
Noviembre de 2006
Por Edgardo Arrivillaga
Tal como habíamos anticipado Estados Unidos, mediante la
comisión Baker, se prepara simplemente a negociar con el enemigo.
A su vez sectores republicanos empeñados en la hoja de ruta dialécticamente
destruida el pasado 7 de noviembre en las elecciones americanas sueñan con una
inviabilidad . Esto es mantener la situación actual, haciendo caso omiso de la
opinión de los americanos como si la Republica Imperial aroniana fuese una
simple republiqueta bananera.
Pero los hechos no son así. Fuerzas importantes del conservadorismo americano y
del laborismo ingles, coinciden con los principios estratégicos versátiles y
tradicionales de negociar y guerrear a la vez. Proponen intensificar las
operaciones clandestinas, bajar el perfil militar, abrir canales de negociación
con las potencias que gravitan en la zona, Siria, Irán y el extraordinario
puzzle iraquí que solo la implacable conducción del partido Baath había logrado
mantener con criterios de homogeneidad nacional hasta su implosión .Y que ahora
habra que reformular.
Algo similar intenta Putin en el conflicto Tchechenio con sus vecinos, con éxito
y menos crisis de conciencia para las inaguantables almas bellas que pululan en
las zonas confortables del mundo.
El sistema nervioso de la opinión pública americana no tolera un Vietnam Dos. La
actual clase dirigente americana, una generación que era muy joven pero no
irrelevante en la época de las guerras en Indochina-la miraba como voyeuristas
del sexo atrapados in fraganti - tiene perfectamente claro que la guerra dejo de
ser atractiva para los electores que cuentan en la opinión publica.
Esos electores están en la bolsa de valores con sus acciones energéticas y
tecnológicas y en los medios de comunicación que se usan, leen, consumen en la
costa oeste progresista de California y en la ciudad de Nueva York, ese enclave
de cosmopolitismo que funciona con mayor sintonía con Londres o Paris que con la
América profunda de los estados del medio oeste.
Porque allí se ve a Bergman y a Woody Allen y se lee The New Yorker.
Y hasta The New Republic es un papiro exquisitamente derechista y bien escrito
que solo circula en tirajes casi reservados.
Irak se ha convertido en un elemento mas de la conciencia política del
establishment cultural americano. Al margen del esfuerzo de guerra que no
terminará abruptamente mañana el establishment exige cartas de reacomodo, de
negociación y de recambio que ya hemos visto funcionar en situaciones parecidas
y no se advierte muy bien porque deberían dejar de hacerlo en una guerra lejana
y en el fondo inadecuada para los intereses americanos, como la que se esta
librando en Irak, como un largo goteo, un largo desangre multiplicadoramente
potenciado por la trágica incapacidad de la política exterior para encontrar
puntos de equilibrio dentro de la sociedad árabe y persa que se disputan la
zona.
Por siglos.
Los sectores que producen los papers como el que transcribimos simulan ignorar
datos esenciales de toda guerra.
La paz o los armisticios siempre se negocian con el enemigo- ¿con quien sino? y
al respecto basta mirar Camp David -y efectivamente lo que pase con la población
de Irak le importa notoriamente un bledo a la población americana o argentina.
No les importo demasiado la caída de Saigon, la caida del Sha o el
desmantelamiento del imperio francés y pocos años mas tarde enviaron sus
petroleras a encarar simplemente la prospección del Golfo de Tonkim con los
vietnamitas, porque hay que pretender que en una era posthumanista y mutilada
las cosas hayan cambiado realmente demasiado? ¿Y Bulgheroni acaso no instaló sus
ductos en el Afghanistan de los talibanes sin esperar un par de siglos como para
que llegue adecuadamente la revolución francesa a la zona ?
Pero curiosamente y de forma tentacularmente retorcida en una de esas
imprevistas vueltas de tuerca históricas ahora lo que ocurra en Irak interesa… a
los wilsonianos argentinos de la presidencia porque el caso Amia sobre el cual
ya hemos escrito y la renuncia del ex seminarista piketero de la teología de la
liberación, Luis Delia, plantean el conflicto entre realismo e ideología.
La diplomacia en el siglo XX y XXI no es una fotografía estática como en la
época del Congreso de Viena –Kissinger era demasiado conservador en ese asunto y
Brzerzinsky demasiado audaz - sino una imagen en movimiento como la inasible
estructuración contingente de la opinión pública. Es una historia que se cuenta
permanentemente a las masas -una novedosa storytelling - explicando que el Lobo
feroz esta llegando aunque en verdad nunca lo haga realmente y allí esta la
clave de su dificultad y fragilidad a la vez.
Reagan entendió la cosa y logró el objetivo máximo de la apuesta sin costos
bélicos .
Ahora la Argentina se enganchó en la crisis por el momento sólo judicial con
Irán apostando en un ruego silencioso y de plegarias desgranadas por fieles y
conversos poco creíbles en que la situación se mantenga simplemente en un
contencioso jurídico.
