EL KIRCHNERISMO EN SU LABERINTO

 

Mayo de 2007imagen

Por Gabriela Pousa*

 


¿Cómo puede analizarse un país en el cuál días atrás diferentes acontecimientos hacían prever que todo iba “en picada” y pasada una semana todo parece ir volviendo a la “normalidad”?  Sería casi utópica la tarea si ese país no fuese la Argentina.
Si uno se ausenta de un país serio durante un determinado lapso de tiempo, al regresar las novedades suelen ser pocas. En Argentina esta hipótesis no se cumple. Quizás porque partimos de una falacia: “país serio”… Y no se trata únicamente de la corrupción que, de sincerarnos, no debiera quizás sorprendernos tanto si no fuese porque el discurso base de este Gobierno ha sido el de la transparencia y la afamada “nueva política” que ha dejado de serlo, si es que alguna vez lo ha sido... Pero hay otro elemento que sí resulta sugestivo y que nos enfrenta a un escenario político capaz de generar asombro. Se trata del marco de los hechos más que de los hechos en sí mismos. Porque el caso Skanska es sólo eso: un caso. Uno más que, gracias al mismísimo Gobierno, quedó al descubierto y que, al margen de la corrupción en el manejo de fondos públicos (porque en definitiva no se trata más que de ello) vuelve a dejar al descubierto el contubernio entre la Justicia y el Ejecutivo.


La crisis institucional avanza sin pausa pero aún así, el Gobierno sigue jugando a la indefinición: “Cristina o Néstor”, cómo si acaso ese dato fuese determinante o modificase un ápice lo que viene sucediendo y sucederá de seguir en este trance. ¿Por qué puede un Jefe de Estado apropiarse una fecha patria y limitarla a un acto proselitista como viene haciéndolo desde la asunción misma? ¿Por qué puede dilapidarse la plata de la gente en clientelismo (el viernes se fletaron 1080 micros a razón de aproximadamente 5 millones de pesos) sin que pase de ser un dato en algún diario? Las respuestas son sencillas: Porque parece no haber pueblo ni oposición capaz de impedírselo.
 
Hoy por hoy, en el “país serio” sólo parece ser Mauricio Macri el hombre capaz, no digamos de ponerle freno pero quizás sí de hacerle bajar un cambio - como se dice en estos tiempos - a un oficialismo que juega a mover piezas del tablero sin por eso alterar nada de su juego. Creer que el Presidente está haciendo un giro en su modus operandi porque otorgó uno o dos reportajes es ingenuo. La “apertura” de Néstor Kirchner hacia algún medio obedeció a la necesidad de limpiar un poco la superficie porque algunas ollas se han destapado antes de tiempo. No cabe duda que hay que aplaudir al Primer Mandatario si por ese hecho ha generado la creencia de cambio. Kirchner sigue siendo Kirchner, con su mentado “estilo K” y un entorno que no está dispuesto a modificar. Tal vez no por obcecado pero sí por falta de hombres probos. ¿Quién está dispuesto hoy día a jugarse el pellejo en un Gobierno que está enfrentado su peor año y donde todos se miran con recelo?
Aún así no hay miras de que el “kirchnerismo” abandone el escenario. Sea pingüino o pingüina todavía falta que la economía agudice su crisis. Por ahora hay productos en los supermercados (menos de los que pueden hallarse en almacenes de barrio de países desarrollados), hay segundas marcas que, la clase media caracterizada por un conformismo exacerbado, acepta como “alternativas superadoras” casi, casi como en la vidriera política… Por ahora hay luz y gas. Por ahora, racionado, hay gasoil en las estaciones de servicio (30 pesos por auto). Por ahora el salario alcanza para llegar al día 30 aunque haya que limitar algunos gustos que en la Argentina deben ser considerados “lujos”. Por ahora, los feriados largos encuentran filas de autos marchándose. Por ahora, Skanska, Greco, Aeropuertos 2000, Santa Cruz, trenes, subtes y subsidios son temas de los medios… Por ahora, el debate Capital sólo descoloca a los encuestadores que no saben por quién jugarse en el ballotage. Por ahora hay modos y maneras de “secar” las noticias que no son buenas. En el reino del cortoplazismo, el oficialismo tambalea pero mantiene su espacio sin peligro.
 
