GORILAS DE IZQUIERDA

 

Enero de 2007

Por Edgardo Arrivillaga


Luis Sobrino Aranda, viejo militante de etapas difíciles del peronismo y hombre de fluidos contactos militares que vivió en profundidad las alternativas del proceso político que dio por tierra con el gobierno de Isabel Perón a pocos meses de las elecciones nacionales me hace llegar estas reflexiones sobre una nota de Larraquy publicada en la Nación el domingo pasado.


Larraquy es un autor joven que me contacto hace años para que le aportara algunos datos sobre operaciones argentinas en el exterior en defensa de la integridad nacional en la época en que el país quería saltear fronteras obviando los exhortos judiciales de Canicoba Corral.


Me lo había enviado personal que había revistado con el brigadier Antonietti en la Secretaria de Seguridad Interior y algunos de ellos aun permanecen allí habiendo superado con una cintura sorprendente las jefaturas del comisario Pelacchi, del eterno Dorian Gray de la política argentina que es Miguel Ángel Toma, del Aldo Rico de De la Rua, Enrique Mathov, de Juanjo Álvarez y ahora según parece son placidos kirchneristas de la caja grande bajo el liderazgo de los famosos 33.


En la época de Antonietti los pacifistas 33 eran abnegados militantes de la caja chica y a la vez boyardos del menenismo militante.


Con gusto publico este análisis de un “antiverticalista” que defiende casi solitariamente al “verticalismo” pese a los aprietes que sufrió a manos de Anibal Gordon , aunque no soy ajeno al hecho de que exhumar aquellos años no es una operación de simple revisionismo histórico. Engarza con el crudo y algo repulsivo espectáculo que dio el gobierno frente al reciente traslado de los restos de Perón a la quinta de San Vicente y a interpretaciones embebidas de un Nietzsche salpicado por la cocaína que ensaya siempre Feiman, único filosofo conocido en las esferas de gobierno en los últimos 20 siglos.


El objetivo de desprestigiar a la última mujer de Perón hace coincidir de una forma impensada a sectores militares que quieren reforzar la figura de Videla y su seudo republicanismo de vuelo corto -fue el sepulturero del Ejercito argentino junto con Bignone en su totalidad y el entregador de extensiones marítimas al oponente argentino de aquellos años, pero también el mas decidido sostén de una política antinacional en su coordenadas económicas que desarmo a la Nación, pulverizó su nivel de vida y entregó finalmente el país al socialismo blando e ineficiente de León Blum revisitado por el eterno mausoleo viviente del doctor Alfonsin. Aberraciones krausistas que solo ellos entienden aunque tal vez se podría convocar a López Rega en una sesión de gran espiritismo nacional para que explique la cosa. Pero paralelamente es una forma sutil de ensalzar a la figura de Cristina Kirchner en el imaginario progresista, la actual copresidente , enlazándola en un movimiento retrospectivo y especular con el fantaseado proyecto de Eva Perón y Espejo que cultivan desde hace 35 años los montoneros como una falsificada alternativa a Perón ya planteada en 1945.


Esta leyenda negra que ahora circula atribuye a la Triple A, una organización básicamente anticomunista, una especie de ONG sin personería jurídica pero con escaso espesor político un proyecto ideológico que jamás tuvo. Se trato de un grupo de letales barbouzes con excelente inteligencia policial dentro de áreas del Estado muy similar a los que tuvo que crear De Gaulle en 1944 para neutralizar a los comunistas que respondían a Thorez y a los colaboracionistas de Petain antes de restablecer el orden francés nacional y republicano.


La Triple A esta sobredimensionada por estos gorilitas de izquierda que intentan ocultar que gran parte de la guerrilla montonera y erpiana revistaba también en el Estado. Muchos de ellos en la Universidad de Buenos Aires bajo la conducción de Rodolfo Puigross y Villanueva y se subvencionaban mediante importantes cajas provinciales.


Tantas, que fue necesario proceder a intervenir provincias importantes para extirpar esas bandas del terrorismo antiestado que estaban enrolados y curiosamente, a la vez, pagados por el Estado.


Lo que estaba en crisis en la Argentina de los años de plomo era el Estado en su totalidad por eso se produjeron fenómenos subversivos dentro del Estado y al respecto recuerdo que Perette, Ilia y el sobreviviente Alfonsin, conocían el asunto y por los mismos motivos a los asesinatos de Sacheri y Genta se les respondió con la somera ejecución que en verdad no sorprendió absolutamente a nadie de Ortega Peña, Horacio Ramiro Vivas y Silvio Frondizi, hecho justificado hasta por el propio ex presidente y fundador del desarrollismo de verdad.


