SUSHI BIRMANO

Por Strategicos

 


La masacre  en curso contra los monjes budistas en Birmania., si en Birmania, .dejemos ese subterfugio de aceptar nombres que rompen presuntamente con un pasado colonial en términos simplemente  toponímicos , obedece  a los intereses gaziferos chinos en ese país.

 

   Si  hiciéramos analogías simples Birmania es a China lo que Bolivia es a la Argentina, un pequeño país pero a la vez una potencia gasifera indispensable para  sustentar el desarrollo del capitalismo chino, en esta etapa de  extraordinario  crecimiento y desarrollo.
 

De hecho la rebelión de los monjes cabalga sobre  el aumento de los precios de los combustibles y la persecución religiosa – amainada en los últimos tiempos gracias a la estrategia Vaticana  dirigida tanto hacia los católicos como a los budistas en la propia China y en Hong Kong- puede ser  el mascaron de proa de que un fenómeno  tan imprevisible e inesperado  como lo fue  el iraní en 1975     liquide las expectativas neocoloniales chinas en Birmania.

 

         En ese caso  la  capacidad  dialéctica de movilización de fuerzas sociales y religiosas a la vez ,  pondría en jaque rotundo  a ese claroscuro de acuerdos .complicidades y alianzas  mas o menos visibles , que unen el poderoso ejercito  birmano  con los intereses militares y geopolíticos chinos .
       

Frente a   esto la izquierda finge desconocer el asunto. China o el maoísmo neocapitalista  según los casos sigue teniendo para esta gente blasones de legimitidad.  No  importa que China haya masacrado sus fetos femeninos apuntando a ser  el gran mikado de los homosexuales en los  próximos 20 años o –lo que es más probable-  estimule sus   tendencias expansionistas  militares sobre Vladivostok y  Siberia.

 

     La izquierda izquierdona no opinara y tratara de obviar el asunto asi como intenta obviar los intentos de  vivisección  en presos político- los que  se producen a diario en China- o un sistema judicial que no solo  no tiene la menor noción de lo que  son los derechos humanos sino que ignora simplemente el código civil en los términos en que nosotros, de esta parte del mundo, lo entendemos o fingimos al menos formalmente entenderlo.
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        Lo cierto es que en  la antigua Birmania, los monjes budistas han constituido una institución importante, tanto por su papel de guía espiritual como por haber funcionado como intermediarios entre el pueblo y los reyes que estuvieron en el poder hasta finales del siglo XIX. Actualmente, unos quinientos mil de ellos pueblan las pagodas y monasterios, aunque sólo un diez por ciento estaría según el Vaticano que sigue de cerca el asunto, verdaderamente politizado.
         

Los monjes birmanos, como los chitas iraníes en los 70   han estado a la vanguardia en las protestas contra el poder colonial del Reino Unido hasta el levantamiento popular de 1988 tras la devaluación de la moneda y otras  medidas económicas. Medidas igualmente costosas en términos de poder adquisitivo o de aumento de la pobreza simplemente.

 

        El gobierno de entonces envió al ejército para disolver las manifestaciones en las que también participaron masivamente monjes budistas.
Tres mil personas fueron asesinadas silenciosamente como peces mudos en un acuario.
 
   Los analistas internacionales consideran que una reacción violenta del régimen está a punto de suceder  y en cierto modo incrementarse porque la Junta Militar ha comenzado a notar paralelismos con el levantamiento de 1988. Hasta ahora, la contención puede deberse, en parte, a que los jefes militares no han tenido que enfrentar las protestas al residir en Nay Pyi Taw, la nueva capital. Otros, aseguran que China, su principal aliado, les ha exigido contención y mesura mientras su diplomacia opera hábilmente en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.
 

Entre tanto el tablero  social presenta un panorama desolador. En   los últimos cuarenta años el régimen ha hecho poco para mejorar los servicios básicos de los birmanos. La Organización Mundial de la Salud afirma que la dictadura invierte sólo sesenta céntimos de dólar por persona en materia de salud. Eso provoca que unos 150.000 niños menores de cinco años mueran anualmente por malaria, infecciones respiratorias agudas y diarrea. Además, el número de personas infectadas de sida (más de seiscientos mil) es de los más altos del sudeste asiático solo igualado por el paraíso sexual  de  Tailandia.

 

Pero en Birmania hay  también ricos yacimientos de petróleo, estaño, antimonio, zinc, cobre, acero, plomo, carbón, tungsteno, gas natural y, lo más importante, piedras preciosas.  Cuenta  de igual forma con  extensiones de maderas y produce arroz, legumbres, maní, caña de azúcar, cemento,  materiales de construcción, productos farmacéuticos, fertilizantes y ropa.

 

 El país enfrenta deforestación, grave contaminación y  falta de medidas sanitarias. Constantes sismos, ciclones,  derrames de lava, inundaciones y una sequía ancestral afectan al país y lo convierten en un territorio de inacabados efectos especiales  para los amantes de las emociones fuertes.
Pero sin final feliz.
 

La última extravagancia de la Junta Militar que encabeza el general Than Shwe ha sido la construcción de Nay Pyi Taw ("sede de reyes"), a unos cuatrocientos kilómetros de Rangún. No todos los birmanos la pueden visitar y está prohibida para los extranjeros, sobre todo  los peligrosos periodistas. y los ciudadanos atribuyen los constantes cortes de energía eléctrica que sufren desde hace años al despilfarro que los generales hacen en la nueva metrópoli.

 

Allí  Julio de Vido tiene la implacabilidad  de un  uniforme de mariscal.
  

Tampoco nadie sabe por qué se fundó la ciudad. Unos dicen que responde a una "decisión estratégica" contra un ataque por mar. Otros a que Shwe quiso emular a los antiguos monarcas y se mandó construir una. Pero, en un país donde el rumor sustituye a las noticias por el control estricto sobre los escasos medios de comunicación, la mayoría cree que todo es producto de las constantes consultas que Than Shwe hace a adivinos   -los López Rega locales -  para tomar decisiones  o a las comisiones pagadas por empresas constructoras chinas.

 

.En términos reales la ciudad no tiene la importancia geopolítica de Brasilia , no  parece  querer ser la Córdoba  argentina pensada por Ongania  en 1967 o  el aferramiento hacia el sur imaginado por la socialdemocracia alfonsinista.
  

Lo cierto es que ayer el ejército corto Internet aislando Birmania del resto del mundo.Es el comienzo de una represión dura, sangrienta y oriental.

 

Un sushi preparado con los peces vivos delante de nuestras narices.

 

Veremos entonces  que hacen los occidentales tan preocupados por los Derechos Humanos del pasado y tan  absolutamente tributarios del realismo político y sobre todo  los intereses comerciales  del siglo XXI.

 

  Stanley Hoffman sostenía en Una moral para los Monstruos Fríos las dificultades que implicaba la articulación de la bandera occidental de los Derechos Humanos     como categoría universal. Analizaba a Nietszche y Maquiavelo  y  sus conclusiones eran  relativamente pesimistas.
  

En  las próximas  horas veremos  si la causa Birmana  tiene fuerza en  los mass media y sobre todo en la izquierda –izquierdona.

 

En el Vaticano, empeñado en  propiciar un papa oriental en su giro  inevitable  hacia la  religión planetaria  las masacres en Birmania no pasan desapercibidas.

 

   Las Madres de la Plaza de Mayo en la Argentina  están todavía buscando Birmania en algún viejo texto de Salgari que les sugirió al pasar  Miguel Bonasso.
Ya llegaron a Yañez.

 


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