Por Edgardo Arrivillaga.

Verborragica, la Cristina argentina - feminista desenvolvió su mejor repertorio de clichés sociológico –economicistas ante el empresariado americano.
Probablemente la impresión que dio a algunos fue la de una mujer en un tiempo atractiva que lucha duramente con los años.
A otros nos recordó el debut de Greta Garbo en el cine sonoro , pero no exactamente en Reina Cristina, ya estaba entrenada por Irving Thalberg para esas lides en esos tiempos, sino en Annie Christie ,la cruda pieza de Eugene O´Neill en donde la sueca recién desembarcada , todavía mascullaba su espontánea brillantez en un inglés imperfecto que marcaba, agresivamente, su extranjería.
Lo grave fue, eventualmente, el discurso político.
Cristina no puede dejar de hablar con el argot explicativo argentino de los 70. Un argot mezclado con el fantasma de Lacan, algunas palabras tomadas en préstamo a la biblioteca del Circulo Militar de la época y mucho de ese metalenguaje estructuralista-constructivista que permite alinear diez palabras del tipo superestructura, dialéctica, metoninimia del símbolo, vanguardia de las fuerzas y hasta correa de trasmisión, factores sociales en presencia , elite burguesa esclarecida,etc,remozadas con el viejo vocabulario frondizista de Gino Germani,( era el Torcuato Di Tella de ese tiempo ) y permitía a los argentinos de entonces pasar por cultos, hábiles, entendedores y hasta increíblemente capaces de explicar desde la teoría de la dependencia hasta el arte de fabricar un ladrillo en las antiguas civilizaciones mesopotámicas.
Una oportuna cita a Louis Baudin por izquierda o a Jacques Maria de Mahieu por derecha y al imperio hidráulico de los incas era lo suficientemente a la page como para que todo quedase definitivamente bien. Y los argentinos continuaban explicando de forma brillantemente aplicada las razones de su propio fracaso, inconsistencia y ardua decadencia.
La tragedia subyacente en todo esto es que han pasado algunos años, varias generaciones y el mundo tiene esa desapacible tendencia a evolucionar y ya la simple teoría de la dependencia y los amagos –Moyano dixit –a Labriola y al sindicalismo prefascista y a las naciones proletarias que buscan eternamente su puesto bajo el sol después de varias guerras mundiales, infinidad de conflictos genuinamente periféricos, han superado ampliamente su tiempo histórico.
Y gesticulantes.
Síntesis: Cristina para ellos y los yanquis recito con prolijidad su papel de vendedora de ilusiones en un día extrañamente y dialécticamente cercano en el campo de los símbolos cristinescos al día de la primavera.
Heroína del suspenso de Hichcock, en la línea de Tippi Hedren, ¿recuerdan era la mama de Jessica Lange? o a Grace Kelly antes de ser princesa de verdad en una minimonarquía realmente decisiva para las finanzas, nadie sabe cuanto hay de cierto o de mentira edulcorada en su ambigua frigidez procapitalista o antiimperialista.
El camuflaje es tan bueno, el adobe tan tierno, el sex appeal tan trabajado por los informes de la jefatura de gabinete en power point estupendamente memorizados que, por momentos, la chica candidata da la impresión de querer ser medalla de oro en una inexistente universidad de notables del mundo.
Algo así.
