Febrero de 2007
Por Strategicos
Tal como habíamos anunciado el segundo componente de la task force americana ha
llegado el Golfo Pérsico y sus elementos estarán plenamente operativos en unos
diez días.
Habíamos calculado la fecha del ataque en torno a marzo y abril y la panoplia
naval ha duplicado su capacidad de fuego – de un portaviones ha pasado a dos, de
algunas fragatas al doble, de un centenar de aviones de ataque a doscientos y de
6000 infantes de marina y comandos Seals a 12.000 y nadie puede creer que todo
esto es simplemente para nada aunque las cosas pueden encarar caminos que se
bifurcan como en una película de Tarantino en donde el asesino es casi demasiado
previsible desde el inicio.
En verdad la tormenta en un vaso de agua por la prueba nuclear de Corea del
Norte hace solo algunos meses -que muestras aéreas norteamericanas y británicas
de reconocimiento químico autentificaron como cierta, aunque ubicándola en menos
de un kilotón, o alrededor de un treintaiseisavo del poderío nuclear desatado
sobre Hiroshima y Nagasaki, y sin que se sepa si el régimen de Kim Yong-IL tiene
los medios necesarios para convertir ese potencial en armamento vectorizable -
tuvo la virtud de poner de manifiesto la emergencia de un nuevo orden
internacional donde la proliferación nuclear es la norma y no la excepción en la
relación entre las naciones. Y allí comenzó el camino naval americano hacia el
Mediterráneo mientras la situación coreana parecía resolverse hace poco tiempo
con ayuda económica de los países ricos de la zona convirtiendo la jugada de
Corea del Norte en un simple pedido de socorro pero sin que la NATO descuide el
objetivo real que es Persia.
Hoy por hoy ya son nueve los países que cuentan con armamentos nucleares:
Estados Unidos, Rusia, Gran Bretaña, Francia y China -las potencias nucleares
admitidas como legítimas por las Naciones Unidas, y que tienen derecho a veto en
las resoluciones de su Consejo de Seguridad-, Israel -no declarada pero con su
conocido polígono Dimona, India y Pakistán -ambos declarados- y ahora Corea del
Norte. Irán se presume cerca del status nuclear, y ya se ha normalizado una
situación en que las naciones miden su importancia y su prestigio por la
posesión o no de la bomba. Es un nuevo juego en que las potencias "legítimas" ya
se sienten autorizadas a vender tecnología nuclear a sus Estados clientes y
donde los que no son clientes de nadie estarán tentados a adquirir esa
tecnología por los medios que sea -piénsese, por ejemplo, en la posibilidad de
una Venezuela de Hugo Chávez con armas nucleares y su impacto regional cosa que
la Argentina y el Brasil y sobre todo Chile que esta en tratativas para encarar
su desarrollo nuclear deberán evaluar en toda su dimensión - y donde la
simultanea posesión por terroristas u organizaciones no cubiertas por la
formulación jurídica del Estado -Nación, de armamentos nucleares sólo puede ser
cuestión de tiempo en un mundo en el que la tecnología momifica a la política de
forma apabullante.
Cada 18 meses hay un chip que revoluciona los sistemas informáticos y todavía
países como la Argentina discuten cosas tan inverosímiles como la reelección
indefinida o el uso irrestricto del presupuesto por parte del Ejecutivo o las
sandeces que esconden los pornográficos bigotazos decimonónicos de Alberto
Fernández, un pequeño diablo Landru para consumo local. O el jefe de la derecha,
el irresoluto Mauricio Macri, se entretetiene comentando las virtudes
potenciales de Riquelme como si en lugar de ser un jefe político fuese el
pequeño Aga Khan del Plata analizando sus potrillos con un desprecio
sorprendente por su propio electorado.
Este tipo de mentalidad de partidocracia de City Hall es la que ha hecho
estrellar también a Cheyney, a Bush el Joven y al propio Pentágono en una
realidad internacional que simplemente no existe más.
Pero la pregunta esencial es como llegamos a esto?
En 1999, los gemelos rivales desguazados por la diplomacia británica India y
Pakistán detonaron sendas baterías de armamentos nucleares como declaración de
fuerza. Al inicio de este año, Estados Unidos premió a la India con acuerdos de
cooperación nuclear –obviando a Pakistán-, lo que fue una clara manifestación de
apoyo a la nueva potencia regional emergente. Y en los casos de Irán y Corea del
Norte ambos países reciben la ayuda en dosis de Rusia y China, que en el Consejo
de Seguridad se encargan de vetar rutinariamente todo proyecto de resolución que
amenace perjudicar seriamente las ambiciones nacionales de sus aliados. Pero
detrás de la crisis por Corea del Norte está la competencia por la hegemonía del
Pacífico. China, que aspira a convertirse en una superpotencia en los próximos
25 años, enfila contra Japón y su propia isla independentista rebelde, Taiwán.
