Etapa subvencionadora
En 1948, los precios internacionales de los productos agropecuarios comienzan a descender,aumentan los de los manufacturados, al tiempo que las economías centrales ya libres de la secuelabélica, van recuperando su capacidad productiva. A la Argentina le resulta ahora más difícil colocarsus productos a buen precio.Sin embargo, el gobierno se había comprometido a pagar al productor interno un precioindependiente del internacional. Esto genera los famosos “grandes déficit” del IAPI.La política económica peronista de este período presentó algunos cambios. El Segundo PlanQuinquenal, implementado a partir de 1952, ponía el énfasis en otros factores. Ahora, la Expansiónde la actividad económica debía lograrse mediante un aumento de la producción agropecuaria. Coneste fin, se amplían los créditos agrícolas, se apoya la mecanización, se impulsa la investigación denuevas semillas, se alienta la creación de cooperativas de producción y comercialización.
Asimismo, se establece el congelamiento de precios, de acuerdo con la ConfederaciónGeneral Económica, y de los salarios –por dos años– con la Confederación General del Trabajo.Sólo se otorgarían mejoras, cuando éstas correspondieran a aumentos correlativos en la produccióny disponibilidad de bienes. Respecto del comercio exterior, se intenta un aumento de lasexportaciones por mayor producción y disminución del consumo. Las importaciones debían mermarcomo consecuencia de un control más efectivo de los permisos previos de importación. Asimismo,se limitaba el crédito a organismos oficiales y se restringía el nivel de gastos, para disminuir eldéficit fiscal. Por otra parte, se intenta una nueva legislación sobre la introducción de capitalesextranjeros, más flexible que la existente. En este nuevo contexto, el Instituto comienza adesempeñar un rol de asistencia a la actividad privada. Lo hace en forma directa, mediantesubsidios, e indirectamente al tomar a su cargo los quebrantos producidos en la comercialización delos productos agrícola-ganaderos.En ese período, las intensas críticas de la oposición se centran en las fabulosas deudas delIAPI y no ya en sus ganancias, como anteriormente se había hecho.
Los subsidios al sector privado–financiados por el IAPI en 1947/47 ascienden a sólo m$n 98.853.400 (correspondiendo el 60% alsector agrícola y el 40% al ganadero). Hacia 1950 el monto casi se había quintuplicado, paraalcanzar en 1954 la importante suma de cuatro billones y medio.¿Por qué debía hacerse cargo un organismo del Estado de estos quebrantos? Según AntonioCafiero, los déficit tenían como objeto evitar la “inflación de costos”. Según el autor, era un me diopráctico y realista que permitía mantener inalterados los tipos de cambio para las importaciones.Tales déficit provocaban aumento de la emisión monetaria, pero los efectos inflacionarios sobre elnivel de precios internos de esta situación eran mucho menores que los que hubiera ocasionado unadevaluación lisa y llana23. Respecto de los quebrantos que el sector ganadero generaba y queeran absorbidos también por el IAPI, Rodolfo Puiggrós dice que el gobierno declaró la necesidad desuprimirlos. Para ello, en 1952 se propone una serie de reformas a la actividad de los frigoríficos:control y racionalización por sexo y edad de la faena, disminución del consumo de carne porhabitante, revisión de la organización de los frigoríficos, supresión de los subsidios estatales.Hasta entonces se justificaban los subsidios, recurriendo al argumento de mayores costos –aumento de sueldos y salarios–, sobreprecio del ganado, interrupción de los embarques de carne,etcétera. “El resultado era que en 1952 los ingleses r ecibían carne argentina a m$n 3 el kilo términomedio, y el consumidor argentino la pagaba 9, 12 y más… Eran precios de privilegio, siempreinferiores en gran medida a los precios de un mercado libre. El Estado argentino, al aceptarlos, seveía constreñido a subvencionar a los ganaderos y a los frigoríficos. En 1955, por ejemplo, el IAPIcompraba la mejor carne argentina a los frigoríficos a m$n 3,90 el kilo y la vendía a los ingleses a23 Antonio Cafiero. Op. cit., página 188.m$n 3,32, con una pérdida pues de 0,58” 24. Para Juan Carlos Esteban, el deterioro de los términosdel intercambio que se produjo hacia 1952, afectó profundamente el régimen económico del IAPI.Ante esta situación se recurrió al crédito bancario, acumulando crecientes deudas originadas en losquebrantos que el Instituto asumía por actividades agrícola-ganaderas e industriales monopólicas:“…el déficit del IAPI no provenía de su burocracia ni de sus gastos improductivos, sino que estabaradicado en la debilidad del Poder Ejecutivo para eliminar la estructura terrateniente en plenacrisis” 25. Desde esta perspectiva, el acento se coloca en las causas políticas más queen las económicas.
