Marzo de 2007
Los riesgos que amenazan a los más de ciento veinte mercenarios chilenos que
combaten hoy en Irak. una compañía de infantería reforzada aproximadamente, han
pasado a primer plano a medida que se agrava la situación en el país. A pesar de
los deseos del presidente George W. Bush y del Pentágono, la guerra de Irak no
ha terminado: cada día la ocupación militar encuentra mayor resistencia y
amenaza convertirse en una inestable guerra de liberación nacional traccionada
por fuerzas centrípetas provenientes de los estados árabes vecinos o de la
propia Persia. Lo cierto es que la suerte de los extranjeros que ocupan el país
es bastante incierta. No solamente la de los militares regulares. También de
quienes no lo son pero que cumplen tareas militares contratados por empresas de
seguridad, como lo hacen alrededor de quince mil efectivos. De cada diez
soldados en territorio iraquí uno es mercenario, suministrado por empresas
privadas marcando una tendencia de globalización de los recursos humanos
militares que habrá que analizar detenidamente.
Una de las características principales de guerra en Irak, ha sido la
“privatización” de la guerra. Un gigantesco negocio, a tono con las nuevas
pautas de “soldado universal” que ya habíamos analizado hace años en “El
fin de la Ilusión".
Se orienta tanto a la explotación del petróleo en el país ocupado como a la
reconstrucción de las ciudades arrasadas por los bombardeos. Se extiende a la
misma guerra, como una tendencia altamente lucrativa. Según el analista Peter
Singer, en el libro “Guerreros asociados: el ascenso de la industria militar
privatizada”, alrededor de 90 compañías privadas actúan en el mercado global
-con un giro de negocios de unos cien mil millones de dólares que podrían
duplicarse al 2010-. No son ajenos a estos negocios los petroleros que conforman
el círculo del presidente Bush e incluso, su propia familia.
Para Estados Unidos contratar civiles, norteamericanos y extranjeros, con alta
calificación bélica, tiene diversas ventajas. Evita que las bajas aparezcan como
bajas militares, a las cuales la opinión pública norteamericana es especialmente
sensible. Permite que el ejército de Estados Unidos encargue a los mercenarios
“tareas sucias”: que no pueden imputarse, por lo tanto, a los uniformados
norteamericanos.Se sostiene que, además, los mercenarios son más baratos y
eficientes que los militares regulares simplemente porque son voluntarios
motivados.
Los oficiales y suboficiales chilenos están bien considerados por sus habilidades letales y su disciplina. Aunque menos apreciados que los mercenarios sudafricanos, fogueados en Namibia y en operaciones de contraterrorismo durante el apartheid, o que los mercenarios ingleses experimentados en la guerra secreta contra el IRA, en Irlanda del Norte, o que los serbio-bosnios de las tropas de élite que sitiaron Sarajevo la capital de Bosnia –Herzegovina, los chilenos están bien calificados por sus contratantes. Por algo Chile ha sido el único país sudamericano en que Blackwater USA ha contratado comandos para Irak. Según el diario “The Guardian” el presidente de Blackwater USA, Gary Jackson, declaró: “Vamos hasta el fin del mundo en busca de profesionales y los comandos chilenos son muy, muy profesionales y se ajustan al sistema Blackwater”.
Los ex militares chilenos han sido seleccionados por su experiencia profesional,
adquirida durante la dictadura pinochetista, y por su capacidad de combate y
disciplina, alcanzada en un riguroso entrenamiento en que han participado
instructores anglo norteamericanos. Eso les da ventajas comparativas. La
infantería de marina de Chile se considera “hermana” del cuerpo de “marines” de
Estados Unidos. Los “boinas negras” tienen admiración por los “green berets”,
boinas verdes, que debutaron en la guerra de Vietnam y formaron cuadros
latinoamericanos en la Escuela de las Américas, en la Zona del Canal de Panamá.
