Fuente: El blog de Abel Fernández. (http://abelfer.wordpress.com/)
Ayer el Partido Justicialista perdió en Santa Fe; en Córdoba, sus adversarios han obtenido más del 60 % de los votos. En la Capital Federal también fue derrotado en las elecciones recientes (si es que se presentó; hay algunas dudas). De los cuatro distritos decisivos de la Argentina (decisivos en sus elecciones; fundamentales en su economía), el PJ sólo mantiene una clara ventaja en la Provincia de Buenos Aires (sumando la versión tradicional y la del FpV, que - es cierto - se parecen bastante). Y aún ahí, Manolo Quindimil ya está un poco viejo.
Seguro, están sanos y vigorosos Alperovich en Tucumán, Gioja en San Juan, por supuesto los Saá en San Luis, et alia. Desde hace 60 años los caudillos del interior profundo son una de las patas del poder peronista. Pero con ellos no alcanza para una fuerza nacional.
Esto llama la atención cuando todos los opinadores se han pasado los últimos años, desde el 2001, repitiendo que la Argentina no es gobernable sin el peronismo. Y más allá del discurso de los medios, está a la vista que los aparatos políticos más poderosos en casi todo el país se identifican con los símbolos del peronismo y con una determinada cultura política. En sus actos, mal que le pese a Pepe Albistur, se sigue cantando la marchita.
También es evidente que esos aparatos, ahora con alguna competencia de la izquierda dura (pero rentada), siguen teniendo presencia entre los más pobres y los excluidos, algo que ninguna otra fuerza política nacional puede ostentar. Y hay muchos pobres y excluidos en Argentina.
Entonces, qué está pasando? Quiero señalar dos hechos; uno, es muy evidente desde hace más de 20 años, aunque cada tanto los políticos y el periodismo juegan a olvidarlo. El PJ no es por sí mayoría electoral: cuando, como en el ´83, la mayor parte del resto de la sociedad encuentra una candidatura que la expresa, es derrotado. Por eso, es absurda la queja de Menem, que atribuye a la negativa de Duhalde a dar elecciones internas su derrota en el 2003. El PJ, con la candidatura de Menem, perdía en el 2003 casi tan cierto como que - con ella - ganó en ´89 y en el ´95.
El otro hecho es más nuevo, aunque no sale de un repollo, sino que se ha ido formando a lo largo de años: el peronismo no tiene propuestas atractivas para los sectores medios de nuestro país, que son la mayoría. (Con una excepción: conserva la lealtad de la mayor parte de los trabajadores sindicalizados, que hoy son parte de esos sectores medios).
Se habían entusiasmado - la mayoría de los sectores medios - con Menem y su promesa del primer mundo hace quince años; simpatizaron hace cuatro con Kirchner, que hacía eco a las broncas que ellos mismos sentían. Hoy, muchos votarán a Cristina y a Scioli, porque no encuentran candidatos que los entusiasmen más.
Pero el peronismo no engancha a quien no se haya enamorado de él en otra época, por lo menos a nadie que no tenga un cargo en el gobierno. Los jóvenes no se suman al peronismo (en realidad, después de la desilusión con el ARI, no se suman a ninguna propuesta política excepto como salida laboral).
