Cortesia de VICTOR LAPEGNA
"En nombre de la Nación rindo homenaje a las Fuerzas Armadas del Perú porque ellas representan el sentido espiritual de nuestra Patria y Están unidas al nacimiento mismo de nuestra nacionalidad, por su acción, por su sangre y su compromiso.
Las Fuerzas Armadas del Perú son a la vez escuela de honor, patriotismo y deber para todos y están íntimamente unidas a los grandes capítulos históricos que nos recuerdan nuestra peruanidad. Desde Junín y Ayacucho, y múltiples gestas de la emancipación de nuestra Patria, hasta la defensa dramática de nuestra nacionalidad en las horas aciagas de la Guerra del Pacífico, luchadores de Tarapacá, del Morro, Defensores de Lima, titanes de la Breña y de la cordillera, hasta el tremendo combate contra el terrorismo, el peor enemigo de nuestra sociedad y de nuestra nacionalidad en el siglo XX.
En cada uno de esos capítulos han sido las Fuerzas Armadas del Perú las que han pagado el mayor precio, y las que han tenido el mayor compromiso para defender a nuestra Patria y la historia siempre tendrá que hacer mérito, reconocimiento y honor a lo que significa su esfuerzo por defender a todos los demás peruanos y por mantener vigente la independencia y el sentido cívico y solidario de nuestro país.
Son escuela de deber, escuela de patriotismo, profesión de entrega, escuela de honor, y debemos respaldarlas, restituyéndolas con orgullo profundo al seno de nuestra familia peruana. Que no se hable más de sociedad civil y sociedad militar, que no se trace exclusas entre lo que es lo mismo, entendiendo que las Fuerzas Armadas están al origen de la Patria y han sido las que la defendieron en el momento más tremendo de su siglo XX.
Debemos, como dije al iniciar mi mandato, devolver a nuestras Fuerzas Armadas su orgullo pleno, su autoestima cabal, que se sientan parte enteriza de la familia peruana, que termine cualquier forma de ensañamiento en contra de nuestras Fuerzas Armadas.
Es responsabilidad del Perú entero y de su Gobierno dar a nuestras Fuerzas Armadas el honor y el orgullo a los que son merecedores, porque pueden enseñarnos de sus enormes ejemplos y de la defensa de la Patria lo que es el deber, ahora que tanto lo necesitamos.
Nuestro amado Perú está a punto de despegar para unirse a las naciones que más éxito tienen y que más avanzan y que más trabajo y por consiguiente más justicia pueden dar a sus ciudadanos. Y depende también de los peruanos y de nuestras Fuerzas Armadas lograr que no tenga contratiempos ese objetivo fundamental, que debe hacer a nuestra Patria la más grande de Sudamérica, la mejor del continente, la más desarrollada, la más tecnológicamente capaz, la más orgullosa de su destino, con objetivos claros y nacionales.
El deber de los padres que tienen el coraje de detener la indisciplina, que se interponen entre el adolescente y la pandilla, que se interponen entre el niño y la dispersión, obligándolos a la disciplina y al deber que nuestras Fuerzas Armadas nos enseñan, el deber del profesional que le da a la sociedad, al paciente o al cliente, más de lo que la sociedad le puede dar a él, eso es deber.
El deber del ciudadano que paga puntualmente sus impuestos, el deber del funcionario que entrega sus 24 horas para cumplir, para mejorar el país con celeridad, con premura, todo eso es deber que a nosotros civiles y políticos que no tenemos llamada todavía la hora de un morro, de un vuelo solitario o de una navegación defensiva, nos debe alcanzar la llama en el corazón del deber que impulsó a estos hombres. Eso es deber y ese ejemplo nos viene de esta escuela de honorabilidad, de patriotismo y deber que son las Fuerzas Armadas, a las que nadie debe ofender, por que puedo dar fe, al haber servido en esta nuestra Patria anteriormente, que a la hora del dramatismo y de la entrega fueron ellos los que pusieron primero que otros, sus cuerpos para defender el destino del Perú de la destrucción, de la violencia y del caos.
Fueron ellos, los jóvenes alféreces, tenientes y capitanes, caminando por años en la serranía, aislados, amenazados, incomunicados, fueron ellos los que asumieron una función que a la postre significaría también responsabilidades pero sabiéndolo lo hicieron. Y es que a la hora de cumplir un deber muchos se lavan las manos en nuestra Patria, y dicen que lo haga otro, y se preguntan para qué corro yo el riesgo, mejor lo dejo en manos de otros, mejor busco la excusa del tampón y del sello para justificar mis actos, esta gente no.
