Tres derrotas kirchneristas, un mensaje para el Octubre Rojo

 

Junio de 2007imagen

Por Gabriela Pousa*

 


“Las derrotas de un hombre no juzgan a las circunstancias sino a él mismo”

Albert Camus.

 

Un Domingo muy particular en materia política. Quizás la semana toda se resuma en lo acontecido en este día. Dos derrotas del Gobierno que abren serios interrogantes sobre qué vendrá de ahora en más. Lo inexpugnable son las victorias de la candidata del ARI Fabiana Ríos, en Tierra del Fuego y la de Mauricio Macri del PRO en Capital Federal. Se dirá desde Balcarce 50 que no son distritos esenciales para diagnosticar resultados de una elección a nivel nacional. Y es cierto. Pero la suma de las partes va cerrando un todo complejo para el oficialismo. Misiones, Neuquén, Tierra del Fuego, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, todo hace prever también que se ha de sumar Santa Fe (donde Hermes Binner aparece ya como número puesto), Córdoba (donde Juan Schiaretti aventaja en las encuestas como el candidato de Juan Manuel De La Sota en contrapartida a Luis Juez que era el elegido desde Buenos Aires) son datos que suman y dejan en evidencia la fragilidad del poder del kirchnerismo.

 


La transversalidad sólo se sostiene en una peculiar borocotización de radicales huérfanos tras una caja que les permite mantenerse en el candelero. No mucho más. Ni siquiera los pingüinos que hoy están en los despachos aledaños al del Jefe de Estado pueden estar seguros de ser aquellos que permanezcan si en vez de Néstor Kirchner es la Primera Dama la candidata. Más internas y oportunismos que lealtades hay en el “peronismo” que representa el Presidente de los argentinos. Del domingo que termina, la lectura es una: el Gobierno Nacional enfrenta dos derrotas consecutivas. Algo anda mal. Ni el “estilo K” ni la gestión de gobierno están recibiendo apoyo ciudadano como se suponía que tenía el Primer Mandatario según varios sondeos.
 

En Misiones ya se había dicho "basta" a un clientelismo exacerbado con ayuda de la Casa Rosada. Días antes de los comicios donde Carlos Rovira fue derrotado, la Ministra de Desarrollo Social desembarcó en la provincia con fondos públicos destinados a la repartija proselitista. En Neuquén los extraños enfrentamientos entre policía y representantes gremiales de los docentes terminaron con la muerte de un maestro sacudiendo el gobierno de Jorge Sobisch, aún así su partido obtuvo el triunfo en las urnas. En Santa Fe la puja entre Rafael Bielsa y Agustín Rossi no está sirviendo para atenuar el peso del socialismo que impulsa a Hermes Binner. Y en Córdoba, otra interna peculiar dejó a Juan Schiaretti mejor posicionado que a Luis Juez pese al apoyo que al intendente le diera el Gobierno. Ahora estas derrotas en Tierra del Fuego y Capital dejan un mensaje fácilmente descifrable.

 

La gente no está dispuesta a seguir favoreciendo el clientelismo y la campaña sucia. La palabra ya no basta para ganar una elección ni en una provincia chica ni en la Nación. La mentada “caja” no es invencible como muchas veces se creyó. La vieja política comienza a desenmascararse, y la nueva no aparece todavía. Pensar que una desconocida representante del ARI sin gran artillería proselitista y ninguna experiencia en la administración pública se haya impuesto a los candidatos oficialista y radical marca un cambio en el modo de actuar de la ciudadanía ante las ofertas electorales y un abierto rechazo a los modos oscuros: muertes, amenazas, aprietes, escuchas telefónicas, persecuciones, censuras ya no son alcanzan para asegurarse el sillón. La gente prefiere el bajo perfil a los grandes aparatos que ya han fracasado en el escenario aún cuando estos nuevos emergentes puedan, llegado el caso, no estar a la altura de los roles que les están otorgando. El actor de reparto empieza a tener más aplausos que los grandes protagonistas ya encumbrados, veremos que sucederá cuando empiecen a actuar en el rol principal. Ese es ya otro capítulo a analizar.
 

Ahora bien, ¿qué herramientas le quedan al Presidente para encarar su empresa de acá a Octubre? Esa es la pregunta del momento.

Ni los carpetazos contra opositores, ni los atriles descalificativos, ni siquiera su presencia al lado de los candidatos está dando resultados.

