PINOCHET, UNA MUERTE A TIEMPO

 

Diciembre de 2006

Por Edgardo Arrivillaga

 

Augusto Pinochet fue el único jefe de las dictaduras latinoamericanas surgidas en los años setenta que supo aprovechar la doctrina de Seguridad americana, pensada para la región en términos simplemente militares por los americanos, para convertirla en una política de estado global que fortalecería el rol de Chile en la zona, aumentaría su influencia geopolítica marítima a expensas de la Argentina, fundaría las bases de un sistema político conservador significativo y crearía a la vez los cimientos de una continuidad económica liberal y exitosa de forma incuestionable.Ademas,abrio los lazos con China y Extremo Oriente para compensar las alianzas económicas de las clases dominantes argentinas, peruanas y bolivianas con la Unión Soviética.
Todo esto se podía percibir ya en 1978 si uno viajaba a Chile y se entretenía en obtener un viejo libro escrito por Pinochet Ugarte cuando era un simple capitán del arma de infantería.


"Geopolítica de Chile" se llamaba el opúsculo y podría haber sido escrito por un nacionalista argentino si hubiésemos simplemente trastocado la geografía que nos une y separa.


Pinochet tenía pocas pero sólidas ideas políticas y en eso no solo se parecía a Franco o al olvidado Oliveira Salazar sino en cierta forma curiosa a Stalin.
Pero le faltaba territorio para conjurar su ambición de ser un zar regional entre boyardos norteamericanizados.
Incluso la misma doctrina de seguridad nacional kissingeriana no lo convirtió en un automático admirador del béisbol sino que siguió siendo simplemente lo que Bernardo O´Higgins había ya determinado para su país, un nacionalista insular británico implantado en un largo país cuchillo que exigía el dominio del mar y un siglo mas tarde un poder aéreo para proteger sus fronteras en una direccionalidad que lo llevaba a planificar el ataque permanente.


Exactamente como Israel cuya complejidad geopolítica plantea la misma situación de defensa o deterrente militar.


Su muerte, como la de Franco abre el camino para que se consolide de forma definitiva una derecha alejada del pasado pero que continuará siendo fuertemente nacionalista,  genéticamente antiboliviana y tal vez hasta antiargentina, por desnudas razones de interés.
Todo lo que he leído en los últimos días sobre las pretensiones de la izquierda local acerca de que los chilenos se conviertan en arrepentidos Raskolnicov dostoieswkianos golpeándose el pecho por los derechos humanos y releyendo “Crimen y Castigo” es desconocer la historia chilena, la dura confrontación naval que nos opuso en los primeros años del siglo pasado y la complementariedad y competencia a la vez que regulaba las relaciones entre Perón e Ibáñez.


La muerte de éste hombre obstinado y concreto marca nuevos desafíos para la Argentina y no a la inversa.
Y el minúsculo conflicto con el Uruguay y el irresuelto problema de Malvinas pone de relieve que las afinidades ideológicas o de sistemas no son seguros que automáticamente nos conduzcan por los senderos almibarados de la paz que gustaban al general Videla
Entre la Prusia casi socialdemócrata de Bismark y la Gran Bretaña victoriana las diferencias sociales y de libertades internas eran ínfimas pero la guerra por el control del continente inevitable.


Y la misma convergencia anticomunista entre el régimen chileno y el argentino en los 70 no impidió que las infanterías estuviesen a metros de fusil.
La muerte de esta nacionalista chileno levanta una hipoteca histórica sobre Chile y sus Fuerzas Armadas, entierra su leyenda negra y les otorga mayor libertad de acción en el gran juego internacional.


Para Chile es positivo,no estoy tan seguro de que lo sea para la Argentina.
 

 


 

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