Yo digo que los que caminaron en la última gran gesta de las Fuerzas Armadas y sus nombres están allá, inscritos como ejemplos para los jóvenes del Perú, los mártires en la lucha contra el terrorismo, merecen nuestro honor permanente y eterno y el agradecimiento total del Perú. Por eso vengo a decirles que ayer he firmado un decreto que creo de justicia total, el Estado se compromete a defender soldados, marinos, aviadores, oficiales, a todos aquellos que sufren acusaciones, a todos aquellos a los que se les enrostra actos, porque es responsabilidad del Gobierno defender a aquellos a los que en algún momento envió a defender la Patria, y no vamos a dejar ni marginales ni desasistidos a los que sufren condenas, procesos, inquisiciones y muchas veces investigaciones que no acaban nunca y que mancillan su honor y destruyen sus carreras.
Hemos firmado con el decreto supremo, refrendado también por el ministro de Defensa, el compromiso del Estado de defender a aquellos que defendieron al Perú. Cómo podría el Gobierno, mucho menos yo que participé con las Fuerza Armada, con todo orgullo en defender a la Patria de la peor amenaza, dejar abandonados a miles de soldados y oficiales sobre los que recae siempre la sospecha de los que no pusieron nada por defender a la Patria contra el terrorismo.
¿Cuánta sangre pusieron los que hablan?, ¿Cuánto sangre pusieron o cuanto esfuerzo y sacrificio o pérdida de vida humana los que ahora se permiten alzar su voz contra las Fuerzas Armadas? Nuestro compromiso es ése, defender a las Fuerzas Armadas y hacerlo también a través de su nivel de profesionalización.
Por eso en el último Consejo de Seguridad Nacional, con la asistencia de sus altos mandos, el Gobierno ha definido el nuevo concepto de un núcleo básico eficaz que nos permita entregar a la Fuerza Armada su capacidad operativa para cumplir con sus objetivos de defensa nacional y de seguridad interior, porque yo sé muy bien que llegado el momento de cualquier adversidad o desgracia, todos los que hablan y los que dicen desaparecerán, y otra vez será la Fuerza Armada las que tenga que poner el pecho por el Perú. Y entonces hay que dotarlas de eficacia, de profesionalidad, de capacidad, de operatividad, y eso es lo que vamos a hacer a lo largo de estos cinco años, con un primer programa de 650 millones de dólares y con aquello que el Fondo de Defensa Nacional pueda proveer.
Pero también hay que pensar en la familia de los oficiales, marinos, soldados y aviadores, esas familias que los siguen a los puestos recónditos, a varias guerras, al PV4, a Pomata, esa familia de mujeres e hijos que los acompaña y que tiene derecho a tener cubierta la seguridad del futuro, y ante una Caja de Pensiones Militar-Policial que encontramos desfondada por errores y también por la rapiña de malos gobiernos.
Nos toca a nosotros, dentro de este objetivo nacional de defensa, fortalecimiento y orgullo de nuestras Fuerzas Armadas, defender ese futuro a través de la Caja de Pensiones, y hemos tomado la decisión de utilizar todos los activos y las posibilidades para ir fortaleciendo esta Caja a efecto de que no sólo nuestros oficiales retirados sino también los jóvenes alféreces y los cadetes sepan que tienen un futuro cubierto por el país, que de tanto en tanto les pide un esfuerzo supremo por el que tienen que corresponder.
Por eso, cuando viene dinero del exterior, de la rapiña de un régimen pasado, tenemos que asignárselo también a la Caja Militar Policial de Pensiones, porque de ahí salieron esos recursos, y de eso se han olvidado algunos políticos y gobernantes, porque es fácil entregar dinero a otros, porque se cuenta siempre con la disciplinada adhesión y el silencio de los hombres de armas que han aprendido con su honor, el deber de la disciplina y el silencio, pero la sociedad no puede ni debe abusar de ese silencio.
Y al rendir homenaje a las Fuerzas Armadas del Perú y al invocar la gloria y el deber de los Patronos de la Nación, que no lo son sólo de las Fuerzas Armadas, reitero mi compromiso personal, de afecto, de deferencia y de homenaje a las Fuerzas Armadas del Perú y el compromiso del actual Gobierno de defenderlas, de protegerlas porque conoce a fondo cuál es su nivel de compromiso y su escuela de deber.
