Enero de 2007
Por Víctor Eduardo Lapegna
Los datos que proporciona la realidad política de los últimos tres años
justifican la extendida sospecha de que la sesgada investigación judicial de
algunos de los crímenes de la Triple A en la cual se pretende imputar a Isabel y
al propio general Perón, fue impulsada por algunos sectores del gobierno que
preside Néstor Kirchner.
Sin desconocer que ese impulso puede haberse visto favorecido por los prejuicios
ideológicos y el ansia revanchista contra el peronismo que mantienen algunos de
los deudos de la Unión Soviética y del “socialismo real” que forman parte del
kirchnerismo gobernante, conviene considerar la posibilidad de que la “operación
Triple A” contra Isabel, contra Perón y contra el peronismo haya estado motivada
por cálculos político – electorales más relacionados con lo que va a suceder en
el próximo mes de octubre que en lo que acaeció hace ya más de 30 años.
Esa posibilidad adquiere verosimilitud a poco que se reconozca que, en los
últimos meses, la solidez e invulnerabilidad del poder de Kirchner pareció verse
erosionada por los siguientes hechos:
Como si todo esto fuera poco, la bandera de la defensa de los derechos humanos que tanto levantó el kirchnerismo buscando ganar con ella el favor de la clase media “progresista”, fue manchada por la prolongada e irresuelta desaparición de Jorge Julio López y la charada en que se convirtió el aparente secuestro de Luis Gerez.
A todo eso vale añadir que la medición de la “temperatura inflacionaria” que el
INDEC sitúa en torno del 10% anual, no alcanza a ocultar la “sensación
inflacionaria” considerablemente superior que percibe la vasta clase media y
cuyos efectos deletéreos sociopolíticos es de suponer que han de generar cierta
inquietud gubernamental.
En tal sentido, la puja brutal por la distribución del ingreso en buena medida
reinstalada a partir de la devaluación se expresa ahora en las plenamente
justificadas demandas de aumento salarial que está planteando el movimiento
obrero y el conflicto que de ello puede derivarse tiene también una incidencia
en la situación política y electoral innegables.
Ante la perspectiva de que esos nubarrones enturbiaran el cielo antes límpido de
un decisivo año electoral, no es desechable que algunos grupos de la
“intelligentzia” kirchnerista hayan concebido y puesto en marcha el “operativo
Triple A”, especulando en que así podrían galvanizar a favor del gobierno los
prejuicios antiperonistas de buena parte de la clase media.
Pero, a juzgar por las primeras reacciones suscitadas por el tema, los
resultados no parecen ser los que esperaban esos aprendices de hechicero.
Las acusaciones contra Isabel no llegaron a satisfacer al “gorilismo de
derecha”, que ahora pretende que se vaya por el propio general Perón.
Desde el “gorilismo de izquierda” quienes se pronunciaron a favor del
juzgamiento de Isabel y del peronismo por los crímenes de la Triple A ya
revistaban en el kirchnerismo consecuente (por caso, Hebe de Bonafini, Estela
Carlotto o Juan Carlos Dante Gullo) y no hay indicios de que haya una corriente
significativa de opinión que se sume a esa postura.
En el peronismo, el ataque a Isabel provocó un fuerte rechazo y se alzaron voces
críticas desde los rincones más diversos, inclusive de parte de quienes
proclaman su apoyo a Kirchner como José María Diaz Bancalari o Jerónimo Venegas,
por mencionar sólo dos casos.
Una reacción que explica que el propio Carlos Kunkel haya salido a hacer
declaraciones, afirmando que no comparte las acusaciones por la Triple A contra
Isabel y menos aún contra Perón.
Como fuere, esas reacciones parecen confirmar que el peronismo no ha muerto y
que los peronistas nos negamos a dejar de serlo, contrariando una vez más los
pronósticos de los que elaboran obituarios prematuros, más inspirados en sus
deseos que en la realidad.