Si bien el Estado dirigista defensivo de las décadas anteriores se habíatransformado –Peronismo mediante– en un Estado Social o Benefactor, éste no había podidosustraerle a la burguesía agraria su poder económico; es más, debía aún garantizarle su tasa deganancia. Esteban agrega que, mientras los fondos aportados para el financiamiento de inversionesfijas a las Reparticiones Públicas eran recuperables por ser empresas productivas, los aplicados asubsidios directos e indirectos al sector privado –quebrantos de comercialización–, eran “pérdidasnetas no reintegrables”. “La importancia de la eliminación de la renta parasitaria tiene, además delas ventajas político-sociales y económicas una ventaja de carácter financiero que le hubierapermitido al IAPI seguir operando sin pérdidas y sin necesidad tampoco de desplazar los tipos decambio” 26.En síntesis, la caída de los precios internacionales hacia 1948/49 colocó al IAPI ante unaencrucijada: o se ampliaban sus áreas de control, se expandían sus actividades comerciales, sedesalojaba a la actividad privada del comercio exterior y se disminuían sus beneficios, o secompensaban quebrantos, se subsidiaban empresas, se restringían sus funciones, se achicaba suautonomía. Se optó por este último camino.
Etapa de liquidaciónEl decreto que ordena la liquidación del Instituto fue firmado por el gobierno de facto surgido delgolpe de Estado de 1955. Un año antes, el Congreso Nacional había sancionado dos leyes27 por lascuales se creaban el Instituto Nacional de Granos y Elevadores y el de Carnes, que implicabadespojar al IAPI de las funciones de organismo comercializador de la producción agropecuaria.Parecería que el golpe militar de 1955 ordenó la muerte de un paciente ya en estado decoma. Llama la atención, el hecho de que se dictasen dos decretos ordenando la liquidación delInstituto. El primero de ellos, del 4 de noviembre de1955, lleva la firma del general Lonardi y suministro Bunge; el segundo, del 9 de diciembre del mismo año, fue suscripto por Aramburu yRojas. Mediante estas disposiciones se crea una Comisión Liquidadora, presidida por el Ministeriode Comercio, la que tratará “en breve plaz o” de realizar el patrimonio del Instituto. Asimismo, sepropone un inventario y balance general, transfiriéndose a los organismos del sistema bancariooficial las cuentas y créditos existentes. Se le prohíbe concertar nuevas contrataciones, excepto lasindispensables para realizar sus bienes. Las tareas continuaron hasta 1958, aproximadamente, fechaen que el personal fue absorbido por otras dependencias estatales. Sin embargo, por esas ironías deldestino, y quizá confirmando aquella frase del diputado Weidmann que dijo, refiriéndose al IAPI:“…esa creación…fruto de la inspiración maléfica de aquel llamado mago de las finanzas que fueraMiguel Miranda”, hacia 1969 continuaba aún en liquidación. En efecto, en la nota que el ministroDagnino Pastore eleva al Poder Ejecutivo, leemos: “…se dispuso su liquidación que no ha sido24 Rodolfo Puiggrós. Libre empresa o nacionalización en la industria de la carne. Editorial Argumentos,Buenos Aires, 1957, página 231.25 J. C. Esteban. Reflexiones sobre la crisis financiera argentina. Ediciones Liberación Nacional, BuenosAires, 1959, página 14.26 Ib-idem., página 27.27 Ley 14.378 del 30 de septiembre de 1954 y ley 14.379 de igual fecha.cumplida totalmente a pesar que lleva un período de más de 13 años, tiempo superior al de lavigencia efectiva del ente en liquidación” 28.Finalmente, por ley 18.623, se da por terminada la liquidación, ordenándose que los bienesinmuebles ingresen al patrimonio nacional. Así, por ejemplo, terrenos de varias hectáreas ubicadosen Monte Chingolo, Quilmes, Provincia de Buenos Aires, donde el Instituto poseía sus depósitosgenerales, pasan a ser ocupados por el Ejército; años después escenario de un cruentoenfrentamiento entre las fuerzas armadas y las organizaciones guerrilleras.El gráfico que a continuación insertamos, representa una síntesis de las funciones que através del tiempo fue desempeñando el Instituto, en lo que se refiere a su actividad financiadora.Observemos que hacia 1948 se alcanza el punto más alto de los fondos destinados a gastos decapital del sector público, para descender un año después, manteniéndose en niveles muy bajoshasta su liquidación. Inversamente, los subsidios al sector privado comienzan con valores de escasaimportancia, para crecer abruptamente a partir de 1951, en forma sostenida hasta 1955. El IAPI sehabía transformado de ente capitalizador nacional, en organismo subsidiador de la actividadprivada.
