LAS ELECCIONES AMERICANAS Y LOS NUEVOS VIENTOS DE GUERRA

Por Edgardo Arrivillaga.

 

La campaña presidencial en los Estados Unidos se parece mas  a un duelo entre personalidades que  al enfrentamiento programático de dos propuestas para afrontar la crisis económica y geopolítica  mas importante desde   1929.

En ese sentido Obama es un elegante y  sofisticado Sydney Potier de estos tiempos que, con un tono vagamente profesoral e intelectualizado cargado de entusiasmo kennedyano, elude sin embargo, con la agilidad de un torero, las cuestiones  decisivas.

Por su parte McCain, un hombre que sigue prisionero mentalmente y carismáticamente  en las selvas de Vietnam se muestra cauto, evasivo y mucho menos cowboy de lo previsto a la hora de   encarar soluciones.

Ambos, pese  al rostro rugoso del republicano  desvastado por el cáncer y a la juventud aniquilante y atractiva  de Obama coinciden en la indefinición.

Y pese a todo esto tan  típicamente partidocratico  y propio de una novela de provincias de  Sinclair Lewis  el nuevo presidente americano deberá enfrentarse a un  panorama internacional denso, espeso, cargado de  múltiples conflictos que los ocho años de Bush han diseminado  como explosivos  ocultos.Es el precio político que implica el redespliegue militar encarado por los Estados Unidos en los  primeros años rumsfeldianos.

Los problemas de seguridad  que afrontara el nuevo presidente  conjugan a la vez  los de seguridad hemisférica y  los de  seguridad internacional. En ese aspecto no se puede ignorar  que los frentes de violencia permanecen latentes en Irak-pese a que allí la guerra ha sido ganada- se reavivan en Afganistán y se expanden  a las ambigüedades de Pakistán y a la posibilidad de un enfrentamiento indio-pakistaní que marcaría la nueva crisis militar  asiática para la superpotencia militar vigente. Y en  esta nueva crisis  ambos actores  tienen poder nuclear autonómico.

No es casual que el único éxito político  y no militar de la administración Bush haya sido el acercamiento con la India.Acercamiento que tiene el mismo valor estratégico que  la alianza de Nixon con China Continental en los tiempos de la guerra fria.Se trata de una apuesta que incluye un arco de seguridad, de bases, territorios, fronteras e islas  que se extienden desde la India hasta el Japón.

El segundo   escenario de crisis es América Latina. Allí los gobiernos populistas de Chávez y Evo  coinciden   con las fintas rusas y el multipolarismo europeo  que apuntan a reflotar el avance alemán en los años 40  –en este caso euroruso –sobre un  continente seducido y a la vez hastiado de  la  persistente omisión americana

.Ocurre que  para América Latina, con la excepción de enclaves alineados  con los Estados Unidos como Colombia,Panamá  o el Perú de Alan García-son los nuevos panamericanistas- las recetas en ejecución oscilan entre la  socialdemocracia a la chilena o brasileña  o el populismo militarista  bolivariano  revestido de  una  oratoria castrista levemente arcaizante.

Pero nadie ira a la guerra por  el Caribe, pese a las maniobras  navales rusas,  o a las compras de armas que se triangulan entre Venezuela, Moscú y el Uruguay.Y las guerras asiaticas se dirimen con carne humana basicamente asiatica.

 La situación en Europa es diferente porque el juego no se da en la periferia ni en  el Tercer Mundo.

.La recompactacion demográfica  de las minorías eslavas planteada por Putin es indiscutible pero mientras esto se limite a Georgia o a Osetia o a  finlandizar como es tradicional en la diplomacia rusa  la península escandivana la situación carece de importancia vital.

Hay un punto sin embargo que alertaría a la diplomacia  más muscular americana-la pentagoniana -  y se encuentra exactamente en Ucrania.

Los rusos tienen una preocupación estratégica por el Caucaso, y auscultan las vulnerabilidades del oleoducto  del Caspio-Mediterráneo pero en verdad  detrás de  esas preocupaciones hay mas.

El punto blando  y a la vez estratégico  tanto para rusos como occidentales  es Ucrania, dividida justamente  entre  poblaciones y partidos que reproducen los enfrentamientos de la guerra fría.

Es probable entonces  que en los próximos meses se inicié  sobre el Mar Negro una peligrosa escalada y en ese sentido no  resulta claro como los occidentales podrían evitar la restitución a Rusia de Crimea y Sebastopol, cedidas  por decreto de la  vieja Unión Soviética en el año 1954 y que Moscú podría querer recuperar  haciendo base  sobre  las simpatías  de  las poblaciones rusas locales que  coinciden con el enfoque geopolítico de Putin de  contrarrestar  con dureza  toda posible extensión de la NATO sobre los confines rusos.

Este problema ni siquiera se discute  en la lucha política americana pero en verdad hay una situación de culposo mal entendido.

Todos los países  que se descolonizaron de Moscú en los años  90 creen que un acuerdo con la NATO implica un paraguas de  invulnerabilidad automática -lo que es falso-y  a la vez todo avance político de la Nato genera en los rusos un síndrome de cerco que arranca desde las invasiones de Napoleón y Hitler respectivamente.

Cedieron Austria para alejar  la línea de aproximación  a sus fronteras y no  por ser democráticos, tolerantes o blandos.

 

La Unión Europea ,entre tanto, juega su carta militar de perfil bajo.Mientras el ex canciller alemán, el socialdemócrata Schroeder es el eficiente  director general de Gazprom.

El vejo juego recomienza y la disuasión nuclear  se ha convertido en algo tan ineficaz como el gas mostaza en la segunda guerra mundial.

Jamás fue utilizado .

En la Argentina nada de esto interesa. Una política militar de  diletantes y amateurs

seducidos genuinamente y algo infantilmente  por la predica derechohumanoide   nos deja en el mejor de los casos un rol  de retaguardia mientras la vieja potencia  imperial lusitana sigue creciendo.

Somos el Canadá del Brasil –Estados Unidos.

 


 

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