En fuentes directas pudimos saber que en la Marina de Guerra se ha planteado desde comienzos de esta semana, un principio de crisis cuya evolución aún no se conoce definitivamente.
El último martes y en cumplimiento de una orden impartida por la superioridad y originada en el ministerio de Defensa, se les informó a 18 capitanes de Corbeta que debían acompañar en carácter de detenidos a igual número de camaradas que ingresaban a un proceso de juicio por haber participado como oficiales subalternos en la Guerra Antirrevolucionaria de los años setenta.
De acuerdo con el reglamento, en todos los casos los oficiales o suboficiales que deben cumplir órdenes de prisión, son acompañados por militares en actividad a los efectos correspondientes.
Del grupo mencionado, muchos de los oficiales y hoy algunos jefes - todos ellos retirados - tenían que alojarse en la cárcel de Marcos Paz a la espera de la prosecución de los juicios. Otros, por superar los setenta años de edad, quedarían con arresto domiciliario, novedad que les sería comunicada por el capitán de Fragata que recibiera esa orden.
Sin embargo, ninguno de estos oficiales acató la orden impartida y por lo contrario, solicitaron a la superioridad que se las entregaran por escrito para contestar y fundar la negativa de igual modo.
Ante la situación planteada, la conducción de la Fuerza resolvió recurrir a niveles más altos para dar cumplimiento a la orden, pero sin pasar por los capitanes de Fragata que revistan en un grado superior a los de Corbeta, lo hizo directamente ante un grupo de capitanes de Navío.
Curiosamente, apenas se conoció el hecho, algunos de estos últimos recibieron llamadas de los capitanes de Corbeta, quienes - palabras más, palabras menos - les dijeron que esperaban de ellos una conducta similar. En ciertos casos, los términos empleados fueron muy directos, concretos y específicos.
Lo concreto fue que por propia iniciativa, ninguno de los capitanes de Navío aceptó cumplir la orden de acompañar arrestados a sus camaradas