En 2001, Estados Unidos violó su propia política a favor de "una sola China"
vendiendo a Taiwán una nueva generación de destructores, lo que causó una ola de
protestas de Pekín, y el refuerzo de sus maniobras navales en el estrecho de
Taiwán y el relanzamiento de los astillero navales chinos que trabajan a toda
maquina repitiendo el éxito de los hindúes que forjaron la flota inglesa en los
siglos XVIII y XIX y realmente nadie lo recuerda demasiado bien.
Por su parte y en la misma zona del mundo peligroso Junichiro Koizumi inició el
camino de inevitable revisionismo respecto a la Constitución pacifista que había
sido impuesta al país por las tropas de ocupación del general Douglas MacArthur
en 1947. Único general que conocía en profundidad el pensamiento oriental porque
se había educado en Filipinas donde su padre había sido gobernador civil y
militar por varios años. Algo que no tiene equivalente intelectual desde lo
militar para enviar al Irak de hoy.
Y todo esto con la tacita aquiescencia de los Estados Unidos ya que la primera
materialización de la nueva relación entre los dos países fue el envío de tropas
japonesas a Irak, ostensiblemente por propósitos "humanitarios" como si la sutil
distinción entre éstos y los militares pudiera sostenerse sofisticadamente en un
escenario de guerra y genocidio y limpieza étnica en escalada creciente como el
iraquí pero el mismo revisionismo ocurre simultáneamente en Alemania donde la
señora Merkel acaba de enviar dos escuadrillas de Tornados a Afganistán.
Por los mismos motivos de realismo y de reinsertarse en el poder mundial militar
para consolidar posiciones de poder regionales Japón jugó claramente a la
apuesta norteamericana de "democratizar" a Medio Oriente por la fuerza, de una
manera similar a la consumada en Alemania y en el propio Japón en el desenlace
de la Segunda Guerra Mundial. Ambos olvidaron curiosamente que tanto la Alemania
como el Japón de la posguerra eran sociedades establecidas y racialmente
homogéneas y una de ellas milenaria, mientras Irak era una colección de
confesiones religiosas enfrentadas y de pueblos nómades que sólo un dictador
como Saddam Hussein o el Mariscal Tito y una renta petrolera eficiente y
apetecible para el mercado mundial podían mantener bajo control.
Pero la tendencia a la remilitarización y aún nuclearización del país que sufrió
los dos primeros -y hasta ahora únicos- ataques nucleares de la historia,
continúa.
Este año, Japón eligió un nuevo primer ministro aún más duro que Koizumi, y se
están volviendo casi de rutina las visitas de prominentes políticos a un templo
sintoísta que venera la memoria de algunos de los peores criminales de guerra
del Imperio del Sol Naciente -para crispación de China y de las almibaradas
almas bellas de Occidente que creen solo en las cuotas de exportación pese a que
muy recientemente Tokyo debió soportar una ola de manifestaciones antijaponesas
más o menos espontáneas convocadas simplemente por Internet-.
Sin embargo, el núcleo del asunto va más hondo, y radica en la creciente
impopularidad de las bases norteamericanas en el exterior como ocurre
actualmente en Italia donde la cuestión ha dado fuerzas al paleoveterocomunismo
peninsular.
Una base extranjera siempre es un motivo de fricción con la población local
porque deja dinero en el mercado negro ilegal, pero también provoca de forma
simultánea, frecuentes escándalos causados por las violaciones mas o menos
consentidas de mujeres locales como ocurrió en el caso de los marines
estadounidenses borrachos instalados en la base japonesa de Okinawa.
Son el precio carnal de la defensa multicultural y del mestizaje que proponen
las guerras y ya de eso no se vuelve.