Probablemente en este asunto de la estatalidad encubierta de la Triple A nos lleve a analizar en términos jurídicos la estatalidad de las bandas revolucionarias subversivas que sin tener la menor legitimidad operaban clandestinamente de noche mientras de día jugaban a ser funcionarios públicos en áreas aparentemente inofensivas. Como la propia Cancilleria. El estatalismo del terrorismo antiestatal llego al extremo de que el diputado demócrata cristiano Horacio Sueldo debió instalar su dormitorio en las oficinas de la Cámara de Diputados, sencillamente porque temía que los revolucionarios dentro del Estado lo ejecutasen por discrepancias que tenían que ver con la isla de Cuba y no con la Republica Argentina.


Si empezamos a aplicar revisionismos históricos retroactivos podemos recoger el guante y analizar en profundidad la verdadera génesis Montonera, las auténticas causas del asesinato del general Aramburu y el hecho de que por un decreto reservado del general Ongania gran parte de las actividades de inteligencia interior se habían transferido de la Side a los órganos de inteligencia de las Fuerzas Armadas, en particular del Ejercito.


¿Quieren realmente reabrir esta polémica los montoneros recientemente amnistiados retroactivamente por un fallo de la jueza Servina de Cubría aplicado al ex doble agente Horacio Vertvisky?


Cuando De Gaulle regresó a Paris en 1944 interrogo al prefecto de Paris, Flouret nombrado por el mismo con palabras simples que quedaron para la historia: “Hasta donde ha llegado usted en la purga? Lo importante es que se haga rápidamente..Todo este asunto debe terminar en unas pocas semanas..."


Perón, al revés del francés, no tuvo tiempo de ejecutar la tarea de doblegar a las formaciones especiales que lo corrían por izquierda y simultáneamente algún personal de los servicios secretos de la época simplemente dejaba actuar a la subversión con cierta candidez a la espera de la " solución final " que efectivamente llegó en la madrugada del 24 de marzo del 76. Era un golpe pero no exactamente el golpe lanussista gelbardiano que los radicales del pueblo habían imaginado.


¿Conviene realmente a estos gorilitas de izquierda que todos recordemos?


Según Raymond Aron en su análisis de la resistencia francesa y la instauración del primer gaullismo entre 30 y 40 mil hombres y mujeres fueron ejecutados sumariamente solo entre junio de 1944 y mayo de 1945.
Los resistentes comunistas ejecutaron a 911 socialistas resistentes, no comunistas, en una sola operación.
Y Alemania ya había capitulado.


Edgardo Arrivillaga.


La Nota

Luis Sobrino Aranda

 

1.- El periodista Marcelo Larraquy incurre en una serie de desaciertos (¿a designio?) en el artículo El preámbulo del terror, que publica el suplemento Enfoques del diario La Nación del domingo 11 de diciembre de 2003. Autor del reciente libro López Rega, la biografía, en la nota aborda aspectos que desarrolla en la obra y acicatea la conciencia del presidente Néstor Kirchner, para que éste investigue –tal como parece haberlo prometido- “los crímenes de la Triple A, perpetrados entre 1973 y 1976 durante los gobiernos constitucionales de Juan Domingo Perón y su esposa Isabel. En esa época, la Triple A mató a alrededor de dos mil personas”.

Una lectura detenida del artículo deja más dudas que precisiones y la pomposidad de Larraquy es superior a la objetividad y a las pruebas irrefutables que presenta para dilucidar aquel momento de la tragedia nacional. Las pocas pruebas son opiniones que adquieren un valor relativo a partir de la forma y el contenido que les da el autor para fundamentar su tesis no explicitada: la tercera presidencia del peronismo fue un engranaje del terrorismo de Estado que luego la dictadura del 76 perfeccionó.

Planteado el tema con parcialidad manifiesta, el lector incauto asociará peronismo con dictadura, peronismo con represión, peronismo con desgracia argentina. Además, Larraquy se preocupa por llamar “Partido Justicialista” al Movimiento de los 70 como si esa fuese la denominación usual. Sin dudas, está mirando la historia con los ojos actuales. Error inconcebible que pone al descubierto su intencionalidad que sería colocar al PJ en el banquillo de los condenados sin juicio previo.

La ristra de falsedades propagadas en pocas líneas por Larraquy demandaría una refutación más extensa. Pero vamos a demoler algunas de las más perjudiciales, a la memoria de miles de peronistas que ofrendaron sus vidas por una Patria Justa, Libre y Soberana, sea con militancia efectiva en cualesquiera de los sectores del vasto y amplio Movimiento Nacional Justicialista.

2.- Es falso de falsedad absoluta que “la Triple A fue creada en el contexto de una ´guerra´ entre la ortodoxia peronista y la izquierda peronista, a quienes los primeros llamaban ´los infiltrados del Movimiento´”.