Ahora bien, el próximo domingo hay comicios capitalinos. En ese aspecto, el Ejecutivo  busca desgastar a Jorge Telerman en una campaña sin asidero que vuelve a demostrar la falta de independencia del Poder Judicial, por ejemplo, para ir en la segunda vuelta contra Mauricio Macri y “ganar” tiempo (tiempo que, lastimosamente se está perdiendo en el avance del mundo moderno) Mientras, los ciudadanos seguimos estancados por innumerables cortes de calles sin que ninguna autoridad ensaye alguna explicación quizás porque los políticos andan por las nubes, lejos del asfalto y del pueblo. Algunos helicópteros que los trasladan levantan vuelo desde Balcarce 50 a Olivos, yendo y viniendo. Una vez, cuenta la leyenda, hubo uno se quedó a medio camino, ida sin vuelta, sin retorno. Habría que tenerlo en cuenta. ¿Tan distinto es el autismo que le endilgan al ex Presidente Fernando De La Rua con el que experimenta el actual Gobierno? Sin duda, hay matices pero la ceguera no parece ser muy distinta. Al menos en los síntomas y quién sabe en las consecuencias.
 
Lo cierto es que con acto prefabricado como sucedió el año pasado, el Jefe de Estado sigue enunciando índices macroeconómicos que lo ayudan aunque no se sepa demasiado a qué, continúa ensayando candidaturas y pide ayuda… Estamos todos invitados. Concertación lanzada como otras veces que se puede leer de la misma forma: “Si hay Borocotós bienvenidos a escena”. Opiniones diferentes, abstenerse. Nada nuevo aunque parezca que algo cambia. Gatopardismo ya vivido.  
 
La gente comienza a estar descontenta pero la situación frente a la escena política no es diferente a la que experimenta a diario frente a las góndolas de los mercados: o lleva la marca que se le oferta o se queda sin producto. Democracia al “uso nostro”. Claro, la “elección” está garantizada. No consumir es una opción.  Pero no es ese el régimen de Tocqueville ni aquel de las “mayorías relativas” como decía el filósofo. Es el sistema kirchnerista. Skanska mediante, ollas destapadas, funcionarios en jaque, precios que se escapan, Secretario de Comercio en baja, paros y piquetes en todas partes por las causas más insospechadas y un dato que no debería ser menor, aún cuando pueda sospecharse que lo político es un ingrediente interesante en la cuestión: La provincia del Jefe de Estado colapsada (pese a los privilegios que ascienden a fondos millonarios) y con 4 gobernadores en el lapso de un solo mandato. Así deja Néstor Kirchner sus administraciones… Todo eso es tan real como lo es el hecho de que nadie se atreve a prever una derrota electoral del oficialismo a nivel nacional. ¿Explicación? Más simple de las que arriesgan muchos analistas. No tenemos fidelidad ni verdad como la que pregonaba el obispo de San Rafael, Eduardo María Taussig en el último Tedeum al referirse a "una verdadera fidelidad a la democracia porque una democracia sin valores se convierte con facilidad en un totalitarismo visible o encubierto, como lo demuestra la historia". No otras, ni aquellas remotas sino esta, la propia. Esta seudo democracia admite, sino explica, que pasen estas cosas.
 
Habrá que pasar el invierno y la primavera porque Octubre está demasiado cerca para algunas cosas y muy lejos para otras. Diferenciar las unas de las otras es, en realidad, lo que ha de determinar cómo se ha de conformar el escenario político tras los comicios.
Hoy por hoy, prima este grado de confusión muy bien orquestado. La consigna oficial parece decir “si zafamos, no importa el caos”…  Logrado: Nada se entiende demasiado y se va generando un clima de rápido hartazgo. Todos nos dormimos frente a una película en la que no se definen roles, papeles primarios, personajes secundarios… La gente en general conoce mejor la trama y los entretelones de “Bailando por un sueño” que el argumento sostenido por protagonistas y elenco de las coimas en la construcción de gasoductos, vaivenes en fideicomisos y “licitaciones” de obras públicas. Menos aún es fácil comprender la letra chica de los decretos en que todo esto deriva y definir a quién le toca hacerse cargo de las facturas que se pasan de despacho en despacho dentro de Balcarce 50 donde se dirimen internas entre ministros y funcionarios.
 
