Por Gerardo José González
Es reconfortante que, a esta altura, gente de tamaño cultural sigan diciéndose peronistas.
Habría que preguntarle a Isabel Martínez o Manuel Quindimil, entre muchos otros, que entienden queda de eso hoy.
Arnold J. Toynbee trata, el el Tomo VI, segunda parte, de la edición de Emecé, el tema de la desintegración de las civilizaciones.
Lejos de mi está aplicar las categorías de ese estudioso al peronismo, fenómeno importante de un país de segundo (a veces pienso que de tercer) orden en el mundo.
Pero me tienta su observación acerca de los intentos de reconstrucción que las civilizaciones hicieron a lo largo de siglos, no de décadas, como es nuestro caso local.
Por inclinación afectiva me gusta Bizancio, o el Cristianismo Oriental, pero no lo aludiré hoy.
Perón fue un genio político, que decidió por los popularii en lugar de los primates, como su maestro Justo, socios y alcahuetes.
Y así ganó su lugar en la Historia y en el corazón del pueblo, como se dice.
Pero, dejando de lado ese breve período faústico del Retorno con Gelbard, López Rega y Firmenich, el Peronismo fue luego Carlos Saúl Menem, que gobernó para los primates extranjeros, ya que los nacionales decidieron vender sus empresas a precio dólar Cavallo y depositar afuera el dinero.
Hay Perón sigue siendo Perón y Menem fue escupido de la boca de su pueblo riojano, por usar una metáfora bíblica suya.
Cualquier tonto dice hoy que Kirchner es peronista o Alfonsín radical, pero sabemos que eso no es así.
Diremos que en Argentina nadie funda un Movimiento y tea vez haya algo de razón..
Roca, Yrigoyen, Justo, Perón, Menem, mandaron el país durante décadas, pero pareciera que se los tragó la tierra.
Para un patriota recalcitrante como yo, reaccionario en el mejor sentido del término, que quiere, pese a todo, a este país payaso, resulta difícil afirmar la vigencia del peronismo.
Me asombra que Yrigoyen o Perón no tengan una estatua en el centro de esta ciudad fenicia y cartonera.
O que se los recuerde en callecitas del centro viejo, obra de la caquita espiritual de Raúl Alfonsín.
Justo nombró a las diagonales que abrió con Saénz Peña y Roca, el factotum de la Argentina Moderna y el gran demócrata que suicidó, en buena hora, a la oligarquía.
Temo que un día de estos a la diagonal sur la nombren cacique Catriel y se roben el bronce de Roca una noche.
Vi hoy en la villa 21 de Barracas una que se llama Sud América.
Es país payaso.
