice –pero podríamos ofrecerle un consejo gratis.
Que escriba un capitulo haciendo un devoto acto de contrición para que el pueblo
argentino lo absuelva por haber apoyado al inexplorado Néstor Kirchner a la suma
del poder publico en el 2003 y - ese caso - estamos absolutamente seguros, serán
un éxito.
Un invaluable best seller político que lograría consultarse y venderse durante
todo el año 2007. Y bastara simplemente ponerle un subtitulo: el Día en que me
Equivoqué.
Será algo mejor que el culebrón Montecristo y tendrá mas éxito local que la
inolvidable “Cuando Néstor conoció a Cristina”. Y será también un exocet metido
en la línea de flotación de la nave almirante del gobierno.
Barrocamente en estos tiempos la política y los escritores parecen estar
entremezclándose.
Horacio Vertvitsky, no solo ex montonero sino escritor fue despachado de
urgencia al Vaticano para explicar posiciones, buscar información.
Sobre todo relativas a las dudas múltiples del gobierno frente a la iglesia
católica después del disparo político de Nagasaki –Misiones, Hiroshima Nación
esta por verse aun y- al tiempo- conocer en detalle los cambios que Papa
Ratzinger se propone hacer con algunos argentinos en la cúpula vaticana.
Monseñor Sandri es una de esas figuras que ejemplifica paradigmáticamente el
interés del desesperado kirchnerismo en el asunto.
Bergoglio es claramente el objetivo final.Ocurre que Misiones ha sido un hito no
solo en la línea de demarcación de la republica encuestadora sino en la relación
con las iglesias. Con todas ellas a la vez. Y probablemente desde la época
Termidoriana o de inicio de los soviets antes del viraje de Stalin hacia la
ortodoxia de la cual provenía como seminarista, no se insinuaba un enfoque tan
cáusticamente suicida y desesperado y coquetamente vanidoso y autodestructivo a
la vez frente a las elementales creencias de la gente.
Pero la curiosidad literaria asalta cuando advertimos que HIV tenía un
acompañante de lujo y a la vez inesperado para la ortodoxia kirchnerista
progresista sometida a profusos actos de fe que se multiplicaran durante todo el
año próximo. En la medida en que la transversalidad de la oposición se consolide
con una dialéctica inesperada paras los que pensaban en una infinita Alianza Dos
seudo bolivariana, bajo la conducción del presidente transicional, de Chacho
Álvarez y de dos docenas de ex montoneros que escriben todavía razonablemente
bien.
Explicadores.
Vertvitsky viajo con Esteban Caselli, el hombre clave de la diplomacia menemista
hacia la cabeza simbólica pero potente de los viejos estados pontificios.
Todo un símbolo. Dos kilómetros que no olvidan. Habituados al dialogo
interreligioso que centrifugan cíclicamente toda transversalidad desde la época
de la paz de Westfalia.
Hace tres años que llevamos una dura embestida contra el gobierno reaccionario y
antinacional que proponen y llevan adelante los montoneros del ayer con su
libreto viejo y ya fracasado cuando tenían pólvora y metralla. Y esto al
principio parecía un ejercicio de escepticismo intelectual aislado.
En los últimos tiempos uno o sus ideas, inevitable tributo al ser hegeliano,
esta pasando del mercado negro a la rutina oficial y a los canales de cable y
probablemente y con algo de suerte pasaremos en el 2008 rápidamente a las mesas
de saldos que nadie lee.
Los triunfos políticos entierran los galardones literarios y la derrota los
fomenta. Es previsible entonces que Horacio, Bonasso, Gelman, Bielsa y otros
vuelvan a competir por premios en Madrid, Cuba y Nicaragua donde rivalizarán
entre ellos como una lucha de fotocopias o de adjuntos celosos que se semejan
con el mismo denuncialismo y la misma sintaxis en la Web.
Teherán queda ausente en esta contingencia de concursos porque allí serían
genuinamente fusilados por los hijos de Khomeiny que maldicen de verdad y por
siglos a los intelectuales ya que desde los tiempos de Zoroastro avistan su
peligrosidad.
Esperemos la prosa de Duhalde.
