Diciembre de 2006
Por Vicente Massot
Esta excelente nota argumentativa de Massot, intelectual honesto que molesta a los bienpensantes asalariados de los gobierno de turno-esa brava gente que era menemista hasta 1999 y duhaldista hasta el 2003 -, confirma nuestra apreciación inicial. El tema de la papeleras poco tiene que ver en sustancia con la ecología y mucho mas con la incapacidad diplomática del gobierno argentino que sigue con su tarea de colonizar a la Cancillería con impresentables o gente que ha leído tres o cuatro librillos sobre política nacional editados por Peña Lillo o la Siringa pero que es incapaz de analizar un cuadro situacional en su totalidad.
Excepción a la regla es la diplomática Ruiz Cerruti, nuna profesional, pero esta
a solo dos años de su jubilación.
El hecho es mas grave actualmente porque la política bilateral esta dejando paso
a la mulipolarización de la política internacional. No basta ya con dos o tres
buenos acuerdos para sobrevivir en un mundo en donde los países son cada vez
menos personas y mas grupos de intereses. Y como tal reaccionan
contradictoriamente.
El Uruguay desplegó una compañía de infantería simplemente para retirarla ,era
lo único que podía en sustancia ofrecer y la Argentina galtierista de la triple
A resurrecta y de las listas negras pulcramente coleccionadas por el
socialfascismo de Kirchner y sus amigos sigue perdiendo sistemáticamente en
todos los foros internacionales en donde se plantea la cuestión.
Probablemente el nudo central para ir planteando la necesidad de abatir al
actual gobierno argentino no sea la performance económica, la emergencia Schaht-Adenauer
ha quedado bien atrás - sino simplemente que se ha convertido en el desierto del
Sudan de las relaciones internacionales en America Latina.
Y un falso calculo repetido tenazmente es un excelente motivo para abatir a una
administración y reemplazarla por otra, mucho mas eficaz y realista y si no
recordemos al respecto a figuras tan disímiles como Badoglio y Harold Wilson.
Edgardo Arrivillaga
"En más de una oportunidad hemos señalado la enorme diferencia que existe
entre lo posible y lo probable en términos políticos. Ahora, en consonancia
con el conflicto del río Uruguay, es necesario volver sobre esa distinción para
no extraviar el análisis de la crisis que se ha planteado a una y otra orilla de
aquel curso de agua.
Si alguien se preguntase acerca de cómo van a evolucionar los
acontecimientos y creyese que al final del diferendo puede aparecer el rostro de
Marte, estaría descaminado. No porque la guerra resulte un imposible sino en
razón de que —por muchas que sean las torpezas de los gobiernos involucrados y
los ánimos exaltados de algunos vecinos de Gualeguaychú— un conflicto armado
resulta impensable.
Lo cual no quiere decir que el diferendo no siga escalando en el tiempo -
como lo viene haciendo desde hace un año, poco más o menos - y que las
relaciones con la vecina República Oriental puedan, eventualmente, romperse.
Sobre todo si fracasase esa suerte de mediación que han puesto sobre los hombros
del rey de España.
A esta altura de los acontecimientos el peor escenario que se recorta en el
horizonte de las probabilidades es el del cese de las relaciones
diplomáticas. ¿Por qué? Porque, salvo lo que pueda aportar el enviado personal
de Juan Carlos, hasta aquí prácticamente se han ensayado todos los caminos sin
que ninguno llevara a las partes a buen puerto. Inclusive la idea que se repite
a diario respecto de una reunión al más alto nivel, entre Néstor Kirchner y
Tabaré Vázquez, ya fracasó una vez en Santiago de Chile, de modo que no habría
que alentar demasiadas esperanzas por ese lado.
En realidad, lo que sucede es que Uruguay se dio cuenta de algo elemental y
esencial al mismo tiempo, respecto de lo cual la Argentina parece no tener
noticia: que ganó la pulseada en los distintos ámbitos -La
Haya, Mercosur y Banco Mundial- donde se ventiló el diferendo.
Que Tabaré sepa con claridad cuanto Kirchner parece ignorar le da al
político oriental una ventaja considerable sobre el santacruceño. Quien le ha
sacado a su adversario una ventaja imposible de descontar no tiene ninguna
necesidad de parar la pelota y solicitar un respiro. Quien, inversamente, está
al borde del KO, si es inteligente deseará detener el combate para no sufrir una
derrota más categórica.
El presidente uruguayo no esta ni apurado por el tiempo ni debe hacer frente
a una oposición que lo hostiga de manera permanente para que cambie su
política.
El argentino, en cambio, sin cartas que jugar y perdidoso por escándalo, no
es dueño de sus tiempos y sí tiene en frente al arco opositor - que le echa
en cara su estrategia desastrosa - y a unos vecinos de Gualeguaychú y, en menor
medida, de Colón, que no reciben órdenes de nadie.
Con lo cual, el santacruceño tampoco es dueño del terreno donde actúa.
Este último dato no es en absoluto menor y explica la orden de Tabaré Vázquez de
custodiar la planta de la empresa Botnia con efectivos militares
El gobierno oriental no tomó esa resolución a tontas y a locas. Podrá
parecerle desmedida a Kirchner, que sólo ve cuanto le conviene, pero, miradas
las cosas desde el ángulo uruguayo, es lógico que exista preocupación
no tanto por la posición de nuestro país como por la falta
de autoridad que, en este caso, aqueja al gobierno argentino. Si el
Palacio San Martín se ha dejado secuestrar el manejo de la política por parte de
Gualeguaychú y si el presidente de la República y el gobernador de Entre Ríos
nada pueden hacer ante los cortes de ruta, ¿por qué no custodiar una planta que
es el blanco de la ira de toda una ciudad?
La movida de los orientales, bien analizada, no ha sido un intento de escalar
el conflicto sino de montar un aparato disuasivo para que el diablo no meta
la cola. Es que a las falencias demostradas por Kirchner hay que agregarle la
convicción de algunos vecinos de la localidad de Gualeguaychú -no todos- de que
la planta de Botnia en funcionamiento supone el fin de un estilo de vida que no
están dispuestos a resignar.
Resumiendo: si de este lado del río los argentinos hacen lo que quieren,
ante la indiferencia del gobierno central, también podrían, en un arranque de
irracionalidad, cruzar el puente y entonces si la situación podría descarrilarse
definitivamente. El desplazamiento, ordenado por Tabaré Vázquez de efectivos
militares a Fray Bentos, es, pues, producto de la
debilidad del gobierno argentino.
En tanto y en cuanto Néstor Kirchner siga jugando a las escondidas con la
realidad, no habrá avances y sí retrocesos de todo tipo con el Uruguay.
Si, en cambio, asume que su posición de máxima -no a las pasteras-
fracasó y, a la vez, levanta la que debió ser la posición de mínima del Estado
argentino -no a la contaminación- el conflicto podrá tener un principio de
solución.
Aunque, para eso, debería convencer antes a Gualeguaychú
que demandar el retiro de la planta de Botnia es algo así como ladrarle a la
luna."
