EL PROBLEMA DE LA SEGURIDAD EN LA CIUDAD DE BUENOS AIRES

 

Julio 2007

Por Edgardo Arrivillaga


La negativa del gobierno nacional de traspasar la Policía Federal parcialmente al gobierno de la Ciudad de Buenos Aires simplemente porque gano las elecciones el joven Macri sigue demostrando la inconsistencia intelectual y administrativa de los montoneros encaramados en el poder.

 

El problema es algo más complejo que traspasar la Superintendencia de Seguridad Metropolitana – 12.000 hombres sobre 32.000 o –lo que es más significativo, sustraer al control del ministro Aníbal Fernández los 900 millones de pesos que son necesarios para producir el traspaso.

 

Transferir la policía federal o permitir que la ciudad tenga su propia policía es una discusión económica y de poder político pero poco tiene que ver con la seguridad cada más colapsada en la vidriera argentina en el exterior, que es la Ciudad de Buenos Aires. El esquema de los montoneros es tributario de los envejecidos blasones del revisionismo histórico que pergeño en su momento la ley Cafiero, un peronista que se destaca por su longevidad de gerovital más que por sus aciertos.

 

Ellos creen algunas simplezas como que la ciudad esta enfrentada con las provincias como en la época de la batalla de Pavón. El mismo razonamiento, culpar a la historia de la propia incapacidad vale para Paris, Milán, Madrid y ahora Berlín pero a nadie se le ocurren esas envejecidas sandeces en los países serios.

 

No se entiende muy bien porque provincias feudos como Catamarca, Misiones o San Luís pueden tener sus propias policías con escándalos de corrupción, prostitucion y trafico infantil hacia los países periféricos y la Ciudad de Buenos Aires, epicentro del poder real en el país, deba depender de la opinión de catamarqueños o misioneros, gente respetable pero inadecuada para analizar una realidad que ignoran en su totalidad o discutir el presupuesto de los porteños.

 

Es comprensible que el ministro del interior no quiera desguazar su policía federal porque en cierto modo ese ministerio sin los aportes del tesoro nacional-una curiosidad fiscalista en un país que sostiene ser federal pero que no se parece ni a los lander alemanes, ni a los estados americanos ni al Brasil –y sin la compacta masa critica de los 32.000 hombres de la fuerza federal se transformaría en lo que es básicamente. Un simple coordinador de políticas provinciales con aditamentos de control electoral, aduanas, migraciones municipios y nada más.

 

Es un ministerio sobredimensionado como lo es también el de Educación –inexistente, debería ser reemplazado por uno de Ciencia y Técnica –y sin la policía, quedaría claramente demostrada la inflación de personal que lo aqueja que va de la mano con la incompetencia de su sistema de reclutamiento.

 

Pero el problema de la seguridad es algo mas complejo y si bien en algún, momento escribí que los ministerios del interior eran tributarios de los países de Europa continental con sus monarquías-un noble estaba a cargo del asunto de la seguridad interior - los anglosajones relativizaban su importancia porque jerarquizaban a los de Justicia- Cromwell había pasado por allí hace varios siglos–la realidad argentina es ineficazmente hibrida.

 

La seguridad no se discute en términos de números de presupuestos o de fuerzas.La seguridad es un tríptico complejo que incluye a las policías nacional y provinciales - con Gendarmería y Prefectura incluidas, al Servicio Penitenciario –pieza vital en el esquema de seguridad interior y sobre todo a la Justicia.

 

En ese ultimo caso el esquema judicial argentino cuenta con dinosaurios y con garantistas.Los dos extremos son malos, anacrónicos, tenazmente nocivos.

 

El garantismo que es el pensamiento a la page hoy en día favorece objetivamente a la delincuencia en el país e invierte la carga de la prueba contra los ciudadanos.Es un modelo apto para países desarrollados con niveles de criminalidad bajos, tipo países escandinavos.

 

Nada tienen que ver con la realidad argentina que semeja cada vez mas a Colombia con las mafias periféricas luchando por el control de la informalidad que el esquema de desarrollo inevitablemente ha generado como lo hace en todos los países del mundo. El desarrollo económico espasmódico con altas tasas de informalidad y corrientes migratorias incontrolables , hace crecer a las mafias porque son estructuras que se encuentran más cerca del empleo informal que del viejo esquema corporativo de las sociedades integradas con sus sindicatos de antaño.

 

Frente a esta realidad ya difícilmente modificable -no se pueden prohibir los aviones porque los pasajeros pueden ser portadores de plagas o de virus - el esquema de seguridad debe adaptarse a la realidad y no a la teoría. El garantismo es simplemente una parte de la biblioteca pero las ultimas bajas de policías y civiles en enfrentamientos de corte paramilitar y con perforante munición de guerra demuestran que la delincuencia no lee ninguna de ellas. Otro problema para considerar lo plantea el tema de la conjuntez de las fuerzas.Actuar de forma conjunta supone una planificación de la prevención y para eso existe un organismo-la Secretaria de Seguridad-que esta plagada de funcionarios políticos, algunos militares que reniegan de su propio origen y de personal civil que ni siquiera sabe –salvo contadas excepciones-la propia ley de Seguridad que los informa y accidentalmente les paga el sueldo.

 

Macri es probable que resuelva el problema de la conjuntez por vía de la tipificación de los delitos de menor a mayor y los acuerdos de complementación con las fuerzas federales y la presión política con marchas sobre el gobierno central y centralista y centralizador.

 

Hay otra alternativa, sin embargo, que es la que se esta promoviendo actualmente en los países desarrollados y se trata de la prevención por medio de contramedidas y medidas inteligentes. Cámaras, sensores y sistemas de vigilancia que si bien son costosos como inversión inicial ahorran masa critica administrativa, agilizan las tareas de prevención y permiten que las fuerzas operacionales y los grupos de acción de pronta respuesta –como el GEO o el TOE - actúen en tiempo real. Es decir fuego, bajo fuego.

 

El resto es una discusión política y ya en ese sentido la ciudad de Buenos Aires se ha pronunciado de forma masiva por via de las marchas del señor Blumberg y el masivo triunfo del ingeniero Macri, en la Capital.

 

El gobierno de los desarrollistas sin capitalismo nacional, montoneros y vividores varios debería tomar nota del asunto. Las revoluciones democráticas postmodernas se hacen por temas muy simples: los impuestos-en general su sobrecarga sin control, la falta de libertades culturales, la prensa es una de ellas -y la seguridad.

 

Y en todos estos temas el gobierno se entretiene mirando los capítulos de Mujeres Asesinas intentando por ahí descubrir el rostro más o menos oculto de la señora Miceli.


 

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