Algunas consideraciones finales
Han pasado casi 60 años desde la creación del IAPI, y quizá hoy podemos apreciarlo conuna mayor perspectiva histórica. Sin duda representó un elemento clave en la política económicaperonista, y si bien sufrió ambigüedades, contradicciones, y no transformó definitivamente las basesdel sistema económico –en lo principal capitalista dependiente– fue el intento más serio pornacionalizar la economía e independizarla de los centros financieros internacionales. Pareciera quea la luz de las recientes experiencias económicas, el intento peronista de la primera época adquierenuevos valores. Si bien los buenos precios de los alimentos en el mercado mundial fueron la causaobjetiva de la relativa capitalización que concretó el Peronismo, no lo explican todo. Nada sehubiese logrado sin una voluntad política interna para aprovechar esas condiciones internacionales ylograr un mayor grado de independencia nacional. ¿Cómo podrá resolverse el problema de la deudaexterna, si en el comercio externo predominan intereses privados? Resulta poco confiable la“generosidad” del capital extranjero que algunos suponen vendrá a invertir y producir. El comercioexterior, actividad que generó recursos desde la época colonial y posibilitó la construcción delEstado argentino, ha tenido una indiscutible importancia en la historia de nuestra nación. Su roltrascendente se ha visto magnificado luego de la crisis de diciembre del 2001, momento en que seevidenció claramente la vulnerabilidad externa de nuestro país. Un análisis de las propuestas de loseconomistas del Plan Fénix y los del EDI (Economistas de Izquierda) nos muestran que, a pesar desus diferentes perspectivas ideológicas, para ambas propuestas el comercio exterior, lasexportaciones y las divisas allí generadas resultan factores esenciales para lograr un desarrolloeconómico basado en la capitalización del país. La realidad que hemos captado a través del análisisde las crónicas periodísticas entre enero del 2002 a diciembre del 2003, muestran un Estadodebilitado que debe batallar constantemente con pocas y extremadamente poderosas empresasexportadoras multinacionales, principales beneficiarias de la devaluación y crisis del 2001. Así, porejemplo, a principios del 2002 las empresas Cargill, Dreyfus, Bunge y Nidera reclaman que elgobierno les pague 720 millones de dólares que el Estado había dejado de pagar en concepto dedevolución del IVA. Contrasta la actual situación que nos muestra un Estado endeudado, sediento ydependiente de las divisas que el intercambio comercial le proporciona, forcejeando frente a unpuñado de empresas fortalecidas por una devaluación que les permitió multiplicar sus márgenesde beneficio; con el Estado de 1945, decidido a emprender políticas que procuraban una economíaautónoma, que creaba el IAPI como un instrumento para redistribuir riquezas y mejorar el nivel devida de los asalariados. Resultaría hoy poco atinado repetir mecánicamente la experiencia del IAPI.Sin embargo, su idea originaria posee aún plena vigencia. Hasta que no se modifique la tradicionalestructura del comercio exterior argentino –que no supone simplemente producir diferentes bienes ovendérselos a países distintos– no se podrá consolidar ningún proyecto de capitalización ydesarrollo autónomo, basado en un mercado interno ampliado que asegure pleno empleo y reduzcala debilidad del sector externo.