Algo tan domestico como la crisis con el Uruguay y con un nivel de tensión
eléctrica que no supere las contorsiones de la asamblea ecologista de
Gualeguaychu.
Simultáneamente y haciendo un análisis retrospectivo de los hechos , la crisis
con Irán proporcionaba una excelente excusa para engancharse secretamente en el
inviable bombardeo preventivo de Irán por la infinita disputa nuclear en el caso
de que los republicanos no hubiesen sufrido la derrota que recibieron Acción
sicológica paralela elaborada generosamente por estos indefensos argentinos. En
esto D'Elia no se equivoca en el oportuno salto que presupone un cambio de bando
gradual en la política exterior de la administración kirchnerista pero
sobreactúa el principio de disociación, el kirchnerismo es mas inconexo, menos
anticipatorio, solo mediáticamente conspirativo. Actúa por reacción y no por
conjura.
También subyacía en esta historia , como en un juego de muñecas rusas, el
objetivo latente de proponer guiños de comprensión hacia los sectores
progresistas de la colectividad judío americana.
Tercero pero no menos importante: demarcarse simbólicamente de la alianza
estratégica con Chávez que acaba de abrir tres nuevas embajadas en África frente
a la pereza maricona de nuestra diplomacia y a la falta de comprensión de la
horizontalidad en las relaciones internacionales que durará al menos dos años
mas. El tiempo en que los Estados Unidos prepararan la postguerra en Irak
solucionando, de la misma forma, su propia interna política.
Suertudos nuevamente estos argentinos, estaban jugando a Bush y a los demócratas
y a los venezolanos simultáneamente desde el magro espacio del poder local y
desde estamentos estaduales diversos.
Esta jugada a varias bandas y en el fondo de indestructible oportunismo exigía
una articulación diplomática que no podía quedar confinada en la abstracción de
D'Elia o en la improvisación del autodidáctica geopolítico Zanini.
Fue producto de la impericia gubernamental en materia de política exterior pero
a la vez de la infinita cantidad de opinadores que giran, gravitan, moldean
opiniones en torno a la presidencia simplemente porque el ex embajador de Menem,
Taiana no existe.
Hay una política exterior de Cristina que mira a Hillary y la hace coincidir de
forma automática con los grupos de presión israelíes que son decisivos en los
distritos demócratas. Pero también hay una política exterior informal
prochavista que encuentra su expresión en D'Elia, algunos piketeros y grupos
como Quebracho que imaginan repetir la hazaña de los montoneros en los 60.
Comenzar como brazo activista del estado para luego en un largísimo proceso
insurreccional –no se ve muy bien como, ni con quien -sustituirlo.
Encontramos finalmente la diplomacia de la CIA con Horacio Vertvisky, alguien
que agradece infinitamente que le recuerden su origen montonero como opinión
legitimizadora hacia sus lectores y que analiza el caso Amia como un escenario
propio de la postguerra de 1945 reforzando de forma astutamente deliberada esa
clásica tendencia local a identificarse con las corrientes internacionales
ganadoras, pero en la década pasada.
Atrasados partidarios del Eje en 1943, descubriendo la bipolaridad coercitiva y
complementaria sobre el nacionalismo de las naciones agresivas que quieren
saltar los mapas, en 1982, bajo fuego británico, el país se vuelve un extraño
halcón progresista y jurídicamente cruzado y casi carterianamente cuáquero en el
tema iraní, en el 2006.
Como un inmaculado y juvenil andrógino sin historia, recién terminado de armar,
la diplomacia local con el salvoconducto de sus jueces, algo escasamente creíble
en el mundo real, ha elegido ser un puesto de centinela americano de una unidad
de Justicia Militar parado en un cruce de caminos en Irak, muy cerca, demasiado
cerca en verdad de la frontera con Irán.
Esta situación no solo produce desasosiego e incomodidad. Es mucho más peligrosa
que haber enviado alguna unidad naval al Golfo durante la primera guerra y a la
vez tiene el sello de gratuidad irresponsable que nos marca a fuego cuando
pretendemos movernos desordenadamente en los asuntos del mundo.
Porque ¿estamos entonces realmente, simbólicamente, genuinamente en Irán?
Y ¿cual era la alternativa?
¿Dará votos al Frente para la Victoria esta maniobra y si es así un simple y
eficaz atentado con media docena de muertos y heridos los quitará de la misma
forma ?
En esto como en otras cosas las realidades de los noventa son las que planteaba
el mundo de los noventa pero no constituyen un cuerpo doctrinario fundacional ni
definitivo para el desarrollo de la política exterior .
Atacar a Akenaton-Menem retrospectivamente es tan inútil como seguir golpeando a
la vieja estructura militar que hoy ronda los setenta y siete años. Constituyen
juegos de guerra ficcionales, precomputadoras pero no alteraran
significativamente nada de la realidad internacional con la cual se hace difícil
jugar si computamos la desaprensión de los locales.
