La tremenda fuerza que adquirió el movimiento de protesta de las distintas bases del sector agropecuario modificará substancialmente el rumbo político del país. Si el gobierno cede a los reclamos, baja los impuestos, elabora un plan económico coherente y definido e inaugura un proceso de reconstrucción de las instituciones, será no solamente un triunfo de la producción sino que afianzará su influencia y concretará la incorporación de otros grupos importantes a este inédito proceso que vive el país. Incluso, la movilización que centraliza las expectativas, creará entonces una nueva situación de hecho que se colocará por encima de los ya inexistentes partidos políticos y otras organizacíones que controla el oficialismo. Surgirá un nuevo liderazgo a expensas de las actuales autoridades y se crearán otras instancias y condiciones políticas que aun no afloraron con nombre y apellido pero que lo harán dentro de poco y según sea la evolución de los hechos. A la inversa y tal como lo señalamos oportunamente, si la soberbia de los actuales gobernantes, su falta de un adecuado manejo político y la demostrada incapacidad para entender lo que sucede lo hace perseverar en su tesitura de mantener la presión fiscal y no introducir cambios de fondo, la inestabilidad sumada a la inflación que ya se manifiesta se profundizará con nuevos y peligrosos acontecimientos. Cuando esto suceda, la soledad ingresará a la estructura del actual sistema de poder y se producirá una reacción en cadena que abarcará a toda la sociedad argentina convertida en activa opositora..
Como una expresiva señal del desconocimiento que mencionamos, el gobierno insiste en una estrategia de tratar de dividir la movilización centralizada en el campo, impedir la suma de otros grupos afines - como la agro industria, por ejemplo - enfrentar a los productores con las poblaciones de los grandes centros urbanos que comienzan a ser afectados por el desabastecimiento y desplegar una intensa campaña psicológica a través del periodismo adicto. Sin embargo, ninguna de estas medidas prosperan, la amenaza de enviar camiones con gente armada para deshacer los piquetes no avanza, aunque se deja trascender con carácter intimidatorio que este lunes se darían algunos enfrentamientos. Al respecto, el gobierno también ignora que los responsables de los cortes de rutas estratégicas resistirán un eventual ataque y que tampoco influirá negativamente en la opinión pública otros proyectos intimidatorios como serían, por ejemplo, atentar contra vehículos de turistas que regresan de las minivacaciones de Semana Santa, impulsar antipiquetes con los grupos que son adictos al oficialismo o tratar de impedir cortes que el campo tiene previsto para cerrar el puerto de Rosario.
La dimensión que ha tomado el problema es de tal magnitud, que se aprecia que esta semana el movimiento de protesta se extenderá hacia otras provincias, tal como lo dijimos durante las últimas horas. Habrá más cortes de rutas, se impedirá la circulación de trenes que transporten cargas de origen agropecuario (cómo ya sucedió), se desarrollarán asambleas de productores con la participación de integrantes de otras actividades clásicas del interior y se concretará un proceso de integración social que se ubicará por encima de las instituciones conocidas. Este factor también tiene su obvia importancia en la situación que se ha disparado y que afectará, como lo hemos señalado, la estabilidad de las actuales autoridades electivas cualquiera sea el resultado de la crisis. En consecuencia, se estima que si quiere sobrevivir, el gobierno deberá adoptar una definición respecto de qué medidas adoptará, aunque hasta el momento sólo envió mensajes a los diversos organizadores de la protesta del campo a través de funcionarios de tercera categoría para explorar la viabilidad de un paréntesis en la crisis mediante la adopción de eventuales disposiciones financieras y ciertas facilidades especiales en el orden fiscal. Sin embargo, las respuestas que recibió fueron negativas y también en esta instancia se muestra la ignorancia gubernamental que no ha reparado en el carácter espontáneo de la protesta y la decisión irrevocable que ésta posee. Tanto fue así, que en el momento de abordar el avión que la transportaría a El Calafate, la presidente Cristina Fernández de Kirchner dejó instrucciones precisas en el sentido de no negociar con los representantes del campo mientras persista el movimiento de fuerza y en modo alguno prometer que retrocedería con las retenciones. Así la instruyó Néstor, su marido, convencido que la prepotencia que caracteriza el manejo de los intereses públicos sería suficiente para detenerlo.
Si los partidos políticos no son el camino para encontrar una solución, si las Policías y Fuerzas de Seguridad son insuficientes para contener un proceso por el que, además, sienten simpatías y si las Fuerzas Armadas están impedidas de actuar por leyes expresas que les prohiben intervenir - lo que tampoco desean - dejamos a cargo de nuestros lectores la posible respuesta para el estado de anarquía que ha progresado y que alcanzará la categoría de caos.