PAPELERAS: CONFUSIÓN EN LOS NIVELES DECISORIOS

 

Noviembre de 2006

Por Gerardo José González


En sucesivas notas anteriores (ver el dossier papeleras)habíamos tratado el conflicto internacional con el Uruguay desatado por algunos vecinos de Gualeguaychú, acompañados por el gobierno provincial primero y el nacional después.


Mucha agua corrió desde entonces bajo el puente que une al pueblo entrerriano con su gemelo menor Fray Bentos, en la banda oriental del gran río de aguas milagrosamente cristalinas.


En realidad, corrió el agua de siempre, ya que no hubo sequía en la cuenca ni tampoco exceso de lluvias.


Lo que cursaron fueron acciones políticas internacionales, nacionales, provinciales, municipales y comunitarias.


A nivel internacional el conflicto se trató formalmente en la Corte Internacional de Justicia de La Haya, que falló en favor del Uruguay y en el Banco Mundial, que según parece concederá los préstamos a las empresas industriales de capital finlandés y español.


Uruguay también recurrió a las instancias jurídicas del MERCOSUR en defensa de su posición esgrimiendo argumentos en torno al problema de los cortes de rutas.


En las relaciones bilaterales predominó la confusión de la posición nacional argentina, que osciló entre la conciliación y el enfrentamiento.


Lo específico de la actitud del gobierno nacional argentino consiste en que parece secundar confusamente a las posiciones de los poderes provincial, comunal y comunitario, que se asemejan, pero no coinciden exactamente.


En nuestro país intervienen cuatro poderes que actúan con llamativa autonomía sobre un tema al cual se considera estratégico: el nacional, el provincial, la intendencia de Gualguaychú y los vecinos. Esta superabundancia de actores establece confusión en la panoplia decisional independientemente de los objetivos que se intenten alcanzar.


Fuenteovejuna oscurece y no aclara.


Uruguay, a la inversa, se muestra unido en todos los niveles mencionados.

Muestra de ello es que los partidos blanco y colorado respaldaron formalmente al gobierno del Frente Amplio en su estrategia nacional industrialista.


En la Argentina, curiosamente, la oposición sencillamente no fijó posición.

Decíamos, al respecto, que el vecindario de Gualeguaychú actuaba por resentimiento. Veía pasar cada verano a los autos argentinos que llevaban veraneantes a Uruguay, cargaban combustible, compraban gaseosas o, en el mejor de los casos, almorzaban en el pueblo en un boliche al paso.


Y que el tema ambiental era una rústica excusa, ya que el enorme caudal del río barrería los residuos del proceso de elaboración de la celulosa.


Y entonces prendió la idea del piquete al puente binacional.


Es lógico que un pueblo defienda su interés económico, aunque no sea justo. Siempre existió el egoísmo pueblerino.


Pero el intendente, el gobernador y el presidente de la Nación están obligados, por mandato legal, a tener en cuenta los intereses del país que está del otro lado del río.


En orden tácticamente inverso al mencionado.


Pero es oportuno ir al corazón del conflicto: ¿Tienen potencial forestal las provincias de la mesopotamia argentina y el Uruguay a nivel mundial? Obviamente sí.

 

 Debiera haber, por lo menos, ocho grandes plantas de fabricación de celulosa, las dos uruguayas y seis argentinas, en las riberas del río tan mentado y en las del Paraná. De maderas papeleras blandas como el sauce y el álamo, de próspero crecimiento en nuestro clima templado. La demanda mundial de productos celulósicos crece exponencialmente y la tecnología de proceso, los capitales y redes de comercio pertenecen a las grandes empresas tradicionales del ramo. La cuestión esencial, entonces, no es si las celulósicas contaminan los ríos, sino cuanto beneficio implicarán esas inversiones para nuestros países.


En Noruega, Finlandia, Canadá, EE.UU., Chile, el balance entre beneficio económico y contaminación ambiental se resolvió sin mayores conflictos.


Señalamos también el curioso caso de Papel Prensa, empresa nacional productora de papel para diario, propiedad del estado Nacional y las empresas dueñas de los multimedios Clarín y Nación.


Está situado en San Pedro, a Orillas del Paraná, al cual arroja los efluentes de su producción.


Nadie asoció su caso a los de Botnia o Ence.


Ni los uruguayos se animan a mencionar el asunto. El estado Nacional es dueño del 26% del paquete accionario de la empresa. Pero ni el municipio de San Pedro, ni la provincia de Buenos Aires, ni las autoridades nacionales hicieron la menor referencia al tema. ¿Será acaso que papel Prensa no arroja contaminantes al Paraná? ¿Poseerá una tecnología superior a la mayor de Europa? No lo sabemos. Parece que el pueblo de Gualeuaychú en esto simplemente no quiere saber de que se trata.


Nuestra conclusión es que en la Argentina impera la locura.


Predomina un mezquino interés pueblerino sobre el nacional e internacional.


Objetivamente estamos a favor de la industria forestal, la minera, la pesquera, la pecuaria, la atómica y cualquiera donde el país tenga ventaja internacional y pueda exportar.


Lo esencial es en qué términos se negocian las inversiones.


Chile y China son dos ejemplos exitosos de inversiones exitosas en un contexto mundial de competencia comercial asimétrica.


Y lo que nunca jamás debe repetirse es el ejemplo de Menem y Cavallo.


Y la reciente reunión de presidentes en Montevideo no parece haber acercado posiciones.

 


 

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