En octubre del año pasado, comenzó el reclutamiento de ex militares chilenos
para ir a Irak a trabajar en tareas declaradas como de seguridad. Inicialmente,
la operación se realizó en el Fuerte Aguayo, de la infantería de marina, en
Concón, con participación de suboficiales en actividad de ese cuerpo. Luego de
una serie de denuncias, el alto mando naval responsabilizó a los mandos
inferiores y declaró que nada tenía que ver en la operación. Esta había sido
organizada por Blackwater USA, a través de su representante, una empresa llamada
Grupo Táctico, creada por ex oficiales chilenos vinculados a la CIA y al
gobierno de Estados Unidos. (A Blackwater pertenecían los cuatro agentes de
seguridad norteamericanos -ex soldados de fuerzas especiales- muertos en Faluya,
Irak, cuyos cuerpos fueron mutilados y colgados de un puente).
Cientos de postulantes a mercenarios se presentaron en Chile, convocados a
través de avisos en la prensa. Se habló de unas 400 vacantes, e incluso de 800
en el mediano plazo. Después del percance del Fuerte Aguayo, las entrevistas y
contrataciones se hicieron en una oficina del barrio alto de Santiago.
Grupo Táctico es una empresa controlada por José Miguel Pizarro Ovalle, un ex oficial que se retiró de las filas para vivir en Estados Unidos, donde se enroló en el ejército norteamericano. Según fuentes de inteligencia, a Pizarro se le prohibió el ingreso a recintos militares chilenos desde que, hace dos años, declaró en Brasil que Chile evaluaba el envío de tropas a Colombia. Pizarro Ovalle es presidente también de Red Táctica, consultora en temas de defensa con sede en Washington y oficinas en diez países de América Latina, vinculada a Kroll Associated, acusada de ser una empresa de fachada de la CIA.
Kroll es la empresa a la que el banquero Santibáñez entregó la nómina completa
de la inteligencia argentina durante su paso por la SIDE durante el gobierno de
Fernando De la Rua.
También apareció en la operación de contratación de ex militares Miguel Martínez
Ovalle, otro ex oficial, nacionalizado norteamericano, representante de Red
Táctica en Chile y sindicado como agente de la CIA.
Los primeros mercenarios fueron entrenados en un predio cercano a Malloco y
luego enviados -en febrero- a Carolina del Norte, EE.UU., para un entrenamiento
a cargo de instructores de Blackwater. Posteriormente, partieron a Kuwait y
desde allí, ingresaron a Irak.
Hasta el momento no han tenido bajas, pero el peligro existe. Y crece. Dos
diputados, Alejandro Navarro (PS) y Antonio Leal (PPD) ,naturalmente de
izquierda ,presentaron una querella por asociación ilícita contra la empresa Red
Táctica, ante el 17º Juzgado del Crimen de Santiago. La empresa no tiene
personalidad jurídica ni paga impuestos en Chile.
La preocupación parlamentaria pudiera expresarse, incluso, en un proyecto de ley que impida la contratación de mercenarios en Chile.
Sin embargo, el problema es más profundo. No se resolverá con leyes y tampoco
con recursos judiciales. De una u otra manera, los ex militares interesados en
ganar dinero por cualquier medio se las arreglarán para eludir las barreras,
incluso saliendo del país para ser contratados en el exterior.
En el caso de lo ex militares chilenos la formación anticomunista que los nutre
han contribuido a formarlos como especialistas en la eliminación de objetivos
humanos, expertos en interrogatorios de prisioneros y en destrucción de
objetivos militares y civiles.
Sin duda, no pocos de los mercenarios que están en Irak se formaron ligados a
las actividades de la CNI y los servicios de inteligencia, en las acciones de
destrucción selectiva o en los grupos de temibles “gurkas” que reprimían en
forma implacable las manifestaciones en Santiago y que pelearon en la guerra de
las Malvinas contra las tropas argentinas.
Ahora están en Irak. Mañana, nadie puede decirlo
Soldado Universal es el rostro duro de la nueva guerra. Y curiosamente es la
contracara occidental de las aventuras intervencionistas cubanas en el Congo,
Angola y Mozambique en los años 70.
En eso el comunismo cubano tuvo un rol premonitorio y eficaz.
Ahora es el turno de los occidentales.
De modo que las almas bellas no deben llorar demasiado.