No es solamente el  caso Skanska lo que determinará cómo se llenen las urnas. Desde luego que estas cosas desgastan. Desgastan al poder y hartan al pueblo. Pero de allí a creer que son leitmotiv de resultados electorales hay largo trecho. Que rueden cabezas es un buen síntoma si no fuera por el modo como se elige cuáles caen y cuales quedan. De seguir a pie juntillas las pruebas sin intentar comprar fiscales y jueces en el trayecto se llegaría demasiado lejos… ¿Estamos preparados para ver caer a un Gobierno? La respuesta es imprecisa porque, los argentinos parecemos preparados para todo pero no lo estamos para nada. No estábamos listos siquiera cuando pidiendo “que se vayan todos”, vimos cómo un  helicóptero se llevaba a un Jefe de Estado… De no mediar entonces, una hecatombe económica que tocara en forma directa el bolsillo habría que ver si algo de lo sucedido hubiera  cambiado en el escenario político. Todo puede precipitarse o morir en el hastío. Esa es la realidad inexpugnable de los argentinos.
 
Si Skanska queda como tema aislado, por más que los montos de los “retornos” superen cifras jamás vistas ni oídas, poca gravitación tendrá en los comicios de Octubre próximo. Desde luego que hay un porcentaje de la población que presta atención a estos hechos, máxime cuando no es una oposición consolidada la que está sacando a la superficie tanta putrefacción de las instituciones. Lo que diferencia a este Gobierno de otros es que no necesita enemigos aunque los cree virtual o ilusoriamente en diatribas y en su afán de adoptar, en vano, el papel de Pilatos. De todos modos quienes entienden de qué se trata todo esto no estaban dispuestos a votar al oficialismo antes de que Skanska, Greco o tantos otros casos surgieran como escándalos mediáticos.
 
Hay que separar los tantos para entender cómo se puede conformar un escenario político pre y pos electoral. En primer lugar, las intrigas ya no surgen efecto: A esta altura si es Cristina o es el propio Néstor Kirchner el candidato no reviste gran trascendencia. ¿Realmente cambia algo en la Argentina si es pingüino o es pingüina? ¿Nos modifica demasiado la vida si un Ministro cae y, consecuentemente, otra figura del Gabinete asciende? No. Sin embargo estamos pendientes de ese dato. Quizás porque estamos tratando de que, pasadas las elecciones, en Balcarce 50 quede el menos malo. Ahí está, pues, el verdadero problema que enfrentamos. Lo que parece determinante únicamente ahora, es el porcentaje con que el oficialismo se alce en la próxima elección. No es lo mismo el futuro con un Gobierno que se quede gracias a un caudal abultado de votos que con uno que arañe apenas el resultado a su favor. Esto lo saben los funcionarios. Se “gobierna” en consecuencia para ese porcentaje y se busca no una gestión de gobierno que modifique lo que se está destapando y mal oliendo sino el modo de evitar el mendigueo. Sucede así tanto en el oficialismo como en la oposición.  En alternativas nadie apuesta demasiado. Tal vez, tampoco sea lo que le interese al pueblo si llega a fin de mes aunque sea “zafando”.
 
No hay duda que este no es el mejor momento del Presidente pero tampoco lo es para los ciudadanos.  Ahora bien, ¿quién está creando este clima de descontrol y generando situaciones rayanas al caos? Podemos arrojar nombres a diestra y siniestra y hasta quizás acertar con alguno que no se esté quedando de brazos cruzados. Las traiciones en política se pagan. Pero en rigor de verdad, lo que asombra al analizar la realidad es que es el mismísimo Gobierno Nacional el que está metiéndose en su propio laberinto sin la complicidad de un minotauro ni la audacia de una Ariadna para asegurarse una salida. Del laberinto, finalmente, sabemos que sólo han quedado ruinas. De no volver sobre sus pasos, cosa que seguramente no se hará teniendo en cuenta la coherencia desde el vamos del mentado “estilo K”, es de esperar que sean las ruinas del kirchnerismo las que manejen las riendas pasado los comicios. Y entonces, lo que sigue de ahora en más no será sino una seguidilla de capítulos de un culebrón bastante parecido al Caso García Belsunce o al Caso Dalmasso. Nadie fue pero todos están manchados.
 
Lo social y lo político marchan están por idéntico camino, al final aguarda un Tribunal  bastante arbitrario: el voto de millones de ciudadanos muchos de los cuales necesitan la dádiva para la supervivencia porque las estadísticas que reducen la miseria mueren una vez cruzada la Panamericana. Y, finalmente, hay que admitir que mientras la independencia de poderes es utopía, la dependencia de las masas es - para el Gobierno - un salvavidas para seguir… “zafando”.


GABRIELA POUSA
(*) Analista Política. Lic. en Comunicación Social (Universidad del Salvador) Master en Economía y Ciencias Políticas (ESEADE) Queda prohibida su reproducción total o parcial sin mención de la fuente.



 


 

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