En Corea del Sur, la población también ha manifestado frecuentemente contra las
tropas estadounidenses que protegen la línea de separación de fuerzas de la Zona
Desmilitarizada (DMZ) con Corea del Norte. Ambos países se encuentran bajo el
llamado "paraguas nuclear" estadounidense. Pero es incierto por cuánto tiempo
podrá mantenerse una estructura de seguridad basada en la relación de fuerzas
del año 1945, y en el principio estratégico codificado por Sir John Hacket en
los años 80 para las Dos Alemanias de la época –parece que hubiesen pasado
siglos y no solo dos décadas -de que un ataque contra un aliado norteamericano
llevaría a una escalada donde EE.UU. atacaría al atacante, hasta llegar a una
ola de ataques y contraataques que desembocarían en la mutua destrucción de los
dos países, al tiempo que las Fuerzas Armadas norteamericanas, como claramente
ha puesto en evidencia la guerra en Irak, están demasiado sobreextendidas y con
un despliegue de dificil rotación como para recurrir a una defensa convencional.
Lo cierto es que Estados Unidos debió este año enviar a Irak soldados que
estaban listos para volver a casa tras misiones en el Extremo Oriente, y ahora
Bush promete enviar a Irak nuevos contingentes de soldados que nadie sabe de
dónde van a salir salvo de las cárceles o del lumpen hispánico pero nada tan
emotivo, ejemplificador y tajantemente revolucionario como el amague del
príncipe Harry Wales, recien egresado de Sandhurts para combatir en Basora y
Kerbela, ciudades chitas por historia y tradición.
Restablecer la conscripción en América, sobre todo después de más de 30 años de
ejército profesional, y en medio de un vendaval político causado por la debacle
en Irak y las elecciones de medio termino, prendería fuego a las calles
norteamericanas de una manera no vista -si no peor- desde los turbulentos años
60. Es claro, entonces que Estados Unidos va a necesitar en los próximos años
aliados geopolíticos que puedan defenderse de forma autónoma.Aliados y no
satelites.
Lo que lleva al problema clave, que es Irán.
Potencialmente, es el proliferador militar o pacífico más avanzado, y el
principal que puede suministrar armas nucleares a la nueva generación de redes
terroristas horizontalizadas que lució sus laureles con los atentados del 11 de
septiembre. Por cierto, no lo harán de un modo que sea irresponsable
-irresponsable para los intereses iraníes, y en esto la posición altisonante de
los neocons semeja mas al troskysmo de derecha que al realismo kissingeriano.
Pero, en un momento en que las tablas regionales están cambiando de lugar -de
una situación en que Irán y Siria, por su contigüidad con Irak, tenían fronteras
con el ejército norteamericano, a un nuevo status donde el ejército
norteamericano está siendo jaqueado por los aliados chiítas iraquíes de Irán que
ayudó a favorecer en primer lugar, EE.UU. va a tener que asumir la destrucción o
redimensionamiento del poder iraní, aunque sea porque Israel, Egipto, Marruecos,
el Líbano, los Emiratos y la propia Arabia Saudita en medio de un océano de
islámicos jóvenes y revolucionarios, no podrán hacerlo. Y aquí es donde
las alianzas regionales de EE.UU. -la antigua con Israel y Egipto, la nueva con
India y posiblemente con los emiratos del Golfo Pérsico- empiezan a cobrar
relieve.
La task force que se cierra sobre el Golfo Pérsico recuerda extrañamente la
llegada de la flota británica a las aguas circundantes a Malvinas en el invierno
de 1982 y también en esa oportunidad las usinas británicas amenazaban con un
ataque nuclear sobre el continente argentino apuntando a una zona cercana a la
ciudad de Córdoba.
Sergio Cerón ha escrito documentadamente sobre el tema en estas páginas. Era,
sin embargo, una ficción, un amague y una distracción que enmascaraba el
objetivo real de la operación. una batalla aeronaval de desgaste y una derrota
táctica que hiciera caer al gobierno militar argentino colocando en su lugar al
disciplinado señor Alfonsin.
Ya hubo un Alfosin -Valdemar en Irán y fue Bani Sard, tal vez algo parecido se
este sondeando en torno al sector moderado que irresponsablemente el gobierno
kirchnerista ataca desde lo jurídico por la irresuelta masacre de la Amia.
¿Porque irresponsablemente? Porque una vez mas la Argentina no podrá escapar a
la seducción medioriental y a sus contragolpes y en eso la visita de Jorge
Telerman a Simón Pérez en Israel y las embestidas antijudias que se preparan en
ámbitos montoneros cercanos a la inteligencia argentina ponen de relieve que en
el 2007-casi 2010 ya- la insularidad es una anacrónica inviabilidad en el campo
de las relaciones internacionales que incluyen guerra, realidad, fantasía,
acción sicológica, sistemas de comunicaciones, meta mensajes elocuentes e
intereses comerciales a la vez.
La marinería ha llegado y cuesta plata.
