La Asociación Madres de Plaza de Mayo lanzó oficialmente en Argentina la candidatura del presidente de Bolivia, Evo Morales, para el Premio Nóbel de la Paz 2007, por considerarlo «digno, trabajador, honesto y mágico». En la Universidad Popular, quefunciona en la sede central de la institución que desarrolla sus actividades sin tener todavía autorización del Ministerio de Educación, se realizó un acto para iniciar la recolección de firmas.
«Postulan a cada personaje que uno ni siquiera sabe quienes son. ¿Por qué no vamos a presentar a Evo Morales, el presidente de todos los indígenas de América latina?», dijo en un arrebato ligeramente contradictorio y en plena asociación libre contra fáctica freudiana la titular de la organización, Hebe de Bonafini quien ya apalanco a Marcos, a Bin Ladem y a cuanto personaje admirado por el lumpenaje ideológico de la izquierda extraparlamentaria encuentra en su errático camino de bulímica coleccionista raviolera.
En el acto estuvieron también presentes en una manifestación de inconmovible pluralidad sudamericana el senador boliviano Santos Ramírez, el cónsul de Bolivia en Buenos Aires, José González, y el ministro Encargado de Negocios de la misma embajada, Sixto Julio Valdez Cueto. Y no hay que asombrarse que haya sido casualmente el cónsul González quien afirmó que «Evo es mágico» por su capacidad de trabajo, su ascendencia sobre la gente y su don para el liderazgo de sus compatriotas, «de todos los orígenes» subrayó innecesariamente-¿o no?-...
González, quien fue fue secretario privado de Evo Morales, confesó algo candorosamente en este acto que «nunca» le pudo «seguir el tren». «Es un hombre que se levanta a las cinco de la mañana y a veces trabaja hasta la medianoche o más aún. Al poco rato ya te está llamando para recordarte que hay que ir al palacio» de gobierno, reveló con suspenso en un verdadero scoop periodístico que dejo a los consumidores de melatonina en estado de éxtasis.
El senador Ramírez, por su parte, destacó que Bolivia está trabajando «a conciencia» para la construcción de una nueva «democracia de servicio y participación» y para dejar atrás la «democracia servil» que oprimió a su pueblo.
Hebe de Bonafini condenó ritualmente a los Estados Unidos por querer «ponerle la soga al cuello» a Bolivia y a su presidente, pero «no van a poder, porque el pueblo está con Evo y nosotros también», enfatizó con una elocuencia que habrá hecho enarcar las cejas con preocupación al área latinoamericana del Departamento de Estado. La candidatura de Evo Morales al Premio Nóbel de la Paz ya se lanzó en Venezuela, en Bélgica un país que viene invirtiendo sumas prudentes en pymes y municipios bolivianos desde hace ya un par de años y «próximamente también en Japón», se anunció rotundamente en Buenos Aires.
Si, en Japón también.
Naturalmente ninguno de estos flamantes indigenistas locales recordó que el fundador del Movimiento Nacionalista Revolucionario boliviano, Paz Estensoro se exilió en la Argentina en la década del 50, que el general Hugo Banzer egreso del Colegio Militar argentino aprovechando una beca de intercambio y que Augusto Céspedes difundió su clásico “Metal del Diablo” denso y documentado trabajo sobre la explotación del cobre en su país , en medios argentinos como Democracia y Noticias Graficas , en la misma época.
Ocurre que mientras esta simpática gente juega con las malas conciencias del Nóbel la situación en Bolivia se deteriora, la crispación entre Sucre y La Paz empeora, finalmente crecen los rumores sobre la posibilidad de un golpe de estado o algo peor.
En ese caso se daría esta clásica paradoja argentina: mientras la guerra interna amenaza con dividir una vez mas a la sociedad boliviana , los grupúsculos derechohumanoides trabajan por el Premio Nóbel de la Paz para un sector desgastado autoexcluyendo cualquier posibilidad de mediar en una crisis que desguace la frágil revolución indígena del MAS precipitando al pequeño país en el caos.
Mucho mas sensato seria mantener una posición neutral –Brasil lo hace bien y sabe que tiene a Venezuela enfrente,no se engaña sobre esto –y luego jugar sólidas cartas de negociación para hacer pesar el interés nacional en ese país estratégicamente aliado mas allá de la dialéctica de un gobierno desgastado.