Porque así planteada la afirmación, la Triple A sería una creación del sector ortodoxo, es decir, del general Perón. Ergo, Perón e Isabel son tan criminales como López Rega y los integrantes de esa patrulla asesina, desligando cualquier responsabilidad del entonces determinante partido militar liberal. Tampoco es cierto que se trató de una exclusiva guerra interna del peronismo. Reducir el enfrentamiento armado de los 60 y 70 a un conflicto bélico entre derecha e izquierda peronistas es tan pueril como mentiroso. Hubo enfrentamiento fratricida, es indudable. Sin embargo, con Perón en el Gobierno ese enfrentamiento adquirió otras dimensiones. Nadie paró la mano, las diferencias se radicalizaron y Perón tomó el toro por las astas. De una parte, quedó el grueso del Movimiento alineado detrás de la conducción y de la jefatura gubernamental del General, y de la otra, las vanguardias armadas.

3.- En la Argentina la lucha armada traspasó los límites del peronismo. De ningún modo fue una reyerta por espacios de poder de una interna caprichosa. Fue una guerra por el poder real. Sí, Guerra, como anunciaban los partes de los grupos en pugna con las fuerzas regulares.

4.- Hubo una guerrilla surgida de las filas peronistas y otra antiperonista como el ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo), que una vez instalado Perón en el gobierno decidieron continuar en operaciones. Los primeros porque consideraban que la ortodoxia conspiraba contra la “patria socialista” y los segundos porque estimaban que Perón era “el jefe de la contrarrevolución” (Santucho dixit).

5.- Un gobierno asediado por la guerrilla de tinte peronista y marxista –funcional al golpismo que en Chile hacía estragos- apeló a los resortes constitucionales para garantizar la estabilidad democrática. Este era el contexto local y regional en el que surge la Triple A que le sirvió en bandeja los pretextos desestabilizadores al partido militar liberal. Por las evidencias y por los beneficios que le tributó al golpismo, la Triple A nada tuvo de peronista, más bien se trató de un dispositivo ilegal que accionó congraciándose con capillas oficiales y se amparó en los pliegues del poder lopezrreguista.

El VIL Brujo tenía autonomía y construía su propio espacio al margen de Perón que ideológicamente se ubicaba en el antimarxismo y procuraba con métodos constitucionales la erradicación de la violencia política. En ocasiones López Rega daba muestras de ser el rostro visible de un poder exógeno y se mostraba más papista que el Papa. Esta puede ser quizás una de sus tropelías predilectas al colaborar con la Triple A. Decimos “colaborar” porque era un instrumento de los otros infiltrados: los golpistas ocultos detrás del ropaje antisubversivo, que aprovechaban la guerra contra los montoneros y erpianos para generar el caos que se aguardaba con impaciencia en los cuarteles.

6.- Perón utilizó su prestigio profético para aislar a los violentos. Quiso persuadirlos, pero fracasó, me consta personalmente que cuando volvía me lo dijo estaba convencido que los Montoneros lo acatarían a EL. Los de signo peronista, que habían servido a su conducción estratégica en tiempos de organizar el retorno del exilio forzado, optaron por reemplazarlo y terminaron expulsados del Movimiento. El Viejo General los calificó de “imberbes” e “infiltrados”. El proyecto de “los muchachos” era incompatible con el del fundador del peronismo y se daba de patadas con la paz social. Se negaron a ser formaciones especiales de acuerdo a la concepción de Perón y se convirtieron en opositores acérrimos del gobierno popular, con ribetes patéticos durante la gestión de Isabel.

7.- Al intentar la salvaguardia de la conducción estratégica del Movimiento –luego del artero asesinato de José Ignacio Rucci que ningún grupo reivindicó en el momento-, si a posteriori los Montoneros, Perón avala un plan de disputa frontal contra los “infiltrados” que asoman como enemigos del gobierno constitucional. Pero lo hace no para colocar al peronismo en la ultraderecha ni para apañar a ésta, sino para que el Movimiento siga siendo tercerista, nacional, popular y cristiano. Y para que la normalización institucional y la revolución en paz puedan llevarse a cabo tras ganar los comicios por el 63% de los votos. El plan contra los infiltrados son directivas de ningún modo secretas que Larraquy presenta como el descubrimiento de la pólvora. Dichas directivas conforman un conjunto de medidas de fortalecimiento de la conducción estratégica, en un marco de violencia impredecible y de unánime apoyo a su segunda reelección presidencial.

