Por Acab
Decía en una nota escrita el martes último a la hora 20.40, que tenía la fuerte sensación de que la ley peligraba en el Senado. Sugerí la posibilidad de un cuarto intermedio, que resultó propuesto por Cobos y señalé que cada senador pensaría muy a fondo las implicaciones de su voto. Para un humilde escribidor como yo, que rara vez supera la acotación, un mero lector de las entrelíneas de los diarios, que mantiene escasa correspondencia electrónica con pocos aunque calificados compañeros del clipper generacional, resulta satisfactorio ver cumplidos sus pronósticos.
El tema que hoy me preocupa es La Renuncia.
Sería un gran acontecimiento.
Me refiero a la renuncia de Cristina Fernández, naturalmente.
¿Podría Julio Cobos completar el mandato? Creo que no.
Pero como corren vientos de concordia en las dos oposiciones, la peronista y la no peronista, no es supuesto a descartar de inmediato.
La renuncia de la presidenta apareció hoy en el horizonte político, para bien o para mal del país. Porque la actitud de doblar la apuesta que sostuvo el gobierno hasta hoy terminó por que se le agotó el capital. Como un apostador que lleva sus $6.000 al casino, comienza jugando $400 a una docena, pierde y duplica la postura. Nuevamente pierde y duplica hasta que, en la cuarta bolilla, juega los $3.200 finales y fracasa. No le queda nada.
La metáfora ruletera es mala, pero mejor que la futbolera al uso. El casino de la política es implacable con los perdedores. Y el peronista feroz.
Continuando con analogías lúdicas, Perón decía que en política había que darle bolitas a los que querían jugar y no las tenían. Que era tonto el purrete que guardaba en su bolsita todas las bolitas del barrio, porque así impedía el juego mismo. Bueno, eso hizo Néstor Kirchner. Le sacó las bolitas a Duhalde, a De la Sota, a Alfonsín, a Romero, a Bergoglio, a Lavagna, a Menem, a los Rodríguez Saa, a Felipe Solá, por nombrar a los dirigentes de relevancia nacional e histórica. Dado que perdió, deberá devolver a cada uno lo suyo, si quiere seguir jugando el juego, bajo riesgo de que, entre todos, le quiten la bolsita entera.
Pero Kirchner no acepta derrotas de esta envergadura. Por eso sugiero la hipótesis de la renuncia, del retiro de la política. Adolfo Hitler fue, quizás, el único líder político moderno que logró arrastrar al suicidio o la condena mortal al partido que fundo y a su pueblo entero, con tal de no aceptar la derrota. La sensatez determinaba, después de las batallas de Moscú y Stalingrado, que el Tercer Milenario era causa perdida. Pero siguió dos años más, llenando de muerte y sangre a toda Europa.
Lejos de mi comparar a Kirchner con Hitler. Todo los diferencia. Pero me atrevo a señalar alguna fibra del espíritu nazi en Kirchner: el empecinamiento en el poder exclusivo, totalista. Hitler logró erigirse como la encarnación personal de la nación alemana. Así lo vivió él y su pueblo. En una elección fue votado por el 99% de los sufragios, en su apogeo. Por eso sembró la muerte en Europa. A Rusia la guerra le costó 25.000.000 de muertos, a Alemania 10 diez. Abandonemos tan horrible comparación y volvamos a nuestra Patria.
Me resulta muy difícil imaginar a Kirchner repartiendo las bolitas.
Pero se afianza una posibilidad: la separación, política, por supuesto, entre Cristina y Néstor. El se retira y le deja a ella consensuar los reclamos federales, agro-alimentarios, católicos, de inversores extranjeros en servicios públicos, internos del peronismo, opositores políticos, y la larga lista de heridos que logró sumar en cinco años. Ojalá. Pero es una posibilidad demasiado teorética.
En la lucha con el sector agro-alimentario, el corazón económico del país, Cristina debería cumplir con la larguísima tradición presidencial de concurrir a la exposición de la Sociedad Rural y convocar a una mesa de definición de las políticas sectoriales, que son unas quince diferentes, para la próxima década. No propongo que se vuelva a colocar la boina vasca, pero sería un buen gesto.
Los periodistas jóvenes dicen muchas tonterías estos días, pero es disculpable en medio de semejante confusión. Me dio risa un reportaje de hoy a la hermana de Julio Cobos, docente jubilada. La niña la trataba como una viejita reblandecida. Ella, en tono muy humilde y coloquial, le dijo que militaba en el radicalismo mendocino hace cuarenta años, que definía a su hermano como un hombre bueno, que Mendoza es provincia donde el consenso es obligado porque hay tres partidos: los “gansos” (conservadores), el peronismo y la UCR. La niña le preguntó si Julio renunciaría y le contestó que no, y que no veía la razón para ello. Y cerró el reportaje recordando que la política tiene estas cosas, que el tiempo permitirá ordenarlas y que su hermano hizo una buena gobernación.
La renuncia de Cobos es otra bravata kirchenista. Veo más posible la de Cristina.
Cobos se defendió a lo Loche y ganó.
Los Kirchner son gente rica, incluso muy rica, y Cobos no, es un político radical de Mendoza más bien pobretón.
Debo apuntar algo sobre los ricos: los senadores Roberto Urquía y Carlos Menem son dos de los cinco hombres más ricos del país. Lograron sus fortunas por caminos diferentes, es sabido. Ambos votaron por el campo y pronunciaron buenos discursos.
El momento exacto de la derrota de Kirchner fue cuando Urquía lo abandonó.
Urquía es la soja argentina. Continuar la pelea a partir de ese hecho es morir en Berlín.
Citando nuevamente a Perón, por genética que sabrán tolerarme, decidida la batalla en lo estratégico, lo que resta es mera ejecución.
De hoy en más asistiremos a una carnicería vengativa, no exenta de perversión.
El problema de Kichner no es ideológico ni político, sino psicológico.
Los enemigos son muchísimos y muy poderosos. Lo devorarán lentamente, salvo que él se niegue a semejante tortura y renuncie.
Cierro estos apuntes con un lonjazo al periodismo y a la gente que llama a los programas radiales. Dicen que están cansados, hartos, de la pelea Gobierno-Campo.
Es lo peor de nuestro pueblo “pancista”, como lo calificó el Perón del peor momento de su exilio. Quieren vivir en un limbo engañador. La vida es lucha y cuando la pelea es profunda, general, abierta, profundamente humana, como en estos meses, se cansan.
Son animales apolíticos, “bosta de paloma, que no da ni buen ni mal olor”.
Son preciudadanos que no merecen el derecho de votar.
