Ríos y arroyos de tinta han corrido acerca del fenómeno.
Vengo de mis vacaciones de diez días en Sierra de la Ventana. Se va por Cañuelas, Lobos, Saladillo, Bolívar, Pigüé y se llega. Unos 700 Kms.
Atravesé cinco piquetes de ida y ninguno hoy, en el regreso.
Hubo días allá donde La Nación no llegó y debí conformarme con la Nueva Provincia, diario muy venido a menos.
Pero el Canal Rural informó sobradamente.
Mirando los episodios desde allá, apunto:
1. Estamos ante un acontecimiento histórico, protagonizado por una clase social muy antigua y muy nueva, que es la de los medianos y pequeños productores agroganaderos, por usar una palabra tradicional. Gente muy sufrida desde sus abuelos, reducidos al dominio de campos pequeños, que en malas épocas fueron marginados del mercado y y autosubsistieron con sus huertas, frutales, aves de corral y algunas vacas. Pero que por amores o quedantez no emigraron.
2. En los años 90 se produce una compleja, intrincada transformación de los campos nacionales, que termina imponiendo un predominio exagerado de las oleaginosas
-soja y girasol- en detrimento de todo lo demás. Brasil se erige en el principal exportador cárnico del mundo, porque el estado ausente de Menem y Cavallo dejan que el mercado haga y pase. Se abre una fisura entre los productos con destino local –azúcar, algodón, carnes de las tres especies, tabaco, verduras, frutas- y los exportables.
3. Lo que fue fisura es hoy un abismo de precios. El poroto sojero alimenta hoy los chanchos chinos y de otras naciones. El pobre chacarero marginado, que conservó sus 100 o 300 hectáreas, vió dinero de mercado después de veinte, treinta años de miseria, con la soja, el girasol, el maíz, la alfalfa o el trigo. Esos cientos de miles de marginados, cuyo futuro era una sombra agorera de remate o miseria eterna, que se quedaron porque si, gozaron del regalo del alza abrupta y sostenida de los precios internacionales. Contemplaron el asombroso despliegue tecnológico que los ricos del mundo y el país desplegaron a su alrededor. Regadío, semillas mejoradas biológicamente, fertilizantes, maquinaria americana o europea, tratamiento de los suelos, plaguicidas, optimización del acopio y muchas más. Y, en su modestísima medida, lo imitaron. En quince años pasaron de míseros excluidos a clase media en ascenso. El fenómeno fue gradual y lento, pero persistente. Sintieron que volvía la era de sus bisabuelos: 1910. Que su arraigo no había sido en vano, que su destino mutaba, que su la riqueza volvía, del cielo de las lluvias, y de su trabajo e inteligencia a sus manos. Dios se hizo criollo de nuevo. Recuperaron muy lentamente el orgullo de chacareros, se lo fueron transmitiendo a sus hijos y nietos, año a año.
4. Pero la Nación les puso las retenciones, un impuesto directo al valor de sus exportaciones. Siguiendo el facilismo que caracteriza al Fisco no se distinguió entre la inmensa masa mísera y los nuevos terratenientes, ahora sojeros. Esa pequeña y mediana burguesía renaciente pagó más que Gorobopatel, Soros o tantos gigantes supercapitalistas. Sufrieron la mordida estatal con una enorme bronca, pero inermes.
La resolución ministerial que desató la revuelta fue el último latigazo tolerable.
5. El lock out agrario resultó una explosión esencialmente política, que se produce como reacción a una continua expoliación. Cabe recordar que la independencia norteamericana fue provocada por un impuesto del imperio inglés al té. Si hay motivo pequeño burgés mejor, ruego me lo señalen.
6. Hay en la rebelión agropecuaria raíces muy profundas y antiguas.
No es casual que se recuerde el Grito de Alcorta.
La Argentina siempre vivió del campo, cuando exportó a buenos precios o cuando quemó maíz en sus locomotoras.
No somos como Canadá o Australia porque siempre robamos al campo.
Empezó Federico Pinedo y lo siguió Perón con el IAPI.
Algún día la cosa tenía terminar y llegó el día.
7. Ciertamente, lo que se discute es una disputa del ingreso. Como en la colonia de Norteamérica a finales del 1700. Pero cabe señalar que aquí el Imperio es el estado Nacional.
Además, si se trata de quitar ganancia a los ricos, cabe preguntar porqué el gobierno no grava la superganancia de los laboratorios medicinales, siendo tanto más sencillo fiscalmente que a los chacareros, porque son unos cincuenta nada más.
No espere el lector que hablemos del gobierno. Eso da para otra historia, otro día.
8. Se produjo una mutación política de carácter histórico. Emergió de un siglo de humillación una nueva clase, los chacareros. De aquí en adelante recuperarán todo lo perdido y quizá incurran en abusos. Los poderes políticos, como siempre ocurrió en estos casos, con sus idas y vueltas, acompañarán la incontenible fuerza de la emergencia clasista.
9. Si, pongamos por caso, Felipe Solá presidiera la Nación, es altamente posible que no hubiera llegado a esto, pero como está tan callado, deberemos esperar mucho antes de conocer sus opiniones. Es que dejó de representar al campo. Reuteman si habló bien clarito, pero, como dijo, en el Senado nacional abyectamente alcahuete, “perdió por paliza” cuando dijo la verdad.
10. No hay rebeliones más peligrosas que las burguesas, como la que debió sufrir en cuello propio el último Luis francés. Es que los obreros se contentaron con una mejora en las condiciones de trabajo y salario, pero el burgués aspira a la honesta riqueza, en el mejor de los casos, y a la máxima riqueza posible, por lo general y ese deseo ha resultado históricamente triunfante.