Hace unos meses no pudo ir a un acto de cierre que encabezaba Carlos Rovira, días atrás debió distanciarse de Daniel Filmus para otorgarle más chance y tuvo que acallar la diatriba agresiva hacia Macri. Pero ¿cómo hacer para no mostrarse si es él mismo o es Cristina Fernández quien se postula para el próximo mandato? ¿Suavizará acaso la Casa de Gobierno la oratoria provocadora? Debería hacerlo si lee el mensaje de las urnas y no se enfrasca en la creencia ciega de que la gente está confundida. La “jurisprudencia”, sin embargo, indica que no es la moderación el modus operandi del Gobierno en estos casos. En la adversidad, en Balcarce 50 se ha actuado siguiendo la estrategia del avestruz. Ofuscación y silencio de radio han sido hasta ahora las únicas conductas oficiales ante los reclamos sociales. Porque los triunfos de la oposición deberían interpretarse, más allá de los porcentajes, como lo que realmente son: reclamos sociales. Amén de ello, el Gobierno Nacional ha perdido caudal electoral si tenemos en cuenta que Aníbal Ibarra obtuvo en su momento el 53% de los votos contra un 46%.

 

La antesala a la segunda vuelta electoral se caracterizó por las apuestas como si se tratase de una competencia deportiva. ¿Qué diferencia separaría al líder del PRO del candidato oficialista? Pareciera que estar un 20% arriba es algo distinto a estarlo un 15%.

Posiblemente el Gobierno pretenda justificar la derrota con especulaciones de ese tipo pero en política como en el fútbol lo que cuenta son los hechos. Si un partido se ganó por un gol da lo mismo que haya sido de penal o no.

Desde luego que victorias aplastantes sacuden más y es esperable que salgan con actitudes también aplastantes para tratar de contrarrestar.  

 
De todos modos, es factible también que esas actitudes estén matizadas con ciertos “gestos” que pretendan mostrar un Ejecutivo menos pendenciero, fruto de algún consejo más moderado que atenúe el ánimo dentro de los despachos donde predominará el pase de facturas por las derrotas. Pero de los “gestos” a los verdaderos cambios hay grandes pasos. Si no se aprende de lo que dejaron estos últimos 4 años, antes o después, se insistirá en la metodología conocida. Poco probable es que haya un real aprendizaje puesto en marcha de acá a los próximos comicios. Además lo que no se ha hecho y gestionado en un mandato ya terminado por qué iría a hacerse en los últimos 4 meses donde hay una crisis que administrar para que no termine de caerse todo el andamiaje…
 

Lo cierto es que Néstor Kirchner no ha podido conformar una estructura política prolija, menos aún lo suficientemente fuerte como para asegurarse la Presidencia 2008-2011 y aquellos que vaticinaban una victoria aplastante de los Kirchner en Octubre comienzan a bajar decibles.

Que el oficialismo cuente con armas elementales para salir a dar batalla es una realidad pero de ahí a que venza en los próximos comicios en forma aplastante comienza a ser una duda más que un pronóstico basado en la aprobación real que tiene el Gobierno en la sociedad. Ya ni siquiera se difunden demasiados estudios de opinión al respecto y los porcentajes de imagen positiva del Ejecutivo quedan en los cajones que no se abren.

 

Pueden manipularse los índices económicos, pueden inventarse imágenes de gestión positivas pero no puede distorsionarse con ninguna presión de funcionarios los bolsillos de la gente que, antes o después serán los que definan qué hacer. Posiblemente, la sociedad argentina siga buscando ese voto nada dignificante que es el voto al menos malo. Hasta que la nueva política deje de ser una proclama y pase a ocupar un espacio en el escenario, el votar al menos malo está dando una mano a quienes creen que el “estilo K” no es el que puede llevar a la Argentina a la verdadera prosperidad. No a un crecimiento que sin embargo, nos hace descender en calidad de vida y nos encuentra comprando velas y llenando tanques de auto por si acaso…
 
La victoria del PRO, por otra parte, implica una serie de responsabilidades que van más allá del Gobierno de la Ciudad. Si se pretende nacionalizar la gestión caeremos en una versión nueva de algo ya visto en la escena política argentina. Es decir, si en vez de gobernar, el PRO empieza a especular con la elección presidencial y se expone a Gabriela Michetti a un rol semejante al que tuviera Graciela Fernández Meijide podemos repetir una historia que terminó bastante mal. Lo mejor es que se vaya por partes.
 

Este Domingo tres derrotas azotan a la Casa Rosada. Ganó el ARI en Tierra del Fuego, ganó Mauricio Macri en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y el termómetro indica que el frío ganó la calle. Una derrota extra para un Gobierno que no entiende que la crisis está y requiere de políticas precisas para detenerla. Nuevos adversarios para el Presidente que en rigor de verdad deberían ser nuevos desafíos para superarse en lo sucesivo y ponerse de una vez por todas a gobernar.

Lamentablemente, no sucederá.

 


(*) Analista Política. Lic. en Comunicación Social (Universidad del Salvador) Master en Economía y Ciencias Políticas (ESEADE) Queda prohibida su reproducción total o parcial sin mención de la fuente.



 


 

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