Escribo a a las 20.40 Hs. con la fuerte sensación de que el senado temblará.
No sería extraño que pasara a un cuarto intermedio.
Resulta impensable que rechace el proyecto de diputados.
Pero también veo muy difícil que lo apruebe.
Hasta hoy estaba seguro que lo haría.
Pero después de desastroso acto oficial y la multitud reunida por el campo, muchos de la misma mayoría asegurada llamarán a la familia, amigos y expertos a consulta esta noche.
En definitiva, son seres humanos y, algunos, hasta argentinos.
Tal como viene el proyecto de diputados, no es razonable que le introduzcan modificaciones que no estén profundamente negociadas. En el último caso, diputados las aprobaría a libro cerrado.
Pero negociar llevará una semana, mas o menos.
Pero después del acto del campo de hoy, aprobarlo es separar a la clase política entera del medio país que produce.
Y el estamento político, como tal, no es proclive al suicidio masivo, como se cuenta de las ratas, los elefantes y ciertas sectas yankys.
Dado que Kichner no es Perón, a gente que vivió toda su vida entera adentro del peronismo, no le gustará entregar su pasado, presente y su futuro a los caprichos de un hombre alejado del equilibro.
Nunca he visto que un presidente incitara a la rebeldía juvenil. Bueno, sin considerar al Perón de 1971, que tenía que luchar contra un gobierno militar.
Mañana los jóvenes imberbes ocuparán todos los rectorados de todos los colegios.
El mejor discurso de los Four Wheel Drive, para mi gusto, fue el de Bussi, que huele el triunfo. Creo que es el mejor político de todos.
La quinta rueda es De Angeli.
Porque el promotor de los pools sojeros fue Kirchner, socio en los impuestos.
Entregador de las tierras nacionales al capital extrajero saltarín.
Escribo sin los números de los actos. Tres a uno es paliza, cinco a uno, es derrota, diez a uno es Katastrofe, por usar palabra de Emir Kusturica.
Edgar: linda palabra para un título.
¡Qué locura provocar un conflicto clasista en un país que siempre los eludió!
Yo sugerí algo terrible en mail anterior.
La apuesta de Kichner, en el fondo, consiste en enfrentar al lumpenaje de la megalópolis con el campo en su conjunto.
Pero los lumpen, dijo Marx, no son una fuerza, son la excrecencia del proletariado, aquellos que ni proletarios podían ser.
En tanto que el campo es burguesía en varios estamentos. Los discursos del campo de hoy los señalan con mucha claridad.
Peron se apoyó en los obreros, los peones y sectores de clase media.
Este pobrecito quiere enfrentar, en su magín delirante, al lumpenaje con la burguesía agroindustrial.
Por eso el discurso más destructivo para él fue el de Bussi, nacional y popular en serio.