Y en Israel la perplejidad inesperada es mayor y esa gente cabalística,
habituada a la vigilancia del Golem armado y a las guerras permanentes, ya esta
diciendo con cierta incertidumbre. “ “Kichner, Kirchner, no le habíamos pedido
tanto…”
El quejido repercute en la colectividad local a la cual hemos convertido en
blanco apostando heroicamente al martirologio de los otros y a que la
benevolencia reemplace las realidades carnívoras que produce la mesopotamia
oriental.
Somos Derechos y Humanos se decía en los setenta.
Ahora somos implacables Justicieros Retrospectivos.
Sobre la piel ajena.
Como hicimos valetudinariamente con el señor López, desaparecido para siempre y
sólido candidato a ilustrar miles de tarjetas postales financiadas por algún
Fondo de Cultura municipal.
Veamos el paper.
Por GEES
Tras la derrota electoral de los republicanos –que no victoria demócrata– se
ha creado cierta confusión alrededor del posible cambio de la política de
Estados Unidos hacia Irak. Las expectativas están puestas en la comisión
bipartidista Irak Study Group –presidida por el republicano y antiguo secretario
de Estado James A. Baker III junto al demócrata Lee Hamilton– que fue creada en
marzo de 2006 a petición de algunos miembros del Congreso y con el apoyo del
gobierno, para mostrar una nueva perspectiva de la situación en Irak. La
comisión Baker-Hamilton publicará un informe antes de que acabe el año con una
serie de recomendaciones que, según ha transcendido a la prensa, apuestan por
resolver las tensiones en Oriente Próximo como vía para estabilizar Irak. Un
reto muy loable y nada nuevo pero quizá excesivo para una comisión que debería
ser más pragmática y retomar su mandato inicial. Es decir, evaluar la actual
situación de Irak y las causas de su inseguridad, determinar los cometidos
necesarios para que las autoridades de Bagdad puedan promover la reconciliación
y sugerencias sobre algún tipo de presencia militar interna y/o externa que de
alguna manera ayude a mejorar la situación en el país.
Según Baker –y como recoge la prensa– para llevar a cabo los planes de paz en
Oriente Medio y de este modo poner fin al derramamiento de sangre en Irak, hay
que involucrar a Siria e Irán. Es lógico tratar de incluir en la discusión a los
países vecinos, pero en este momento ellos son los fuertes y con una estrategia
de este tipo sólo allanaremos el camino para que lo sean aún más. Por otro lado,
las probabilidades de que sea posible negociar con el enemigo para encontrar una
solución pacífica en la región son prácticamente nulas. La tensión se está
incrementando en la zona con la última crisis política en Líbano, provocada por
la renuncia de cinco ministros pro sirios del gobierno de Fuad Siniora. Ésta se
produjo tras el apoyo de Beirut a la ONU para la creación de un tribunal
especial que juzgue a los responsables del asesinato de Hariri, un tribunal que
Siria e Irán han intentado obstaculizar por todos los medios. Por otro lado,
Ahmadineyad ha anunciado esta semana que su programa de enriquecimiento de
uranio estará completo y operativo antes de febrero. A ver ahora quien les
involucra en la búsqueda de una solución de paz. Negociar con Teherán y Damasco
debería ser contemplado sólo como un premio a un cambio de actitud de 180 grados
y nunca antes.
Parece que al primer ministro británico le ha gustado la idea de negociar con el
enemigo y, en su afán por alcanzar un lugar en la historia, se ha apuntado al
acercamiento diplomático con Irán y Siria. En sus últimos meses de mandato está
dispuesto a liderar una estrategia global en Oriente Medio, celebrar una
conferencia al estilo de Madrid y Oslo, y centrar sus esfuerzos en hacer avanzar
el proceso de paz en Palestina. Pero es que el entendimiento entre Israel y
Hamás parece incluso menos probable que llevar la paz a Irak. Después de nueve
meses en el gobierno, Hamás no ha cambiado su posición de no reconocimiento a
Israel y de apoyar la lucha armada. Los detractores del primer ministro dicen
que Blair se siente presionado por las informaciones de inteligencia que
advierten sobre nuevas amenazas terroristas en suelo británico, y quiere aplacar
la opinión pública islámica filtrando la idea de que es la política de Israel el
motivo que inspira a los terroristas islámicos. Cómo nos recuerda a Zapatero.
Tener una visión más flexible de los problemas en Oriente Medio y principalmente
en Irak, como piden algunos demócratas y muchos europeos a la administración
Bush tras su derrota en las legislativas, puede distorsionar la realidad, y la
realidad hoy por hoy son las bombas y los secuestros en Irak, las armas
nucleares en Irán y el rearme de Hezbolá. Negociar con el enemigo puede que
salve en el corto plazo a Washington y a Londres, pero no a los iraquíes.
