JUAN CARLOS Y EL CARIBE DE LOS CRUCEROS DEL AMOR

Por Gerardo José Gonzalez

 

Me da risa, decía Camilo Cela. A los gallegos la risa nos viene de afuera, a los napolitanos de adentro, creo.
 
    Esto del rey es gracioso porque su padre se llevaba muy mal con el Caudillo, al punto que vivió, bastante pobre, en Francia. Gustaba de la caza, pero más de la comida y la bebida. Pero don Francisco, con hondo criterio, decidió que España fuera reino y no república, y así es hoy.
 
    Dice el casquivano Joaquín más Soledad que Morales, en el diario de hoy, que nuestro presidente reelecto lo considera el político más importante de España. Yo no se tanto, pero se nota que tiene la corona bien puesta y los testículos trasegados  en su lugar, con envidiable dosis de progesterona, dada su edad. No recuerdo bien que glándula genera la progesterona.
 
    Nuestro Comandante cristo-guevarista Chávez, ataca a España como alcahueta del Imperio, y no le falta miga a su argumento. Repsol, Endesa, Telefónica, el Banco de Santander, el grupo Marsans y otros menores, dieron al Carlo de Anillaco unos doblones a cambio del regalo económico y -esencialmente- legal de las gigantescas empresas públicas armadas por nuestro General Juan Domingo Perón y mantenidas por los gobiernos siguientes. Ganaron tanto, pero tanto, que ahora se pueden poner a parir al niño de su salida. Todos están más que hechos.
 
    Pero es sabido que esto de las inversiones externas no es cosa fácil de tratar, ni siquiera para Chávez. Una cosa es que Vladimir Putin eche a la Shell de la isla Seleikin y otra que Evo o Chávez expropien a Repsol.
 
    Para desgracia o fortuna de las naciones, el Subimperio de Lula está en medio de estos caudillos con Petrobras.
 
    De manera que "nacionalizar" es lindo pero difícil, porque las multis pueden acogotar durante mucho tiempo, como hizo el Imperio Mayor con Cuba, que está sumida en miseria indigna, casi haitiana. Se los puede expropiar, pero hay que pagarles.
 
    Los ricos miran los gestos de Chávez con actitud cauta. Si las cuentas dan para irse, se van. Si aún pueden quedarse, esperan el ricorsi histórico. Todo lo que sube luego baja.
 
    El Imperio está tranquilo porque ve que el Comandante no es Fidel ni Guevara. Arriesgo que alcanzó su límite. El Caribe es de los cruceros del amor. Colombia tiene bases americanas. Y Méjico no se mete en el Sur porque es cosa chica para ellos. Bolivia solo tiene que arreglar las inversiones necesarias para extraer y exportar su gas a Brasil, Argentina y Chile. Nada más ni nada menos. Si lo hace bien, que es lo que parece, será como un emirato arábigo. China puja por meterse y tiene con qué, pero no le será fácil. Perú y Uruguay siguen, en general, el modelo chileno de integración.
 
    Argentina, como de costumbre, no sabe que hacer. Pero se huele hace años que el gobierno se inclina a negociar con los poderosos. Chávez está muy disgustado con el matrimonio dirigente, porque mostraron una cosa y luego hicieron otra. Eso de tocar la campanita de inicio en Wall Street, la ausencia de Kirchner en Cuzco y Ayacucho, la fuga de Santiago de Chile, la actitud casi alcahueta hacia Hillary Rodham de Cristina, contradicen su postura escénica. De Irán ni hablar.
 
  Con todas las letras: los Kirchner-Fernández no son chaviztas.
 
    Los balances de Exxon y Shell no se conmoverán si se van de la Argentina o de Sudamérica entera.
 
    Lo de España es otra historia, porque es potencia menor y apostó fuerte a su herencia civilizatoria en el continente. Fuerte pero mal. Demasiado lucro. Se aventuraron en los noventa mucho más que el Imperio, porque lo decidió Aznar y sus socios. Por eso el carilampiño socialista quedó culo para arriba en Chile. Pero bueno, son las reglas del capitalismo transnacional. No es casual que Felipe González sea gestor brutal y directo de las empresas hispanas.
 
    Es bueno que la consorte visite a Lula. Señal de orden urbi et orbe. La gente ya votó. Es hora de obrar un poco más seriamente. El presidente izquierdista del Uruguay concurrirá a la ceremonia de pase del bastón de mando. Tragos difíciles para los ecologistas, nacionalistas a la violeta de Gualeguaychú payasa y anarquistas renacidos de antiquísimas lápidas históricas.

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