8.- Apenas se produjo el criminal asalto al Regimiento de Azul (que provocó las muertes del coronel Arturo Gay y su esposa, entre otros), ocurrido el 19 de enero de 1974, Perón le habla al país por radio y televisión y denuncia que los atacantes erpianos no son un grupo de delincuentes, sino “una organización que, actuando con objetivos y dirección foráneos, ataca al Estado y sus instituciones como medio de quebrantar la unidad del pueblo argentino y provocar un caos que impida la Reconstrucción y la Liberación en que estamos empeñados”.

De inmediato el Poder Ejecutivo Nacional envió al Congreso una modificación del Código Penal para enfrentar con la ley a los terroristas. Los diputados de la “tendencia” se opusieron a las reformas y se entrevistaron con Perón, quien se enfureció ante el rechazo de sus instrucciones ( allí tomó conciencia que lo habían usado ): “Nosotros no somos dictadores de golpes de Estado. No nos han pegado con saliva. Nosotros vamos a proceder de acuerdo con la necesidad, cualesquiera sean los medios”. Una lectura sesgada de esta declaración puede interpretar que por “medios” podría leerse “Triple A”. Sin embargo, la explosión verbal de Perón respondía a apaciguar las aguas encrespadas en las Fuerzas Armadas que veían madurar la precipitación de los acontecimientos.

El 7 y el 14 de febrero de 1974 Perón convoca a los jóvenes adversarios de la tendencia revolucionaria y les dice que “en el Movimiento se está produciendo una infiltración que no es precisamente justicialista”. Utiliza su arsenal teórico para acorralar a los que en nombre del peronismo recurren a la violencia. Sería en vano. Su muerte apresura los enfrentamientos declarados. Montoneros pasa a la clandestinidad y la respuesta oficial se hace sentir a través de decretos antisubversivos. Pero la escalada criminal de izquierda a derecha escapa a cualquier control. Todo ello acompañado de una campaña de acción psicológica sin precedentes, que provoca la apatía y el hartazgo de la sociedad receptora del golpe liberal con cierta naturalidad.

9.- También es falso de falsedad absoluta responsabilizar sólo a López Rega de todos los males del tercer gobierno peronista. Hubo un entramado de relaciones –y en esto acierta Larraquy- que posibilitaron la instauración del crimen político. Pero la Triple A fue mucho más que López Rega era un conjunto de personas que ya respondía por afuera del Gobierno a ciertos sectores ultras militaristas, Savino ministro de defensa cuando destituye al General Anaya que se opuso tenzmente al accionar de la Triple A fue pasado a retiro y designado un general lopezregiano Numa Laplane y ahí cobro entidad propia la Triple A del gobierno de Isabel. Su misterio quedó dilucidado con el golpe del 24 de marzo de 1976: desapareció mientras desaparecían miles de personas inocentes porque se sumó automaticamente al golpe militar incluyendo la banda criminal de Gordon.

10.- ¿Sabían Perón e Isabel de “las acciones clandestinas e ilegales perpetradas desde el Estado” como afirma Larraquy? La respuesta es NO. Primero, porque individuos enquistados en ciertas parcelas estatales que cometen delitos no representan “el Estado” y menos puede culparse al Presidente de esos actos. Segundo, porque hay que tener cuidado en la calificación de las respuestas represivas del Estado ante cualquier desafío a su monopolio de la violencia física. Una medida represiva dentro de la ley, nunca es un crimen ni un acto de terrorismo de Estado. Con ese criterio, cuando un policía se tirotea con un ladrón y lo mata sería un terrorista y no un defensor de la seguridad pública. Tercero, porque en aquel momento reinaba la confusión y la deslealtad. Cuarto, porque es tan complicado y complejo el aparato estatal en un contexto de virtual guerra civil que resulta imposible saber a pie juntilla lo que hacen sus integrantes militares y policiales, máxime con una Presidente en constante debilitamiento y agresión golpista.

11.- En conclusión, nos parece aberrante buscar argumentos para colocar al peronismo en la vereda del terrorismo de Estado. Cargarles a Perón y a Isabel el estropicio de la Triple A y de la represión ilegal, poniéndolos a la altura de los chacales de la dictadura, es lisa y llanamente una canallada ideólogica que sirve a la falsificación de la historia y responde a reiteradas ignominias contra el Movimiento Nacional y Popular, como el oro nazi, las cuentas suizas de Evita, el pacto militar-sindical, la creación de una iglesia nacional peronista, el origen de la subversión, la decadencia del país, etcétera. Canalladas de esta índole de ningún modo ayudan a saldar el pasado, recargan los espíritus academicistas e intoxican a las nuevas generaciones. Pero que nunca olviden los farsantes que “se puede engañar a poca gente por mucho tiempo y a mucha gente por poco tiempo, pero nadie puede engañar a mucha gente por mucho tiempo” (Abraham Lincoln).
 

 


 

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